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lunes, 28 de diciembre de 2015

Nunca Mas y CONADEP

El actual ministro de Justicia y Derechos Humanos, Germán Garavano, es colaborador de la ONG FORES (Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia), según puede verse en el sitio de internet de dicha organización (un CV de Garavano que está en internet consigna su participación en actividades de FORES desde 1997). En el sitio de la ONG se lee también que FORES fue "fundada hace más de 30 años por un grupo de abogados independientes, que buscaban una justicia eficaz y transparente al servicio del ciudadano". La fecha precisa de fundación no se aclara. Lo cierto, es que FORES se fundó en 1976 para colaborar con la justicia de la dictadura y defendió a sus jueces cuando, ya en democracia, la CONADEP señaló la complicidad judicial con las prácticas del terrorismo de Estado.
En marzo de 1985 FORES publicó el libro "Definitivamente... Nunca Más (La otra cara del informe de la CONADEP)" (encontré algunas imágenes del libro en internet, tapa, contratapa e índice), donde se cuestiona el trabajo de la CONADEP y se relativiza la responsabilidad militar en los crímenes de la dictadura.
Allí puede leerse, por ejemplo:
“Cuando un muchacho presuntamente complicado con la subversión es arrancado de su casa por un grupo armado y luego acribillado a balazos en un zanjón, la conclusión es simple y sencilla para quienes piensan como la Conadep: el asesino material ha sido uniformado y los autores ideológicos han sido quienes organizaron ese método para combatir a la subversión. Si esta es la conclusión que se pretende imponer a los argentinos pensamos que se nos considera muy ingenuos. Hoy vemos muchachos que dan sus primeros pasos en la guerrilla, comenzando a escribir en las paredes consignas terroristas. El día de mañana morirán abatidos por las fuerzas de seguridad. ¿Estos solos serán los asesinos? ¿Los maestros que envenenan sus cerebros, ninguna responsabilidad comparten?”
Algunos datos sobre FORES en este artículo:http://www.pagina12.com.ar/d…/elpais/1-36438-2004-06-08.html
Esta es la información del libro que figura en el sitio de FORES:http://www.foresjusticia.org.ar/Publicacion-detalle.asp…
Aquí una nota de La Nación sobre la reforma judicial propuesta por FORES este año. Este proyecto estaba dirigido por Garavano, ya entonces ex fiscal general de la CABA y ex director de FORES:http://www.lanacion.com.ar/1778654-fores-propone-una-reform…
Aquí, en la página de facebook de FORES, las felicitaciones a Garavano por su nombramiento como ministro de Justicia y DDHH: "Confiamos que su capacidad técnica y su compromiso serán claves para lograr la reforma judicial por la que tanto hemos bregado":https://www.facebook.com/ForesArgentina/photos/pb.490061251080298.-2207520000.1451239661./921606037925815/?type=3&theater
Por último, un CV de Garavano (es de 2006, no encontré ninguno más reciente), donde se consignan varias actividades en FORES desde 1997, como disertante, en publicaciones y en la dirección de proyectos. En la página 12 del CV se consigna además que fue DIRECTOR ACADÉMICO de FORES entre 1998 y 2000:  http://www.buenosaires.gob.ar/areas/seguridad_justicia/justicia_trabajo/tribunal_superior/cv/cv_garavano_german_carlos.pdf





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viernes, 25 de diciembre de 2015

Ddatos curiosos sobre la Biblia

lunes, 21 de diciembre de 2015

¿Es la historia, la verdad?

Desde la sociedad esclavista hasta el presente, en la realidad social han interactuado e interactúan hombres que se confrontan en términos económicos, políticos, ideológicos, culturales, etcétera, que, por lo mismo, la conciben a partir de sus propios intereses.

Historia y verdad
Historia y verdad
Por Manuel Moncada Fonseca. Teoría del conocimiento, “Historia Verdadera” y neutralidad político-ideológica

I. Soberanía, no soberanía, limitación e ilimitación del pensamiento y conocimiento humano

Antes de hacer referencia a lo que se ha llamado “Historia Verdadera” como algo que se revela de una vez y para siempre, haremos una breve referencia a la concepción leninista del conocimiento humano y su capacidad cognoscitiva.
Lenin exponía que el pensamiento humano es, al mismo tiempo, soberano y no soberano, y su capacidad cognoscitiva limitada e ilimitada. Soberano e ilimitado por su naturaleza, vocación, posibilidad y meta histórica final; y no soberano y limitado por la ejecución concreta y “la realidad de cada caso.”
Por su naturaleza, expone, el pensamiento humano puede proporcionar y proporciona la verdad absoluta, pero la “que resulta de la suma de verdades relativas”, y no aquella que nace de una apreciación errónea de la realidad objetiva, derivada, a su vez, de una comprensión metafísica de la misma.
Y siguiendo a Engels y a Dietzgen, añade: “…para el materialismo dialéctico no hay una línea infranqueable de demarcación entre la verdad relativa y la verdad absoluta.” [1].
Para que las cosas queden completamente claras y no se presten a equívocos innecesarios, sostiene: “La dialéctica materialista de Marx y Engels comprende ciertamente el relativismo, pero no se reduce a él, es decir, reconoce la relatividad de todos nuestros conocimientos, no en el sentido de la negación de la verdad objetiva, sino en el sentido del condicionamiento histórico de los límites de la aproximación de nuestro conocimiento a esta verdad.” [2]
El relativismo del que habla Lenin no guarda relación alguna con aquella máxima de Protágoras que reza: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en tanto que son, y de las que no son en tanto que no son”. Es que el hombre al que Protágoras hacía referencia no era el hombre en general, como género humano, sino el hombre particular. De ahí que, según este filósofo de la escuela sofista, toda verdad es absolutamente relativa a cada hombre por separado. Más aún, al concebirla de esa forma, no la comprendía como reflejo del mundo real, cuya objetividad no negaba, sino como derivada de cada sujeto. [3]
El conocimiento y su capacidad cognoscitiva son productos históricos. Se les debe contemplar, consecuentemente, en movimiento y en dependencia de cada momento histórico. Viéndolos en un momento dado, resultan no soberanos y limitados; viéndolos en perspectiva resultan soberanos e ilimitados. Lo primero nos remite a la verdad relativa, la valedera para cada momento histórico; lo segundo, a la verdad absoluta que deriva de un pensamiento que junto al avance de la sociedad, lejos de estancarse y quedarse en una época, va reflejando dinámica y dialécticamente dicho avance y, gracias a ello, garantiza su perenne desarrollo, volviéndose soberano e ilimitado.

