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viernes, 4 de septiembre de 2015

Un resabio de las simpatías germanófilas de Perón

En 1945, la normalización de las relaciones con Estados Unidos exigía que el gobierno argentino cumpliera con las resoluciones de la Conferencia de Chapultepec. Según el embajador Braden, esto implicaba que todas las empresas alemanas y japonesas fueran colocadas bajo severo control hasta que la propiedad pudiera ser transferida a manos argentinas y todos los miembros del Eje fueran eliminados de las mismas. Asimismo debían incluirse estos individuos en la Lista Pública y completar la investigación y el censo “Refugio”. Lo que estaba en juego eran entre 300 y 400 empresas de distintas dimensiones. Los ingleses calcularon en 1945 que los bienes de capital alemanes susceptibles de ser confiscados rondaban los 100 millones de dólares. (1) 
    Luego de la declaración de guerra argentina a Japón y Alemania, el 27 de marzo de 1945, un decreto del presidente Farrell de la misma fecha retiró la personería jurídica a las empresas alemanas y japonesas domiciliadas en la Argentina, embargó sus títulos de propiedad, bienes y valores y las puso bajo control de un consejo administrativo -establecido ya en 1944 en el ámbito de la Secretaría de Industria y Comercio. Poco más tarde, el gobierno congeló los valores de los funcionarios de las empresas afectadas por la medida anterior y confiscó la propiedad argentina que perteneciera a los estados alemán y japonés. En mayo de 1945, una Junta de Vigilancia y Disposición Final de la Propiedad Enemiga autónoma sustituyó al consejo administrativo, y finalmente en agosto la responsabilidad fue trasladada al Ministerio de Relaciones Exteriores. Seis compañías de seguros y los dos bancos alemanes fueron liquidados rápidamente, pero en el resto de los casos la tarea resultó complicada y lenta. Hacia principios de 1946, se habían liquidado 2 firmas del Eje, tomado posesión de 76, e “intervenido” 73. Continuaban bajo investigación 229 firmas y se tenían bajo control las cuentas y valores de 802 personas. (2)
    Los diplomáticos norteamericanos expresaron su disconformidad con el curso de las investigaciones. La lentitud con que se procedía permitía a muchas firmas su vaciamiento antes de la liquidación por el gobierno argentino. Asimismo los norteamericanos se quejaron de que las empresas pertenecientes a alemanes prominentes como Ludwig Freude, Richard Staudt, Fritz Mandl, Thilo Martens y Karl Schmits parecían intocables. El presidente Perón y su ministro Miguel Miranda dieron su aprobación para la liquidación de las firmas, pero insistieron en que era inaceptable la desaparición de empresas que no pudieran ser reemplazadas; en cuyo caso debía llegarse a un acuerdo para “argentinizarlas”. No obstante, las exigencias fueron disminuyendo poco a poco. En julio de 1946, la Lista Pública fue levantada, la investigación del Regugio fue cerrada sin novedades importantes, y la nacionalización de ciertas firmas alemanas que el Congreso debía decidir en septiembre fue postergada. Perón llegó a un acuerdo de cuatro puntos con el embajador Messersmith, por el cual el gobierno argentino cumpliría con sus compromisos de las conferencias de Chapultepec y San Francisco. El embajador consideraba que dos de dichos puntos ya habían sido cumplidos. En noviembre de 1946, la comisión comunicó que hasta ese momento habían sido liquidadas 2 compañías, tomado 70 e “intervenido” 71. Se consideraba liquidar 16 más, argentinizar 7 y convertir 5 en empresas mixtas público privadas. Las investigaciones continuaban sobre otras 195. En enero de 1947 se informó que el gobierno adquiriría 60 de las compañías por un valor de 100 millones de pesos. Sin embargo, algunas de las complicaciones legales derivadas de estos traspasos todavía no se habían resuelto en la década del sesenta. (3) 
    La deportación de los agentes nazis exigidos al gobierno argentino por el gobierno norteamericano fue igualmente problemática y puso de manifiesto la misma renuencia de las autoridades argentinas a llevarla a cabo que en el caso de la propiedad enemiga. Hacia junio de 1946 habían sido expulsadas 38 personas y los posibles deportados habían disminuido de 900 a 227. El embajador Messersmith señaló a Perón que cualquier gesto que indicara que la política filogermana estaba siendo dejada de lado por el gobierno argentino tendría un efecto muy positivo sobre la opinión pública norteamericana. El 21 de diciembre, 13 supuestos agentes -considerados menores por las autoridades de control aliadas- fueron deportados a bordo del transporte naval Pampa. En mayo  de 1947, entre 8 latinoamericanos deportados a Alemania se hallaban Hans Harnisch y Wolf Franczok, dos de los agentes nazis más conspicuos que trabajaron en la Argentina. Esta fue la última expulsión de importancia y precedió al anuncio del presidente Truman de que las relaciones con la Argentina se habían normalizado. Por cierto, los funcionarios aliados de la Alemania ocupada estuvieron muy poco conformes con la actitud argentina de enviar “llenadores de cuota”, cuya participación en las actividades de espionaje habían sido casi nulas. (4)
    La suerte de los espías nazis que actuaron en la Argentina fue diversa. Wolf Franczok se dio cuenta pronto que él y sus camaradas fueron sacrificados ante las maquinaciones de Perón. Detenido en Alemania, describió con detalles sus casi dos años de cárcel en la Argentina. Señaló también como Werner Könnecke, luego de pactar con Coordinación Federal, había tratado de convencer a sus ex cómplices de hacer de Hans Harnisch el chivo emisario del caso Hellmuth y de borrar de sus confesiones todo rastro de las relaciones entre la red Bolívar y Perón, Brinckmann, González y Aumann, además del paraguayo Stagni y el boliviano Paz Estenssoro. Como contrapartida a su cooperación se le prometió a los prisioneros que los intereses alemanes en la Argentina serían respetados, que los detenidos serían bien tratados y que los inocentes serían rápidamente liberados, promesas que sólo fueron cumplidas en algunos casos. (5) 
    Si bien los tribunales resolvieron, a comienzos de 1946, que el presidente tenía facultades en virtud de la ley de Residencia para expulsar del país a los extranjeros indeseables, en mayo la Corte Suprema sostuvo dicho dictamen, pero afirmó que a las personas afectadas les asistía el derecho de conocer el motivo de la acusación en su contra. De esta manera, entre mayo y agosto de 1946, la mayor parte de los integrantes de la red Bolívar fueron liberados con solicitudes de hábeas corpus, manteniéndose en libertad hasta que el presidente Perón expidió el decreto Nº 18.480/946 del 15 de noviembre, ordenando nuevamente la detención y deportación de ellos. La presión desapareció luego por unos meses hasta que sobrevino la solución final acordada por Perón y Messersmith, que dispuso la deportación de algunos más. En estas circunstancias y cansado de escapar, Franczok se entregó.  Con todo hubo algunos que parecieron gozar de inmunidad ante la deportación. Estos fueron los casos de Seidlitz, Mandl, un misterioso experto bancario llamado Heinrich Dörge, Thilo Martens, Staudt, Freude y Becker. Los tres últimos eran buscados especialmente por los norteamericanos. (6)
    Cuando el gobierno argentino intervino las compañías de Staudt, el magnate afirmó que sus capitales eran exclusivamente argentinos, y su influencia, sobre todo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, le permitió retirar la mayor parte de sus inversiones. Además mantuvo su inmunidad a pesar de las exigencias norteamericanas de que fuera deportado, siendo probable que, al igual que Mandl, hubiera colaborado con un millón de pesos para la campaña electoral de Perón. El caso de Ludwig Freude fue similar. Existían sospechas de que fuera un testaferro de inversores alemanes, dada la rapidez con que había logrado el control de la Compañía General de Construcciones; había sido visitante asiduo de la embajada alemana y había recibido los fondos de ésta antes que sus funcionarios fueran repatriados en 1944; y era ciudadano alemán, con pasaporte alemán recibido en noviembre de 1937. Sin embargo, luego del caso Hellmuth, Freude había logrado gran influencia sobre Perón, quien lo visitaba en su casa de Belgrano. La Junta de Vigilancia no logró hallar evidencia de la procedencia alemana del capital de Freude, ni de dinero recibido de la embajada aparte del destinado a obras de caridad. Por otra parte, Perón dispuso que una antigua solicitud de naturalización de Freude -que databa de 1935- fuera encontrada en una pequeña ciudad de Mendoza y aceptada como válida por la justicia de esa provincia (Freude había olvidado completar las formalidades y prestar el juramento de práctica). Ante un pedido de Braden, en septiembre de 1945, de que se emprendiera alguna acción contra Freude, el ministro de Relaciones Exteriores Cooke respondió que aquél estaba muy bien conectado con la administración Farrell y que no podía ser tocado. Poco después Cooke dijo a los británicos que la deportación de Freude en el Higlland Monarchestaba arreglada en febrero de 1946, pero que a último momento la orden había sido cancelada. Por otra parte, su hijo Rodolfo acompañó a Perón en la campaña electoral en febrero de 1946. Luego Perón creó una repartición ultrasecreta, la División Informaciones, nombrando a Rodolfo Freude jefe de la misma. El nuevo organismo se ocupaba del control de todo lo referente a los ex espías nazis con la colaboración de Jorge Osinde, el capitán Abel Rodríguez, jefe de Coordinación Federal, y Eduardo Bravo Casares. Allí se realizaba la selección de los “llenadores de cuota” para la deportación, y disponían los permisos de entrada y las “rehabilitaciones” para los que regresaban. (7) 
    Por su parte, Siegfried Becker fue arrestado por Coordinación Federal en abril de 1945. Sus primeras declaraciones respecto de sus conexiones políticas fueron imprudentes e implicaron a Perón, por lo cual su testimonio debió ser tomado nuevamente y reducido de 300 a unos 110 folios. Esta declaración fue entregada por el Ministerio de Relaciones Exteriores a Estados Unidos a principios de octubre, cuidadosamente expurgada de los pasajes que hacían revelaciones inconvenientes sobre el caso Hellmuth. Becker obtuvo su libertad por hábeas corpus luego de la asunción de Perón, y poco se sabe de su vida posterior. Un informe norteamericano lo ubicaba a principios de 1947 en Santiago del Estero bajo la protección del coronel Aristóbulo Mittelbach, lo cual debía contar necesariamente con el aval del presidente. Se especula que podría haber sido reclutado en esa época para el “Programa Deserción” del Departamento de Estado entre los ex ciudadanos del Eje. (8)
    
