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martes, 13 de octubre de 2015

LA VERDAD SECUESTRADA: El candidato del PRO-Cambiemos comienza la presentación de su biografía en el portal de campaña con un acontecimiento sucedido a principios de los años noventa. La parte de la historia que se cuenta y la que se oculta.

El candidato del PRO-Cambiemos comienza la presentación de su biografía en el portal de campaña con un acontecimiento sucedido a principios de los años noventa. La parte de la historia que se cuenta y la que se oculta.



En el apartado “Quien soy” de la página personal que Mauricio Macri utiliza para la campaña electoral, se encuentra una curiosa presentación que comienza con un hecho que sucedió hace casi veinticinco años.
Bajo el intrigante subtítulo “Desde la oscuridad”, con un epígrafe de la clásica novela de Erich María Remarque “Sin novedad en el frente” y sin introducción, la historia va directo al hecho violento.
Un comienzo de novela negra mankelliano contado en primera persona y sin muchas vueltas: “los tipos” que lo agarran del cuello, el golpe de puño instantáneo en la cara, el encierro en un ataúd en la parte de atrás de una camioneta, los alambres que atan manos y pies y la capucha en la cabeza. Unos párrafos más abajo, el texto revela que se trata del secuestro extorsivo del que fuera víctima el candidato del PRO-Cambiemos en el mes de agosto de 1991.
Pero a diferencia de la estructura clásica de las novelas negras, la pobre narración da un giro brusco y sobreviene repentinamente un final feliz sin explicación alguna. El protagonista pasa de los sótanos del secuestro a la cumbre de la presidencia del club más popular de la Argentina (Boca Jr.), sólo por el volumen de su fuerza de voluntad y la solidez de su heroísmo personal.
Con este recurso procura sensibilizar y provocar admiración por su presunta valentía, con el objetivo de lograr el apoyo de la mayoría de los argentinos en su intento de llegar a ser presidente de la nación.
El periodista Gustavo Carabajal publicó una investigación sobre el secuestro de Macri en el diario La Nación en septiembre del 2001. En el artículo aseguraba que había intentado indagar en el entorno del ahora candidato presidencial sobre los pormenores del hecho y que todos los interlocutores repitieron lo mismo: "de ese tema no se habla".
Sin embargo, en este 2015 y en plena campaña, Macri saca a relucir una parte de la trama de aquel acontecimiento pero con un salto en la sucesión de hechos. Un vacío en el que parece es mejor no ahondar.
Dos interrogantes evidentes surgen del relato del secuestro publicado por Macri: quiénes fueron los secuestradores y cómo logró su liberación. En el texto de esta historia oficial “remixada” para la tribuna, los secuestradores simplemente son “los tipos” y la libertad “se recupera”. Todo lo demás no importa. O es demasiado importante como para ser develado en campaña.

La Banda de los Comisarios

"Para entender en qué asuntitos anduvimos, tendrían que saber que yo trabajé en las brigadas de Seguridad Federal, a cargo del ’Turco’ Ahmed y del ‘Poroto’ (Alfredo Vidal), en la época de la denominada guerra sucia", explicó ante el juez el ex suboficial Miguel Angel "Jopo" Ramírez. Con toda naturalidad, enseguida explicó el esquema del grupo del que formaba parte: una banda que planeaba secuestros en dependencias policiales y que se nutría de oficiales y suboficiales entrenados en la represión.
Junto al ex subcomisario José "El Turco Joe" Ahmed y otros cinco miembros conformaban la "Banda de los Comisarios" y fueron hallados culpables por el juez federal Rodolfo Canicoba Corral, por cinco secuestros —uno seguido de muerte— cometidos entre 1978 y 1991.
La Banda de los Comisarios fue responsable de los secuestros de Karina Werthein (14 de junio del ’78), Rudi Apstein (7 de noviembre del ’79), Julio Dudoc (19 de noviembre del mismo año y cuyo cuerpo jamás fue encontrado), Sergio Meller (13 de noviembre del ’84) y del propio Mauricio Macri (24 de agosto del ’91). Tiempo después se conoció que también participaron del secuestro de Rodolfo “Ralph” Clutterbuck, titular del Banco Central durante el mandato de facto de Reynaldo Bignone y directivo de la firma Alpargatas, producido en 1988.
La mayoría de sus integrantes se conocieron en tiempos de la dictadura, en la ya desaparecida Superintendencia de Seguridad Federal de la Policía. El área se encargaba de hacer inteligencia sobre dirigentes políticos y gremiales, y tenía brigadas para enfrentar a lo que llamaban "elementos subversivos".
Además de su entrenamiento policial, la banda contaba con una ventaja extra. Como sus miembros seguían trabajando en la fuerza, tenían la información necesaria para anticiparse a los investigadores. "Ahmed sabía todo lo relativo a cuanto estaba trabajando la Poli y evitar así enfrentamientos", confesó Ramírez en su declaración.
“Los tipos” tenían una larga trayectoria en la historia reciente y habían aprendido el violento oficio de secuestrar, torturar y matar, bajo el régimen que le permitió al grupo económico familiar de Macri -así como a muchos otros-, pasar de controlar siete empresas a poseer cuarenta y siete, una vez finalizado el proceso militar. Esa jugosa “acumulación primitiva” le habrá permitido a Franco Macri obtener los seis millones de dólares que pagó por el rescate. Dinero que fue entregado por otro empresario amigo de los Macri, Nicolás Martin Caputo (quien hoy hace buenos negocios con el Estado en la Ciudad), no sin antes mandar a microfilmar billete por billete.