II. ¿Existe la Historia Verdadera?

La “Historia Verdadera” que se promete para cada nueva ocasión, es un completo desacierto, una vana pretensión, justamente porque cada vez que se asoma aparece negando rotundamente al conjunto de historias anteriores. Hay en ella, así, algo sospechoso que hace imaginar todas las historias concebidas como falsas. Mas, asumir esto sería profundamente erróneo, porque entonces no habría nada orientando nuestros pasos, y caminaríamos por completo a ciegas, hacia el abismo.
Dichosamente, la realidad, siendo multifacética y compleja, nos conduce, al someterla a estudio constante, más allá de estos planteos; muestra la dialéctica evolutiva de los procesos de la naturaleza, así como los de la sociedad y del pensamiento humano. En este sentido, la experiencia alecciona al ser humano, le muestra lo correcto o lo incorrecto de su proceder, aunque estos términos sean relativos.
Una advertencia necesaria
Siguiendo esta misma línea, aunque advertía que la acción depredadora del hombre sobre los recursos del medio ambiente provoca, tarde o temprano, la “venganza” de la naturaleza, Engels aportaba la solución para evitar que ello siguiera ocurriendo: se requiere, escribía, no sólo el conocimiento, sino también “transformar totalmente el régimen de producción vigente hasta ahora y, con él, todo nuestro orden social presente.” [4]
Esta reflexión de Engels nos parece muy a tono con la realidad que se vive en el mundo actual, amenazado, entre otras cosas, por el calentamiento global, el descongelamiento de los polos y glaciares, el agotamiento de los recursos energéticos; provocado, todo ello, por la irracionalidad consumista y productivista del sistema capitalista global; así como por su naturaleza profundamente explotadora, expoliadora, violenta e inhumana.
De esta suerte, salvar a la naturaleza y a todo lo viviente sobre nuestro planeta y, consecuentemente, poner a la misma al servicio de toda la humanidad, teniendo como premisa esencial la convivencia armónica con ella, requiere no sólo conocer lo que acontece en la misma y en la sociedad, hace falta, además, acabar con lo que, eufemísticamente, se llama sistema de libre empresa: el capitalismo.
Una expresión de agradecimiento
Mostrando una comprensión clara de la evolución dialéctica del conocimiento humano, en verdad por completo contrapuesta a la “Historia Verdadera” dada de una sóla vez, Aristóteles admitía la justedad de agradecer no sólo a los que emiten opiniones que se pueden compartir, sino también hacia los que siendo más superficiales, de todos modos, aportaron algo: su ejercicio preliminar preparó “nuestra capacidad de conocer. De hecho, de no haber aparecido Timoteo, no tendríamos gran parte de nuestra poesía lírica, y de no haber aparecido Frinis, tampoco habría aparecido Timoteo. Precisamente así ocurre con los que se pronunciaron en torno a la verdad, de ellos tomamos algunas doctrinas; otros fueron causas de que éstos aparecieran.” [5]
Como puede percibirse en las palabras de Aristóteles, gracias al esfuerzo de generaciones pasadas, el conocimiento se va acumulando y renovando gradualmente. Pero, además, aunque todo aprendizaje humano se somete al binomio ensayo-error, la relación opuesta entre la verdad y el error no es absoluta, salvo, como plantea Engels, dentro de un campo muy limitado. Significa que, colocadas fuera de este campo, dichas categorías lógicas se vuelven relativas y se transforman una en otra. [6] De esta forma, lo que es verdadero en un momento dado, en otro resulta falso, y viceversa.
¿Por qué la historia no puede ser en sí ni verdadera ni neutral?
La Historia no es, ni puede ser, concebida como absolutamente verdadera, no sólo porque siempre deba comprendérsele en un momento dado en el que, además, está de por medio el hecho que cada investigador que la somete a estudio se ve imposibilitado de abarcarla en todos sus aspectos [7], sino también porque, desde la sociedad esclavista hasta el presente, en la realidad social han interactuado e interactúan hombres que se confrontan en términos económicos, políticos, ideológicos, culturales, etcétera, que, por lo mismo, la conciben a partir de sus propios intereses. Significa que, aunque las posiciones maniqueas no deben ir de la mano del historiador, esto no atañe forzosamente a la posición político-ideológica que posea, la cual determina, en gran medida, su forma de concebir la historia. [8]
Y por más vueltas que se le quiera dar al asunto para encontrar a un estudioso del pasado adoptando un plano neutro, un esfuerzo semejante resulta siempre inefectivo y, además, reaccionario, porque pretende forzar una sóla visión del pasado o enredar las cosas, negando la posibilidad de conocerlo y, sobre todo, de transformar radicalmente el presente, lo que igualmente responde a una posición de clase. Propiamente, la de una clase, la burguesía local e internacionalmente contemplada, que le teme al futuro porque no ve en él la continuidad de su inmenso poder actual, preservado con engaños, demagogia, corrupción de toda índole y, sobre todo, con la violencia y el terror crecientes que impone a los pueblos del mundo, lo que incluye el exterminio masivo de personas. Esto último a partir, como acota Manuel Freytas, de que las “masas, que se multiplican por las periferias de Asia, África y América Latina, no reúnen los estándares del consumo básico (supervivencia mínima) que requiere la estructura funcional del sistema [capitalista] para generar rentabilidad y nuevos ciclos de concentración de activos empresariales y fortunas personales.” [9]
Estamos, así, ante una historia que posee y poseerá siempre naturaleza objetivo-subjetiva; lo que nos coloca frente a su carácter contradictorio y a su complejidad, en tanto que en ella confluyen un conjunto de factores disímiles en los que juega lo objetivo y lo subjetivo; lo verdadero y lo falso; las condiciones circundantes y la influencia recíproca que el género humano ejerce en ellas; lo que motiva a las personas a pensar u obrar de un modo u otro; lo que las conduce a la verdad o la mentira; los diversos sentimientos que en ellas afloran; lo que las impulsa a la acción o a la inacción y el sentido u orientación que éstas posean; los valores que sustentan de uno u otro signo; las versiones que poseen sobre los acontecimientos que las rodean, etc. Al historiador debe interesarle todo esto y más.
En esta línea, Antonio Torres Montenegro sostiene: “Las diversas fuentes ya no se estiman fuentes verdaderas o falsas del pasado. Mas bien representan la forma en que grupos determinados, segmentos y clases sociales se permitieron pensar, sentir, soñar, desear, determinados acontecimientos, algunas experiencias, ciertos períodos.” [10]
De esta suerte, plantearse como meta la confección de una “Historia Verdadera”, lejos de permitirle al que la asume alzarse en un plano científico, lo conduce al inmovilismo. Y su estudio pierde sentido y fuerza real. En otras palabras, al historiador le interesa estudiar, o le debe interesar -si quiere en verdad hacer historia-, conocer las diversas versiones que alrededor de uno o más hechos históricos tenga a su alcance.
Sólo así puede, en verdad, hablar con propiedad sobre aquéllos hechos que convierte o convierta en su objeto de estudio; mas no para salir con la necedad de que ha llegado a revelar la “Verdadera Historia” como tal, sino para acercarse a esa verdad histórica que no está anclada en un sólo momento, sino distribuida en el horizonte ininterrumpido de la evolución social; y a sabiendas de que su versión del pasado, o del mismo presente, responde siempre, de una u otra forma, a uno u otro interés de clase.
Considerando lo anterior, es ingenuo pensar que la historia se escribe, difunde y enseña con un propósito culturalista; como respondiendo a un fin en sí mismo y sin conexión alguna con la contemporaneidad. Es poco lo que se hace por ella cuando se le enfoca de esta forma o cuando responde, digamos, a un mero proyecto de desarrollo comunal si la fuerza que financie su estudio la obliga a desenchufarse del fondo nacional, regional o mundial y de las contradicciones que en él se desenvuelven.
Como puede percibirse, no tiene objeto presentarse ante el público como historiador de lo verdadero en sí mismo; como científico social por completo objetivo, absolutamente profesional y, por ende, por encima del bien y del mal. No debe soslayarse que la misma moral debe entenderse de acuerdo a la época histórica y a los intereses de clase sustentados.