Por cierto, el mayor Oscar Contal, el jefe de Coordinación Federal que había realizado las detenciones de los espías alemanes, fue expulsado de su cargo por oponerse a la liberación del yerno de Ludwig Freude, Werner Köennecke. Antes de dejar su puesto, Contal, envió el 2º Sumario con todas las declaraciones y la lista de los 60 detenidos al juez Horacio Fox, quien debía hacerse cargo del caso. No obstante las pruebas materiales de la investigación no llegaron al juez. Los textos de telegramas, códigos y diagramas fueron conservados por el Ministerio del Interior, y los equipos técnicos pasaron a poder de los servicios de inteligencia argentinos. La intención era evitar que esta evidencia pudiera ser utilizada en contra de Perón en caso de que algún gobierno opositor llegara al poder. (9) 

    Por otra parte, a fines de octubre de 1945 regresaba a la Argentina Osmar Hellmuth, el enviado del gobierno argentino para adquirir armamento en Alemania, y que fuera detenido por los británicos camino a su misión dos años antes. Hellmuth fue entregado a las autoridades argentinas, pero no quedó incomunicado debido al tiempo transcurrido desde la fecha en que se habrían cometido los actos delictuosos que se le imputaban. De inmediato fue conducido por dos oficiales de Coordinación Federal a una entrevista con Ludwig Freude. Dos días después fue recibido por Perón, quien aparentemente le hizo promesas que no cumplió. En el proceso judicial que se le siguió, declararon en su favor el coronel González, el general Gilbert y el almirante Sueyro, quienes negaron que la Argentina hubiera intentado obtener armamento de Alemania, aunque reconocieron haberlo enviado a ese país. Gilbert señaló los “fines altamente patrióticos” de su misión, y González confirmó la participación de Perón en los acontecimientos. Debido a estos testimonios, el 23 de febrero de 1946, Hellmuth era liberado, siendo sobreseído definitivamente de los cargos en su contra el 30 de diciembre de 1947. En la misma época que Hellmuth, también había vuelto a la Argentina otro espía germano-argentino, Ernst Hoppe, quien había tenido la frustrada misión de recibir aquel submarino nazi que debía arribar a la Argentina a principios de 1944. El encargado de negocios norteamericano no comprendía la decisión británica de devolver estos espías justamente en momentos en que el gobierno norteamericano trataba de que la Argentina deportara los ex espías que aún permanecían en este país. (10)
   