El árbol venenoso

En el mes de noviembre de 1991, Macri fue llevado nuevamente a la avenida Garay 2882 (casi Chiclana) para hacer el reconocimiento del lugar donde unos meses antes había estado secuestrado. Cuando estalló en llanto por el shock, recibió el consuelo de un hombre de confianza: el comisario Jorge “El Fino” Palacios.
En ese mismo momento, el ex policía Juan Carlos “El Pelado” Bayarri, un ex represor que figuraba en las listas de la Conadep, era interrogado por el secuestro de Macri en un siniestro y emblemático lugar de Buenos Aires. Las preguntas incluían el uso de la picana eléctrica y el ejercicio del submarino seco, además de golpes, puntapiés y agujas clavadas debajo de las uñas. Un golpe de puño en el oído derecho le ocasionó una hemorragia y la perforación del tímpano. La sesión se llevaba adelante en el mismo lugar donde había funcionado el centro clandestino de detención “El Olimpo” en el barrio porteño de Floresta
En esas condiciones, el sospechoso "admitió" su participación en el secuestro de Macri y en otros hechos de las mismas características, junto a la "Banda de los Comisarios". Bayarri reconocería una voz entre las de sus torturadores. Pertenecía al comisario Carlos Sablich, en ese tiempo integrante del departamento de Defraudaciones y Estafas de la Policía Federal, más adelante pasó al frente de la Dirección de Delitos Complejos, uno de los centros neurálgicos de esa fuerza. Desde allí, también tuvo a su cargo la flamante División Antisecuestros.
Una mafia de federales entrenada para secuestrar durante la dictadura fue investigada por otra, también de federales, que siguió las enseñanzas de la misma escuela.
Bayarri estuvo trece años preso por la confesión y en el año 2014 el Tribunal Oral en lo Criminal 19 dispuso las condenas para los excomisarios Carlos Alberto Sablich y Carlos Jacinto Gutiérrez por privación ilegítima de la libertad y torturas contra Bayarri y su padre. Bayarri fue dejado en libertad porque la justicia consideró que su confesión había sido el “fruto de un árbol venenoso”. Una figura poética del derecho probatorio que en este caso significa que la declaración fue arrancada bajo tortura.

Carlos Alberto Sablich
Antes de “El Fino” Palacios, el candidato natural para ocupar el cargo de jefe de la flamante Metropolitana era Carlos Sablich, de quien Macri había dicho que era “el mayor experto antisecuestro de la Argentina”.
Las ramificaciones criminales de Sablich se extienden a otros casos resonantes. Se descubrió una estrecha relación entre el comisario Juan José Schettino (su mano derecha) y el mismo con Jorge Sagorsky, el hombre que proveía autos robados a la banda que secuestró y asesinó a Axel Blumberg en marzo de 2004. Por el caso Blumberg, el expresidente Néstor Kirchner accedió a endurecer las leyes que aumentaron el poder represivo del Estado, es decir, de la policía. Nunca menos. Sablich pidió su pase a retiro, para esquivar una vergonzosa exoneración.
Palacios y Sablich habían sido subordinados de Carlos Gallone (poco tiempo después condenado por “La Masacre de Fátima”) en la Superintendencia de Seguridad Federal, ambos prestaron servicios en el GT 2 (Grupo de Tareas 2), que operaba bajo la órbita del Batallón 601. Las escuchas que mandaba a realizar a Ciro James, quedan como travesuras infantiles al lado de este largo prontuario.
El caso de la “Banda de los Comisarios” no dejó de tener sus ribetes tragicómicos y extravagantes. Según cuenta en su libro “Escuchas ilegales” (Sudamericana, 2015) la periodista Clarisa Ercolano “al año siguiente del secuestro del que sería presidente de Boca Jrs., Camilo Ahmed (hermano de José Ahmed y sobre quien se sospecha que recayó durante algún tiempo la jefatura de la banda) fue víctima de un suicidio curioso: se arrojó de un altísimo edificio marplatense para, una vez en el suelo, darse un balazo en la cien”.
La Argentina parece ser el país con mayor porcentaje de “suicidados por la sociedad” por metro cuadrado.

Archivo DiFilm: el suicidio que sobreviene "tras efectuarse un disparo en la cabeza"

El lado oscuro de la luna

El caso de la muerte del fiscal Nisman en enero de este año develó la historia criminal de los servicios de inteligencia que continuaron (y continúan) operando bajo el kirchnerismo. Espías que vienen desde los tiempos de la dictadura y tienen íntimas relaciones con los servicios internacionales y con los negocios ilegales como la trata de personas.
Scioli y su ministro de Seguridad, Alejandro Granados, dejan más que claras sus intenciones de fortalecer a la mafia de la bonaerense y llevarla como modelo al conjunto del país. La misma que no es ajena a la “guerra de los servicios” como lo demostró, entre otras cosas, el fusilamiento del “Lauchón” Viale, para un arreglo de cuentas con el ahora prófugo Jaime Stiuso.
Sergio Massa es directo con su desbocada propuesta derechista: plantea que hay que sacar el ejército a la calle.
Todas estas verdades las denunció Nicolás del Caño en el debate presidencial realizado hace unos días atrás.
Detrás del circo de los globos amarillos, Macri intenta reinventar su historia personal con un cuento épico arreglado para las elecciones.
La “Banda de los Comisarios” estaba integrada por personajes que habían formado parte del engranaje operativo de la represión que actuó al servicio de los integrantes de su clase. Su tarea esencial fue el secuestro y asesinato a los mejores de una generación, sin posibilidades de rescate ni pedidos de indemnización.
El itinerario posterior y los secuestros fueron parte un “ajuste de cuentas” entre la “mano de obra desocupada” y sus antiguos jefes empresarios. Una indemnización que los ejecutores en el terreno del genocidio, los que hacían el trabajo sucio, creyeron justo cobrarse con los únicos métodos que conocían. Una “paritaria” de los grupos de tareas con la clase a la que sirvieron. No les había ido tan mal, ya que lograron hacerse con un botín de 12.500 millones de dólares en trece años, de los cuáles solo se “recuperaron” dos millones.
Así como el peronismo tiene sus mafias y patotas, sindicales y policiales; las esperanza blanca de la oposición “republicana” tiene mucho que ocultar en el lado oscuro de su luna amarilla.
La fábula de superhéroe que reinventa Macri termina con esta afirmación: “sin saber cómo, en ese extraño intercambio recibí más de lo que me sacaron por haber sido secuestrado”. Una confesión inconsciente que revela, quizá, porqué hay una parte de la historia que es mejor mantener en la oscuridad.
http://www.laizquierdadiario.com/Macri-y-lo-que-oculta-la-oscuridad


