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miércoles, 17 de diciembre de 2025

Adiós a Stalin

Por Eduardo Sartelli

Cuando era «chico», es decir, allá por los 20 y tantos, salía de Filosofía y Letras convertido en «marxista». Años 87-88. Recuerdo esa tarde en que salí de la sede de Clacso, donde le había entregado a Waldo Ansaldi mi último trabajo de seminario, ese con el que me recibía, escrito en mi Olivetti 45. Meticuloso con la información, terminé la redacción en el tren San Martín, con la máquina apoyada sobre mis rodillas, con cárbónico, para que me quedara una copia. Setenta páginas, interlínea simple, tamaño oficio. Salí caminando creo que por Callao, camino del departamento de quien, entonces, era mi novia, la mamá de mi primera hija, Laura: «erano i capei d’oro a l’aura sparsi». En el camino repasé todo, como si fuera la historia de otro, como si yo no la hubiera protagonizado. Tardé poco más de cuatro años en recibirme de profesor de Historia. Empecé la carrera de filosofía cuando ya estaba en tercero de Historia y por dos años cursé las dos en simultáneo: Lógica, Historia de la filosofía antigua, Pensamiento latinoamericano, Moderna, Ética. Medieval me la salteé. Cuando le entregué el trabajo a Ansaldi dije: «Basta de exámenes para mí, ya soy adulto».

Fue duro. Caminar veinte cuadras hasta la estación Muñiz, tomar el tren esquivando al guarda para no pagar (era eso o las fotocopias), bajar en Palermo, escalera, vereda, escalera, subte, Facultad de Medicina, Plaza Houssey, Marcelo T, esperar la ola que subía por las escaleras. Cursar solo los prácticos. Creo que usé el mismo pantalón negro y la misma camisa negra dos o tres años seguidos, al punto que un compañero me preguntó una vez, de buena fe, si era «músico de Piazzola». Volver a casa muy tarde, una o dos de la mañana, dormir en el tren. Caminar. Trabajos varios: con mi viejo, de albañil; vendedor de medicina prepaga para perros; cobrador de enciclopedias a domicilio; profesor de clases particulares de lo que fuera. Siempre sin un peso.

No fue eso lo que me hizo «marxista». No fueron mis «condiciones de existencia». Tampoco fue la Facultad, que propiciaba un marxismo «tramposo». En realidad, todos mis profesores, apodados «los modernos» (Hilda Sabato, Enrique Tandeter, Chiaramonte y otros por el estilo) eran gente que sabía poco de marxismo, del cual renegaban inútilmente, porque nunca lo habían sido. Junto con Sarlo y los modernos de Letras, importaron una serie de lecturas de marxistas prestigiosos, sobre todo ingleses (ellos inauguraron la ruptura con el marxismo francés, completamente dominante en Argentina hasta el Proceso): Thompson, Williams, Hogart, Hill, Hobsbawn, a los que instrumentaban a fin de avalar una apuesta «democrática». Es decir, la conversión en intelectualidad burguesa, el apoyo a Alfonsín y a la democracia capitalista como forma de dominación aceptable. Eso era «lo posible».

Había otra gente, en general, «dinosaurios», en la jerga «moderna». Nombro tres: Alberto Pla, Pablo Pozzi y David Viñas. Esa era «nuestra banda», aunque no nos identificáramos necesariamente con su forma de ver las cosas, yo en particular. Había otros, que uno leía/consultaba: Eduardo Gruner, Horacio Tarcus, Atilio Borón. Obviamente, había otras referencias, pero estaban fuera del mundo académico, referencias que sonaban «realistas» para quienes, como yo, tenían una insatisfacción creciente con el modelo de intelectual universitario. Gente que te miraba a los ojos y te decía: «largá esa paja mental y militá». Algunos aceptamos esa interpelación, aunque no estuviéramos del todo de acuerdo con la caracterización de aquello que había que «largar». Pablo tenía razón: había que salir de ahí para encontrarse con el mundo real. A partir de allí mantuve una persistente confrontación con su perspectiva del mundo intelectual, reconociendo que, en el fondo, su posición era correcta, aunque mal orientada. Pablo Rieznik, a él me refiero, me ayudó a entender «las cosas de este mundo». Pero no fue por eso que me hice marxista.

En esos años en que me fui poniendo colorado (yo venía de una familia radical y me identificaba con el radicalismo alfonsinista), la cuestión, en ese pequeño campo marxista de los ’90, era Thompson contra Althusser. Anderson era una excusa. Thompson tenía la clave para salir del gran cáncer del marxismo, Stalin. Ser thompsoniano en el mundo intelectual era como ser «trosko», es decir, estar en contra de Stalin. Yo quería ser «thompsoniano». En historia todos lo eran. Pero no me salía. Creo que solo José Sazbón, otro nombre importante para los que queríamos ser marxistas de verdad, y yo, éramos «andersonianos». Me pongo «colorado» ahora en otro sentido, más cotidiano, cuando descubro que me estoy poniendo a la altura («y yo») de alguien cuya estatura intelectual todavía me obliga hoy a mirarlo desde abajo, más aun en aquel entonces. Trampas de la redacción. Cursé con él un seminario sobre la famosa polémica y, con su erudición asombrosa, fue repasando pilas de bibliografía, hasta que llegó a Ellen Meiksins Wood y ese texto fantástico en el que inventa un Thompson más interesante que el real: «El concepto de clase en Thompson». Sazbón se mostró molesto porque nadie leyera a Meiksins y solo hubiera traducción en revistas españolas. «No. Hay una edición argentina de ese texto», le dije. Me miró con una expresión de sorpresa casi gatuna: «no puede ser, ¿cuál?» Y saqué el primer número de Contra la corriente, una revista inventada por mí, la antecesora de Razón y Revolución. Ojos como el dos de oro… Se la regalé. A la clase siguiente vino triunfante, sacó la revista de su maletín (donde guardaba galochas, un vaso y un pañuelo, entre otras cosas) y me dijo: «le falta un renglón». Había comparado la edición española con la nuestra y había detectado el error… A mí, que no puedo leer dos veces la misma cosa, me pareció el punto de no retorno de la obsesión intelectual. A partir de ahí, podía estar de acuerdo o no con lo que dijera, pero nunca iba a dudar de que era verdad. Aprendí mucho en ese seminario en el fondo, completamente inútil. Porque Thompson versus Anderson era una excusa para hacer cuentas con el Stalinismo. Era un problema serio en los años ’90. Había que ser guapo para ser marxista. Esa era una mochila que quebraba cualquier espalda. Pero tenía mucho de efecto de fachada, de trampantojo. Thompson escondía mal que entendía el problema pero no podía resolverlo. Y todos nosotros, en aquel momento, los que no queríamos que nos llevara la corriente burguesa que se imponía con el posibilismo, el posmodernismo, el posmarxismo, etc., etc., crecimos con el estigma del stalinismo, aunque más no sea por la negación. Incluso los que caminaban en paralelo al PC, ya sea por cuenta propia o bajo la máscara del guevarismo y Cuba, estaban en la misma posición incómoda. Creo que solo los maoístas se sentían felices en la suya.