 En febrero de 1946, la jefatura de Coordinación Federal fue asumida por el capitán Abel Rodríguez, hombre de confianza del presidente Perón y de su esposa, y que estaba bajo la influencia de los Freude, padre e hijo. Rodríguez, con la colaboración de Freude y Koennecke, puso especial empeño en la destrucción de las declaraciones de los espías, principalmente las que comprometían al grupo. Personas que habían tenido vinculación con el Grupo Azul, con el que estaba relacionado Freude, fueron liberadas o sus declaraciones destruidas. Finalmente, el 6 de septiembre de 1946 Perón firmaba un decreto “desnazificando” a su amigo alemán Ludwig Freude y éste nunca más volvería a ser molestado. (11) 
    Como se dijo, pocos días después de la asunción de Perón a la presidencia el 4 de junio de 1946, se produjo la liberación de Becker, Franczok, Harnisch y Schröll. No obstante, la embajada de Estados Unidos continuó presionando para que los ex espías alemanes fueran deportados, a cuyo fin aportaba listas con direcciones y datos a la Oficina de Enlace del Ministerio de Relaciones Exteriores para ser giradas a Coordinación Federal. El funcionario que las recibía notó que Coordinación siempre llegaba cuando los espías ya habían huido. Ante las presiones, Perón se vio obligado a firmar el decreto 14840 del 15 de noviembre de 1946, ordenando la detención y expulsión de 52 agentes del Eje. Algunos de éstos recibieron un duro trato, otros -como Becker y Schröll- en cambio fueron alertados. La División Informaciones ordenó el arresto de Harnisch -cuya enemistad con Ludwig Freude era manifiesta- a principios de febrero de 1947. En su último testimonio, Harnisch involucró a Perón y a los Freude, y amenazó con decir toda la verdad si era deportado. Finalmente partió rumbo a Alemania en mayo de 1947. Jamás lo interrogaron sobre Becker y, a pesar de que algunos policías intentaron aclarar su situación, la influencia de Freude sobre Perón lo hizo imposible. En el mismo barco viajaron Franczok y Schröll y otros cinco “llenadores de cuota”. Otros, como Harmeyer y Amorín habían sido deportados el año anterior. De los interrogatorios y los informes de todos ellos surgiría la evidencia de las relaciones entre el régimen militar del GOU y el SD de Himmler. (12) 
    De los 80 integrantes de la red nazi que tuvieron causas judiciales o los afectaron decretos de expulsión después de la guerra, sólo 7 fueron condenados, todos ellos agentes menores por actos cometidos durante el gobierno de Castillo. Otros 10 fueron deportados o dejaron el país sin sentencia judicial. Un total de 63 fueron sobreseídos entre 1947 y 1948. (13)
    Por otra parte, cuando la Francia ocupada por los alemanes fue recuperada, a mediados de 1944, muchos alemanes y franceses colaboracionistas se dirigieron a España a través de los Pirineos, donde existía una importante comunidad alemana. Sin embargo, la situación de éstos dejaría de ser cómoda a partir del 2 de mayo de 1944, cuando el gobierno de Franco dio por terminada su colaboración con el Eje, alcanzando una serie de acuerdos con Londres y Washington. Los refugiados debieron entonces buscar otros países hacia donde dirigirse. Hacia el final de la contienda, la red coordinada por Charles L’Escat (en su pasaporte argentino figuraría como Carlos Hipólito Lesca Saralegui) guió hasta Sudamérica a muchos que buscaban refugio ante el inminente desenlace. Sin embargo, esta posibilidad quedó cerrada en los primeros meses de la posguerra. L’Escat llegó al puerto de Montevideo en un buque español el 3 de octubre de 1946. En enero de 1947, luego de que el gobierno uruguayo respondiera favorablemente a la extradición solicitada por el gobierno francés, L’Escat se estableció en la Argentina. El pedido de extradición recibido posteriormente por el gobierno argentino fue archivado por Perón. (14) 
    La colaboración argentina en la huida de los nazis se había iniciado prudentemente en 1944.En agosto de ese año los norteamericanos tenían evidencia de que el consulado argentino en Lisboa entregaba pasaportes argentinos con el nombre real de los fugitivos. Otro informe de octubre de 1945 señalaba el comercio desempeñado por el cónsul general argentino en Barcelona, Miguel A. Molina, quien vendía pasaportes a agentes alemanes. Molina estaba vinculado con el español Samuel Sequerra, director de la Organización de Ayuda Conjunta para España y Portugal. Los barcos de la línea Dodero cubrían la ruta Génova-Buenos Aires, haciendo escala en Barcelona. Esta conexión en Barcelona constituyó una de las principales rutas de escape europeas hasta 1949. (15) 
    En la Argentina, el jefe de la Secretaría de la Presidencia de Perón, José Figuerola, un ex colaborador del dictador José Antonio Primo de Rivera en España que se había nacionalizado argentino, facilitaba las cosas, pues tenía las conexiones necesarias para que las personas que huían de España pudieran hacerlo a través de la compañía Iberia. Figuerola había estado en la mira de la Comisión Especial de Investigación de Actividades Antiargentinas por sus reuniones con el espía del SD y jefe de prensa de la embajada alemana Gottfried Sandstede. (16)
    Otra vía de escape fueron las “ratlines” o Vía Vaticana -que utilizaba los monasterios establecidos en Zagreb, Lijubljana, Trieste, Venecia, Roma y Grumo-, y cuyo principal organizador fue el padre Krunoslav Draganovic, secretario del Instituto Croata de San Girolano. Por esta vía llegaron a la Argentina criminales de guerra y ex colaboracionistas con los regímenes de las potencias del Eje. El contacto de Draganovic en la Argentina para este tipo de operaciones fue Branko Benzon, ex ministro del Estado Libre de Croacia y embajador de Croacia ante el Tercer Reich. Entre 1946 y 1949 Benzon fue “asesor para la inmigración yugoslava y croata”, formando parte del cuerpo de “asesores confidenciales” del director de la Dirección General de Migraciones, Pablo Diana. Su función era “encausar la corriente inmigratoria Centro Europea con el consentimiento del Señor Presidente de la Nación”, según fue señalado en el informe secreto elaborado por Coordinación Federal en 1948. (17) 
    En Europa era un problema urgente resolver la situación de miles de bálticos, polacos, ucranianos, servios, croatas y otros, muchos con un pasado colaboracionista y que eran reclamados por la Unión Soviética o sus nuevos estados satélites. La cuestión era relevante en Italia, donde el gobierno exigía el traslado de gran cantidad de europeos orientales de los campos provisorios, y a los cuales los británicos y los norteamericanos no deseaban devolver a sus lugares de origen -dado el comienzo de la Guerra Fría- pero tampoco les encontraban destino. (18) 
    Ján Durkanski, ex ministro de Eslovaquia, fue uno de los criminales de guerra que ingresó a la Argentina a través de la vía dirigida por Draganovic y gracias a la intervención de Benzon. Los contactos entre Draganovic y Ante Pavelic permiten inferir que éste y sus ocho colaboradores llegados a la Argentina en 1947 pudieron haber seguido el mismo camino. La resolución administrativa (1949), por la que se autorizó a Erich Priebke a obtener nueva documentación con su nombre real, consigna los mecanismos que según el solicitante había empleado para entrar al país. Como muchos otros que llegaron a la Argentina a través de las “ratlines”, Priebke tuvo el apoyo de las asociaciones católicas de Roma, por cuyo intermedio consiguió que las autoridades argentinas visaran el pasaporte que le había otorgado la Cruz Roja Internacional. (19)
    Draganovic también puso su organización a disposición de los nazis que Estados Unidos deseaba enviar a Sudamérica. De esta manera, se hizo cargo del “carnicero de Lyons”, el oficial SS Klaus Barbie, quien le fue entregado por oficiales de inteligencia norteamericanos en la estación de trenes de Génova. Draganovic acompañó a Barbie al consulado argentino, donde obtuvo una visa que le permitió obtener documentos de la Cruz Roja con apellido falso para él y su familia. Barbie y otros nazis se embarcaron en Génova, en marzo de 1951, con destino a Buenos Aires para luego trasladarse a Bolivia. Draganovic también colaboró con el gobierno argentino para posibilitar la llegada a la Argentina de los técnicos que el diseñador alemán Kurt Tank necesitaba para la fábrica de aviones en Córdoba. Estos recibieron pasaportes de la Cruz Roja como croatas y fueron recibidos en el convento de monjas Centocelle hasta que tomaron un avión de la Flota Aero Mercante Argentina con destino a Buenos Aires. En este grupo llegó escondido el criminal de guerra Gerhard Bohne, encargado del programa de eutanasia del Reich. (20) 
    En diciembre de 1946, Perón colocaba a un hombre de la Iglesia al frente de la flamante Delegación Argentina de Inmigración en Europa, cuya sede central se estableció en Roma. El presbítero José Clemente Silva, hermano de un amigo de Perón, partió para Italia con la misión de organizar el traslado a la Argentina de varios millones de europeos que fueran útiles para los planes de industrialización argentinos. El sacerdote debía encargarse también del traslado de personas destacadas que no tuvieran documentación. La Delegación comunicó formalmente a Gran Bretaña y Estados Unidos su deseo de reclutar científicos y técnicos alemanes, pero el proyecto no fue ampliamente difundido. Las operaciones más importantes de la Delegación se llevaron a cabo en Italia, donde luego de arduas negociaciones se firmó un acuerdo para establecer las condiciones de reclutamiento el 21 de febrero de 1947. Consecuentemente, el ex espía del Abwehr (Servicio de espionaje militar del Reich) Reinhard Kopps -conocido luego en Bariloche como Juan Maler- inició su colaboración con el obispo austríaco Alois Hudal, rector de la iglesia alemana Santa María dell’Anima en Roma, a fin de enviar grupos de nazis hacia la Argentina. Kopps recibía las solicitudes y hacía los arreglos con el consulado argentino en Génova. Los permisos de ingreso eran otorgados por la Dirección de Migraciones en Buenos Aires, los pasaportes por la Cruz Roja y el transporte lo hacía la empresa Dodero. Miles de inmigrantes llegaron a la Argentina por esta vía, pero pocos fueron trabajadores o técnicos especializados; la mayoría estuvo constituida por intelectuales o capitalistas con antecedentes de colaboracionistas, entre los cuales figuraron Vittorio Mussolini, hijo del Duce, y dirigentes partidarios como Carlo Scorza y Ettore Mutti. (21)
    Otra vía de salida de Europa fue a través de la frontera germano-danesa. Muchos nazis se internaban en Dinamarca con el auxilio de una unidad de la Wehrmacht que el gobierno danés había autorizado a permanecer en el país para el levantamiento de minas. Esta vía fue utilizada por Carlos Fuldner -adscripto a la División de Informaciones de la Presidencia- para hacer llegar a la Argentina a las personas que reunía en sus misiones oficiales a Europa realizadas entre 1947 y 1949. Estas revestían carácter reservado, debido a “poderosas razones de estado” y a las “dificultades de conciencia -que podrían comportar- para algunos funcionarios ante los cuales le era prohibido entrar en detalles o hablar abiertamente”, sobre las actuaciones de esas personas durante los regímenes fascistas. Para disponer de una persona jurídica que solicitara el libre ingreso de “personas que interesaban a la República” y al mismo tiempo eludir la responsabilidad que podía recaer en los encargados de esas misiones, se estableció la agencia de viajes Vianord. (22) 
    Un grupo de empresarios germano-argentinos dirigidos por el fuerte industrial Friedrich Schlottmann, del grupo textil Sedalama, se encargó del rescate de los alemanes refugiados en los países escandinavos. La operación fue encargada a Carlos Schultz. Para respaldar el proyecto se creó en Buenos Aires un Comité Báltico encabezado por Federico Müller-Ludwig, director del diario Freie Presse. Schultz consiguió la aprobación del proyecto por el director de Migraciones, Santiago Peralta, quien le entregó cartas de presentación para los cónsules argentinos en Europa y dio garantías para el ingreso de por lo menos mil personas. En 1947, Schultz lograba que los gobiernos sueco y noruego conmutaran penas a colaboracionistas que estaban interesados en viajar a la Argentina. Las listas de candidatos enviadas por Schultz a Peralta fueron siempre autorizadas sin excepción. Los consulados argentinos otorgaban los pasaportes de la Cruz Roja a las presentaciones de Schultz sin realizar ninguna verificación. Schultz se aseguraba de que no hubiera comunistas entre los propuestos para no perder el apoyo de Peralta. Consiguió de esta manera el ingreso a la Argentina de unos mil alemanes. Pero en noviembre de 1947 Schultz fue arrestado por las autoridades suecas y sometido a juicio junto a una banda de falsificadores de pasaportes. La detención causó un grave problema al embajador, capitán Héctor Russo, quien envió urgentes cables al ministro Bramuglia, señalando que esas operaciones únicamente lograban fortalecer la opinión internacional de que la Argentina era un país declaradamente nazi. El embajador sin embargo no recibió ninguna respuesta. Finalmente, la justicia sueca ordenó a Schultz salir del país. (23)
    Una misión semejante a la de Shultz, pero en este caso de carácter oficial, fue encomendada a Carlos Piñeyro, quien había sido cónsul en Danzig, Beirut y Suecia, hasta su arribo al consulado argentino en Copenhagen, en mayo de 1945. Dos años más tarde fue llamado a Buenos Aires, donde fue adscripto a la División Informaciones entre junio y agosto de 1947. En esta fecha fue enviado nuevamente a Copenhagen como agente reservado. Aquí se conectó con la unidad alemana que se encontraba realizando la tarea del desminado en la frontera con Alemania, a fin de poder ingresar ilegalmente a Dinamarca a los científicos y técnicos nazis reunidos por los enviados de Perón en Europa. El propio jefe de la unidad Toepke acompañó a varios a Copenhagen, entre ellos al diseñador de aviones, Kurt Tank, quien traía el diseño del “Pulqui”, que Perón haría fabricar en Córdoba. Piñeyro entregaba a estas personas pasaportes argentinos con nombres falsos, los cuales les permitían tomar un vuelo a Buenos Aires. Pero la División de Informaciones vio su ruta danesa cerrada en noviembre de 1947, cuando el “argentino” Ernesto Foucard fue detenido tratando de tomar un avión con destino a Ginebra y conexión posterior a Buenos Aires. El individuo resultó ser el profesor alemán Karl Gustav Friedrich Thalau. Poco después, Toepke también era arrestado cuando atravesaba la frontera con otro experto en aviación alemán, Paul Friedrich Klages. El embajador argentino en Dinamarca, Riéffolo Bessone, fue citado por el gobierno danés, el cual exigió el cese de las mencionadas operaciones. Inmediatamente, Piñeyro y su colaborador Mouret fueron retirados, y el embajador Bessone trasladado a Irlanda un poco más tarde. (24) 
    Todas estas redes llegaban a la División de Informaciones de la Presidencia de la Nación, dirigida por Rodolfo Freude. Bajo las directivas del presidente Perón, esta repartición se dedicaba a rescatar ex colaboradores del Tercer Reich que se consideraran útiles al país. Freude actuaba en coordinación con Pablo Diana, un ex empleado de la vicepresidencia de Perón durante el gobierno militar, designado jefe de la Dirección de Migraciones en junio de 1947. Perón le había hecho saber en el momento de su nombramiento que la política inmigratoria la dirigía personalmente el presidente. Para desempeñar su tarea, Diana disponía de una serie de asesores, con quienes se reunía en presencia del presidente. Entre otros, figuraban Eugenio Monti de Valsassini, el “conde de Monti”, Branko Benzon, Pierre Daye, George Degay y Carlos Fuldner, Víctor de la Serna, García Santillán y Smolinski, el ex presidente del Banco Central Orlando Maroglio y el secretario de Aeronáutica, brigadier Bartolomé de la Colina. (25)
    La por mucho tiempo supuesta existencia de un grupo dedicado a rescatar refugiados europeos dentro de la División Informaciones quedó confirmada con el descubrimiento en el Archivo General de la Nación de un abultado sumario del año 1949, producto de la investigación de las irregularidades cometidas en la Dirección de Migraciones durante la gestión de Diana. Dirigido a constatar la entrada al país de “indeseables” judíos y comunistas, el sumario se encontró con la existencia de órdenes para el ingreso de otro grupo de “indeseables”. Toda la plana mayor de Migraciones, incluidos Diana y Fuldner, fue interrogada por los sumariantes Angel S. Taboada y Román Sosa Liprandi. Todos los declarantes señalaron a Freude y Perón como sus superiores. (26) 
    El criterio de la Dirección de Migraciones era no permitir el ingreso al país a comunistas ni judíos. En el caso de los últimos, su ingreso estaba vedado especialmente por los directores de la repartición que eran antisemitas -Santiago Peralta hasta junio de 1947 y luego Diana-. Las solicitudes de israelitas debían ser negadas desde un principio. Las instrucciones de Diana a los asesores eran claras: en cuanto propusieran a un judío, la vinculación con la Dirección se terminaba. Para el trabajo interno se manejaban además algunos códigos. En el caso de que los legajos tuvieran una F en lápiz rojo -que significaba Fuldner-, Diana sabía que debía conceder la radicación incluso si eran personas entradas clandestinamente al país, porque aquél era un agente reservado del presidente. Si el expediente contenía la palabra Banco en el extremo superior izquierdo, esto significaba que el Banco Central había intervenido en el trámite y que podía dársele curso. Finalmente la palabra “Presid” identificaba a un numeroso grupo de legajos que recibían tratamiento especial por haber sido iniciados por el propio Perón. Por otra parte, cuando la cantidad de pedidos de ingreso a favor de sus camaradas firmados por Fuldner excedió las posibilidades de Migraciones, Fulner acordó con Diana que aquéllos se presentaran por intermedio de la agencia de viajes Vianord. (27) 
    Es interesante destacar que luego de ser interrogados por los norteamericanos en Alemania, los ex espías nazis eran mantenidos por un cierto tiempo en campos de detención y luego liberados. La Europa de posguerra no les ofrecía posibilidades de trabajo, por lo cual aquéllos procedentes de la Argentina decidieron en la mayoría de los casos volver a este país. Recibieron para hacerlo documentación de “Libre desembarco” de Migraciones, pero debían entrar bajo la categoría “Doc Def”, porque las órdenes de expulsión en su contra seguían vigentes. Hacia 1950, muchos de ellos habían encontrado ocupación en áreas del gobierno o en las fuerzas armadas. No obstante, su situación legal permanecía sin aclararse. Su presencia en el país no podía admitirse porque ello contrariaba los compromisos derivados del Acta de Chapultepec. Perón apeló entonces a una solución intermedia: la firma de una serie de “indultos” secretos. Comenzó con dos decretos personales en julio de 1950, en favor del ex espía Hans Leuters y de un ex jefe del partido Nazi argentino, Enrique Volberg.
   