lunes, 12 de octubre de 2015

LA MATANZA DE LOS INOCENTES

La matanza de los Inocentes ¿es verosímil?

Con la colaboración especial del catedrático Antonio Piñero

La matanza de los Santos Inocentes, aparte de sinónimo actual de las típicas inocentadas, es otro de los oscuros episodios del Nuevo Testamento que cada Navidad conmemora la Iglesia Católica, considerando a aquellos niños, como los primeros mártires asesinados por la causa de Cristo.
Herodes I ‘El Grande’
Si bien podemos tomar este episodio como un dato revelador sobre el nacimiento de Jesús, que Mateo ubica en época del rey Herodes I el Grande, a efectos históricos, constituye el único argumento en los textos canónicos, que corrobora dicha matanza infantil.
De la crueldad de Herodes, sin embargo, sí que dieron fe cronistas de la época como Flavio Josefo, en su obra Antigüedades Judías, donde narra la vida de este rey que además de ejecutar a toda una  familia rival, asesinó a parte de la suya, a su suegro y a dos cuñados, a Marianne, una de sus diez mujeres, e incluso a sus propios hijos Alejandro y Aristóbulo y sólo cinco días antes de su muerte, cometío su último filicidio con Antipatro. Sin embargo, resulta extraño que este historiador no mencionase en su libro otro capítulo sanguinario de la vida de Herodes I, como el sacrificio de bebés inocentes.
Por otra parte, de haberse producido estos hechos en Belén, un aldea aislada entre montañas, puede que no hubiera sido lo suficientemente alarmante como para pasar a los anales, motivo por el cual Josefo no la incluyera. 
Fuera como fuese, cada 28 de diciembre cobra vida este relato bíblico, en el que el Rey  Herodes ordena sacrificar a los niños menores de dos años de la aldea de Belén, al saberse engañado por los sabios del Oriente, quienes habían prometido indicarle el lugar exacto del nacimiento de Jesús.

Llegados a este punto, resulta oportuno plantearse la verosimilitud de este relato.

Antonio-PiñeroPara responder a esta cuestión contamos con la opinión de Antonio Piñero catedrático de la Complutense de Madrid, especializado en lengua y literatura del cristianismo primitivo que nos explica su visión de todo aquello.
Este episodio de la vida de Jesús cuando era niño sólo se encuentra en el Evangelio de Mateo2,13-23, y no aparece nunca más en el Nuevo Testamento, ni apenas se comenta en la literatura cristiana primitiva, en cuanto se me alcanza. 
Hay algunos comentaristas cristianos que sostienen que la historia sucedió tal cual la narra Mateo y que encaja muy bien con la consabida crueldad del rey Herodes. La mayoría de los exegetas, sin embargo, incluidos los católicos, sostienen que la narración de Mateo es una pura fantasía, una tradición popular cristiana, o mejor una “historia teológica”:no narra hechos en verdad acaecidos, sino que transmite un mensaje religioso.. giotto-la-masacre-de-los-inocentes
  • Escenas de la vida de Cristo del pintor Giotto di Bondone, notable pintor, escultor y arquitecto italiano del Trecento. “La masacre de los inocentes”, 1310 

¿En qué se basan estos críticos?

La opinión de Antonio Piñero al respecto, se resume en cuatro cuestiones:
  • En primer lugar en que las narraciones posteriores de la vida pública de Jesús no hay memoria alguna de una acontecimiento tan asombroso como extraordinario.
  • Más serio aún,es el argumento de que este relato, junto con la huida a Egipto en general es absolutamente inconciliable con lo que afirma otro evangelista, Lucas:
“Así que cuando cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret” (2, 39).
Este pasaje afirma que poco después del nacimiento de Jesús, éste y sus padre regresaron a Nazaret, donde vivían, sin el menor incidente.
  • El tercer argumento es la ausencia de este episodio en el relato de los últimos tiempos del rey Herodes ofrecido por Flavio Josefo en su obra las Antigüedades de los judíos, libro XVIII. De ningún personaje secundario de la antigüedad grecorromana tenemos un relato tan detallado de los últimos días de un rey como los que recoge Flavio Josefo. Se opina con razón que si el suceso hubiere sido cierto, el historiador lo habría recogido con seguridad en su Historia
  • La última razón de peso es que esta matanza se halla enmarcada en un relato de otro episodio de la infancia de Jesús absolutamente legendario: el de los magos de Oriente, con su historia de la estrella que aparece y desaparece y que finalmente se manifiesta prodigiosamente encima del lugar donde se encontraba el niño Jesús…

¿Pero podemos considerar aquellos hechos como una verdadera matanza?

¿ Cúantos niños pudieron ser sacrificados?