III. ¿Qué hay detrás de cada “Historia Verdadera”?

Bernal Díaz del Castillo y su Historia Verdadera de la conquista de Nueva España
Bernal Díaz del Castillo (1496-1584), cronista de la época colonial, prometió presentarle al público de todos los tiempos, si partimos del nombre que diera a su obra, la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España (hoy México), publicada póstumamente en 1632. Sin embargo, lo que en verdad lo movió a narrar la conquista de este territorio americano no fue, en modo alguno, la intención de ofrecer los hechos acaecidos como verdades absolutas que, de fondo, es la pretensión que se escuda tras lo que se denomina “Historia Verdadera”, sino como él mismo confiesa:
“Mi intento desde que comencé a hacer mi relación no fue sino para escribir nuestros heroicos hechos e hazañas de los que pasamos con Cortés, para que agora se vean y se descubran muy claramente quiénes fueron los valerosos capitanes y fuertes soldados que ganamos esta parte del Nuevo Mundo y no se refiera la honra de todos a un solo capitán; porque no hay memoria de ninguno de nosotros en los libros y memorias que están escritos, y sólo el marqués Cortés dicen en esos libros que es el que lo descubrió y lo conquistó, y los capitanes y soldados que lo ganamos quedamos en blanco, sin haber memoria de nuestra personas y conquistas, que por sublimar a un solo capitán quieren deshacer a muchos.” [11]
En este sentido, su Historia de la conquista de México fue contrapuesta a la escrita por Francisco López de Gómora, Historia General de las Indias, en la que este otro cronista se desata, según Bernal Díaz del Castillo, en alabanzas a Hernán Cortés “y calla y encubre” “las hazañas de los soldados”. Días del Castillo “escribió una Historia verdadera como prueba de sus servicios a la corona, para así exigir recompensas.” [12]
Las razones de Squier para atacar la influencia inglesa en América Latina
Ejemplo muy ilustrativo de lo expresado en torno a las razones de fondo por las cuales una o más personas actúan de un modo distinto al que prometen o parecen declarar, nos lo da George Squier (1821-1888), quien a mediados del siglo XIX estuvo en Nicaragua como primer diplomático de Estados Unidos en nuestra nación. Squier estimaba que “los desórdenes ocurridos en las repúblicas hispanoamericanos no deben imputarse tanto a las insensatas pasiones de su propia gente como a la injerencia extranjera, y a las adversas circunstancias que las rodean” [13], lo que contrasta con la posición sostenida, por ejemplo, por el conservador Carlos Cuadra Pasos, quien atribuía a los conflictos internos la causa esencial de las desgracias de la nación nicaragüense. [14]
Squier atacaba la influencia inglesa en Centroamérica, particularmente en la Costa Atlántica de Nicaragua, en la que súbditos de Inglaterra se arrogaron el derecho de asumir funciones municipales y administrativas. Pero lo hacía porque defendía la idea de que fuera su país el que estableciera su influencia en el ámbito del continente americano.
En nombre de Estados Unidos, criticaba a Inglaterra su injerencia en Latinoamérica, pero, ¿los “principios” de los cuales se valieron los ingleses para apoderarse de la Costa Atlántica de Nicaragua no fueron, acaso, los mismos que, unos años después de la visita de Squier, esgrimiría William Walker para ocupar Nicaragua y proclamarse su presidente con el apoyo de las administraciones estadounidenses de Pierce y Buchanan? [15]
¿Cuál era, pues, el trasfondo de la crítica de Squier al dominio inglés sino el hecho real de que Inglaterra le disputaba a Estados Unidos el dominio en América Latina?
Una precisión
Ahora bien, hay que distinguir entre la falsificación o la autenticidad de un hecho histórico particular y un proceso histórico -en el que se sumerge el primero-, que ya no tiene nada que ver con lo que ufanamente se estima “Historia Verdadera”.
Venga al caso una nueva ilustración de lo expresado:
Un cibernauta se queja en la red porque la película de Disney “Pocahontas” “nada tiene que ver con la verdadera historia de Pocahontas…” Aduce que Disney presenta a la princesa como alguien que permaneció al lado “de su pueblo y sus costumbres porque aquel era su sitio”, lo que, a su entender, no está en correspondencia con los hechos reales. [16]
Sin embargo, una cosa es la autenticidad o no de un hecho histórico particular, en este caso, el de si Pocahontas abandonó o no a su tribu, y otra, el proceso histórico de la conquista del territorio que sirvió de base a la conformación de lo que, a partir de su independencia, proclamada el 4 de julio de 1776, se comenzó a llamar Estados Unidos de América.
La valoración histórica de este proceso, en tanto que enfrentaba a una metrópoli y su colonia, se ha reflejado siempre como una valoración de muy diversos tintes político-ideológicos, lo que incluye versiones por entero contrapuestas. Pero acá las cosas no guardan relación alguna con una historia verdadera o con una falsa.
El hecho histórico particular puede estimarse verdadero o falso; en cambio, la historia, en la que se contienen múltiples hechos particulares que se entrelazan de manera compleja, no. Acá interviene ya no lo verdadero o lo falso, sino el enfoque, la interpretación de lo histórico, aunque la deformación de lo particular pueda responder a un interés, por lo común, político-ideológico
¿Qué empujó a Abraham Lincoln a abolir la esclavitud en EEUU?
Al igual que la independencia de Centroamérica en 1821 y la abolición del régimen de servidumbre en Rusia en 1861, la abolición de la esclavitud en EEUU en 1865, respondió a la voluntad política de los de arriba de impedir que semejante cambio fuera el corolario de una rebelión de los de abajo, en este caso, de los esclavos. Quiere decir que Abraham Lincoln (1809-1865), como revela el recién fallecido historiador estadounidense Howard Zinn, al decidir la manumisión de los esclavos no hizo sino responder a los términos de los blancos, y sólo cuando ello se constituyó en una exigencia de las necesidades económicas y políticas de la cúpula empresarial del Norte.
No debe así sorprender que el humanismo en Lincoln fuera simple retórica. En realidad, la abolición de la esclavitud no llegó a ocupar el primer lugar en su lista de prioridades. Y, aún y cuando admitía que la esclavitud era injusta y una mala política, consideraba que su abolición sería aún más perjudicial. En agosto de 1856, justamente después de que en campaña declarara que había que superar el racismo y unir a todos los estadounidenses como un sólo pueblo, declaró en Charleston, al sur de Illinois, que no estaba y nunca había estado “a favor de equiparar social y políticamente a las razas blanca y negra” y que tampoco estaba ni estaría nunca “a favor de dejar votar ni dejar formar parte de los jurados a los negros, ni de permitirles ocupar puestos en la administración, ni de casarse con blancos.” [17]
“Historia Verdadera” y positivismo
De fondo, la idea de una historia verdadera es de corte positivista.
Según Leopold Ranke (1795-1886), autor entre otras obras de Historia de los pueblos Romanos y Germanos (1.494-1.514), se debe recurrir a los documentos para saber, a ciencia cierta, lo que ha ocurrido. Para él, no existía “una teoría histórica, con esquemas previos que imponga el pasado”. Si de hablar se trata, planteaba, era el pasado y no el historiador el que debía hacerlo. A su entender, el compromiso del historiador es escribir la historia “como realmente fue”. No creyó así, supuestamente, “en teorías generales que pudieran cortar el tiempo y el espacio.”
Su planteo de que el historiador se limite a escribir la historia tal como es, deja a éste fuera de toda interpretación de la misma. “Pero ni la objetividad, ni la neutralidad, ni la imparcialidad son posibles de manera absoluta.” Ejemplo palpable de ello fue el mismo Ranke, no sólo porque seleccionara “los hechos más relevantes” o porque hiciera juicios de valor [18], sino también porque consciente y deliberadamente, como acusa Josep Fontana, identificaba los conceptos “estado” y “nación”, con lo que hacía reverencia al poder reaccionario y porque toda su obra la destinó a atacar a la revolución y las ideas progresistas. [19]
¿Quién ganó la Segunda Guerra Mundial?
Al historiador comprometido le interesa, desde luego, construir la historia en correspondencia plena con los hechos históricos acaecidos. Pero, como ya quedó expresado, una cosa es la veracidad de un hecho histórico particular y otra la interpretación que se dé al conjunto de hechos de un proceso histórico dado en el cual se inserta aquél.
Es un hecho suficientemente documentado que el ganador de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fue la ex Unión Soviética y no EEUU. Mas este país y sus liados, sobre todo de Europa, se han empeñado y se empeñan en sostener lo contrario. Así las cosas, un documental en Power Point que ha circulado ampliamente en Internet, del conjunto de grandes personajes de este conflicto bélico, resalta la figura del general estadounidense D.D. Eisenhower (1890-1969), quien fuera entonces Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas. No casualmente, en la misma línea, ese documental presenta a los soldados estadounidenses como los grandes libertadores de Europa.
Respondiendo a esta visión de la Segunda Guerra Mundial, el cubano Felipe de J. Pérez Cruz, pregunta si fue Eisenhower el comandante supremo del Ejército Rojo, mismo que liberó las dos terceras partes de Europa, derrotó al Sexto Ejército Alemán el 1º de febrero de 1943, lo cual produjo el punto de inflexión que determinó el curso de toda la segunda guerra mundial; el que en el preciso momento en que se estaba abriendo (por cierto con mucha demora) el segundo frente (6 de junio de 1944), estaba arrojando “a los nazis de los últimos bastiones de resistencia en el suelo invadido de su patria”; el que conjuntamente con los guerrilleros de los países europeos que fueron ocupados por la Alemania hitleriana, liberaron Kiev, las estratégicas regiones de Odesa y Crimea, en Ucrania; las que vencieron a las fuerzas fascistas que ocuparon los países bálticos; lanzaron una ofensiva masiva al este de Bielorrusia, destruyeron el Centro del Grupo del Ejército Alemán y avanzaron hacia el oeste, hasta el río Vístula frente a Varsovia, en el centro de Polonia; combatían en Rumania y liberaron vastos territorios de Yugoslavia. Por si lo dicho fuera poco, el pueblo soviético sufrió unos 27 millones de muertos, 91,5 veces más que estadounidenses, 69 veces más que ingleses y 33,3 veces más que franceses. [20]