 Para conocer la situación de todos los involucrados, en 1951 el mayor Osinde, jefe de Coordinación Federal, ordenó el rastreo de todos los antiguos espías que figuraban en los decretos de expulsión, tomándoles luego declaración para conocer su situación laboral, su grado de integración en la sociedad argentina y sus creencias religiosas. Todos superaron la prueba ampliamente, apareciendo muchos de ellos relativamente prósperos. Poco después, en febrero de 1952, considerando que ya no existían los motivos de orden internacional que habían provocado las medidas en su contra, el presidente Perón y el ministro del Interior, Angel Borlenghi, firmaron el decreto 3625, indultando a 24 ex miembros de las organizaciones nazis. Otros seis germanos recibieron la gracia al año siguiente. No obstante, las gestiones de la embajada de Alemania en Buenos Aires y por alguna razón especial, Perón no favoreció a Harmeyer y a Franczok. Estos tuvieron que esperar hasta la llegada de la Revolución Libertadora, para que el general Aramburu firmara sus indultos. (28) 
    Por cierto, el comienzo de la Guerra Fría modificó la relación de los países, incluso de los que habían formado parte de los Aliados, con muchas personas que habían pertenecido a los regímenes nazi-fascistas. El interés de algunos gobiernos en el desarrollo científico y técnico de la Alemania nazi, con el propósito de aplicarlo a sus propios proyectos industriales o estratégicos provocó las operaciones de reclutamiento de “cerebros”. En Estados Unidos se organizó la operación Paperclip y en la Unión Soviética la Osavakim. Incluso Estados Unidos valoró en alto grado los “capitales ideológicos”, es decir los compuestos por los anticomunistas de la Unión Soviética y de las naciones del Este europeo. Actualmente se sabe que no todas las “ratlines” conducían a Sudamérica, también muchas lo hacían a diversos puntos de Estados Unidos. De la misma manera, la Argentina, Brasil y otros estados sudamericanos buscaron atraer ese “capital humano”. (29)
   