Este cuento, ya demasiado largo, simplemente ilustra un momento de un pequeño sector de la intelectualidad marxista hacia mitad de los ’90, que no tendría importancia si no fuera porque reproduce por undécima vez una situación del mismo tipo, que se arrastra a nivel mundial desde por lo menos 1953: el fantasma Stalin. Stalin sigue ganando batallas después de muerto, como el Cid. Porque en términos estrictos, buena parte de las taras de la izquierda, en particular de esta izquierda tan trotskista que es la argentina, se encuentran en su persistente batalla con alguien que ya está muerto. Siguen batallando contra Stalin los que quieren ver en Lenin un «distinto», un Riquelme entre diez más. Siguen batallando contra Stalin los que buscan sustitutos en Lukacs, olvidando que era stalinista, en el Che, olvidando que era stalinista, en Gramsci, que no era mucho más que un buen bolchevique, en Mariátegui, que no era mucho mejor que los otros porque fuera peruano, etc., etc. Incluso los que quieren «volver a Marx», un lugar vacío. O a Hegel, un lugar inútil. A todos ellos, Stalin les gana porque es la revolución real contra un cúmulo de ilusiones, de «si hubiera pasado que…»

No me hice marxista por mis «condiciones de existencia», mis orígenes de clase, las lecturas universitarias ni la influencia de ese notable militante que fue Pablo Rieznik, el mejor de todos nosotros. No. Me hice marxista porque me hice adulto.

Hacerse adulto es aceptar las cosas tal cual son. Es dejar de pensar en opciones que no fueron. Es encarar la realidad con la angustia de no saber, de avanzar a oscuras en una habitación cerrada. Es mirar la vida como apuesta. La vida es una apuesta que puede salir mal. Es una película cuyo final no puede adivinarse.

Ser adulto es escaparle a la creencia absurda de que podemos anticiparnos al futuro, que si leemos lo suficiente, que si estudiamos, que si, que si, que sí. La infancia es avidez, es llevarse la vida por delante, por inconsciencia. La adolescencia (que no es sinónimo de «juventud») es un retroceso al «que si», un momento en que la realidad aparece como peligro, como algo que no puede, sencillamente, llevarse por delante. En ese momento, el sujeto se asusta y pide garantías. Pero en la vida no hay garantías. Atreverse a pensar sin padres, sin retaguardia y pagar las consecuencias, eso es ser adulto.

Buena parte de la izquierda argentina invita a los obreros argentinos a una masacre, a una crisis descomunal, a un cataclismo gigantesco. Es el precio a pagar por el socialismo. ¿Pero qué es el socialismo? Algo tan puro, tan inalcanzable, tan perfecto, que no tiene fecha de concreción. Tan universal, tan planetario, que resulta inabarcable aún por el obrero de imaginación más voluntariosa. Lo único que sabemos es que no habrá capitalistas ni estará Stalin. Es decir, esa izquierda invita a entregar la vida en nombre de un sueño vago, general, sin sustancia. Se entiende que para quien tiene problemas muy concretos, esta propuesta resulte una abstracción muy poco atractiva.

Ser adulto significa aceptar que o el socialismo es algo bastante más pedestre o, sinceramente, no vale la pena. Pedestre quiere decir: «aquí y ahora». Si el socialismo no puede pensarse «aquí y ahora», no vale la pena. Aquí y ahora, significa «en Argentina, hoy». Si no creemos que el socialismo es posible en la Argentina hoy, no mintamos más, no digamos lo que no es, atrevámonos a parecer lo que somos: o bien mesiánicos que mejor estarían en un siquiátrico que arrastrando gente a la muerte inútil, o bien, buenos reformistas a la Juan B. Justo. Y aquí aparece de nuevo Stalin y su fantasma: «¡¿estás hablando del socialismo en un solo país?! Sí, de eso estoy hablando. A mí Stalin no me va ni me viene. No me interpela. No le tengo miedo, duermo con la luz apagada porque no creo en fantasmas. La construcción de un programa lo más detallado posible sobre lo que haríamos con este país incluso en ausencia de la revolución mundial, es una deuda que tenemos con la clase obrera. Lo contrario es hipocresía reformista o delirio milenarista. ¿Pero vos creés que es posible el socialismo en un solo país? Sí, claro. ¿Pero se puede mantener algo así por mucho tiempo? No lo sé, es una apuesta. Pero si pasa el tren, hay que tomarlo. Pero, pero, pero, las fuerzas productivas, la necesidad necesaria necesitada, el capital como sujeto, la revolución permanente… Pavadas. Pavadas anti-estalinistas. Stalin murió y esas pavadas murieron con él. El tren pasa. Uno se sube o no.

Tarada por la tara del anti-estalinismo, la izquierda no solo argentina tiene un discurso milenarista y una práctica reformista. Una nueva crisis está a punto de estallar y no estalla. Una novela de Joseph Conrad, La línea de sombra, relata la historia de un momento: el barco se encuentra en medio del mar, sometido a una calma chicha, inmóvil en la nada. La acción pasa dentro de los personajes, que deben tomar decisiones. Estamos en un momento así. Es hora de tomar decisiones, de abandonar las taras del pasado y atrevernos a pensar una propuesta real, realista, explicarla a la clase obrera y batallar por ella. De darle a nuestro movimiento una esperanza cierta. Es hora de madurar.


https://razonyrevolucion.org/adios-a-stalin/



Aquí te dejo algunos extractos:
  • "Me hice marxista porque me hice adulto." - Me parece que esta frase resume muy bien la idea central del texto: que ser marxista no es solo una cuestión de ideología, sino de madurez y de aceptar la realidad tal como es.
  • "La vida es una apuesta que puede salir mal." - Esta frase me parece muy profunda y realista. La vida es incierta y no hay garantías, pero eso es lo que la hace emocionante.
  • "Ser adulto es escaparle a la creencia absurda de que podemos anticiparnos al futuro." - Me parece que esta frase es muy cierta. A menudo nos obsesionamos con el futuro y nos olvidamos de vivir el presente.
  • "La izquierda argentina invita a los obreros argentinos a una masacre, a una crisis descomunal, a un cataclismo gigantesco." - Esta frase me parece muy crítica y realista. La izquierda a menudo se enfoca en la lucha y la revolución, pero se olvida de ofrecer soluciones concretas y realistas.
  • "Stalin murió y esas pavadas murieron con él." - Me parece que esta frase es muy liberadora. El autor está diciendo que es hora de dejar atrás las viejas ideologías y dogmas y empezar a pensar de manera más realista y pragmática.

El autor está buscando una forma de hacer que el socialismo sea más realista y alcanzable, y me parece que es un objetivo muy loable.

“Consumerismo”, la enfermedad infantil del comunismo (Eduardo Sartelli)

La idea de que un consumo elevado va acompañado de conservadurismo político es propia, no sólo de ciertos sectores de la izquierda norteamericana, sino del sentido común. Ese sentido común superficial y pre-científico puede definirse como “pobrismo” y tiene más de cristiano que de socialista. Si fuera cierta la proposición inversa, cuanto más pobre más revolucionario, en Haití habría doce octubres por año.