  •  La tradición varía sobre el número de muertos de la matanza.
  • La más seria, habla de unos veinte niños, calculando que Belén tendría unos mil habitantes por aquella época.
  • En el siglo II Justino Mártir, en su Diálogo con el judío Trifón 78,7, no señala número alguno.
  • La liturgia bizantina de la Iglesia Ortodoxa habla de 14.000.
  • Ciertos santorales de la Iglesia Siria antigua hablan de 64.000.
  • Otros han llegado a pensar en 144.000, un número igual al de los justos “que no se mancharon con mujeres” según el Apocalipsis 14,1-5.
Pero todas estas cifras son especulaciones piadosas y estrambóticas de la piedad popular, en la opinión de nuestro experto.

viernes, 9 de octubre de 2015

Una bella película (Guillaume Apollinaire)

¿Sobre qué conciencia no pesa un crimen? -preguntó el barón d'Ormesan-. Por mi parte, ya no me tomo la molestia de contarlos. He cometido algunos que me produjeron dinero, y si hoy no soy millonario, debo culpar más bien a mis apetitos que a mis escrúpulos.
En 1901, en unión de unos amigos, fundé la Compañía Internacional Cinematographic, a la que para abreviar llamamos C.I.C. Nuestro propósito era producir una película de gran interés y pasarla luego en los cinematógrafos de las principales ciudades de Europa y América. Nuestro programa estaba bien trazado. Gracias a la indiscreción de uno de los domésticos, pudimos obtener una escena interesantísima que representaba al presidente de la República, en momentos en que se levantaba de la cama. Siguiendo idéntico procedimiento, también logramos la filmación del nacimiento del príncipe de Albania. En otra oportunidad, después de comprar a precio de oro la complicidad de algunos funcionarios del Sultán, pudimos fijar para siempre la impresionante tragedia del gran visir MalekPacha, quien, después de los desgarradores adioses a sus esposas e hijos, bebió, por orden de su amo y señor, el funesto café en la terraza de su residencia de Pera.
Sólo nos faltaba la representación de un crimen. Pero, desdichadamente, no es fácil conocer con anticipación la hora de un atraco y es muy raro que los criminales actúen abiertamente.
Desesperando de lograr por medios lícitos el espectáculo de un atentado, decidimos organizarlo por nuestra cuenta en una casa que alquilamos en Auteuil a esos efectos. Primeramente habíamos pensado contratar actores para un simulacro de ese crimen que nos faltaba, pero, aparte de que con ello hubiésemos engañado a nuestros futuros espectadores al ofrecerles escenas falsas, habituados como estábamos a no cinematografiar más que la realidad, no podíamos satisfacernos con un simple juego teatral por perfecto que fuera. Llegamos así a la conclusión de echar suerte, para establecer quién de entre nosotros debía juramentarse y cometer el crimen que nuestra cámara registraría. Mas ésta fue una perspectiva ingrata para todos. Después de todo, éramos una sociedad constituida por personas de bien y nadie tomaba a broma eso de perder el honor ni aun por fines comerciales.
Una noche decidimos emboscarnos en la esquina de una calle desierta, muy cerca de la villa que alquiláramos. Éramos seis y todos íbamos armados con revólveres. Pasó una pareja: un hombre y una mujer jóvenes, cuya elegancia muy rebuscada nos pareció a propósito para acondicionar los elementos más interesantes de un crimen pasional. Silenciosos, nos abalanzamos sobre la pareja y amordazándolos los condujimos a la casa. Allí los dejamos bajo el cuidado de uno de nuestro grupo, volviendo a nuestra posición. Un señor de patillas blancas vestido con traje de noche apareció en la calle; salimos a su encuentro y lo arrastramos a la casa a pesar de su resistencia. El brillo de nuestros revólveres dio razón de su coraje y de sus gritos.
Nuestro fotógrafo preparó su cámara, iluminó la sala convenientemente y se aprestó a registrar el crimen. Cuatro de los nuestros se colocaron al lado del fotógrafo apuntando con las armas a los cautivos.
La joven pareja estaba todavía desvanecida. Los desvestí con atenciones conmovedoras: despojé a la muchacha de la falda y el corsé, dejando al joven en mangas de camisa. Dirigiéndome al señor de esmoquin, le dije:
-Señor: ni mis amigos ni yo deseamos a usted ningún mal. Pero le exigimos, bajo pena de muerte, que asesine, con este puñal que arrojo a sus pies, a este hombre y a esta mujer. Ante todo, usted tratará de que vuelvan de su desmayo; tenga cuidado que no lo estrangulen. Como están desarmados, no cabe la menor duda de que usted logrará su propósito.
-Señor -repuso cortésmente el futuro asesino- no tengo más remedio que ceder ante la violencia. Usted ha tomado todas las resoluciones y no deseo en lo más mínimo modificar una decisión cuyo motivo no se me aparece claramente; voy a pedirle una gracia, sólo una: permítame cubrirme el rostro.
Nos consultamos y resolvimos que era mejor así, tanto para él como para nosotros. Coloqué sobre la cara del hombre un pañuelo en el que previamente habíamos abierto dos orificios en el lugar de los ojos, y el individuo comenzó su tarea.
Golpeó al joven en las manos. Nuestro aparato fotográfico empezó a funcionar, registrando esta lúgubre escena. Con el puñal dio unos puntazos en el brazo de su víctima. Ésta se puso rápidamente de pie, saltando, con una fuerza duplicada por el espanto, sobre la espalda de su agresor. La muchacha volvió en sí de su desvanecimiento y acudió en socorro de su amigo. Fue la primera en caer, herida en el corazón. Luego la escena se concentró en el joven, que se abatió de una herida en la garganta. El asesino hizo las cosas bien. El pañuelo que cubría su rostro no se había movido durante la lucha, y lo conservó puesto todo el tiempo que la cámara funcionó.
-¿Están ustedes conformes? -nos preguntó-. ¿Puedo ahora arreglarme un poco?
Lo felicitamos por su labor. Se lavó las manos, se peinó, cepillándose luego el traje. Inmediatamente, la cámara se detuvo.
FIN