 A fines de agosto de 1946, el Congreso argentino ratificaba el Acta de Chapultepec, lo cual implicaba que el país no podría permitir el ingreso de responsables de crímenes de guerra. Sin embargo, Perón se atendría a su propia política para el asilo de refugiados de guerra, promulgada el año anterior, que establecía que no tendrían refugio en territorio argentino aquellos acusados de crímenes de guerra, ni se admitirían el capital o los bienes de tales personas. La definición de “criminal de guerra” y los procedimientos para llevarlo ante la justicia seguirían las normas de la Comisión Interamericano de Justicia. Por cierto, el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino mantuvo durante esos años relaciones formales con las autoridades aliadas de ocupación en Alemania en cuanto a las solicitudes de alemanes que deseaban emigrar. (30) No obstante, como se ha visto, esto no impidió toda una intensa actividad de enviados reservados del gobierno argentino, que cooptaron y trajeron al país gran cantidad de colaboracionistas e incluso criminales de guerra, y que las solicitudes de extradición de los últimos fueran completamente ignoradas. (31) 
    Más aún, el Ejecutivo otorgó una amnistía por el decreto Nº 15.972, que alcanzó a todos los que habían ingresado al país ilegalmente. Este indulto de carácter general fue seguido de una serie de resoluciones que habrían beneficiado a aquéllos que debían ocultar su verdadera identidad. Así, por ejemplo, con el fin de otorgar inmunidad a los asilados políticos, cuya extradición podía ser solicitada en virtud de tratados internacionales firmados por la Argentina, se dictó el decreto Nº 19.935 del 22 de agosto de 1949, confiriéndoles el status de “asilados residentes”, lo cual los autorizaba a obtener una tarjeta de libre circulación. Por otro lado, el artículo 35 de la Constitución de 1949 permitía a las personas que hubieran regularizado su situación obtener la carta de ciudadanía. Como la impunidad era evidente, muchos incluso decidieron solicitar nueva documentación con sus nombres reales. (32) 
  • NOTAS
  1. Embajada de Estados Unidos 1275, Buenos Aires, 17 de junio de 1945, 862.20235/fecha; Embajada británica a FO, Buenos Aires, 29 de agosto de 1945, con extractos del memo a MEW, 24 de junio de 1940, /44733, cit. en Ronald C. Newton, El cuarto lado del triángulo. La “amenaza nazi” en la Argentina (1931-1947), Buenos Aires, Sudamericana, 1995, pp. 435-436.
  2. Ibid., pp. 436-437.
  3. Embajada de Estados Unidos 2000, Buenos Aires, 9 de febrero de 1946, adjuntando tercer informe SAFEHAVEN, ABB, caja 3, archivo 36; memo de conversación Perón/Faltisek, 10 de diciembre de 1945, 835.00/fecha; memos anónimos, 10 y 30 de septiembre de 1946, memos RPA, caja 20; La República Argentina ante el Libro Azul, 205ss, las tablas de las versiones inglesa y castellana no concuerdan; Embajada británica 58 a Depto. de Guerra Económica, FO, Buenos Aires, 8 de noviembre de 1946, /51818; New York Times, 25 de enero de 1947, cit. en ibid., p. 437.
  4. Comunicado de prensa presidencial, fines de mayo de 1947, en /61123; Embajada británica 156/47, Buenos Aires, 14 de noviembre de 1947, /61123, cit. en ibid., pp. 437-438. Se dice que Perón estaba enojado con el jefe de la Policía Federal, coronel Filomeno Velasco, que había permitido huir a 39 de los destinados al Pampa. Un año antes, en diciembre de 1945, un oficial de Coordinación Federal llamado Rodríguez se había convertido en el chivo expiatorio por el fracaso en detener aunque fuera a uno de un grupo de potenciales deportados a bordo del Red JacketIbid., p. 454, n. 42.
  5. Ibid., p. 438.
  6. Interrogatorio de Franczok (3), apéndices 4 y 5; L. Rout y J. Bratzel, The Shadow War: German Espionage and United States Counterespionage in Latin America during World War Two, Frederick, Md., University Presses of America, 1986, pp. 419-430; Martin a Mann, memos ARA sobre la Argentina, caja 20; memo agregado legal, embajada de Estados Unidos, Buenos Aires, 1º de enero de 1946, RG 84, BAPR 1946, caja 84, archivo 820.02; memo, Clark a Tewksbury, ibid., 14 de enero de 1946,ibid.; OMGUS 612, Berlín, 26 de febrero de 1946, RG 59, ABB, caja 3, archivo 36; embajada británica 58, 6 de noviembre de 1946, /51818, cit. en R. C. Newton, op. cit., p. 438-439.  Los nombres de Seidlitz y Becker aparecieron en el decreto de deportación del 15 de noviembre de 1946. Dörge trabajaba para el Deutsche Industrienbankcomo especialista en organizar bancos de crédito industrial. Fue consejero del Banco Central y del Ministerio de Hacienda. En 1945 se informó que formaba parte del “trust de cerebros” de Perón. Ibid., p. 454, n. 47 y 48.
  7. Embajada británica, “Heads of Foreign Missions Report for 1937”, Buenos Aires, 2 de marzo de 1938, /21412; Blue Book, pp. 60-64; Perfil de... Haushofer, Registro de Individuos Alemanes Particulares, RG 242, T253, marcos 1703-13 (ref. a la pertenencia de Staudt a la Deutsche Akademie, Munich); DLPZ, 19 de abril de 1933; Der Deutsche in Argentinien 9, Nº 88 (agosto de 1938); Hemmen, leg. alemana a AA, Buenos Aires, 4 de enero de 1933; Thermann a Bohle, Buenos Aires, 4 y 10 de octubre de 1940; memo ref. Firma Bromberg, Wirtschaftsgruppe Maschinenbau a Sedlmayer vía AA, 31 de octubre de 1940, AA/PA, Ha Po 9b, “Vertretungen deutscher Firmen in Argentinien”, vol. 3 (1940-1941); Braden 53 a MRE, Buenos Aires, 5 de septiembre de 1945, MRE/AC, DP, “Guerra con Alemania y Japón 1945”, archivo 28; Blue Book, pp. 41-42, 59-60; Blue and White Book, pp. 237-42; embajada de Estados Unidos 1162, Buenos Aires, 24 de octubre de 1945, 740.35112a/fecha; ibid., 1257, 5 de noviembre de 1945, ABB, caja 3, archivo 43; agregado militar, Buenos Aires, 772-45, 23 de noviembre de 1945, ibid., caja 28, Informes MID/ONI (sobre sucesos de octubre de 1945); aerograma emb. de Estados Unidos 33, Buenos Aires, 11 de enero de 1946, ibid., caja 16, archivo cables Buenos Aires, 11-20 de enero de 1946; ibid., 2346, 27 de marzo de 1946, ibid., caja 2, archivo 35; ibid., 1180, 8 de noviembre de 1946, ibid., caja 2, archivo 21; memo 30 de octubre de 1946, memos RPA, caja 20; Noble, emb. británica, a Bevin, Buenos Aires, 23 de abril de 1946, /51792; interrogatorio de Franczok (3), apéndice 7, cit. en R.C. Newton, op. cit., pp. 439-441. También interrogatorio Harnisch, 1947, NARA, RG 84, Caja 102; interrogatorio Franczok, 1947, ídem, Caja 101; declaración bajo juramento de Amorín, 8 de abril de 1947; declaración jurada de Harmeyer, 15 de abril de 1947; y declaración jurada de Schwaiger, 9 de abril de 1947; las tres en NARA, RG 59, Caja 6743, cit. en Uki Goñi, Perón y los alemanes, Buenos Aires, Sudamericana, 1998, pp. 243-244.
  8. Declaraciones de Becker, 22 y 23 de mayo de 1945, 2º Sumario, Cuerpo 7; 2º Sumario, Cuerpos 6, folios 1218-23; Cuerpo 4 de la causa judicial 793/45, folios 752-3; declaración de Melita Tietz, 14 de mayo de 1945, 2º Sumario, Cuerpo 7; interrogatorio de Franczok, 1947, NARA, RG 84, Caja 101; las direcciones en la libreta de Becker se hallan en memorándum del agregado legal norteamericano sobre Becker, 18 de abril de 1946, NARA, RG 84, Caja 84; la “prórroga” para la declaración de Becker en 2º Sumario, Cuerpo 6, folio 1255; detalles del arresto de Becker, Contal, 13 de agosto de 1997; nota de Cooke a Cabot, 4 de octubre de 1945; nota de Cabot al Departamento de Estado, 20 de octubre de 1945; y “Voluntary Declaration” de Becker, todas en NARA, RG 84, Caja 63, cit. en U. Goñi, op. cit., p. 227. También memo “Becker”, 26 de agosto de 1946, BAPR 1946, caja 84, archivo 820.02; Leeper 58, Buenos Aires, 17 de enero de 1947, /61121; L. Rout y J. Bratzel, The Shadow War, p. 431 y n. 280; interrogatorios de Ezratty Rolland y Amorín, cit. en R.C. Newton, op. cit., p. 441.
  9. Nota de Cooke a Cabot, 4 de octubre de 1945; nota de Cabot al Departamento de Estado, 20 de octubre de 1945; y “Voluntary Declaration” de Becker, todas en NARA, RG 84, Caja 63; AGPJN, Causa 793/45, 2º Sumario de Espionaje Alemán, Policía Federal, 9 cuerpos; interrogatorio Franczok, NARA, RG 84, Caja 101, cit. en U. Goñi,op. cit., p. 229.
  10. AGPJN, Causa 793/45, cuerpos principales, folios 177-188; las declaraciones de González, Sueyro y Gilbert en folios 337-8, 366 y 394; conversación de Goñi con mujer allegada a Hellmuth, 28 y 30 de agosto de 1997; legajo de Osmar Hellmuth, RREE; nota de Cabot al Departamento de Estado, 17 de octubre de 1945, NARA, RG 59, Caja 6736, cit. en ibid., pp. 234-235.
  11. Interrogatorio Harnisch, 1947, NARA, RG 84, Caja 102; decreto 9631-M.623, 6 de septiembre de 1946, en RREE, JVDFPE, “Investigación sobre el Señor Ludovico Freude”, Expediente 50448-F-46, cit. en ibid., pp. 241-242.
  12. Interrogatorio Harnisch, 1947, NARA, RG 84, Caja 102; declaración jurada de Harmeyer, 15 de abril de 1947, NARA, RG 59, Caja 6743; declaración jurada de Schröll, 15 de septiembre de 1947, NARA, RG 84, Caja 102; La Prensa, 6 y 7 de febrero de 1947, cit. en ibid., pp. 244-247.
  13. Ibid., p. 248.
  14. Beatriz Gurevich, “Prólogo. Etnicidad, ideología y política migratoria”, DAIA, Proyecto Testimonio. Revelaciones de los archivos argentinos sobre la política oficial en la era nazi-fascista, Buenos Aires, Planeta, 1998, pp. 52-53. Véase DAIA, op. cit., tomo II, pp. 15-16, caso Charles L’Escat; AMREC, D.P., Francia, 1946, Caja 17, Exp. Nº 22, Nota 121-R-1946, Buenos Aires, 3 de octubre de 1946; ibid., Buenos Aires, 20 de enero de 1947, cit. en B. Gurevich, op. cit., p.  53. Charles L’Escat nació en Francia y obtuvo la nacionalidad argentina. Fue inculpado de inteligencia con el enemigo, crimen de derecho común previsto por los artículos 75/5, 76/3, 84/4 del Código Federal francés y por la jurisprudencia internacional sentada por el tribunal de Nüremberg el 1º de octubre de 1946. Ibid., p. 71, n. 70. Véase también U. Goñi, op. cit., pp. 259-261, cuyas fuentes son: telegrama A-297 de la embajada norteamericana en Madrid, 8 de mayo de 1945, NARA, RG 59, Caja 6748; nota de Messersmith a Washington, 4 de diciembre de 1946, NARA, RG 59, Caja 6749; declaración de Hans Sommer, 27 de noviembre de 1946, NARA, RG 59, Caja 6749; y su declaración bajo el nombre de Herbert Senner, 31 de julio de 1946, NARA, RG 59, Caja 6748; Hoover a Neal, 27 de noviembre de 1946, NARA, RG 59, Caja 6749. Véase también R.C. Newton, op. cit., p. 443.
  15. U. Goñi, op. cit., p. 259.
  16. Ibid., p. 262.
  17. Mudd memo del 30 de enero de 1947, CIC informe de Caniglia y Zappala del 15 de marzo de 1947, USNA, citado por Mark Aarons y John Loftus, Unboly Trinity, New York, 1991, pp. 78 y 76; AMREC, Varios, 1948, Caja 58, Exp. 1, f. 7, “Pedido de informes, Oficina de Enlace con el Ministerio del Interior y la Policía Federal” (documento sin membrete ni firma), en Archivo Testimonio, cit. en B. Gurevich, op. cit., p. 53.
  18. R.C. Newton, op. cit., pp. 446-447.
  19. La República Checoslovaca solicitó el arresto y la extradición de Jun Durkanski y otros sospechosos de crímenes de guerra y de homicidio. Documentos sobre extradición de Durkanski, Votech Hora y otros en DAIA, op. cit., tomo II; Declaración de Draganovic a las autoridades de Yugoslavia, 26 de septiembre de 1967, cit. por M. Aarons y J. Loftus, op. cit., p. 76; AMREC, D.P., Europa, Caja 41, Exp. Nº1, 1947, Nota S/Nº, Buenos Aires, 7 de agosto de 1947; AGN, Sección Nacional de Migraciones, Libro Copiador Nº 4, Exp. 293544/49, Dictámenes 1614/2334, 6/09 al 11/10, folio 401, en Archivo Testimonio, cit. en B. Gurevich, op. cit., pp. 53-54.
  20. H. Meding, op. cit., pp. 46-48, 76-81 y 90-92; M. Aarons y J. Loftus, Unholy Trinity, Nueva York, St. Martin’s Press, 1992; T. Bower, Klaus Barbie, Butcher of Lyons, Londres, M. Joseph, 1984, p. 180, cit. en U. Goñi, op. cit., pp. 267-268.
  21. Idem supra, cit. en ibid., pp. 266-267; R.C. Newton, op. cit., p. 445. Un informe de la Santa Sede, remitido a la cancillería argentina por el embajador Conrado Traverso en 1947, mencionaba el beneplácito del papa Pío XII por la disposición del gobierno argentino para recibir a quienes debían dejar Europa luego de la derrota del Eje. AMREC, D.P., Santa Sede, 2/946, Notas de I. Castiñeiras a Cooke y Bramuglia, cit. en B. Gurevich, op. cit., pp. 54-55.
  22. Antecedentes de Carlos Fuldner en DAIA, op. cit., tomo I, Apéndice; citas textuales en “Sumario Administrativo”, declaraciones de Carlos Fuldner, ibid.; las empresas creadas por Carlos Fuldner en ibid., Anexo II, cit. en B. Gurevich, op. cit., p. 54; R. C. Newton, op. cit., p. 443.
  23. Holger Meding, Flucht vor Nürnberg?, Colonia, Böhlau, 1992; “Detención del ciudadano argentino Carlos Schultz por falsificación de pasaporte”, RREE, DAP, Dinamarca, 1947, Expediente 8; “Illegal Movement of German Citizens to Argentina”, Nota 129 de la embajada norteamericana en La Haya, 1º de marzo de 1948, NARA, RG 319, Caja 2882, cit. en U. Goñi, op. cit., pp. 262-263. Shultz se trasladó a Madrid donde, gracias a sus conexiones con el jefe de policía, obtuvo pasaportes españoles para nuevos clientes. También consiguió visas para alemanes que huían a través de la frontera suiza. En Suiza, la obtención de la visa argentina permitía a éstos obtener un “Ersatzpass” con el cual podían comprar un pasaje de KLM a Sudamérica. Por esta vía fueron rescatadas las dos hijas del industrial Schlottmann y sus maridos. El movimiento fue advertido por los norteamericanos, que notaron que los suizos no interrogaban demasiado a los alemanes que deseaban viajar a la Argentina, y a quienes cobraban una buena suma de dinero por el documento de residencia temporaria que pedía KLM para vender los pasajes. Por cierto, las hazañas de Shultz lo hicieron acreedor al puesto de edecán del gobernador de Buenos Aires, teniente coronel Domingo Mercante. Ibid., pp. 264-265.
  24. H. Meding, op. cit., p. 74; DAIA, op. cit., tomo I, p. 501, cit. en U. Goñi, op. cit., pp. 265-266.
  25. La conformación del grupo que se reunía en la casa de gobierno surge de la declaración de Carlos Fuldner, 18 de agosto de 1949; también declaraciones de Diana, 13-16-17-20-31 de mayo y 1-3-6-7 de junio de 1949; todas en Sumario Administrativo Nº295.342, AGN, Secretaría Técnica, Caja 547, también denominado “Sumario Diana”, cit. en U. Goñi, op. cit., pp. 269-270.
  26. El sumario fue descubierto por los historiadores del Proyecto Testimonio de la DAIA. Sus partes principales están reproducidas en el tomo I de esta obra. Cit. en ibid., pp. 270-271.
  27. Declaraciones de Diana, 13-16-17-20-31 de mayo y 1-3-6-7 de junio de 1949; también declaraciones de Hartkopp y Orliac, Dalmiro Amaya y Bernardo Amaya, 23 de mayo de 1949, Sumario Diana, AGN, cit. en ibid., p. 272. Haim Avni estima entre 1000 y 1550 el número de judíos ingresados legalmente a la Argentina entre 1945 y 1950, y otros 3000 ilegalmente. H. Avni, Argentina y la historia de la inmigración judía, 1810-1950, traducido del hebreo, Jerusalén, Universidad hebrea, 1983, pp. 517-518, cit. en R.C. Newton, op. cit., p. 457, n. 93.
  28. Decretos secretos 13644/1950, 13645/1950, 8482/1951, 3625/1952, 677/1953, 842/1953, 10153/1953, 10386/1953, 13506/1953, 10213/1956 y 13689/1956, contenidos en los expedientes 1947-S-141; 1950-S-83; 1951-S-268; y 1955-S-110, AGMI, cit. en U. Goñi, op. cit., pp. 282-283.
  29. B. Gurevich, op. cit., p. 54; R.C. Newton, op. cit., p. 443.
  30. R.C. Newton, op. cit., p. 444.
  31. B. Gurevich, op. cit., pp. 55-56.
  32. Ibid., pp. 56-57 y 73-74, notas 95, 96 y 97.
Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores. Para ello, haga un click en el botón "Anterior". También puede utilizar la opción "Búsqueda" , ingresando el nombre del autor de las obras respecto de las cuales se requiere información.