IV. Aníbal Ponce sobre la naturaleza clasista de la educación

No sólo la historia refleja posiciones clasistas determinadas, igual ocurre prácticamente con todas las ciencias sociales y las humanidades, así como con todo tipo de instituciones. Detengámonos brevemente en este tópico:
Aníbal Ponce (1898-1938), ensayista, psicólogo, profesor y político argentino [21], en su obra Educación y Lucha de Clases, demuestra que, a lo largo de la historia, la educación nunca ha sido un instrumento inocuo, alejado tajantemente de la confrontación entre las clases sociales y, por tanto, de los conflictos económicos, políticos, ideológicos y culturales que la expresan.
Sólo en la Comunidad Primitiva las cosas se definieron alejadas de la lucha de clases, porque la explotación del hombre por el hombre y el estado, como instrumento de dominio de una clase sobre otra, no existieron. En ella la educación respondía a las necesidades de todas las personas sin excepción: “la enseñanza era para la vida por medio de la vida”; los castigos durante el aprendizaje de los niños nunca se aplicaron; a ellos se les dejaba crecer con sus cualidades y defectos.
Durante el esclavismo, al esclavo se le educaba para obedecer ciega e incondicionalmente al amo. La comedia de Plauto, Los cautivos, sintetiza la educación al mismo con estas palabras, expresadas por un esclavo de confianza: “Un amo no se equivoca nunca; y hasta el mal que nos hace debemos encontrarlo bien”.
Durante el feudalismo, en las escuelas monásticas, únicas a las que podían concurrir las masas, el objetivo de la educación no consistía en enseñar a leer y escribir, en instruir, sino en familiarizar a los explotados en las doctrinas cristianas para inculcarles la docilidad y el conformismo.
La educación del hombre burgués mantuvo la tónica anterior desde el mismo nacimiento del modo de producción capitalista. “Al Señor Todo el Mundo -escribía Martín Lutero (1483-1546) refiriéndose al pueblo- se le debe empujar corporalmente a trabajar y a cumplir sus deberes piadosos, como se tiene a las bestias salvajes en prisión y encadenadas”. Por algo el protestantismo, del cual fue padre Lutero, como religión de la burguesía, llamaba a educar a las clases privilegiadas y a no abandonar a los explotados.
Voltaire (1694-1778), por su lado, como ideólogo de la alta burguesía, llamó al rey de Prusia a destruir la religión, a la que llamaba “superstición infame”, en la “gente de bien”, pero conservándola para “la canalla” [el pueblo] “indigna de ser esclarecida y para la cual todos los yugos son buenos.” Diderot (1713-1784), intérprete, a su vez, de los intereses de lo artesanos y obreros, estaba claro que la nobleza se había opuesto a la instrucción de los paisanos, porque es más difícil explotar al paisano alfabetizado que al analfabeto, anotaba.
Mas el desarrollo del capitalismo impuso más tarde la necesidad de instruir a las masas con el fin de que asimilaran las nuevas técnicas productivas aunque, por otro lado, la burguesía temió que esa instrucción las volviera “cada día menos asustadizas y opacadas”.
Ponce concluye que, históricamente, “la educación es el procedimiento mediante el cual las clases dominantes preparan en la mentalidad y la conducta de los niños las condiciones fundamentales de su propia existencia.” [22]
La “desideologización” de las Universidades de hoy
Obsérvese, así sea por encima, a muchas instituciones educativas del mundo y se constatará que responden, aunque se estimen apolíticas y desideologizadas, a los intereses de las grandes transnacionales y a los de los oligarcas locales correspondientes.
Muchas sueñan con volverse empresas, no dicen privadas, pero se trata exactamente de eso. Ciertas se privatizan abiertamente; otras lo hacen con disimulo.
Algunas enredan las cosas a partir, por ejemplo, de que las universidades cubanas establecen estrechos contactos con las empresas de su país, de indiscutible carácter socialista, para hacer lo propio en realidades donde las empresas son aplastantemente privadas.
Unas siguen al pie de la letra el Plan Bolonia, invención de las grandes transnacionales que busca mercantilizar la educación en todo el mundo [23]; otras se ven seducidas por sus postulados esenciales.
A muchísimas, les encanta la palabreja “competitividad”, ocurrencia del mercado para inculcar el individualismo en todo su esplendor y la guerra de todos contra todos, pero no lo perciben o no lo quieren percibir de esa manera.
Y, con todo, se empeñan en llamarse instituciones de educación superior alejadas de los asuntos políticos.

V. El periodismo y la neutralidad

Traemos ahora a colación el siguiente señalamiento que hace el periodista Pascual Serrano refiriéndose, justamente, al tema de la pretendida neutralidad, sólo que, en este caso, en el campo periodístico:
“El discurso de la neutralidad se utiliza inteligentemente desde los medios de comunicaciónneoliberales. Basta con observar los nombres con los que gustan denominarse en sus cabeceras: El Imparcial, Informaciones, ABC, La Nación , El Mundo, El País, La Razón. Todos son asépticos y neutrales, como desean que creamos que son sus contenidos. Su celo por aparentar ausencia de ideología les lleva incluso a prohibir a sus periodistas que tengan ideas hasta fuera de la redacción, en su vida privada.” [24]
Dos titulares de CNN, en su edición del 22 de abril llamaron nuestra atención:
Uno decía: “El misterio del asesinato de periodistas en Honduras”. Así, lo que para cualquier persona informada y sensible ante la suerte de los pueblos no puede verse como un misterio porque está claro de que es el régimen golpista el que está persiguiendo, encarcelando, torturando y asesinando a los representantes del pueblo hondureño, para CNN resulta un “misterio”. Igual proceder tienen los periodistas de la derecha en Nicaragua, quienes de forma olímpica declaran “superado” el golpe militar en Honduras.
Como denuncia Vicky Peláez, tan sólo en marzo, cinco periodistas que no pertenecían a la resistencia fueron asesinados por atreverse a denunciar la corrupción y la injusticia que reina en esta nación centroamericana. “Todos fueron acribillados en el interior de sus vehículos con AK-47 y Lobo dice que fue ajuste de narcotraficantes.” [25]
¿Habrá acaso neutralidad en los puntos de vista que ven normalidad donde no la hay? Peor aún, ¿puede haberla en lo que escribe, para justificar a los golpistas, Reinhold Niebuhr, el intelectual preferido por Obama?: “decir que el uso de la fuerza en la democracia a veces puede ser necesario, no significa cinismo sino el reconocimiento de la historia, los defectos del hombre y los límites de su razón”. [26]
Volviendo a la CNN , si lo del asesinato de periodistas en Honduras le parece un “misterio”, para tratar lo que ocurre en Argentina, donde gobiernan fuerzas progresistas que no responden a los intereses yanquis, otro titular suyo reza: “La prensa en medio de la polarización en Argentina”, señalando de paso que El Clarín, un medio atado a los intereses de la oligarquía de este país sudamericano y a los del imperio, se defiende del gobierno.
Recapitulando digamos lo siguiente:
La historia, la educación, el periodismo o cualquier otra profesión, como algo neutral o imparcial son una quimera, algo existente sólo en la mentalidad de los ideólogos del sistema capitalista, que inventan respondiendo a la necesidad clasista de presentar su visión como la única valedera, seria, objetiva y científica; y la “Verdadera Historia”, como algo que se revela de una vez y para siempre, es antihistórica, antidialéctica y anticientífica, porque niega la naturaleza cambiante y contradictoria del mundo material y social, así como el condicionamiento histórico-concreto de los procesos que tienen lugar en la sociedad.
Notas:
[1]. V.I. Lenin. Materialismo y empirocriticismo. Editorial Progreso. Moscú. 1974. pp. 135-136.
[2]. Ibíd. p. 138.
[3] . Dzhojadzhe, D.V. Etapas fundamentales del desarrollo de la antigua filosofía. Editorial Nauka, 1977. pp. 69-75.
[4]. Engels, Federico. Dialéctica de la naturaleza. Editorial Grijalbo, S.A. México, 1961.pp. 151, 153.
[5]. Dzhojadzhe, D.V. Ob. cit. p. 124.
[6]. V.I. Lenin. Ob. cit. p. 135
[7]. Zhukov, E. Metodología de la Historia. Academia de Ciencias de la URSS. Redacción “Ciencias Sociales Contemporáneas”. Moscú1982. p. 192.
[8]. “La práctica de resignificar o no resignificar el pasado es indisociable de las luchas o de los combates de la historia en el presente. Entre tanto, aún hay que establecer una tercera variante en ese debate, entre resignificar la historia y congelar significados de la historia. Corresponde a las estrategias oficiales borrar, silenciar o negar la existencia de determinados acontecimientos, de determinadas prácticas o discursos históricos.” Saeculum. “Entrevista con Antonio Montenegro. Memorias, recorridos y reflexiones”. Revista Libre Pensamiento. Nº 69. Mayo de 2009. http://www.kbn.com.ar/userfiles/files/RLP%2069.pdf
[9]. Freytas, Manuel. “Incluidos y excluidos: Los hornos crematorios de “población sobrante”.” http://www.iarnoticias.com/2010/secciones/contrainformacion/0025_exterm_…
[10] . Antonio Montenegro. “Oralidad, memoria e historia. Cuestiones metodológicas”. Revista Libre Pensamiento. Nº 70. Junio de 70. Junio de 2009.
[11]. Wikipedia. Bernal Díaz del Castillo Bernal Díaz del Castillo http://es.wikipedia.org/wiki/Bernal_D%C3%ADaz_del_Castillo
[12]. Wikipedia. “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España ” http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_verdadera_de_la_conquista_de_la_Nu…
[13]. Squier, E.G. Nicaragua, sus Gentes y Paisajes. Traducción de Luciano Cuadra. Editorial Nueva Nicaragua, 1989. pp. 16,59-60.
[14]. El asunto de cómo las disputas internas son presuntamente la causa final de los problemas de Nicaragua es, quizás, el punto más característico de la visión conservadora. Ello se expresaba prácticamente en todo. Según Cuadra Pasos, la tesis de Philander Knox (1853-1921), Secretario de Estado durante la presidencia de William Howard Taft, era que la paz y el orden son indispensables para la existencia de un régimen democrático, añadiendo que este hombre, formándose un concepto íntegro de lo que ocurría en Nicaragua, inició una política que si la hubiéramos comprendido habría sido de mucho provecho para el desarrollo del país. Pero como nuestra política, según él, consiste en recurrir siempre a la violencia, como método para la solución de los problemas, “fue parte para echar a perder los planes del secretario Knox”. Y gran parte de nuestras tristezas, señala el autor, siendo resultado de nuestras propias faltas, las disculpamos atribuyéndoselas al interventor extranjero. En esta visión conservadora que acaba de dársenos, aparece nítido el mea culpa que la derecha nicaragüense más recalcitrante ha tenido sobre los problemas locales. Es una suerte de malinchismo que no sólo alaba al interventor sino que acusa a los semejantes de ser los únicos culpables del desorden y del caos imperante. La violencia, como puede apreciarse en la visión indicada, es un fenómeno interno. La intervención extranjera, por el contrario, encierra potencialmente el antídoto contra ella. Moncada Fonseca, Manuel. “Carlos Cuadra Pasos Un Ideólogo del Conservatismo y de la Intervención ”. http://www.euram.com.ni/pverdes/Articulos/manuel_moncada_fonseca_139.htm
[15]. Hurtado Chamorro, Alejandro. William Walker: Ideales y Propósitos. Granada, Nicaragua, Centro América, 1965. pp. 169-181
[16].La verdadera historia de la princesa india Pocahontas.
http://aikun.wordpress.com/2009/01/02/la-verdadera-historia-de-la-prince…
[17]. Zinn, Howard. La otra historia de los Estados Unidos. Siete Cuentos Editorial. New York. Marzo de 2001. pp. 138-139.
[18]. Leopold von Ranke. http://es.wikipedia.org/wiki/Leopold_von_Ranke.
[19]. Fontana, Josep. Historia. Análisis del pasado y proyección social. Crítica. Grupo editorial Grijalbo. Barcelona, 1982. p. 127-134.
[20]. Felipe de J. Pérez Cruz. De cómo se asesina la Historia de la II Guerra Mundial. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=1008810
[21] . Wikipedia. “Aníbal Ponce”. http://es.wikipedia.org/wiki/An%C3%ADbal_Ponce
[22]. Ponce, Aníbal. Educación y Lucha de clases. En Ponce, Aníbal. Obras. Casa de las América. La Habana , Cuba, 1975. pp. 39, 109, 120, 153-154, 169, 190, 211.
[23]. Al respecto consúltese: Moncada Fonseca, Manuel. “El utillaje del mundo académico, Bolonia y América Latina”. http://firgoa.usc.es/drupal/node/42418
[24]. Serrano, Pascual. “El periodista, la objetividad y el compromiso”. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=104387
[25]. Peláez, Vicky. “La tragedia en Honduras se hace grande”. http://www.lahaine.org/index.php?p=45039
[26]. Ibíd.