Las lecciones de Ricardo Ragendorfer para hacer periodismo policial


ricardoragendorferCosecha Roja.-
Durante ocho encuentros en Casa Defensa (Agencia Télam), el periodista Ricardo Ragendorfer exploró los inicios literarios y periodísticos del género policial. Comenzó con Edgar Allan Poe y el diario Crítica y atravesó los reflejos políticos y sociales de la noticia policial a través del caso del “Descuartizador de Barracas” (1955) y el femicidio de Ángeles Rawson (2013).  Navegó por los vínculos entre el género policial y las narrativas urbanas, el rol del periodista ante un caso delictivo, las diferencias entre el lenguaje gráfico y el audiovisual y la administración de los tiempos en el relato urbano. ¿Cuántos formatos existen para narrar un crimen? ¿Cómo pensar una crónica que tenga una mirada diferente?
Los desafíos de la prensa gráfica
La masacre de Ramallo, aquella toma de un banco que terminó con rehenes y asaltantes muertos en 1999 y que resultó un escándalo preelectoral de la Bonaerense, fue cubierto por todos los medios gráficos, radiales y televisivos del país. Todo pasó en vivo y en directo frente a los ojos del público. El desafío para los reporteros de medios escritos era cómo hacer una cobertura distinta.
Así lo contó Ragendorfer: “Quienes estábamos ahí por el periodismo gráfico debíamos tener en cuenta que, en competencia con  la inmediatez de la TV, era notable nuestra desventaja. Había que buscar un punto de vista para que nuestra descripción tuviera alguna originalidad. Yo me había enterado que las hijas de uno de los rehenes muertos (el gerente de la sucursal) había visto en vivo y en directo los acontecimientos desde un televisor en el estudio de la radio local. Entonces conté la historia desde ahí”.
Betina supo con certeza qué estaba pasando. En ese instante la radio transmitía avisos y en el estudio todos guardaban silencio. Los tiros sonaron muy cerca, y ella, tapándose los oídos con las manos, en un vano intento de preservarse del horror, rompió en un llanto tan profundo como desgarrador: —Esos son los tiros que están matando a papá.
Del texto al lente y viceversa
Ragendorfer
El lenguaje escrito, la prensa gráfica tiene reglas precisas. En 1925, cuando Gustavo Germán González escribió sobre la muerte del concejal Carlos Rey, no había otra forma de contar los hechos. A comienzos de los noventa, Fabián Polosecki transformó la manera de narrar el mundo del hampa. En el primer episodio de ‘El otro lado’, policías y ladrones se confiesan en cámara.
- Mirá pibe, a los chorros de la pesada no los vas a encontrar con facilidad, están bien guardados -le dice el periodista Enrique Sdrech a Polo.
“Todos los que hicimos ese programa formamos parte de una asociación ilícita”, dijo en broma Ragendorfer, que trabajó en El Otro lado. Los personajes lo acompañaron durante mucho tiempo y, cada tanto, volvían a parecer. Como una historia visual puede disparar otras historias, así fue que llegó hasta Juan Ramón Morales y Eduardo Almirón Sena, dos jefes operativos de la Triple A, custodios de López Rega. Antes habían sido policías federales, tal como se ve en “Parapolicial Negro: prehistoria de la triple A”, un documental en el que Patán investigó y entrevistó -junto a un equipo- a Isabel Sarli, Marcelo Larraquy, Julio Santucho y Osvaldo Aguirre, entre otros.
Cómo diagramar una crónica policial
Convertir un hecho delictivo en una crónica policial es el territorio más brumoso del proceso periodístico. Una crónica no es sino el ordenamiento de las piezas que conseguimos a lo largo de la investigación. Siempre surge el miedo de que nuestra la reconstrucción no supere las expectativas, de malograr la historia. En casi todas las academias de periodismo se habla de esas cinco o seis preguntas que tienen que encabezar todas las notas: dónde, cómo, qué, por qué, quién, cuándo, dónde. A veces son necesarias pero no siempre permiten un uso virtuoso de los recursos literarios. También juegan otras decisiones como cuál es el punto de vista del narrador, quién es el sujeto de la crónica y cuáles son las voces que atraviesan el relato.
Se trata de pensar la arquitectura del texto periodístico y su relación con la cronología de la investigación. Y su ingeniería. Es decir, la lógica interna de la crónica, los dispositivos a través de los cuales vamos hacia atrás, adelante y a los costados, esos que permiten administrar el tiempo del relato.
El evangelio de la seguridad urbana
El periodista indagó en la construcción del enemigo social que hacen los medios de comunicación. ¿El modo? Con crónicas policiales que relatan la percepción de la violencia urbana con un efecto espectacular y la creación del subgénero de la “inseguridad”, el nuevo sensacionalismo.
Ragendorfer comparó los robos de principios de siglo XX, que eran en sí mismos espectaculares y cuyos delincuentes no se convertían en una amenaza para toda la sociedad. Desde fines de la década del noventa, en cambio, los robos pequeños pero con mayor frecuencia empiezan a poner en riesgo a las clases más acomodadas. Y son los medios los que los difunden: “asaltaron 20 veces al mismo kiosquero”. Así, las señoras temen al ladrón de la TV. Mientras tanto, por cada kiosquito, “las bandas de piratas del asfalto se afanan dos camiones, y eso no le interesa a nadie”.
Los tiempos actuales complejizaron las tramas delictivas. Según Loïc Wacquant -uno de los autores de la bibliografía- los hechos violentos de los marginados son una reacción al fin del Estado de Bienestar y el avance de las políticas neoliberales. El proceso de inseguridad tiene raíces y motivos: la cantidad indeterminada de excluidos que se dedican a actividades delictivas no es un dato tranquilizador para esa clase media propietaria.
Esa sensación no afloja cuando, tanto en Buenos Aires como otras provincias, la Justicia es auxiliar de la policía. El enorme flujo monetario que pasa por las arcas policiales sirve para engordar bolsillos, autofinanciarse y, por lo tanto, autogobernarse. No son casos aislados los comisarios corruptos, tienen el poder de liberar zonas para aumentar la sensación de inseguridad. En la jerga policía lo llaman “poner palanca en boludo”.
Los medios no cuentan nada sobre el rol de la policía en la producción de la inseguridad y los políticos enarbolan esa bandera como la más preciada. Entonces crece la industria de la autoprotección: sensores, cámaras, rejas. Es la criminalización de la pobreza en términos de Wacquant.
Ragendorfer2
Cámara oculta
En Un bello film, Guillaume Apollinaire narra la historia del barón D’Ormesan, un hombre que quería registrar un crimen con una cámara oculta. Secuestra a una pareja y consigue un verdugo, que accede con una condición: cubrirse el rostro con un pañuelo a través del cual sólo se ven sus ojos.
-¿Están ustedes conformes? -nos preguntó-. ¿Puedo ahora arreglarme un poco?
Lo felicitamos por su labor. Se lavó las manos, se peinó, cepillándose luego el traje. Inmediatamente, la cámara se detuvo.
La única vez que Ragendorfer hizo una cámara oculta fue para un programa que conducía Juan Castro, Unidos y dominados, en 2000. El informe era sobre el usufructo que hacían algunos jueces de los bienes secuestrados en procedimientos policiales. Filmaron en secreto a un funcionario por el caso de un narcotraficante que había recuperado la libertad y quería que le devolvieran una 4×4”, contó Patán.
- Los coches están al sol, se arruinan, qué mejor que un juez para cuidarlos -dijo el entrevistado.
Lo gracioso es que la víctima de la cámara oculta nunca se dio cuenta de que en la espalda Ragendorfer cargaba una caja, dentro estaba la cámara cubierta con un saco holgado. En la corbata estaba la lente que insistía en torcerse.
“Esos registros simbolizan un modo de hacer periodismo en épocas en que existen múltiples soportes. Pero la cámara oculta como sujeto no son otras cosas que los ojos del cronista”, dijo el periodista.
Foto portada: Luciana Granovsky / Télam
Otras fotos: Cosecha Roja
Nota publicada el 5/10/2015