http://www.argentina-rree.com/13/13-013.htm

Snowden: Bin Laden sigue vivo y reside en las Bahamas

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“Tengo documentos que muestran que Bin Laden aún está recibiendo dinero de la CIA (Agencia Central de Inteligencia de EE.UU.). Él recibe más de 100 mil dólares mensuales que son trasferidos a su cuenta bancaria personal en Nassau (capital de las Bahamas)”, reveló Snowden en una entrevista exclusiva con el semanarioMoscow Tribune, informó el viernes el portal Web del Wall Street Italia.
El excontratista aseguró que la CIA divulgó la falsa noticia de la muerte de Bin Laden para que las agencias de seguridad y antiterrorismo del mundo dejen de buscarlo y de este modo pueda tener una vida tranquila.
No obstante, reconoció que EE.UU. habría barajado la posibilidad de matar a Bin Laden, pero abandonó la idea dado quematar a uno de sus mejores agentes secretos no enviaría un buen mensaje a sus compañeros de trabajo.
“Osama bin Laden era uno de los mejores agentes de la CIA (…) ¿Qué tipo de impresión dejaría EE.UU. en sus otros agentes, si enviase a los SEALs (principal fuerza de operaciones especiales de la Armada estadounidense) a matar a Bin Laden?”, cuestionó.
También, alegó que la Dirección de Inteligencia Inter-Service, el mayor organismo de espionaje de Paquistán, cooperó con la CIA para hacer creer al mundo que el antiguo líder de Al-Qaeda murió en una operación de las fuerzas especiales estadounidenses.
Además, Snowden dijo que en su nuevo libro, el cual saldrá a la venta en septiembre, contiene documentos que confirman que Bin Laden sigue vivo.
EE.UU. acusó a Bin Laden de organizar los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas, en Nueva York, y los de Washington, por eso puso precio a su cabeza.
La muerte del otrora líder de Al-Qaeda es un enigma debido a que las autoridades estadounidenses decidieron no sacar a la luz los detalles de lo que pasó, solo dieron explicaciones vagas. A finales de 2014, el exmilitar estadounidense Robert O’Neill se identificó como el hombre que había acabado con la vida del terrorista.

EL PERONISMO Y EL PUEBLO JUDÍO.

Por Daniel Blinder.

¿Quién de la colectividad judía no pensó o escuchó hablar sobre el comportamiento del ex Presidente Juan Domingo Perón para con el pueblo judío? Surgen “verdades”, como la relación de este Presidente con el nazismo, la entrada de jerarcas nazis a la Argentina, la nazificación del país, y muchos otros tópicos que no dejan de tener su parte de verdad.

Pero, como toda parte, es sólo un segmento de una realidad que tiene mucho de mitológico, enmarañado en la tradición después de la Revolución Libertadora.

Siempre, detrás de todo hecho histórico hay varias verdades. Unas preguntas que dejo para pensar mientras ud. lee el artículo: ¿Por qué cuando se enseña historia judía, se enseña mucho sobre el Estado de Israel, y poco sobre la Argentina?, ¿Por qué se hace tanto hincapié en el antisemitismo? ¿Es que los judíos no tenemos lugar en la historia Argentina? 