  • ¿Qué es el materialismo filosófico?
  • La comunicación jibarizada, periodismo e inmediatez
  • ¿Qué es la clase media?

http://www.contrainfo.com/15932/es-la-historia-la-verdad/

domingo, 20 de diciembre de 2015

Cipayos: los responsables de la miseria en la Argentina


Alvaro Alsogaray, Adalbert Krieger Vasena, José Alfredo Martínez de Hoz, Guillermo Walter Klein, Lorenzo Sigaut, José María Dagnino Pastore, Jorge Whebe, Conrado Bauer, Carlos Guillermo Suárez Mason, Nicanor Costa Méndez, Julio Gómez, Egidio Ianella, Domingo Felipe Cavallo, Julio González del Solar, Horacio Arce, Jorge Bustamante, Adolfo Sturzeneger, Miguel Iribarne, Víctor Pogi, Jorge Berardi, Manuel Solanet, Raúl Fernández, Raúl Ducler, Ismael Alchourron, Carlos Rodríguez, Manuel Solanet, Roque Fernández, Daniel Artana, Roberto Teodoro Alemann, Juan Alemann, Pedro Pou, Juan Carlos De Pablo, Miguel Angel Broda, Carlos Melconián, Ricardo López Murphy, José Luis Machinea, Jorge Avila, Aldo Abram, Ricardo Arriazu, Mario Brodersohn, José Luis Espert, Orlando Ferreres, Miguel Kiguel, Ricardo Delgado, Daniel Marx, Roberto Eilbaum.

No por antiguos nos olvidemos de los precursores que facilitaron la histórica primer estafa con el empréstito de la Baring Brothers para Buenos Aires: los despreciables Bernardino Rivadavia y sus cómplices Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, Juan Pablo Sáenz Valiente, William y John Parish Robertson, Juan Pedro Aguirre, Manuel Arroyo y Pinedo, José María Roxas, Francisco del Sar y Romualdo José Segurola, Ignacio Núñez, Julián Segundo de Aguero, Manuel José García, Juan Cruz Varela y Valentín Alsina. Muchos no sólamente reunidos por su condición de unitarios y corruptos: algunos también fueron verdaderos asesinos, asesinos de matar o mandar a matar gente. Cuantos nombres de calles, ¿no? (*).















Y algunas de las empresas o ex-empresas, solo algunas, a las que -como dice un viejo slogan de TV- “les importa el país”... pero para saquearlo:

Acindar S.A. - Parques Interama S.A. - Induclor S.A. - Aluar S.A. - Papel Prensa S.A. – Cementos NOA - Covimet S.A. - Autopistas Urbanas - Cìa. Gral. de Combustibles S.A. - Petrolar S.A. - Petropa S.A. - Cospesa S.A. - P.T.W. Trading S.A. - Pluspetrol S.A. - Tecniagua S.A. - Banco de Crédito Argentino - Banco Italia y Río de la Plata - Banco Francés y Río de la Plata - Shell - Esso – Bridas – City Bank – Fiat Argentina – Renault Argentina – Cía. de Perforaciones Río Colorado S.A. – Papel de Tucumán – Textil Castelar - Suchard S.A. – Selva Oil – Cogasco S.A. – Pérez Companc y siguen los nombres, los directorios, las firmas… los mismos que siguen exigiendo libertad de comercio y seguridad jurídica, los mismos que chantajean a la sociedad con el empleo, los mismos que quisieran volver a la época de la esclavitud...

En un interesante trabajo de Alejandro Olmos Gaona, recientemente distribuído por Proyecto Sur con motivo del seminario sobre deuda externa del 18/12/10 en el CBC de la UBA en Martínez, Pcia. Buenos Aires, llamado "ASPECTOS HISTORICOS DE LA DEUDA EXTERNA ARGENTINA", hace un racconto empezando en el siglo XIX justamente con el primer cipayo eminente del país, Bernardino Rivadavia y su negociado con la Baring Brothers, continuando hasta nuestros días repasando cifras y personeros.

Sostiene la hipotésis que los empréstitos son la llave maestra para el control económico del país desde la metrópolis y que nunca sirvieron para incentivar el desarrollo nacional pero si para estafar al pueblo argentino y engrosar los bolsillos de políticos y empresarios corruptos y hacer las delicias de la banca internacional, partícipe necesaria de la macabra fiesta. Sugiere profundizar el análisis económico del proceso de endeudamiento pero también identificar con precisión a los autores estableciendo su nivel de participación para que sean sometidos al enjuiciamiento que le corresponda, como quienes violaron los derechos humanos.

El autor es el hijo del promotor de la causa Nro. 14.467 ("Olmos, Alejandro s/denuncia por defraudación a la Administración Pública") que tramitó ante el Juzgado en lo Criminal y Correccional Federal Nro. 2 a cargo del Dr. Jorge Ballestero, al que mencionara la entrada "Cipayos: los economistas del establishment", que humildemente recomiendo leer por su gran relación con éste. Con estas notas y subnotas reflejaba Clarín la sentencia del juez Ballestero:

Clarín – Suplemento Zona – Domingo 13/08/2000. Por Ismael Bermúdez. Política económica
El expediente de la deuda externa
La causa de la deuda que cerró la justicia no tiene condenados. Pero la sentencia, en manos del Congreso para que determine responsabilidades políticas, es durísima: señala arbitrariedades del Estado y de los organismos internacionales de crédito.


No hay imputados ni procesados. Y la causa, iniciada en abril de 1982 por una denuncia delabogado Alejandro Olmos, fue cerrada días pasados con el sobreseimiento definitivo. No obstante, el juez federal Jorge Ballestero resolvió remitir la resolución judicial a las Cámaras del Congreso “para su consulta” a “los efectos que estimen conducentes.”