En la mitología cristiana de la expulsión del paraíso, el consumo de la manzana resulta en un castigo. De hecho, la gula, una forma de consumo, es uno de los pecados capitales. El deseo que proveyó tal acto, también es penalizado, aunque se restrinja a la “mujer del prójimo”. El consumo del tiempo personal para beneficio propio (la pereza) también. El voto de castidad y el de pobreza coronan esta apología de la miseria.

La izquierda tiene su propia versión de la “opción por los pobres”. Así, un militante consecuente debe hacer profesión de pobre, adoptar las pautas de consumo de los pobres, si es posible, vivir con los pobres. De allí a identificar el socialismo con la escasez y todo consumo por encima del nivel de pobreza como “burgués”, hay un solo paso: “¡Ah! Muy zurdito pero ahora tenés auto...”. La conclusión lógica es obvia: el militante de izquierda, el socialista, como el cristiano, ha venido al mundo para sufrir. La imagen del Che, muerto como Cristo, resulta la iconografía perfecta.

Esta identificación de consumo con capitalismo y de pobreza con socialismo, no sólo resulta en un flaco favor a la propaganda revolucionaria, sino en una incomprensión absoluta del objetivo de la lucha por nuevas relaciones sociales. Implica desconocer por completo qué tipo de sociedad es eso que llamamos comunismo.

¿Por qué luchamos?

Con una candidata a presidente por una coalición de izquierda debatimos, en un colegio del conurbano y hace una década, sobre varios temas, en particular sobre uno que la dejó perpleja, porque pensó que en ese, seguro íbamos a coincidir. La candidata dijo: “Porque, y en esto seguro vamos a estar de acuerdo con Eduardo, ¿qué es el socialismo? Que todo el mundo tenga trabajo.” Respondí que no, que la esencia del socialismo era no trabajar. Que el socialismo se construye sobre la abolición del trabajo y la superación de la necesidad, es decir en el reino de la abundancia. No hay libertad sin abundancia. La libertad es, antes que el resultado de una forma de gobierno, así sean los soviets, la consecuencia de un grado elevado de desarrollo de las fuerzas productivas. La mayor y mejor de las democracias (que sigue siendo una dictadura, como bien lo explicó Lenin) no puede sino hundirse en el reino de la necesidad: es ésa, y no otra, la razón por la que Lenin y Trotsky se transmutan en Stalin. Esa es la razón por la que toda sociedad antes del capitalismo y el capitalismo mismo inmolan sus promesas iniciales en aras de nuevas dictaduras de clase. El comunismo primitivo se salvó de tal destino por incapacidad. Los “hombres de las cavernas” (y las mujeres, no hay que olvidarse de la Raquel Welch de Un millón de años antes de Cristo) no eran mejores que nosotros, simplemente no tenían la posibilidad de ser peores. La expansión de esa posibilidad significó un salto cualitativo en el desarrollo humano: las sociedades de clase son un avance notable y su éxito consiste en la capacidad de gestionar la necesidad. La especialización exitosa de las funciones sociales derivó, invariablemente, en el ejercicio concentrado del poder. El ejercicio concentrado del poder, a su vez, se expresó y permitió un acceso diferenciado al consumo: para que todos sobrevivieran era necesario que unos pocos alcanzaran las más elevadas posibilidades de consumo social. La riqueza, concentrada en pocas manos, fue, hasta hoy, hasta el capitalismo, la precondición necesaria del dominio humano acrecentado sobre la naturaleza. La expansión de las potencias humanas se valió de la desigualdad. Lo que distingue al capitalismo es la creación de las condiciones materiales para la libertad humana generalizada. Es, en este sentido, el fin de la prehistoria humana. Su gran logro es la abolición del trabajo. Cuando decimos que luchamos por el socialismo, decimos que lo hacemos por un mundo en el cual el trabajo sea abolido. No luchamos para trabajar (para eso está el capitalismo). Luchamos para no trabajar…

El fin del trabajo

“Yo”, me dijo una alumna en mi curso de economía en la Universidad de La Plata, “cuando escucho socialismo, me imagino a la gente lavando la ropa en el río”. Efectivamente, la propaganda capitalista identifica al reino burgués con la “sociedad de la abundancia” y al socialismo con el atraso. Como toda ideología, en ello hay parte de verdad y parte de mentira. Si no hubiera verdad en la mentira, no podría ser mentira. Efectivamente, el capitalismo ha desarrollado como ninguna otra sociedad las fuerzas productivas. Es lo más parecido a la “abundancia”. Como en toda sociedad de clases, la “abundancia” se distribuye muy desigualmente: medios increíbles en manos de unos pocos que pueden darse el lujo de pasar sus vacaciones en el espacio; miseria generalizada para las grandes mayorías. Del otro lado también hay verdad en la mentira: las experiencias socialistas se construyeron a partir de sociedades atrasadas, muy alejadas de la productividad media del capital mundial. El problema de la pobreza extrema fue, para Rusia, China y casi todos los socialismos “reales”, el principal legado pre-revolucionario. El socialismo fue, entonces, más un reparto más o menos equitativo de la miseria apenas mitigado por la promesa del desarrollo acelerado, que el disfrute de una cornucopia inexistente.

Sin embargo, el futuro se nos acerca a gran velocidad. La abundancia para pocos, en el capitalismo, se construye sobre un piso de fuerzas productivas infinitamente más elevadas que cualquier cosa antes vista. Hace ya casi medio siglo que Marcuse proclamó el fin de la utopía. Se apoyaba en la constatación evidente de que la posibilidad del socialismo, del mundo de la abundancia, ya existía entre nosotros. Que el trabajo se extinguía ante nuestros propios ojos. “Eso es imposible, siempre habrá que trabajar”, me contestó esta alumna tan obsesionada con el statu quo. Y sin embargo, es así.

En el mundo capitalista, ningún burgués tiene asegurada su supervivencia, a menos que vaya al mercado y venda. Realizada la plusvalía, volverá contento a su casa sólo para constatar que los amenazados por su éxito ya han tomado medidas para enfrentar al insolente. Es la actividad que se llama competencia. Los capitalistas se agreden unos a otros, porque es la única forma de asegurarse el futuro individual. El principal instrumento de esta guerra de todos contra todos, es la tecnología. Esta es la razón de la fabulosa capacidad expansiva del capitalismo. La tecnología permite caídas sistemáticas y prolongadas de precios por la vía de reemplazar trabajo humano por implementos mecánicos. Dicho de otra manera: la revolución de la ciencia y la técnica tienen por consecuencia la multiplicación de la productividad del trabajo. En criollo y simplificando en extremo: más máquinas, menos obreros. Pero es el trabajo humano el que crea la plusvalía, el corazón de la ganancia capitalista. Si hay menos trabajo humano, hay menos plusvalía. Para el capitalista individual será un negocio: ahorrará en salarios y multiplicará sus ventas, de modo que compensará la menor producción de plusvalía por la vía de amputársela a sus competidores. El conjunto de los capitalistas deberá imitar al atrevido, innovando ellos también. En ese momento, la tasa de ganancia caerá para todos sin posibilidad de compensación alguna. Si no hay ganancia no hay inversión porque los capitalistas no producen para el consumo sino para la ganancia. Lo que era maravilloso para el capitalista individual, resultará desastroso para el sistema en su conjunto, que entrará en una crisis sistémica de largo plazo. La expansión de la productividad y la consiguiente liberación del tiempo, en lugar de resultar en más libertad, culmina en crisis, guerras, hambre, devastación. En una sociedad no capitalista, donde se produzca para el consumo y se planifique conscientemente, cada ganancia de productividad daría por resultado tiempo libre.