http://cosecharoja.org/las-lecciones-de-ricardo-ragendorfer-para-hacer-periodismo-policial/

El Peronismo [Pequeño resumen]

El Movimiento Nacional Justicialista o Peronismo es un movimiento de masas argentino creado alrededor de la figura de Juan Domingo Perón que desde mediados de la década de 1940 es un protagonista importante en el país. El nombre formal del partido fue el de Partido Peronista y, posteriormente, Partido Justicialista. 



Origen 

Fue en el transcurso del golpe de estado del 43 cuando emergió la figura del entonces coronel Juan Perón, originándose el peronismo. 
La Revolución del 43 fue un golpe de estado militar producido el 4 de junio de 1943 que derrocó al gobierno de Ramón Castillo. Fue encabezado por los generales Arturo Rawson y Pedro Pablo Ramírez, y apoyado entre otros por un grupo de jóvenes oficiales del Ejército Argentino nucleados en el Grupo de Oficiales Unidos (GOU), que se oponía a la participación argentina en la Segunda Guerra Mundial sosteniendo la tradicional posición «neutralista» de la Argentina. 
El GOU fue un grupo de enlace bastante informal entre jóvenes oficiales superiores que consideraban necesario "restablecer la moral y disciplina dentro del ejército". Este grupo se declaraba en contra del comunismo. Entre los fundadores del GOU se encontraba el coronel Juan Domingo Perón, quien formaba parte del estado mayor revolucionario antiyrigoyenista. 
El programa del GOU se convirtió finalmente en el programa de la revolución del 43. En realidad, el GOU recién se formaliza operativamente después de la revolución de junio, como una especie de prolongación del ministerio de Guerra del que Perón era secretario. Allí era donde se imprimían las circulares del GOU con los mimeógrafos oficiales. El general Farrell, ministro de Guerra, y su esposa Beatriz Verdún convocaban a los jefes y oficiales para que se encontraran con el mismo Perón. 



Situación económica y política del país 

La estructura económica del país había cambiado profundamente durante la década del 30, debido a la gran depresión que provocó una reducción importante del comercio internacional. Esto afectó a la economía argentina, basada en la agroexportación, que hubo de reconvertirse mediante el control del mercado de carnes y granos y una acelerada industrialización basada en la sustitución de importaciones de los productos manufacturados. Este proceso fue acompañado de un importante flujo migratorio interno desde las zonas rurales del interior hacia la periferia de las grandes ciudades (fundamentalmente Buenos Aires, Rosario y Córdoba). Estas nuevas masas populares, empleadas en las nuevas industrias y sin antecedentes de sindicalización, son las que constituirán la base del movimiento peronista. 