La causa que ha quedado cerrada es nada menos que la referida a la deuda externa contraída a partir de 1976, en los años de la dictadura militar durante la gestión de José Martínez de Hoz, continuada por Lorenzo Sigaut, José M. Dagnino Pastore y Jorge Whebe. En ese período el endeudamiento argentino no solo se multiplicó por cuatro –pasó de 8.948 millones en marzo de 1976 a 38.736 millones en diciembre de 1982-. También la deuda privada contraída por bancos y compañías de primer nivel, que rondaba entonces unos 15.000 millones, fue transferida al Estado en dos oportunidades, en 1981/82 y en 1985, con lo que se fueron borrando los orígenes del endeudamiento argentino.

Luego, el Estado siguió endeudándose por el peso de los intereses y por la nueva deuda. Y así superendeudado y sin reservas, el Estado pasó a vender o privatizar las empresas públicas para cancelar una deuda no propia, sino originada por los grupos privados, que el Estado hizo suya. Y aunque se “rescataron” así unos 30.000 millones en certificados de deuda y bonos públicos, la deuda no disminuyó sino que pegó un nuevo salto. Esta vez la deuda trepó de 60.000 millones en 1990 a los 150.000 millones actuales. Esta deuda, que hoy los argentinos están pagando con nuevos impuestos y ajustes, origina una carga de intereses del orden de los 10.000 millones por año.

Del expediente, de las declaraciones de ex funcionarios y peritos, y de las propias conclusiones del juez surge, entre otras cosas, que el proceso de endeudamiento estuvo signado por una “manifiesta arbitrariedad”, que los funcionarios y directivos no tuvieron reparos “en incumplir la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina”, que “no se registraron muchas deudas contraídas”, que “se facilitó y promulgó la modificación de instrumentos legales a fin de prorrogar a favor de jueces extranjeros la jurisdicción de los tribunales nacionales”, que se obligó a las empresas públicas a endeudarse para “sostener una política económica” y no hubo control de las deudas pagadas con avalas del Estado.

Además, para el juez, todo esto “no podía pasar desapercibido por las autoridades del Fondo Monetario Internacional que supervisaban las negociaciones económicas”. Y agrega que los organismos internacionales promovieron el endeudamiento argentino debido a que los bancos internacionales contaban con cuantiosos fondos que debían colocar.

Para el juez, “el archivo de la presente causa no debe resultar impedimento para que los miembros del Honorable Congreso de la Nación evalúen las consecuencias a las que se han arribado para determinar la eventual responsabilidad política que pudiera corresponder a cada uno de los actores en los sucesos que provocaran el fenomenal endeudamiento externo argentino.”

En el Congreso, con las firmas entre otros de los legisladores Alfredo Allende, Alfredo Bravo, Margarita Stolbizer, Héctor Polino y Jorge Rivas, se presentó un proyecto de resolución para promover una comisión bicameral especial “para considerar, analizar e investigar las situaciones que dieron origen al aumento extraordinario de la deuda externa argentina a partir de 1976, las implicancias que esos hechos tienen sobre la legitimidad de ella y recomendar, eventualmente, la necesidad de reprogramar el pago del capital adeudado y de sus intereses, sin desmedro de reconocer las obligaciones contraídas por la Nación”.

Ya en diciembre de 1983, ante las manifiestas irregularidades en el proceso de endeudamiento, el juez federal Marín Anzoátegui había aconsejado la intervención del Congreso. El oficio judicial, comenta Alfredo Olmos en su libro “Todo lo que usted quiso saber sobre la deuda externa y siempre se lo ocultaron”, “fue a parar al estante polvoriento de los expedientes terminados o inútiles. En 1994, a iniciativa de Alfredo Bravo, ingresó un proyecto de ley para formar una comisión bicameral de seguimiento de la deuda externa que ni siquiera fue considerado por el Parlamento.

Así las cosas, ya se cumplió un cuarto de siglo de la explosión del endeudamiento argentino iniciado con la hiperdevaluación de junio de 1975, conocida como el Rodrigazo. Muchos de los funcionarios, economistas y personajes que transitaron por el expediente judicial ocuparon y aún ocupan altas posiciones en el Estado y en la política argentina. El voluminoso expediente no es un juicio a un pasado de la historia argentina sino a un riguroso presente. Y ayudan a explicar cada pieza de esta larga cadena que parece no tener fin.

Cómo fue

De las declaraciones de los funcionarios y economistas indagados por la Justicia, de los informes de los peritos y de las pruebas documentales surge que el proceso de endeudamiento tuvo varias vertientes. El primero fue que “las empresas públicas eran obligadas a endeudarse para obtener divisas que quedaban en el Banco Central para luego ser volcadas al mercado de cambios con el objeto de sostener una política económica.” Según la Justicia, eso “se advirtió en no menos de 447 oportunidades, número mínimo de hechos que surge de sumar 423 préstamos externos concertados por YPF, 34 operaciones concertadas en forma irregular al inicio de la gestión y 20 operaciones avaladas por el Tesoro Nacional que no fueron satisfechas a su vencimiento.”

De este modo, las empresas públicas, en particular YPF, se endeudaron no para financiar su giro comercial, su capital de trabajo o sus inversiones sino para que el Estado pudiese contar con dólares que aseguraran el mantenimiento de la tablita cambiaria. Por medio de esta tablita, el gobierno militar fijaba con antelación un valor del dólar bajo (sobrevalorización cambiaria), lo que aseguraba dos cosas: que los productos importados entraran al país a precios bajos y que los acreedores o los financistas extranjeros pudieran retirar los fondos que ingresaban al país sin riesgo cambiario.

Este sobreendeudamiento público se hizo a través de procedimientos irregulares, en algunos casos con actas secretas y sin tener en cuenta los compromisos a los que quedaban atadas las empresas públicas y sin estudios técnicos previos.

Un segundo mecanismo era el respaldo del Estado (avales) a los préstamos que obtenían las empresas privadas, lo que les permitía obtener en el exterior créditos a tasas de interés más bajas, justamente porque el Estado era el garante. Según los peritos que analizaron la documentación, en numerosos casos, a su vencimiento, las empresas privadas no pagaron los créditos obtenidos que debieron ser así abonados por el Estado, sin que después los funcionarios reclamaran a esas empresas el pago de los fondos. Así, “con fondos del Tesoro Nacional se cancelaron obligaciones de varias empresas privadas en distintas monedas” pero, ni el Banco de la Nación Argentina ni el Banco Nacional de Desarrollo, como entidades financieras que tomaron a su cargo los aspectos operativos iniciaron actuaciones para el recupero de las sumas pagadas por el Estado”. Y mencionan la existencia de avales en el período 1976/82 “por un monto no menor a 1.405 millones de dólares y otros avales otorgados en otras 7 monedas”, con el agregado que “a la fecha de informe no se habían iniciado actuaciones judiciales ni extrajudiciales para el recupero de las sumas a través de la Dirección de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Economía”.

La deuda privada

El tercer mecanismo fue la “estatización de la deuda privada”, que se instrumentó a través de los seguros de cambio. Por medio de esos seguros, el Estado pagó la diferencia entre el valor del dólar en ese momento (1981) y el que se rigiese en el momento en que el deudor privado pagara la deuda, con lo que terminó asumiendo el 90 por ciento de la deuda privada que rondaba los 15 mil millones. De acuerdo a lo dictámenes, distintas circulares del Banco Central “permitieron e hicieron efectiva la transferencia al Estado de la deuda privada con seguro de cambio y operaciones de pase”. Esto ocurrió “durante la gestión de Lorenzo Sigaut, Roberto Alemann, José María Dagnino Pastore y Jorge Whebe como ministros de Economía y de Julio Gómez, Egidio Ianella, Domingo Felipe Cavallo y Julio González del Solar como presidentes del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y Horacio Arce, Jorge Bustamante, Adolfo Sturzeneger, Miguel Iribarne y Víctor Pogi, como secretarios de Coordinación y Programación Económica y subsecretarios de Economía, y Jorge Berardi, Manuel Solanet, Raúl Fernández, Raúl Ducler e Ismael Alchourrón, como subsecretarios y secretarios de Hacienda”.

Este mecanismo se completó en 1985 con la extensión del seguro de cambio a las obligaciones privadas que no lo tenían, lo que representó la absorción por parte del Estado de la mitad de la deuda privada.

Olmos incluyó en su libro un facsímil de Clarín del 2 de julio de 1985 donde bajo el título “El Estado asumió el total de la deuda externa privada” se señala que “con la disposición del Gobierno de atender con títulos oficiales o del Banco Central todos los compromisos financieros públicos y privados que venzan antes del 31 de diciembre, quedó virtualmente estatizada la deuda privada y, con ello, se le puso punto final al proceso de depuración entre las obligaciones legítimas y no legítimas que nunca fue llevado a cabo, cumpliéndose con uno de los requisitos planteados por la banca acreedora y el FMI a los negociadores argentinos”.