Efectivamente: dado que el trabajo humano, junto con la naturaleza, son las fuentes de la riqueza humana, todo avance de productividad elimina tiempo de trabajo necesario en la producción. Este fenómeno sucede todo el tiempo delante de nuestras narices, porque el propio capitalismo procede a eliminar, a abolir, el trabajo. Dicho de otra manera, el capitalismo crea las bases materiales de la libertad humana. Su realización requiere, sin embargo, de la abolición de estas mismas relaciones.

La revolución y el consumo

Finalmente, el consumo no es otra cosa que la realización de las potencias humanas. La negación del consumo para las masas es la negación de sus potencias. El goce, el deseo y su realización, se identifican con la libertad. La revolución no es más que la imposición de las relaciones humanas que hacen posible la realización del deseo. Probablemente, el resultado inmediato de una revolución triunfante en condiciones de abundancia material sea un consumo desmedido y sin tino. Probablemente, milenios de restricciones de masas humanas a dieta forzosa resulten difíciles de contener, expresándose en derroche y anarquía del deseo. La educación del consumo será, entonces, una necesidad inmediata. El combate al “consumerismo” se volverá, en ese momento, una necesidad de la civilización libre, una vacuna contra esa enfermedad infantil de la humanidad no acostumbrada de disfrutar de sus potencias. Mientras tanto, más que luchar contra el consumo, debemos tratar de expandirlo. Aunque la simpática Susan se enoje...


https://www.topia.com.ar/articulos/%E2%80%9Cconsumerismo%E2%80%9D-la-enfermedad-infantil-del-comunismo



Extractos interesantes del texto:

  1. "La idea de que un consumo elevado va acompañado de conservadurismo político es propia, no sólo de ciertos sectores de la izquierda norteamericana, sino del sentido común." - Una crítica a la idea de que el consumo es algo malo.
  2. "La esencia del socialismo era no trabajar. Que el socialismo se construye sobre la abolición del trabajo y la superación de la necesidad, es decir en el reino de la abundancia." - Una definición alternativa del socialismo.
  3. "No hay libertad sin abundancia. La libertad es, antes que el resultado de una forma de gobierno, la consecuencia de un grado elevado de desarrollo de las fuerzas productivas." - La relación entre libertad y abundancia.
  4. "El capitalismo crea las bases materiales de la libertad humana. Su realización requiere, sin embargo, de la abolición de estas mismas relaciones." - Una crítica al capitalismo y su potencial para la libertad.
  5. "El consumo no es otra cosa que la realización de las potencias humanas. La negación del consumo para las masas es la negación de sus potencias." - La importancia del consumo en la realización humana.
  6. "La revolución no es más que la imposición de las relaciones humanas que hacen posible la realización del deseo." - Una definición de la revolución.
  7. "Más que luchar contra el consumo, debemos tratar de expandirlo." - Un llamado a expandir el consumo en lugar de restringirlo.



Los judíos no tiene su origen en Israel, sino en el Cáucaso

 


Los judíos no tiene su origen en Israel, sino en el Cáucaso

Su material genético muestra que proceden del viejo imperio jázaro, según el estudio de un reputado científico

El 90% de los judíos del mundo no proceden del Israel bíblico sino de las tierras del Cáucaso. Es más, ni siquiera son del todo judíos. Su material genético es un mosaico de genes donde predominan los antiguos pueblos caucásicos, de Mesopotamia, ancestros europeos y hasta chipriotas, además de los semíticos. Según una investigación publicada en Genome Biology and Evolution , grupos de israelíes fueron llegando a aquellas tierras entre el mar Negro y el mar Caspio hasta que el imperio que los acogió se convirtió al judaísmo. Fueron estos conversos los que protagonizaron una nueva diáspora hacia Europa. "Diario El Comercio. Todos los derechos reservados."

La historia, envuelta en numerosos mitos, venía sosteniendo que los actuales judíos europeos (aquel 90% y que en realidad, tras el Holocausto, no viven en este continente sino en América y el moderno Israel) son descendientes de tribus israelitas y cananeas. Tras la conquista musulmana de Palestina en el siglo VII, la abandonaron para asentarse en Alemania (Ashkenaz, en hebreo). Posteriormente, en el siglo XV, un pequeño grupo de unos 50.000 individuos emigrarían hacia el este (Polonia, Ucrania Rusia…) y en un sorprendente baby boom se multiplicarían hasta suponer el grueso de la población judía. Estos son los elementos básicos de la hipótesis Rhineland (o tierras del Rin, un río alemán) sobre el origen de los judíos europeos.

Sin embargo, el genetista de la Universidad Johns Hopkins (EEUU) y de origen judío Eran Elhaik ha realizado una investigación cuyos provocadores resultados desmontan varios mitos. La genética, según sugiere su estudio, sostendría que no hubo esa emigración seminal a Alemania o, al menos, el factor alemán no explicaría el origen de la mayoría de los judíos europeos. En realidad, estos procederían del Cáucaso. Allí, desde finales de la Edad del Hierro, emergió el imperio jázaro. Formado por una amalgama de tribus eslavas, escitas, iranias, turcas y hasta hunos y alanos, asistió durante siglos a sucesivas llegadas de judíos tanto de Palestina como de Mesopotamia, donde vivían los descendientes del pueblo hebreo que el babilonio Nabucodonosor II se llevó consigo tras destruir Jerusalén, en el 587 antes de nuestra era. Siglos después, los jázaros se convirtieron al judaísmo.

“La conversión en sí no está en duda”, dice Elhaik. “Documentos encontrados en Egipto lo confirman”, añade. Aunque la extensión de la conversión aún es discutida, se cree que todo el Imperio jázaro, incluyendo sus tribus subordinadas y esclavos, mantuvo el judaísmo en los siguientes 440 años hasta la invasión de los mongoles, en el siglo XIII”, añade. En un proceso que recuerda a la expansión de los cristianos en el Imperio romano, los gobernantes y la aristocracia jázaro se pasaron en bloque al judaísmo cuando ya una buena parte de su población se había convertido a la fe hebrea. La invasión mongola y la gran epidemia de peste de 1347 empujaron a los ahora judeo-jázaros hacia el oeste. Esta versión alternativa del origen de los judíos europeos se conoce como la hipótesis de los jázaros y no había podido ser confirmada hasta ahora, que empieza a haber suficiente material genético de los pueblos del Cáucaso disponible para su estudio.