La primera presidencia de Perón 

Tras asumir la presidencia, Perón comienza rápidamente a consolidar su poder. En lo interno, disuelve al Partido Laborista y lo integra en el nuevo Partido Peronista (llamado brevemente Partido Único de la Revolución), del que Perón es el primer afiliado (29 de enero de 1947), y que contará con tres ramas: la sindical (la CGT, única confederación sindical permitida), la política y, a partir de 1952, al permitirse el voto a la mujer, la rama femenina. Más tarde se considerará a la Juventud Peronista como cuarta rama del Movimiento. Por otra parte se procedió a la remoción vía juicio político de los miembros de la Corte Suprema de Justicia, a excepción del Dr. Tomás Casares y en 1949 se convocaron elecciones para la Asamblea Constituyente que dictó una nueva Constitución acorde con los principios del peronismo. 
El gobierno peronista fue duro con la oposición política y sindical, algunos de cuyos dirigentes fueron arrestados a pesar de los fueros parlamentarios, como fue el caso de Ricardo Balbín o Alfredo Palacios. También hubo hechos de torturas a opositores como los casos del estudiante Ernesto Mario Bravo y el médico Juan Ingalinella, que murió por los tormentos. En sentido contrario, los partidos políticos opositores estuvieron involucrados en acciones terroristas y conspiraron con los militares para organizar varios golpes de estado. 
Durante las décadas posteriores, los antiperonistas acusaron reiteradamente al gobierno peronista de discriminación político partidaria, sobre todo en el ámbito educativo, mientras que los peronistas realizaron la misma acusación por parte de los gobiernos antiperonistas. Diversos historiadores afirmaron que en las universidades nacionales se despidió a profesores disidentes, y que se impedía ejercer a docentes si no estaban afiliados al partido peronista, mientras que los peronistas señalaron que durante los gobiernos antiperonistas se cesanteó a los profesores que simpatizaban con el peronismo y se censuraban sus enseñanzas y libros. 
Se impulsó a la CGU (Confederación General Universitaria) como representante de los estudiantes en oposición a la mayoritaria FUA (Federación Universitaria Argentina), conducida en ese entonces por el Partido Comunista. Con un criterio similar, se creó la UES (Unión de Estudiantes Secundarios). 
A partir de 1950, la economía de Argentina comienza a empeorar, por lo tanto, Alfredo Gómez Morales (nuevo ministro de Asuntos Económicos) aplicó medidas de corte ortodoxo. Perón vuelve a triunfar en 1952. 

Situación político - económica durante la segunda presidencia 

Durante la segunda Guerra Mundial, Argentina llenó sus arcas de dinero mediante la exportación de materias primas (cereales y carnes, principalmente) a los países beligerantes europeos (sobre todo a Gran Bretaña). Fue una época de gran prosperidad para el país. Sin embargo, dicha situación cambió, ya que Estados Unidos colocó sus excedentes agrícolas en Europa, lo cual generó que se limitaran las exportaciones de Argentina. Además, tras la segunda Guerra Mundial, en 1949, los mercados se retrajeron y esto trajo aparejado una gran reducción en las exportaciones argentinas (de productos primarios). Por otra parte, las reservas acumuladas se consumieron desmesuradamente, finalizando de este modo, con el período de gran prosperidad económica. La crisis tocaba la puerta del país. 
No obstante a lo acontecido, el gobierno tenía la esperanza de que el desarrollo de la industria sacara al país de la situación en la cual se encontraba. Pero para ello, era necesario el uso de combustibles, acero, maquinarias y demás repuestos que el país, en ese momento, carecía. Por ende, tuvo que acudir a la cruel decisión de importarlos. Por este motivo, el desarrollo industrial no resultó fácil, y desencadenó las peores consecuencias: inflación y desocupación. 
Para romper el esquema, para cambiar las circunstancias, es decir, para salir de la situación, en 1952, el gobierno decidió llevar a cabo un segundo plan Quinquenal, el cual tuvo vigencia entre 1953 y 1957. Este, planteaba básicamente como objetivo fundamental, asegurar el desarrollo de la economía social por medio de actividades que ayuden a gestar la independencia económica del país. Con este fin, el Estado se reservaba el manejo del comercio exterior, guiado por el propósito de defender la producción Nacional y obtener términos de intercambios justos y equitativos. Su empresa estaba también orientada a la consolidación y diversificación de los mercados de importación y exportación, en los cuales, obviamente, se veía involucrado el país. 
Además se hicieron algunos ajustes, que consistieron en: restringir el consumo interno, por lo cual fueron eliminados subsidios a diversos bienes de uso popular; se estableció una veda parcial al consumo de carne; y se levantó el congelamiento de los alquileres. Por otra parte se proclamó “la vuelta al campo”, donde el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) invirtió su mecanismo y emprendió la tarea de estimular a los productores rurales con precios retributivos. 
Según Luis Alberto Romero, “Esta política [...] apuntaba a aumentar la disponibilidad de divisas para seguir impulsando el desarrollo del sector industrial.” Sin embargo, algunas ramas del ámbito industrial (metalúrgicas, petroquímicas, entre otras) continuaban estancadas. Debido a la maquinaria obsoleta, el deterioro de los servicios, donde se destacaban la escasa electricidad y los deficientes transportes, sobre todo ferroviarios, los cuales no fueron renovados por el Estado. 
Para desarrollar el sector industrial y salir de la crisis (la cual había generado disconformidad en los sindicatos y en el Ejército) se limitó el crédito industrial y el uso de las divisas, y se dio prioridad a las empresas grandes, sobre todo, a las industrias de bienes de capital. Uno de estos casos, fue la reactivación de la empresa siderúrgica SOMISA. Otra medida consistió en el congelamiento por dos años de los contratos colectivos de trabajo. Otro ‘gesto’ importante del Estado fue que, en 1955, incentivó que empresarios y sindicalistas se juntaran para discutir sobre temas inherentes a las relaciones laborales. También, el gobierno, se enfocó en atraer capitales extranjeros. Un proyecto de gran importancia fue el petrolero. Argentina realizó un acuerdo con una filial de la Standard Oil de California, que consistía en la explotación de 40.000 (cuarenta mil) hectáreas en la provincia de Santa Cruz. 
Todas estas medidas generaron la reducción de la inflación, y el re-equilibrio de la balanza de pagos. Pese a eso, no se obtuvieron cambios significativos en lo que respecta al agro y a la industria. 