Los peritos también plantean por qué el endeudamiento no fue advertido por el Banco Mundial y el FMI “que hoy tan minuciosamente analizan la evolución de las cuentas macroeconómicas de la Argentina”. Y concluyen que “resulta llamativo e incomprensible la permisividad mostrada por los organismos financieros internacionales para que la Nación Argentina llegue a la situación de incapacidad para amortizar su deuda externa y pagar los intereses correspondientes”.





Cuando la Justicia desata una polémica
ROBERTO ALEMANN Economista. Ministro de Economía en 1982.
“El juez debió rechazar esta causa, no judiciable. Pero perdió tiempo, invirtió esfuerzos y gastos públicos para cerrarla con el agravante de transferírsela al Congreso, que nada tiene que ver con causas judiciales y menos con asuntos de pura notoriedad mediática como la causa de marras. El origen de la deuda externa es el déficit del sector público. La alternativa fue la emisión del Banco Central, como se la practicó hasta el extremo de la hiperinflación.”

MARIO CAFIERO Diputado Nacional PJ. Presidente Comisión Jubileo 2000.“La deuda externa es el condicionamiento político y económico más grave que enfrenta la democracia argentina. Una parte importante de esa deuda es políticamente ilegítima y fraudulenta. Mientras estábamos prisioneros de una dictadura, el país se endeudaba y se vaciaba para beneficio de muy pocos. El Congreso debe determinar las responsabilidades políticas de esta pesada herencia, para debatir y diseñar una nueva política para la deuda.”

ALFREDO ALLENDE Diputado Nacional UCR-Alianza.“Existen dos tremendismos en torno de la deuda: el que sostiene que no se puede hacer nada ni se debe hacer otra cosa que honrarla fielmente, y el que proclama que no hay que pagarla. Solo caben soluciones razonables sobre la base del pago puntual: hay que discutir el grave tema, establecer responsabilidades y meditar sobre el futuro. Creo que la vía es la comisión bicameral de investigación de la deuda que solicito junto a otros legisladores”.

CLAUDIO LOZANO Economista de la Central de Trabajadores Argentinos-CTA.“La causa de la deuda obliga a dos reflexiones. Una: en tanto el juez dice que es una cuestión política no judiciable, se ratifica la tendencia a la impunidad. Así, en nuestro país podemos conocer la verdad pero no podemos hacer justicia. Dos: exhibe la complejidad que define el endeudamiento; no implica sólo el pago de intereses, se articula con la concentración económica, la desindustrialización y la injusticia en el reparto de los ingresos”.

Pesas en el presupuesto (por Guido Braslavsky)
Cada día nacen en la Argentina unos 1.200 niños y es poco probable que alguien pueda convencerlos de las ventajas de haber llegado a este mundo con una deuda de 5.700 dòlares. Ese monto -el cálculo per cápita de la deuda externa- no se paga en forma directa en ninguna ventanilla pero cuelga como collar de plomo de un presupuesto nacional que destina su porción más importante al pago de los intereses o servicios de esta deuda en desmedro de la salud, la vivienda, la educación, o cualquier otra área ligada al desarrollo y al bienestar de la población.

El padrino de tamaña herencia, que se extiende a futuras generaciones de argentinos, es el ex ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, acompañado de los funcionarios civiles y militares de la dictadura que gobernó el país entre 1976 y 1983, quienes con “manifiesta arbitrariedad”, según el fallo del juez Ballestero, instrumentaron “una política económica vulgar y agraviante que puso de rodillas al país”.

La causa que permitió esta resolución se inició en abril de 1982 a través de una denuncia del periodista y abogado Alejandro Olmos contra Martínez de Hoz. En 18 años de complicado trámite la causa llegó a englobar una docena de denuncias -como las realizadas por el endeudamiento externo de YPF- y pasó sucesivamente por cinco jueces federales: Martín de Anzoátegui, Miguel del Castillo, Gustavo Weschler, María Servini de Cubría (en forma interina) y finalmente, Ballestero. Fueron citados a declarar 50 ex funcionarios de primer nivel y a los 28 cuerpos de la causa se sumaron las conclusiones de 30 peritos expertos provenientes de instituciones como el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la UBA y la Academia Nacional de Ciencias Económicas. El juez Ballestero firmó la sentencia el 19 de julio. Pasó tanto tiempo que el único procesado, Martínez de Hoz, fue sobreseído por prescripción. Olmos, quien siguió con paciencia la causa por casi dos décadas, falleció el 24 de abril, a los 76 años, sin llegar a ver los resultados de su actuación.













Las declaraciones de Pino Solanas al diario Crítica Digital de fin de enero 2010: otra vez, clarísimo.

-Proyecto Sur se corrió del debate sobre si había que usar las reservas del Banco Central o no para el pago de la deuda externa y en su lugar planteó que había que investigar su origen. Desde el oficialismo y desde un sector de la oposición plantearon que esa es una discusión saldada. ¿Por qué usted cree que no? –Quienes sostienen que es un tema saldado están hablando por boca de los bancos o son cómplices de esa gigantesca estafa. El debate sobre la ilegitimidad de la deuda no está saldado. Tan poco saldado está que quieren que sigamos pagando deuda. Una parte de la deuda está siendo investigada en tres causas de la Justicia Federal Penal, en el Juzgado Federal Nº 2 de la Capital Federal, a cargo del magistrado Martínez Giorgi. Por eso es inadmisible que a través del Decreto 2.010, que lleva el hipócrita nombre de “Fondo del Bicentenario”, se quiera pagar deuda a los fondos buitres o holdouts. La deuda existe y está viva porque es un delito de acción continuada. En estos 26 años, hemos pagado algunas decenas de miles de millones de dólares de deuda indebida.

–El fallo del juez Jorge Ballestero del año 2000 en la causa Olmos concluyó que sólo una parte de la deuda era ilegítima. ¿La discusión no debería apuntar a que sólo se pague la deuda que es legítima? –No hay que realizar ningún pago a aquellos acreedores que están siendo investigados en causas de la Justicia Federal Penal. De una vez por todas el Congreso debe auditar el conjunto de toda la deuda pública. Una comisión bicameral con un plazo de seis, siete u ochos meses, con técnicos y especialistas nacionales e internacionales, lejos de cualquier sospecha de tipo política. A la vez, esa comisión investigadora debería tener la supervisión de la Corte Internacional de La Haya. Nos oponemos a que se siga pagando deuda sin una auditoría previa y hay que cancelar el pago a toda la deuda que está siendo investigada. El juez Ballestero detectó 477 defraudaciones, una sentencia que nadie cuestionó. Que las autoridades del gobierno deDe la Rúa y de Néstor Kirchner no hayan acatado esa resolución es un escándalo.

–La Presidente dijo que la deuda es legítima y sostuvo que algunos hablan de ilegitimidad “como un eslogan electoral”. A su vez, el titular de la UCR, Ernesto Sanz, señaló que quienes plantean no pagar la deuda “no tienen ningún tipo de responsabilidad” y que “mientras más lejos están del poder, plantean cosas más irrazonables”. ¿Qué dice sobre eso? –Esos son los discursos funcionales a los acreedores. Todo eso es falso. Buena parte de los países del mundo investigaron sus deudas. Hoy, el Parlamento brasileño está llevando una investigación de los últimos treinta años de la deuda pública. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, que no es ningún loquito, lo primero que hizo fue investigar la deuda pública.

–¿No piensa que el gobierno de Néstor Kirchner de algún modo reconoció como ilegítima una parte de la deuda al haber hecho una quita del 75 por ciento? –Lo que los kirchneristas deberían haber hecho es acatar el fallo del juez Ballestero. ¿Qué hace un país cuando está en un pleito? Hecha mano a toda la jurisprudencia que más lo favorece, salvo los gobiernos argentinos.

–¿El desendeudamiento no ayuda a tener mayor independencia política? –La deuda no es un problema de soberanía. ¿Por qué cayó tanto el nivel de vida de los argentinos en estos veintiséis años? ¿Por qué cayó la calidad de la educación, de la salud, del sistema social, del transporte y de los servicios públicos? Porque la mayor parte de lo que acumuló la Argentina se destinó para pagar deuda. En estos veintiséis años, hemos pagado cerca de 150 mil millones de dólares, a pesar de la mentira de Néstor Kirchner, que le hizo creer al pueblo argentino que pagándole al FMI 10.500 millones de dólares en 2005 y habiendo renegociado el quite de deuda, la deuda prácticamente se había acabado. Hoy, la Argentina debe más de 200 mil millones de dólares. El oficialismo se pone en víctima y nos dice que está frente a una especie de conspiración destituyente.