Con los datos genéticos de 1.287 individuos de ocho poblaciones judías y otras 74 de gentiles, Elhaik realizó cinco diferentes análisis y todos le llevaron al origen judeo-jázaro de la mayor parte de los alrededor de 13 millones de judíos del mundo. Usó la frecuencia de alelos (alternativas de un mismo gen) diferentes entre distintos grupos poblacionales y, tomando a judíos palestinos y caucásicos (armenios, georgianos o azeríes) actuales como base para determinar el linaje, comprobó que el 70% de los judíos procedentes de Europa central y occidental y todos los orientales compartían más con los segundos que con los primeros.

También, en una especie de triangulación geográfica, donde los vértices eran los vascos, los pigmeos y la etnia china Han, la investigación sitúa los ancestros de los judíos europeos en el sur del Cáucaso. En otro análisis, basado en el grado de mezcla genética de segmentos de cromosomas volvieron a comprobar que el linaje caucásico domina, con un 38%, por delante de los genes europeos occidentales (30%) y de los mesopotámicos. “En conjunto, nuestros resultados dibujan el genoma de los judíos europeos como un mosaico de ancestros caucásicos y de Oriente Próximo, europeos occidentales, Oriente Medio y europeos orientales en proporción decreciente”, dicen en las conclusiones del estudio.

En suma, además de no haber llegado a Europa directamente de Palestina, los judíos se mezclaron con los gentiles mucho más de lo que cuenta la historia. Incluso, buena parte de ellos lo son por religión, no por origen. "Diario El Comercio. Todos los derechos reservados."

https://elcomercio.pe/mundo/actualidad/judios-no-tiene-su-origen-israel-sino-caucaso-noticia-1524327/