Peronismo Argentino! [Pequeño resumen] 

El Golpe militar de 1955 y Bombardeo a Plaza de Mayo y quema de iglesias 

Sucesivos enfrentamientos con la iglesia y con los sectores más conservadores del agro y la industria, enrarecen el clima político. 
El 16 de septiembre de 1955, el ejército, al mando de Eduardo Lonardi produjo el tercer Golpe de Estado en la Argentina. 
Esos sectores comenzaron a conspirar, entonces, para derrocar a Perón. Organizaron un golpe de Estado con la decisiva participación de oficiales del Ejército y principalmente de la Marina. Las razones del descontento anidaban en el creciente enfrentamiento de Perón con la Iglesia Católica debido a la sanción de una ley de divorcio, el permiso que habilitaba prostíbulos y la decisión de abandonar el sostén del culto por parte del Estado. 
En verdad, la crisis económica había precipitado también la puja distributiva: el sector más rico y propietario, del campo o la industria, no estaba dispuesto a tolerar una distribución del ingreso semejante: el 50 por ciento del PBI pasaba a los trabajadores. 
Los gobiernos que se sucedieron entre 1955 y 1973 -tanto civiles como militares-, mantuvieron la proscripción del Peronismo, prohibiendo la participación política del partido y del movimiento. 
El primer intento golpista ocurrió el 16 de junio de 1955. Con el supuesto objetivo de matar a Perón, aviones de la Marina y de la Fuerza Aérea, con escaso apoyo del Ejército, bombardearon la Plaza de Mayo. Fue una masacre de ciudadanos de a pie. Se estimó en unos mil muertos, aunque las cifras oficiales nunca se conocieron. Perón se había refugiado en el Ministerio de Guerra y los conspiradores finalmente se rindieron. 
Ese accionar tensó aún más la furia de los peronistas. Esa noche, varias iglesias fueron incendiadas en Buenos Aires por tres grupos organizados de personas que partieron de dos reparticiones del Estado y del local del Partido Peronista y se dirigieron separadamente a las iglesias. También hubo hechos similares en algunas ciudades del interior de Argentina. La policía, las fuerzas militares y los bomberos se abstuvieron totalmente de intervenir, limitándose estos últimos a comenzar a actuar contra el fuego una vez terminada la agresión. Algunos de los templos databan de la época colonial por lo que ciertos daños fueron irreparables. En un discurso pronunciado al día siguiente el presidente Perón atribuyó los hechos a los comunistas. 
Perón hizo algunas concesiones entonces: defenestró a varios ministros para aplacar la furia opositora. Pero era tarde. El 16 de septiembre estalló un levantamiento en Córdoba encabezado por el general Eduardo Lonardi y secundado por el general Pedro Eugenio Aramburu. Las tropas leales a Perón no pudieron sofocarlo. La Marina, liderada por el almirante Isaac Rojas, encabezó el golpe contra Perón: sus naves bloquearon Buenos Aires y su estado mayor amenazó con volar los depósitos de combustible de La Plata y Dock Sud. 
El Ministro de Guerra, General Lucero, pidió parlamentar y leyó una carta en la que Perón solicitaba la negociación de un acuerdo. La carta no hablaba de renuncia, sí de renunciamiento, pero la Junta de Generales Superiores del Ejército decidió considerarla como una renuncia y negociar con los golpistas, mientras miles de peronistas fieles, encolumnados detrás de la CGT pedían armas para defender a lo que consideraban su gobierno. 
El 20 de septiembre Perón se refugió en la embajada del Paraguay y en la Cañonera que lo llevó a Asunción y a lo que sería el comienzo de su largo exilio de casi 17 años. (Diario Clarín-Edición especial 60 años/El derrocamiento de Perón) 

VER VIDEO http://www.youtube.com/watch?v=osHwvWxpxE8

Peronismo y burguesía nacional

A nadie escapa que las modificación de modelo de acumulación de capital transfiere modificaciones en la concepción de Estado y trastoca las alianzas sociales, impactando en la calidad de vida del pueblo. A nadie escapa tampoco que a partir y desde 2001 con la vuelta del peronismo al poder, se hayan producido tales modificaciones. Los devaluacionistas ganaron la puja: el patrón de acumulación financiera deja paso a una vuelta a patrones mixturados de vieja data, pero idos de la escena durante 25 años neoliberales: modelos agroexportador y de sustitución de importaciones. 

Los gobiernos de Nestor Kirchner y Cristina Fernandez profundizan un modelo de desarrollo nacional que se nutre de ambos modelos ( por las ventajas comparativas de los commodities y por la necesidad de recomponer la producción industrial) y que a su vez intenta agregar, progresivamente a sectores medios y populares vía recomposición salarial dentro del ingreso nacional. 

El kirchnerismo sabe y acierta al postular la necesidad de promover a la industria como sector productivo dominante, porque esto produce valor agregado y genera empleo genuino, impactando positivamente sobre el entramado social. Pero también hay problemas a mí entender importantes que hay que debatir ( problemas que nada tienen que ver con lo que intentan imponer las agendas mediáticas). 

¿ A qué llama el kirchnerismo burguesía nacional? Es notorio que el Gobierno viene promoviendo condiciones ventajosas para el sector privado industrial local, ofreciendo altos márgenes de rentabilidad a cambio de un aumento constante de la producción. De algún modo, el kirchnerismo alienta la conformación de una burguesía nacional, como históricamente propuso el primer peronismo. El problema es que aquello que el Gobierno intenta estructurar como burguesía nacional, debe ser realmente burguesía y nacional, empresarios con compromiso con nuestro pais, empresariado necesario para fortalecer un proyecto nacional y popular, con voluntad de participar en un pacto social que asegure un desarrollo horizontal y sustentable para todos los argentinos.