Haciendo historia. 
Vamos por partes: Los judíos somos una parte importante del mosaico de colectividades que tiene la Argentina, pero no somos la única. Y como se sabe, los judíos hemos aportado con personajes muy importantes del quehacer político y social a la vida del país. Pero es fundamental dejar en claro que (de acuerdo a nuestra historia nacional) las estructuras políticas de nuestra colectividad han servido mayormente a los poderes de turno. Y si la historia la escriben los que ganan… 

Si se pueden trazar parábolas históricas, vale recordar que en la República Argentina de 1930 se respiraba la Década Infame en la cual se podía encontrar, fraude, corrupción, pobreza extrema, y gobiernos favorables a la poderosa Inglaterra. Ello no era casual. 
En 1929 estalló una crisis financiera mundial que quebró a miles de empresarios, que acabó con en liberalismo económico, y fue dando caldo de cultivo al germen de la figura más emblemática del autoritarismo y de la muerte en Europa: Adolf Hitler. 

Perón había viajado por la vieja Europa, y es cierto que admiró aquella Italia de Musolini donde la patronal conciliaba con los sindicatos, donde existía una sociedad corporativa que se ponía en pié autoritariamente. También es cierto que Perón era parte del Ejército Argentino que había sido formado al estilo prusiano, dado que Argentina y Alemania negociaron la adquisición de tecnología bélica con la ventaja que ofrecía el país europeo de dar formación a los oficiales. ¿Eso lo convertía en nazi-fascista?... 

La Argentina se levantó
En esa Argentina donde no existía un proyecto de desarrollo autónomo, un joven Oficial del Ejército Argentino desde una Secretaría comenzaba a darle voz y derechos a quienes no los tenían. Los trabajadores se identificaban en él, y Perón ganaba más adeptos gracias a lo siguiente: los Aliados (Inglaterra, la Unión Soviética, y los Estados Unidos) peleaban en la Segunda Guerra Mundial contra el Eje (Alemania, Italia, y Japón). Uno de los partidos representativos de los trabajadores, para dar un ejemplo el Partido Comunista Argentino, orientaba su plan político en la Argentina de acuerdo a los mandatos de la Rusia Stalinista, y éste plan consistía en poner todos los esfuerzos en ganarle la guerra a Hitler. Los capitales de las industrias argentinas (como los frigoríficos) eran mayormente ingleses, aliados de los rusos. La lógica de los comunistas aquí era entonces abastecer de carne a los soldados ingleses, buscar el aumento de la producción para exportar, y evitar las huelgas a pesar de las pésimas condiciones de vida de los obreros de un país neutral ¿Quién se acordaba de ellos? 


Desde 1943 hasta 1945, Perón incrementó su popularidad, a tal punto que lo encarcelan, y los trabajadores del conurbano, emigrados del Interior del país, se movilizan por su liberación. 
Lo logran el 17 de Octubre. 
En 1946, Perón gana las elecciones democráticamente, y continúa con las reformas de industrialización de la Argentina, logrando eliminar la figura del desocupado y un acuerdo nacional con una renta que se dividía cincuenta y cincuenta entre los trabajadores y los patrones. 
Pero a los Estados Unidos, esa situación no le agradaba. No le gustaba la idea de un gobierno independiente en América Latina, ni le gustaba su incipiente proyecto ABC (Unión entre Argentina, Brasil, y Chile) ¿Cómo podía ser que un Gobierno Nazi estuviera en su zona de influencia? 

Un Nazi fue el primero en reconocer Israel 
Dice el Dr.Leonardo Senkman, de la Universidad Hebrea de Jerusalem, que “la reapertura de la inmigración europea de posguerra por el primer gobierno peronista en 1946 puso fin a su interrupción drástica desde 1930, arrojando un saldo neto de 463.456 personas ingresadas vía ultramar (2a. y 3a. clase) entre 1947 y 1951. 
Las cifras más elevadas de los últimos treinta años. Esta inmigración masiva muestra toda su magnitud ( a pesar de que no logró el objetivo declarado de incorporar 4 millones de extranjeros) cuando se la compara con el saldo de apenas 33.655 pasajeros correspondiente a los ingresados por todas las vías durante el quinquenio 1942-46”. 

También Senkman aclara que “con el ascenso del peronismo al poder, las preocupaciones étnicas en materia de población e inmigración pasaron a formar parte de la agenda de cuestiones públicas que implementó el nuevo gobierno (…) Pero acaso la novedad más importante en materia étnica haya sido que, por primera vez desde la función pública, un gobierno decidiera institucionalizar los estudios étnicos de la población, como hizo el Presidente Perón mediante la creación del Instituto Étnico Nacional (…)”. 

Santiago Peralta, conocido antropólogo antisemita, aliado al nacionalismo profascista y autor de libros discriminatorios como “la Acción del Pueblo Judío en la Argentina”, logró ser designado responsable con amplias facultades de la Dirección General de Migraciones (DGM), desde diciembre de 1945 hasta julio del 47. 
Peralta fue alejado por Perón, a raíz de la repercusión internacional por denuncias de prácticas discriminatorias en su función pública. 
No obstante, retuvo por seis meses adicionales la dirección del Instituto Étnico Nacional, hasta su jubilación en enero 1948. 
Luego, agrega este académico israelí que “Las dificultades que encontró la inmigración judía a Argentina en la inmediata posguerra deben ser comprendidas en el marco global de las relaciones pragmáticas de Perón con los judíos, el estado de Israel y los EE.UU. (…) desde un punto de vista inmigratorio y poblacional, fueron similares a las que los inmigrantes judíos hallaron en otros países latinoamericanos, y difícilmente pueden ser explicadas a través de inversiones lógicas para deducir que las preferencias ideológicas de Perón a dar refugio a colaboracionistas y criminales de guerra fueron la mejor prueba del rechazo a los inmigrantes judíos”. 

El Hecho de que Perón reciba nazis prófugos no era una cuestión de que sea un partidario nazi antisemita. Si estudiamos el caso en profundidad, la Unión Soviética y los EEUU recibieron gustosos a los Nazis (que ayudaron a escapar de los Juicios de Nüremberg) para que les enseñen sus técnicas en el combate de la Guerra Fría. Perón, hábil y frío, pensaba lo mismo. 

La realidad dice que entre 1930 y 1949, la Argentina recibió a más refugiados judíos per cápita que cualquier otro país del mundo, excepto Palestina y, posiblemente Uruguay. 
Es muy importante analizar los hechos puntuales: En la última década del siglo XX todavía era posible encontrar en algún kibutz de Israel frazadas con el sello de la Fundación Eva Perón, enviadas en 1948, cuando Argentina se convertía en el primer país que reconoció la soberanía del Estado judío. Sí, ¡lo que leyó! El gobierno de Perón fue el primero en reconocer el sueño de todos los sobrevivientes de los pogroms y la shoá. 

Los judíos y la política con Perón 

Lejos de la mitología popular, los judíos, como decíamos al principio, no somos ajenos a la realidad social que nos circunda. Hay judíos ricos, pero también hay y hubieron judíos de la clase trabajadora y muy pobres.
Muchos de ellos, lejos de ver en Perón la reencarnación del Faraón esclavizador de Egipto o el monstruo de un nuevo holocausto, vieron en él a un líder que cumplía con su pueblo, y se sentían beneficiados e integrados gracias a muchas de las conquistas sociales que se consiguieron. 


Perón quiso luego sumar a la OIA (integrada por empresarios judíos) como una sección de hombres de negocios del movimiento justicialista. Pablo Mangel, presidente de la institución, es designado posteriormente embajador argentino en Israel. En 1948, se crean Nueva Sión, el Instituto Judío Argentino de Cultura e Información y la Cámara de Comercio Argentino-Israelí; en 1949 llega el primer Embajador de Israel a la Argentina, y en 1951, Golda Meir visita Buenos Aires abrazándose con Eva Perón, por la labor realizada en favor del Estado de Israel. 

Cuenta el periodista Roberto Bardini que “En 1946, durante el gobierno peronista, por primera vez en la historia argentina se conceden días libres a los soldados conscriptos judíos para que puedan celebrar sus fechas religiosas. Al año siguiente, se instituye la primera Feria del Libro Judío, que funciona durante 30 días y vende más de 25 mil volúmenes. Esta actividad continúa a lo largo de décadas, cerca de la celebración de Rosh Hashaná. 
Se exhiben y venden libros de temática judía en idish, hebreo, castellano, inglés y francés, además de discos y objetos del ritual judío”. Añade que “también en 1948 se funda en Buenos Aires el Instituto Judío de Cultura e Información, presidido por Simón Mirelman, y la colectividad israelita inicia contactos con Perón, principalmente a través del ministro del Interior, Ángel Borlenghi, cuya esposa es de origen judío. El rabino Amran Blum es designado catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras, y asesor presidencial en temas religiosos”. 

La Constitución promulgada por el peronismo en 1949, incluyó una condena a la discriminación racial y religiosa. En ese mismo año, Eva Perón pronunció un discurso en el que afirmaba que quienes propiciaban el antisemitismo en la Argentina eran “los nefastos representantes de la oligarquía”. El jefe de prensa del gobierno peronista, Raúl Apold, era judío. Pero los antiperonistas, sin embargo, lo llamaban el Goebbels argentino, relata Bardini. 

Cuando Jaim Weizman, el primer presidente israelí, visitó Buenos Aires en 1951, fue recibido con honores, y el flamante jefe de Estado le obsequió una Biblia antigua a Perón y anunció que su gobierno bautizará una plazoleta con el nombre del mandatario argentino. 
Poco después, se inauguró en Plaza de Mayo un mástil donado por comerciantes, empresarios y hombres de negocios de la colectividad Judía. Era tan distinta la atmósfera que se sentía, que las morót (maestras), relatan en el schule (colegio), que Jacob Tsur, el primer embajador de Israel en Argentina, publica en 1983 su libro Cartas credenciales, en el que señala: “En la perspectiva simplista de Washington, Perón sólo podía ser nazi o comunista”. 