lunes, 4 de febrero de 2019

Glosario Feminista

Feminismo
“La lucha por la igualdad entre mujeres y hombres, en tanto que ambos son seres humanos”. Celia Amorós
ANDROCENTRISMO: Enfoque o perspectiva de un estudio, trabajo o investigación donde se parte de la perspectiva masculina únicamente, pero generalizando los resultados a toda la población. Supone una visión del mundo que sitúa al hombre (varón) como centro de todas las cosas. Esta concepción de la realidad parte de la idea de que la mirada masculina es la única posible y universal, por lo que se generaliza para toda la humanidad, sean hombres o mujeres. Se identifica así lo universal y neutro con lo que en realidad es exclusivamente masculino. Conlleva la invisibilización de las mujeres y de su mundo, la negación de una mirada femenina y la ocultación de las aportaciones realizadas por las mujeres. El androcentrismo está presente en todas las ramas del saber y por lo tanto se transmite a través de toda la producción cultural de una sociedad, desde la tradición oral, los refranes hasta los más sesudos tratados científicos, históricos, artísticos o religiosos. En nuestro entorno educativo esto se refleja en los contenidos de los libros de texto, en la actitud del profesorado respecto a las expectativas, el rendimiento escolar, las preferencias y decisiones vocacionales y patrones de conducta de niños y niñas y adolescentes. Esto nos debe llevar a una reflexión acerca del papel de la escuela como agente de cambio social para construir una sociedad más plural, tolerante e igualitaria y no simplemente dedicada a la instrucción y a la reproducción de lo ya existente.
SEXISMO: Serían aquellas actitudes que favorecen y perpetúan la desigualdad y la jerarquización en el trato que reciben las personas y que se hace sobre la base de la diferenciación sexual. El sexismo no es tan evidente como el machismo (actitud de prepotencia con respecto a las mujeres). Es un comportamiento individual o colectivo que desprecia un sexo en virtud de su biología, perpetua la dominación de los varones y la subordinación de las mujeres.
MACHISMO: El diccionario de la Real Academia Española (RAE) lo define como ‘actitud de prepotencia de los varones respecto a las mujeres’. El origen del término “machismo” es latino (de “macho”, en latín “mascŭlus”). El término “machismo” ha experimentado mayor evolución en su significado. No es en modo alguno contrario al término ‘feminismo’. Este es un error muy frecuente. El machismo consiste en un conjunto de ideas, actitudes y comportamientos sexistas que tienen por objeto establecer o mantener el predominio de los hombres sobre las mujeres, tanto en el ámbito público como en el privado. Se da tanto en hombres como en mujeres ya que tiene un fuerte componente cultural y educativo, muy arraigado socialmente e incluso bien visto en diferentes sociedades y épocas. De ahí la necesidad de que la familia y la escuela eduquen y socialicen a niños y niñas en valores y comportamientos no sexistas.
MISOGINIA: el término procede del griego (‘miseo’: ‘odiar’ y ‘gyne’: mujer’). En los mitos de la antigüedad y en las religiones ya se asociaba a las mujeres con el mal y se las consideraba como ‘hombres’ incompletos. La misoginia se ha construido a través de los siglos como una ideología reforzada por las posiciones extremas de un gran número de intelectuales, artistas, legisladores etc. y conlleva actitudes de odio y desprecio hacia las mujeres, a las que se considera claramente inferiores y portadoras de negatividad. Un ejemplo son las palabras de Aristóteles: “La hembra es hembra en virtud de cierta falta de cualidades”.
HEMBRISMO: Sería el antónimo de machismo y no feminismo, como normalmente se utiliza tanto en el lenguaje coloquial como en los medios de comunicación. No existe realmente.
PATRIARCADO: La antropología ha definido el patriarcado como un sistema de organización social en el que los puestos clave de poder (político, económico, religioso y militar) se encuentran, exclusiva o mayoritariamente, en manos de varones. Ateniéndose a esta caracterización, se ha concluido que todas las sociedades humanas conocidas, del pasado y del presente, son patriarcales. Se trata de una organización histórica de gran antigüedad que llega hasta nuestros días. Patriarcados de coerción y patriarcados de consentimiento o patriarcados ‘duros’ o ‘blandos’ (según Alicia Puleo): • Los ‘patriarcados de coerción’ serían aquellos que mantienen normas muy rígidas respecto a los papeles que deben desempeñar hombres y mujeres y cuya desobediencia puede ser castigada incluso con la muerte (el caso de Afganistán por ejemplo). • Los ‘patriarcados de consentimiento’ se dan en sociedades más avanzadas (ver IDG: Índice de desigualdad de Género). En este caso no se encarcelará ni matará a quienes no cumplan con el rol sexual asignado, sino que será la propia persona quien busque cumplir con el ‘mandato de género’. Este ‘deseo’, asumido como libre y propio, se conformará en nuestros días a través del modelo de feminidad normativa que circula en los medios de comunicación y cuyo papel en la nueva configuración del patriarcado es fundamental (estrictos cánones de belleza, sobrevaloración de la juventud, mujeres que no se agotan con la doble y triple jornada laboral…).
SEXO: En oposición al término género, hace referencia a los aspectos exclusivamente biológicos, a las diferencias entre mujeres y hombres en relación a sus órganos genitales y a su función en la reproducción. Se nace con unas características sexuales.
GÉNERO: Hace referencia a las características que cada grupo social asigna a lo masculino y lo femenino. El género se aprende, puede ser educado, cambiado y manipulado. Se entiende por género la construcción social y cultural que define las diferentes características emocionales, afectivas, intelectuales, así como los comportamientos que cada sociedad asigna como propios y naturales de hombres o de mujeres. Ejemplos de esta adscripción de características en nuestra sociedad es pensar que las mujeres son habladoras, cariñosas y organizadas y los hombres son activos, fuertes y emprendedores. Podemos decir, usando las palabras de Victoria Sau, que el género es la construcción psicosocial del sexo. Una primera función implícita en el género es la de hacer patente que hombres y mujeres son más diferentes que similares, y éste es el motivo de que la sociedad humana haya establecido la existencia de estos dos géneros, fenómeno que tiene una dimensión universal.
INVISIBILIDAD SOCIAL: Fenómeno por el cual las aportaciones de determinados grupos sociales como las mujeres (androcentrismo), las culturas no occidentales (etnocentrismo), las minorías sociales (racismo) o sexuales  (homofobia) pasan completamente desapercibidas, dando la sensación de que nunca se han producido.
PERSONA: Se emplea para designar a alguien, hombre o mujer. Su utilización es más aconsejable que el término de hombre, que se ha empleado aparentemente con un sentido universal y genérico, pero que ocultaba el protagonismo de las mujeres.
‘TECHO DE CRISTAL’: Es una barrera invisible, difícil de traspasar, que describe un momento concreto en la carrera profesional de una mujer, en la que, en vez de crecer por su preparación y experiencia, se estanca dentro de una estructura laboral, oficio o sector. No se trata de un obstáculo legal sino de prejuicios extendidos para confiar en las mujeres puestos de responsabilidad, pagar un salario y otorgar una categoría similar por las mismas funciones al considerar que se conformará con menos, así como sutiles prácticas patriarcales del mundo profesional, como el tipo de reuniones, el corporativismo masculino o el amiguismo.
‘TECHO DE DIAMANTE’: El techo de diamante es un término acuñado por Amelia Valcárcel en su libro La política de las mujeres (1997, Ediciones Cátedra). Se refiere al hecho de que, en la sociedad patriarcal, el hombre sea un “objeto de aprecio” y la mujer un “objeto de deseo”, subordinándola así a una situación en la que el hombre perpetúa su poder. El ‘techo de diamante’ impide que se valore a las mujeres por criterios estrictamente profesionales.
‘SUELO PEGAJOSO’: Se refiere a las tareas de cuidado y vida familiar a las que tradicionalmente se ha relegado a las mujeres. Salir de este “espacio natural” que según el patriarcado les corresponde es un obstáculo para su desarrollo profesional. Este concepto está relacionado con el famoso “equilibrio” de trabajo en y fuera de casa, tan complicado de mantener para muchas mujeres.
COEDUCACIÓN: Intervención educativa por la que se pretende que niñas y niños desarrollen su personalidad en igualdad de oportunidades, eliminando los estereotipos y sesgos sexistas. No es lo mismo que hablar de escuela mixta.
CORRESPONSABILIDAD Y CONCILIACIÓN: entre la vida profesional, personal y familiar, es decir entre el tiempo dedicado al trabajo no remunerado (doméstico y de cuidados) y el remunerado. El reparto del trabajo no remunerado -llamado también de reproducción de la vida- entre mujeres y hombres es un factor clave para que exista una verdadera igualdad en los ámbitos públicos: el laboral, económico, cultural y social.
DEMOCRACIA PARITARIA: Es la forma de organización social y política en la que existe igualdad de número y derechos de los distintos colectivos que componen la sociedad y que deben formar parte de los órganos decisorios y de gobierno. Históricamente las mujeres han sido apartadas de la participación social y política ya que no se las ha considerado ciudadanas de pleno derecho. En la actualidad, la mayoría de las democracias adolecen de una escasa presencia de mujeres en los poderes y órganos del Estado, por lo que dicha equiparación es considerada por determinados colectivos de mujeres un principio fundamental para la consecución de la igualdad entre mujeres y hombres.
ECONOMÍA FEMINISTA: Llamada así desde los años 90, defienda que los indicadores económicos, como el Producto Interior Bruto (PIB) no tengan en cuenta solo el trabajo mercantil, sino también el trabajo doméstico y de cuidados, fundamental para sostener la vida de las personas aunque no tenga una contrapartida económica. “La economía feminista se caracteriza por abrir reflexión, al menos, en torno a tres aspectos: los límites de lo que es economía, el papel del género en ella, y el compromiso de la teoría con la transformación de las situaciones de desigualdad”, explica Amaia Pérez Orozco, economista, en el libro La economía feminista en América Latina (ONU Mujeres).
EMPODERAMIENTO (Empowerment): Se trata de un término acuñado en la Conferencia Mundial de las Mujeres en Beijing (Pekin) en 1995 para referirse al aumento de la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones y acceso al poder. Actualmente esta expresión conlleva también otra dimensión: la toma de conciencia del poder que individual y colectivamente ostentan las mujeres y que tiene que ver con la recuperación de la propia dignidad de las mujeres como personas.
PERSPECTIVA DE GÉNERO: La perspectiva de género es un método para analizar de una forma más equitativa y no androcéntrica la sociedad en la que vivimos y asegurar que mujeres y hombres influyan, participen y se beneficien de igual manera en todos los ámbitos de la política, la sociedad y la cultura. También se denomina enfoque o dimensión de género así como ‘mainstreaming’ o transversalidad de género.

Fuente: Glosario sobre igualdad en la web de Mujeres en red, http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1301

https://revistaemancipa.org/glosario-feminista/

viernes, 5 de enero de 2018

"LA VILLA IMPERIAL DE POTOSI MANTUVO ECONOMICAMENTE DURANTE SIGLOS TANTO A BUENOS AIRES COMO A CHILE"



"Felipe II instruyó que a partir de 1580, año de la segunda fundación de Buenos Aires, la Caja Real de Potosí entregara anualmente en lo sucesivo y sin necesidad de que se repitiera la orden, 280.000 pesos para Buenos Aires y 212.000 pesos para la Capitanía General de Chile, suma con la que se cubrían también los gastos de guerra contra los araucanos. Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela, dice en una parte de su Historia: «He querido, aunque alargándome un poco más, referir los sucesos del reino de Chile aunque en suma por lo mucho que esta Imperial Villa le ha ayudado siempre con gente y millones de plata en la guerra y en la paz». Las cifras de soporte a Santiago y Buenos Aires, hasta las postrimerías del régimen colonial, nunca dejaron de enviarse y por el contrario, se incrementaron en el caso de Buenos Aires, cuando arreciaban los conflictos en la frontera brasileña al norte (Potosí envió 900.000 pesos para la ejecución del tratado de límites con el Portugal en 1750) o con franceses e ingleses en Las Malvinas, a quienes se expulsó con plata potosina, pues la 
expedición de reconquista armada en 1770 demandó 1.328.834 pesos pagados íntegramente por las Cajas Reales de Potosí. En alguna ocasión tambien se atendieron con recursos potosinos los gastos de la Corona en Filipinas".



