Guy Sorman ha puesto sobre la mesa algo que hace mucho tiempo se sabía sobre Foucault. Obviamente, ya vendrán los que pidan separar al "hombre" de su "obra". Es una operación que me cuesta aceptar, porque no creo que una "obra" no tenga vinculación alguna con su "autor". Pero puede suceder. Puede que exista una disociación profunda entre lo que el personaje en cuestión sostiene en su vida pública y lo que acomete en privado. El tema es que este no es el caso. Foucault no actúa de un modo privado que contradiga su filosofía pública. Su filosofía pública es la exposición de su vida privada.
No digo nada nuevo si digo que Foucault es la culminación de una genealogía que, vía Heidegger, lleva a Nietzsche y de Nietzsche a Schopenhauer y Stirner. Finalmente, es una de las conclusiones lógicas de la ontología liberal, fundante de la revolución burguesa: el individuo burgués que se disocia en el individuo social (y de allí al socialismo y la comunidad) y el individuo átomo (el anarquismo y el fascismo). Ya expliqué hace tiempo por qué el fascismo es la culminación del liberalismo a través de la figura del súper-hombre. Lo que importa aquí es que, consecuente con este linaje, que incluye al liberalismo austríaco, a gente como Aynd Rand, Joseph Schumpeter y Max Weber, todos rastreables hasta el Marqués de Sade y el Guasón de Joaquín Phoenix, el verdadero individuo, el que cuenta, es el que carece de moral, porque no encuentra ninguna razón objetiva, ninguna necesidad, que lo obligue a comportarse de una u otra manera.
En efecto, es la alienación del mundo moral lo que constituye su superioridad, lo que lo libera para poder hacer lo que se quiera. En eso consiste su libertad: en la independencia con respecto a todo código, que resulta finalmente en la constitución del propio individuo como constituyente de una no-moral cuya quintaesencia es la arbitrariedad de la fuerza, lo que la moral dominante insiste en considerar enfermedad o locura, porque en el fondo quiere creer que existe algún límite a la acción válida socialmente. Esa es la moral de los débiles, cuya sola existencia implica una subordinación y una constante solicitud de perdón y dominio. Es la moral del esclavo.
Si ha muerto Dios, sin embargo, esa fantasmagoría (el "derecho natural", cuya mayor expresión son los "derechos humanos") no tiene ninguna sustancia, porque solo podría tenerlo siendo impuesta desde fuera, desde lo no humano. Si la ley no es divina, entonces, no es ley "verdadera". Y si no hay Dios, pues entonces, no hay ley. La libertad es libertad contra la ley. La ley es la religión de los corderos. El súper-hombre no viola la ley, porque no hay nada para violar. El súper-hombre se opone al resto simplemente en el hecho de que es capaz de vivir con esta verdad y realizarla. La segunda temporada de The Sinner, el policial de Netflix protagonizado por Bill Pullman, está dedicado a esto, siguiendo una línea rastreable en Rope, de Hichtcock. Puedo matar porque soy superior. Soy superior porque la vida no es fundante de ninguna moral. "No matarás" no es un "mandamiento" porque los mandamientos no existen, porque no hay ningún legislador supraindividual.
Toda la obra de Foucault puede ser leída en esta línea: ¿qué proceso ha creado en el individuo la ficción de la jaula de hierro? Lo que está en Historia de la sexualidad, en Vigilar y castigar, en cualquier lado que uno mire, es finalmente, un intento de respuesta a esta pregunta. Porque Foucault cree en el súper-hombre y sabe que él es uno. Violar niños no expresa una in-moralidad, sino su a-moralidad, la a-moralidad propia del súper-hombre, para quien los demás son simples vectores de la realización de su deseo. No hay contradicción entre el filósofo, el "hombre" y su "obra".