Hay más y complementarias declaraciones de Pino Solanas acerca de la deuda externa en su blog-apartado "deuda externa"Y por último, la crítica del libro de María Seoane "El saqueo de la Argentina" (año 2003) en el diario Clarín-Revista Ñ, hecha nada menos que por Rogelio García Lupo, con un título muy sugestivo:

Del endeudamiento y las privatizaciones hasta la catástrofe actual: crónica del robo a un país. Comentario de Rogelio García Lupo (**) 

ENSAYO PERIODISTICO
"EL SAQUEO DE LA ARGENTINA" de María Seoane. Exhaustiva investigación sobre cómo vaciaron el país los dueños del poder político y económico en las últimas décadas. Sudamericana. 570 páginas. $ 39

Cómo fue posible que el Estado abandonara en manos de aventureros privados la función histórica de vertebrar el país, es el tema del nuevo libro de María Seoane, "El saqueo de la Argentina". El hilo oculto que llevó a nuestro país al endeudamiento primero, a la capitalización de la deuda después y casi enseguida al pago con las empresas públicas puede seguirse a pesar de las densas cortinas de humo que a millones de argentinos les impidieron ver la catástrofe que los esperaba al final del carretel.

Es que la tragedia de los 90, escrita ahora por María Seoane ya como texto de historia, se desarrolló en un escenario artificial tan optimista que por momentos hace pensar en el entusiasmo que dominaba al pueblo alemán en las vísperas de la guerra europea. Como los buenos alemanes que no deseaban saber adónde estaban los campos de concentración, los argentinos se aturdieron durante los 90 con una promesa de prosperidad personal que aterrizó violentamente en los pantanos del mayor endeudamiento de la historia, la desocupación y el hambre de millones.

El material histórico de aquella época hoy parece tan lejano que por momentos hasta hace dudar de que se refiera a nuestro país, aunque la mayoría de sus prota gonistas están vivos y activos. Seoane, autora además de las investigaciones "La noche de los lápices""Todo o nada", la biografía del jefe guerrillero Mario Santucho, y, junto con Vicente Muleiro, "El dictador", la biografía de Videla, ha llevado a cabo una sistemática identificación de personas y grupos económicos comprometidos en el saqueo, sobre sus vinculaciones internacionales y sus objetivos finales. De este modo logra darle carne y hueso a una reconstrucción de época cuyos responsables, ciertamente, prefieren mantener en el terreno de la discusión teórica.

El libro de María Seoane desnuda definitivamente a los sacerdotes del neoliberalismoque emplearon el discurso académico como instrumento del pillaje en gran escala y soporta una lectura al día: los constructores del sistema de negocios, coacción diplomática y corrupción lo planificaron hasta en sus detalles en el Council of Foreign Relations, un tanque de ideas "desde donde —escribe Seoane— se diseminaron las estrategias de seguridad nacional que sostuvieron el proceso de reconversión capitalista de América Latina". Esas estrategias vinculadas específicamente a la crisis de la deuda externa, encontraron entonces una fuerza de choque dispuesta a llevar a la práctica la doctrina "debt for equity", o sea el canje de deuda por activos o por acciones en las empresas públicas latinoamericanas.

Puede provocar escalofríos en estos días la lectura de los nombres de quienes inte graban aquella vanguardia dispuesta a todo para cobrarse la deuda latinoamericana, porque se cruzan inevitablemente con la primera plana de los diarios: el presidente George Bush hijo, el vicepresidente Richard Cheney, el secretario de Estado Colin Powell, la asesora de seguridad Condolezza Rice. María Seoane afirma que cuando los Estados Unidos impulsaron la democratización política de América latina, al cabo de años de respaldar dictaduras militares "no había razones morales o de espíritu republicano, sino de negocios".

Henry Kissinger lo había expresado con su concisión habitual cuando ya en 1987 había dicho que la deuda externa podía emplearse como herramienta política ya que lo verdaderamente importante en relación con América Latina era determinar "qué queremos que sean esos países dentro de veinte años" y de ninguna manera "si pueden pagar los intereses el año que viene". Faltan apenas cuatro años para que aquella profecía de 1987 encuentre su fecha crítica. A la vista de la realidad latinoamericana, Kissinger pudo haberse equivocado. O tal vez era esto que nos cuenta Seoane lo que buscaba entonces.

(*) Interpretación personal sobre Felipe Pigna en "Los mitos de la historia argentina 2"-Editorial Planeta, 2004.
(**) García Lupo es periodista. Fundó Prensa Latina junto con Gabriel García Márquez y Rodolfo Walsh, en 1959.

Desendeudamiento en la era K... ¿no fue como dijeron? Para analizarlo en profundidad y sacar conclusiones propias:

Falso desendeudamiento

El Gobierno no redujo la deuda: reemplazó a acreedores que exigen confiabilidad por aquellos dispuestos a licuar sus activos. La Nación Editorial. 05 de mayo de 2012.

La falsificación de las estadísticas en la Argentina ha producido efectos trágicos. Uno de ellos es que determinados temas no pueden ser analizados en su sustancia, ya que el Gobierno se refugia en sus números increíbles para evitar el debate de fondo. Si se reporta que la pobreza afecta al 6% de la población y que la inflación apenas se sitúa en el 9%, la discusión con el Gobierno sobre políticas públicas contra la pobreza y la inflación se vuelve imposible.

Afortunadamente, quedan en el país un puñado de estadísticas que no han sido falsificadas por el Gobierno. Las estadísticas oficiales de la deuda pública de la Nación y el balance de activos y pasivos del Banco Central conservan, por ahora, un grado de verosimilitud que permite mostrar que el mal llamado desendeudamiento es un mito más de los tantos que ha inventado esta administración.

Como suele hacer el kirchnerismo, que sitúa el inicio del mundo al de su mandato, consideremos el endeudamiento público de junio de 2003, cuando la deuda pública de la Argentina totalizaba 153.000 millones de dólares. A ellos habría que sumarles los exiguos 2000 millones de dólares en notas del Banco Central (Lebacs) para obtener el endeudamiento del consolidado del Tesoro y el Banco Central en ese período: 155.000 millones de dólares.

Los últimos datos oficiales muestran que, a septiembre de 2011, la deuda pública argentina había trepado a 175.000 millones de dólares que, si se sumaran a los 24.000 millones de endeudamiento del Banco Central mediante Lebacs y Nobacs, llevarían la deuda del Estado a 199.000 millones, muy por encima del endeudamiento vigente al inicio del ciclo kirchnerista. A las cifras reportadas de la deuda pública se les deben sumar además 11.000 millones de dólares de deuda impaga no computada en las cifras totales de endeudamiento, lo que llevaría a un total de 210.000 millones de dólares.

Estos 55.000 millones de dólares de aumento en el endeudamiento público ocurrieron aun a pesar de la promocionada quita del 70% en los canjes de deuda de 2005 y de 2010, y después de haber falsificado las estadísticas de inflación para licuar el equivalente a unos 20.000 millones de dólares en la deuda en pesos indexada por el costo de vida.

El aumento sería mucho mayor si se efectúa una estimación de los pagos que algún día la Argentina deberá realizar por los fallos no acatados, y los que surgirán en el Centro Internacional de Arreglos de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi) donde, como en otros aspectos de su relación con el mundo, la Argentina posee una situación "particular": ser el país más demandado en el mundo con 49 casos sobre un total de 184 iniciados.

Y todavía no hemos hablado de las demandas que surgirán a raíz de la estatización de YPF, de las AFJP que nunca fueron indemnizadas, ni de las sentencias favorables a los jubilados cajoneadas por la Anses a la espera de que fallezcan los demandantes. Simplemente utilizando las cifras oficiales de la deuda reportada, y de la que se encuentra en situación de impago, la deuda ha crecido desde 155.000 millones de dólares hasta 210.000 millones, entre 2003 y 2011.

Aparentemente, lo que el Gobierno ha decidido llamar "desendeudamiento" es simplemente el cambio sustantivo que se ha producido en los acreedores del Gobierno. Al pagarle al FMI lo hizo mediante la emisión de Lebacs del Banco Central con las que el ente monetario adquirió las reservas internacionales. Y, luego, para hacerse de ellas el Tesoro canjeó los dólares contantes y sonantes al Banco Central por papelitos de colores a pagar a largo plazo y con tasas de interés cercanas a cero.

También, al estatizar las AFJP, el Gobierno traspasó sus deudas con esas instituciones a las arcas de la Anses, que ahora dócilmente renueva los vencimientos de la deuda con papeles que rinden tasas de interés inferiores a las del mercado.

El desendeudamiento es otro componente del ridículo relato kirchnerista. El desendeudamiento al que se refiere el Gobierno no es la reducción de la deuda; es el reemplazo de acreedores que exigen información confiable y tasas de interés de mercado por acreedores dispuestos a ver licuados sus activos. Aunque ello conlleve la destrucción del balance del Banco Central o la licuación de los ahorros de los jubilados. Una prueba más de que para este Gobierno no hay límites legales ni morales en la construcción del poder absoluto.

http://horanosaurus.blogspot.com.ar/2011/01/cipayos-los-responsables-de-la-miseria.html