sábado, 19 de noviembre de 2016

Mijeíl Saakashvili

Míjeil Saakashvili (en georgiano: მიხეილ სააკაშვილი, en ucraniano: Міхеїл Саакашвілі), nacido en Tbilisi el 21 de diciembre de 1967, es un abogado y político nacido en Georgia y nacionalizado ucraniano, presidente de Georgiaentre 2004 y 2007, y nuevamente entre 2008 y 2013. Desde el 30 de mayo de 2015 es gobernador del Región de Odesa, en Ucrania.
Esta acusado por el gobierno georgiano de crímenes contra los derechos humanos y en 2015 el primer ministro georgiano pidió su extradición a Ucrania.1

Biografía

Carrera política

Saakashvili supera los exámenes de la Escuela de Derecho Internacional de la Universidad de Kiev (Ucrania) en 1992 y amplía sus estudios en la Universidad de Columbia de Nueva York y laUniversidad George Washington de Washington. En 1995 entra a formar parte del partido Unión de Ciudadanos de Georgia (SMK) creado por Eduard Shevardnadze y pasará a ser estrecho colaborador y diputado ese mismo año.
El 12 de octubre de 2000, Saakashvili se convierte en ministro de Justicia del gobierno del presidente Shevardnadze. Desde este cargo intenta llevar acciones contra la importante corrupción de la clase política. En 2001, su oposición a su partido termina por romper su relación con el SMK y enfrentándose a Shevardnadze.
Funda un partido propio y se presenta en las elecciones presidenciales de 2003 que fueron ganadas por Shevardnadze entre acusaciones defraude. La oposición de Saakashvili a los resultados, con el apoyo de Estados Unidos, hizo que surgieran protestas y manifestaciones populares masivas pidiendo la anulación de los resultados, siendo conocida como la Revolución de las rosas. Finalmente Shevardnadze dimite y tras unos nuevos comicios celebrados en 2004, Mijeíl Saakashvili logra por mayoría la presidencia.

Presidente de Georgia

Después de ganar las elecciones hasta el final de su presidencia, Míjeil Saakashvili inició una serie de reformas que según sus partidarios mejoró la burocracia o la lucha contra la corrupción como un registro civil único y mas rápido, éxitos contra la corrupción en el sistema educativo y en la policía de tráfico y buenas carreteras. Sin embargo, la oposición le denuncia por el uso de torturas, malos tratos y el abuso de los derechos humanos sistemáticamente.
A finales de 2007 fue reelegido Presidente tras unos escrutinios muy polémicos ante su oponenteLevan Gachechiladze.
En agosto de 2008 ordena una ofensiva en un evento conocido como la Guerra de Osetia del Sur de 2008 y que finaliza con un empeoramiento de la situación, un enfrentamiento grave con Rusiaque reconoce la independencia de las autonomías de Abjazia y Osetia del Sur y la ocupación por la parte rusa de varias ciudades de Georgia como Gori y el puerto de Poti.

Gobernador del Óblast de Odesa (Ucrania)

El 30 de mayo de 2015 Saakashvili fue nombrado gobernador del Óblast de Odesa, en el suroeste de Ucrania.
El 4 de diciembre, el presidente de Georgia, Giorgi Margvelashvili, privó a Saakashvili de la nacionalidad georgiana y decretó una orden de búsqueda y captura por su posible responsabilidad en numerosos delitos.
Según la Fiscalía del país, Saakashvili podría estar involucrado en la muerte del primer ministroZurab Zhvania, el homicidio del empleado del Banco Unido de Georgia, Sandro Girgvliani y la malversación de fondos públicos por un valor de 5 millones de dólares. En total, contra el político han sido iniciados alrededor de una decena de causas penales en su país.2
El Parlamento de Georgia, en junio de 2015, redactó un informe parlamentario donde concluyó que durante el periodo 2004-2012 la tortura tenía carácter sistemático e intensivo y estaba aprobada por los responsables políticos del gobierno de Saakashvili.

Véase también

Lista de referencias

  1. Volver arriba País, Ediciones El (2 de septiembre de 2016). «Los abusos de derechos humanos de la era Saakashvili traumatizan a Georgia». Consultado el 3 de septiembre de 2016.
  2. Volver arriba Sputnik. «El retorno del hijo pródigo: Saakashvili quiere regresar a Georgia».mundo.sputniknews.com. Consultado el 3 de septiembre de 2016.
https://es.wikipedia.org/wiki/Mije%C3%ADl_Saakashvili


Medvédev a RT: "No hubo una guerra entre Rusia y Georgia, sino imposición de la paz"

 4 ago 2013 14:25 GMT 


El 8 de agosto se cumplen cinco años del conflicto desatado por Georgia en Osetia del Sur y de la operación rusa de imposición de la paz. En una entrevista exclusiva con RT Dmitri Medvédev, entonces presidente del país, recuerda aquellos días.
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La noche del 8 de agosto de 2008 las tropas georgianas atacaron la república georgiana de Osetia del Sur, dejando en ruinas una parte de su capital, Tsjinvali. En su intento por defender a los habitantes de la república, Rusia envió sus unidades a Osetia del Sur y, tras varios días de combate, expulsó a las tropas georgianas de la república. El 26 de agosto de 2008 Rusia reconoció la independencia de Osetia del Sur y de Abjasia, otra ex república georgiana. 

"Voy a recordar cómo evaluamos lo que pasó. No fue una guerra entre Georgia y Rusia. Fue un conflicto entre Georgia y Osetia del Sur en el que tuvimos que intervenir a fin de forzar a Georgia que detuviera la destrucción  de hecho, de personas a las que consideraban sus ciudadanos, y que, al mismo tiempo, fueron en gran medida ciudadanos de Rusia", argumentó Medvédev. 

"No fue una guerra entre los estados, y sobre todo, no una guerra entre el pueblo ruso y el pueblo georgiano. Fue una operación de imposición de la paz", destacó, agregando que Rusia nunca tuvo intenciones de derrocar al líder de estado. 

Sobre la figura del presidente georgiano Mijail Saakashvili, que ordenó atacar Tsjinvali la madrugada del 8 de agosto de 2008, Médvedev se muestra rotundo: "Ya sabe, tengo una mala opinión sobre los talentos militares y diplomáticos de Saakashvili. [...] Es una situación complicada. Creo que, principalmente, se orientaba a la variante de la no injerencia rusa en el conflicto, una rápida entrada en Tsjinvali, la captura de los principales edificios, restauración, en la percepción del Gobierno de Georgia, del orden constitucional y la intercesión de EE.UU. y otros países", comentó el primer ministro. 

"Todavía teníamos la esperanza [antes del ataque georgiano contra Osetia del Sur] de que las autoridades georgianas conseguirán cohesionar el Estado fallido. Pero, por desgracia, y lo que es un delito de Saakashvili ante los futuros pueblos y futuras generaciones del pueblo georgiano, lo que hizo, de hecho, fue poner un clavo en el ataúd del Estado en su condición anterior. Enterró con sus propias manos estas esperanzas. Y esto, por supuesto, es lo más triste", explicó. 