Foucault, como Nietzsche y aun Heidegger, ha fascinado a muchos marxistas. Evidentemente, hay un elemento que suena "revolucionario" y hasta desentumecedor, como le pareció a Sorel entre tantos: el rechazo de la ley como convención desnuda el elemento puramente caprichoso de la dominación social, el carácter de pura voluntad de la sujeción unos seres humanos a otros. Esta deriva del liberalismo desnuda al rey y parece decirnos que podemos ser todos dioses. Pero la ontología marxista es de otro tipo, cualitativamente distinta: hay un límite objetivo al individuo y su voluntad, su deseo, su capricho. Ese límite es el carácter social de la vida humana y sus condiciones materiales (naturales) de existencia. Dicho de otra manera: hay una moral que no tiene nada de fantasmagórica, una moral revolucionaria en el sentido de que solo puede ser el fruto de una revolución, de un nuevo acuerdo, una nueva alianza humana. Si la expresión del capricho del individuo une a Milei con Hitler y la teoría queer, soy lo que se me da la gana ser, es obvio que los marxistas no tienen nada que hacer con Foucault, incluso si hubiera tenido un mínimo de conciencia moral y de respeto por esos pobres niños pobres a los que violó sistemáticamente. Esa ontología da para cualquier porquería. Si no puedo mirarme en los ojos de otros como en el espejo de mí mismo, cualquier atrocidad, por más que pase por progresista, es posible. Dicho de otro modo, la ontología foucaultiana, no importa lo que diga el propio Foucault, siempre será la ontología de un "yo". La nuestra es la de un "Nosotros". Va de suyo que no puede haber un "nosotros" sin una moral.
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La teoría de Foucault se explica de la siguiente manera:
**1. No hay separación entre vida privada y obra**
El texto sostiene que Foucault no es un caso donde el "hombre" difiera de su "obra". Al contrario, su filosofía pública es la exposición y justificación teórica de su vida privada (incluyendo, según acusa el texto, su pederastia). No hay contradicción, sino coherencia absoluta.
**2. Genealogía filosófica del "superhombre"**
Eduardo ubica a Foucault en una línea que va de Nietzsche y Heidegger hasta Schopenhauer y Stirner. Considera que Foucault es la culminación de la **ontología liberal burguesa**, que disuelve al individuo en un "átomo" sin ataduras. Esta línea también incluye al liberalismo austríaco, Ayn Rand y el Marqués de Sade, todos ellos precursores de la figura del "superhombre" sin moral.
**3. La amoralidad como esencia del verdadero individuo**
Según esta lectura, la teoría de Foucault defiende que el individuo auténtico es aquel que **carece de moral** porque no encuentra ninguna razón objetiva ni divina que lo obligue a comportarse de una manera determinada. La verdadera libertad consiste en la independencia absoluta de cualquier código, lo que deriva en la **arbitrariedad de la fuerza**. La moral tradicional (la de los débiles o esclavos) es vista como un mecanismo de subordinación
**4. "Dios ha muerto", luego no hay ley**
El texto interpreta que, para Foucault, si no existe un legislador divino, el "derecho natural" y los "derechos humanos" son meras fantasmas sin sustancia. Si no hay Dios, no hay ley verdadera. Por lo tanto, la libertad es libertad *contra* la ley. El superhombre no viola la ley (porque no existe), simplemente vive con esa verdad. Actos como matar o violar no son "inmorales", sino **amorales**: son la expresión del deseo del individuo superior que usa a los demás como vectores de su realización.
**5. El proyecto filosófico de Foucault (su obra)**
El texto afirma que toda la obra de Foucault (*Historia de la sexualidad*, *Vigilar y castigar*) debe leerse bajo esta premisa: como un intento de responder cómo se creó en el individuo la ficción de la "jaula de hierro" (las normas sociales). Su objetivo final sería desenmascarar esas normas para liberar al superhombre que todos podemos ser.
**6. El conflicto con el marxismo y la ontología del "Yo" vs. "Nosotros"**
El texto contrasta a Foucault con el marxismo. Aunque muchos marxistas se sienten atraídos por su rechazo a la ley (porque desnuda el carácter caprichoso de la dominación social), Eduardo sostiene que son incompatibles. La ontología marxista tiene un límite objetivo: el carácter social de la vida humana y sus condiciones materiales (la naturaleza). Para el marxismo existe una moral revolucionaria basada en un nuevo acuerdo humano, que es la ontología del **"Nosotros"**. En cambio, la ontología foucaultiana es siempre la de un **"Yo"** individual y caprichoso, que, según el texto, permite cualquier atrocidad (y vincula a Foucault, sin matices, con Hitler, Milei y la teoría queer).
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**En resumen**: Según este texto, la teoría de Foucault es la justificación filosófica del individuo amoral que, al no reconocer límites divinos ni sociales, ejerce su poder de forma arbitraria, y su obra entera no es más que la sistematización de esa ontología del "yo" sin frenos.