Saakashvili es un criminal de guerra  

"Voy a recordar que Rusia no ha roto las relaciones diplomáticas con Georgia. Estamos listos para restablecerlas bajo determinadas condiciones. Y estas son simples: sencillamente reconocer lo que pasó. Tal vez esto vaya a pasar de manera más delicada, difícil. Pero estoy seguro de que no habrá vuelta atrás. Y este capítulo, el más triste de nuestras relaciones en los últimos años, ya está cerrado y se irá con la desaparición de la escena política de Saakashvili y algunas otras personas  involucradas en la toma de esta decisión criminal", destacó Medvédev. 

"Y ahora, después de las investigaciones de diversas comisiones, como la Comisión Tagliavini, después de un análisis realizado por nuestros organismos de investigación, nuestra fiscalía militar, varios analistas, todos admiten lo que realmente ocurrió", indicó. 

"Creo que en situaciones como estas es donde se demuestran las verdaderas intenciones del Estado. Desde el  principio no perseguimos el objetivo de un cambio de régimen, a pesar del hecho de que el señor Saakashvili, por razones obvias, para mí y para mis colegas no es una persona a la que dar la mano. Yo lo considero un criminal de guerra. Sin embargo, creíamos y creemos que la gente debe arreglar los asuntos conectados con sus gobernantes", especificó Medvédev. 

EE.UU. entiende que no se debe entrar en conflicto con Rusia

A la pregunta de por qué  EE.UU. no fue más lejos con su apoyo a Georgia, Medvédev dijo que cualquier presidente de EE.UU. entiende que no se debe estar en conflicto con Rusia. "Hubo cabezas exaltadas, por todos conocidas, pero creo que había también razonamientos acerca de que esto podría dar lugar a un conflicto muy serio que nadie necesitaba. Por lo tanto, como usted ha dicho con razón, Estados Unidos tomó una posición dual que fue, probablemente, la mayor decepción para parte de los hombres sabios de Georgia", resaltó. 

La prioridad de Rusia era salvar vidas

Dmitri Medvédev señaló que, si bien para Rusia era importante la reacción de la comunidad internacional, la CEI y otras asociaciones de integración, lo más esencial fue salvar vidas. 

"Si hablamos de una manera seria, para nosotros, por supuesto, para nuestro país y para mí personalmente como presidente era importante la reacción de nuestros socios en la comunidad internacional. La reacción de nuestros socios de la CEI, en las otras asociaciones de integración. Pero no era lo más importante. Lo más importante era proteger los intereses de Rusia y la vida y la salud de nuestros ciudadanos. En realidad, yo pensaba en la reacción internacional como un factor secundario o terciario. Lo pensé, por supuesto, no voy a negarlo, pero eso no era lo principal", explicó. 

"Solo una persona no inteligente puede querer guerra. Lo digo con absoluta seguridad. Quienquiera que sea. La guerra es un desastre terrible. Y, como usted ha dicho con razón, nuestro país sabe lo que es", dijo. 

"Puede que en algunos países se perciba de manera más a la ligera, sobre todo aquellos que lucharon en territorio extranjero o no participaron en guerras en absoluto", dijo Medvédev. 

"Pero, por supuesto, existe el dicho popular de que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Desafortunadamente, este es un patrón bastante común de comportamiento. Pero le puedo decir con toda franqueza, que mi experiencia política, que no se mide en décadas, aunque yo creo que es bastante decente -he estado en variadas situaciones y  he tomado distintas decisiones-, me ha demostrado que nunca puede salir nada bueno de eso", subrayó. 

"La humanidad ha tenido la fuerza y la voluntad para juzgar a los criminales nazis en Nuremberg. Hay otros ejemplos de aplicación moderna de ese tribunal. Todo depende de la posición común de los países. Aquí no funcionó. Bueno, el veredicto final será dictado por la historia y la sentencia política, como yo lo veo, ante las decisiones que tomó Saakashvili, ya la ha dictado el pueblo de Georgia. Porque, a pesar de lo sucedido, su fuerza política se ha derrumbado", dijo. 
  

La parcialidad de los medios occidentales

En relación a las lecciones que Rusia ha aprendido de la guerra informativa, Medvédev destacó la parcialidad de algunos medios y su postura propagandística "dirigida contra nuestro país, contra aquellas evaluaciones que dábamos". 
Según Medvédev, “una gran parte de la prensa internacional realizaba su postura propagandística al unísono que sus ministerios de Relaciones Exteriores, que actuaron, bueno, de hecho, como aliados dentro de una alianza político-militar". 

"La tarea de los medios de comunicación consiste en proporcionar una información precisa, objetiva, si es posible, acerca de lo que está pasando. Hacerlo con honestidad. Y, por cierto, la gran mayoría de sus colegas, en general, tratan de actuar así. Pero no todos, y en este sentido estoy de acuerdo, aguantaron la prueba de resistencia en aquel entonces", destacó.  

Occidente, "un elefante en una cacharrería" en Irak y Libia

A la hora de analizar la situación en Libia e Irak  Dmitri Medvédev recordó que lo que ocurrió allí fue, de hecho, un violento desmantelamiento del sistema político de un país extranjero, la injerencia flagrante en sus asuntos internos y la llegada al poder de un régimen político favorable.

"Todos saben lo que pasaba y lo que está pasando. En Irak todo está muy inestable. Cada día decenas de personas mueren allí […]. Libia, de hecho, está desgarrada por la guerra, y en la actualidad hay algunas áreas específicas que no son controladas totalmente desde la capital, lo que ya preveíamos. Y eso sin mencionar el destino de Gaddafi  que fue terrible", dijo Medvédev,  precisando que lo ocurrido "es una mancha más en la conciencia de las personas que tomaron la decisión de iniciar una operación militar".

Sobre Siria  Medvédev reiteró que, de hecho, el país está inmerso en una guerra civil, pero que “una intervención activa en los asuntos internos podría generar allí los mismos problemas”, generalizando la inestabilidad y haciendo que el país se encuentre "en estado de guerra civil permanente".

Según el primer ministro ruso, Occidente "se comporta como un elefante en una cacharrería", ya que –sostiene- "se meten, destruyen todo en el interior y luego no saben qué hacer con todo eso". Medvédev dice sentirse "sorprendido" por los analistas occidentales y la falta de acuerdo en los proyectos que promueven, así como por los resultados posteriores. “Para decirlo sin rodeos: ¿Qué trajo de bueno la 'Primavera Árabe' para el mundo árabe? ¿Libertad? Sólo en parte. En un número significativo de estos estados lo que hay son interminables enfrentamientos sangrientos, cambio de régimen, revueltas sin fin".

 Vea más información aquí:

 La ciudad de las madres desoladas 

Georgia: el peso de la irresponsabilidad   

Pesadillas de posguerra 

Osetia del sur: volver a empezar  

Entrevista con Dmitri Medvédev, presidente de Rusia (2008-2012)  

https://actualidad.rt.com/actualidad/view/102052-medvedev-rt-entrevista-georgia-rusia-guerra