Así mismo, el ex representante diplomático argentino en Israel, Pablo Mangel, declaraba que el antisemitismo no era esencial al peronismo: “Fui testigo y partícipe directo del apoyo brindado por el gobierno peronista al pueblo judío, que se debatía en tiempos de pos guerra entre el hambre y el desarraigo (...). Se le otorgaron amplias facilidades a los judíos que huían de la Europa deshecha y que casi siempre llegaban sin documentos”, decía. El ex funcionario relataba que Estados Unidos no permitió la entrada a un buque que había partido de Chipre repleto de exiliados judíos y que “Evita no sólo los recibió sino que se preocupó por conseguirles trabajo”.

También la DAIA jugó alguna vez con un gobierno popular (a pesar de estar casada siempre con el gobierno de turno), pues durante el conflicto del gobierno con la Iglesia Católica, respaldó algunas medidas oficiales, como la cancelación de la enseñanza religiosa y la ley de divorcio. En 1954, la entidad publicó un favorable folleto titulado “El pensamiento del presidente Perón sobre el pueblo judío”. 


¿Quiénes somos ante la Argentina? 

El ser parte de esta sociedad implica responsabilidad a la hora de presentarse como una colectividad que tiene algo que aportar a su país. La relación de Perón con el judaísmo argentino ha sido poco estudiada y es poco conocida. Volver sobre nuestras raíces (como parte importante de continuar el judaísmo) implica también conocer los hechos que marcaron, no sólo la historia Argentina, sino también la historia judía. 

Pero dado el mote adjudicado al peronismo de nazi fascista, sobre todo por parte de quienes lo querían ver fuera de la escena, mucho se le agregó después, pues el antisemitismo no comenzó en la época de Perón. 

Hitler era antisemita, ¿pero era el único vástago del fascismo a combatir? Nuevos estudios históricos echan luz sobre Winston Churchill, y José Stalin (quienes combatían contra Alemania en la Segunda Guerra Mundial). Ellos eran antisemitas declarados, y poco hicieron por los judíos gaseados en los campos de concentración. Por supuesto que Estados Unidos, el principal aliado israelí, debía saberlo. Hoy en día se sabe que hasta gente poderosa del mismo corazón económico norteamericano financió la maquinaria bélica de la Alemania Nazi, incluyendo a la creadora del gas usado en las cámaras de la muerte. 

¿Es posible determinar una política de acción que nos una en pluralidad definitivamente sin cortocircuitos al engranaje argentino? Fijémonos con quien estuvo la dirigencia judía en años de terrorismo de Estado, y en años de menemismo; miremos la cantidad de desaparecidos políticos y sociales que dejó esta red perversa; sepamos distinguir bien la víctima del victimario; y miremos los horizontes de un país que no pudo ser, y a un movimiento que supo incluir a muchos judíos que quedaron en los muros de los centros clandestinos de detención, y que murieron por esa idea que los interpelaba a ellos como argentinos, peronistas, y también como judíos. 


https://www.facebook.com/notes/per%C3%B3n-juan-domingo/el-peronismo-y-el-pueblo-jud%C3%ADo-por-daniel-blinder/10151872800228496

LA RELACION DE PERON CON LA COMUNIDAD JUDIA



RAANAN REIN, EL HISTORIADOR ISRAELI QUE DESMITIFICA LA RELACION DE PERON CON LA COMUNIDAD JUDIA

“Ya no podemos manejar falsas dicotomías”

Se doctoró en Historia en la Universidad de Tel Aviv, pero se dedica a investigar el peronismo y, particularmente, su relación con los argentinos judíos. Raanan Rein dice que hubo mucha exageración en la imagen de la Argentina como “el” refugio para los nazis. Y demuestra cómo se construyó la idea del supuesto antisemitismo del primer peronismo.

 Por; Verónica Engler
–¿Qué lo llevó, como historiador Israelí que se desempeña en una universidad hebrea, a interesarse por América Latina y especialmente por Argentina, para luego focalizar en el fenómeno del peronismo?
–En realidad yo empecé a trabajar sobre la historia de España, o de América latina, y bajo la influencia de un profesor mío trabajé mucho sobre la dictadura franquista. Y cuando tuve que elegir tema para mi tesis doctoral, opté por la relaciones entre España y Argentina durante la década peronista. Para hacer esto fuimos a España y estuvimos ahí por un año trabajando en distintos archivos y centros de documentación, luego vinimos a Buenos Aires, y también acá nos quedamos un año. Cuando llegué a Buenos Aires de inmediato me enganché con la sociedad argentina, que me pareció tan fascinante. Pero si le pregunta a mi esposa, que ella nació aquí, en Villa Crespo (el barrio donde tuvo lugar la entrevista), ella va a decir que bajo su influencia yo decidí dedicarme a temas argentinos. Imagino que algo de eso también está. Pero sobre todo yo decidí trabajar sobre la historia argentina por curiosidad intelectual, porque esta sociedad de inmigrantes, que siempre está en búsqueda de su identidad colectiva, me fascinó. Y como yo decidí trabajar sobre la segunda mitad del  siglo XX, era casi imprescindible estudiar el fenómeno peronista.
–Hoy, luego de dos décadas de investigaciones, ¿qué sabe acerca del peronismo?
–Hoy me queda mucho más claro lo heterogéneo que fue este fenómeno. Me queda claro que ya no
podemos manejar falsas dicotomías, y que para entender el peronismo hay que comprender la dimensión social y cultural de este fenómeno. Si uno analiza la producción historiográfica acerca del peronismo, lo que va a notar es un cambio desde trabajos que se centraron en explicaciones estructurales acerca del porqué, de cómo surgió el peronismo y qué clase de apoyo tenía. Pero los estudios de los últimos años intentan descifrar lo cotidiano, cuál fue la vida diaria bajo el régimen peronista, distintos aspectos sociales y culturales. Cuando uno se acerca a estos aspectos, queda muy claro que muchos de los estereotipos acerca del peronismo son, si no falsos, por lo menos exagerados o distorsionados.
–Leyendo sus trabajos da la sensación de que usted se ha dedicado a derribar mitos en torno del peronismo: como el de la buena relación entre Perón y Franco, o el de la Argentina peronista como “refugio” de criminales nazis, o el del antisemitismo peronista o inclusive el de la relación directa de Perón con las masas. ¿Cómo llega a estos temas?
–Como investigador extranjero, como un outsider, tengo seguramente luchas desventajas comparado con los investigadores locales. Estoy seguro de que de vez en cuando pierdo algunos matices o no siempre logro entender el significado de un evento u otro. Sin embargo, tengo también ciertas ventajas. Al no estar metido en las internas de las políticas argentinas, al no tener que declararme peronista o gorila, sin tener el intento de usar el pasado con fines contemporáneos, me parece que eso me deja la libertad de evaluar algunos fenómenos, algunos procesos, con sus claros y oscuros, y no caer en estas dicotomías binarias, no me interesa glorificar a Perón ni al Movimiento Justicialista, ni demonizarlos.
–Algunos de sus trabajos se centran en las segundas líneas de la dirigencia peronista, poniendo en cuestión el eslogan “entre Perón y la gente no hay dirigentes”. Usted, en cambio, plantea que sí había dirigentes y que además brindaron un importante aporte a la movilización en apoyo a Perón, a la estructuración de su liderazgo y a la modelación de la doctrina Justicialista. ¿Cómo llega al tema de las segundas líneas?
–En cierto modo, peronistas y antiperonistas han contribuido a este mito del Perón todopoderoso, unos para glorificarlo, otros para demonizarlo. Pero de hecho, si uno lee los documentos acerca de distintas políticas del gobierno peronista, muchas veces Perón estaba ausente, en forma casi conspicua. Muchas decisiones se toman y se implementan sin el involucramiento de Perón. Y al encontrar en distintos archivos en España, en Gran Bretaña, en Estados Unidos, en Israel, tanta documentación que no hace referencia directa a Perón, me quedé pensando si no hemos caído todos en este mito acerca del Perón Todopoderoso que estaba manejando cualquier aspecto de la política gubernamental. Y cuando empecé a trabajar sobre la Secretaría de Trabajo y Previsión, es decir, durante la época del gobierno militar, antes de las elecciones que ganó Perón en 1946, me pregunté: ¿cómo es que Perón, que llegó con muy poca experiencia en temas sociales y gremiales, empieza a elaborar decretos de política social relativamente de avanzada en muy poco tiempo? Y estaba claro que contaba con el asesoramiento de gente que sí estaba muy al tanto de la realidad económica y social, y de los intentos previos de legislación laboral. Entonces empecé a buscar las figuras que estaban alrededor de él y que de alguna manera lo educaron y convencieron para adoptar cierta política social. Perón era muy inteligente, con una gran capacidad de absorber ideas de otra gente que estaba alrededor de él. Pero sin este papel de los dirigentes mediadores no hubiera sido posible elaborar una doctrina o un pensamiento social para el Peronismo. Ahora, la movilización del apoyo popular no era tan fácil, hubo lucha resistencia en la mayoría de los sindicatos, con su tradición izquierdista, hacia el liderazgo carismático de un coronel. Hacían falta mediadores para convencer a distintos sectores dentro del movimiento obrero, del sector empresario, de los grupos nacionalistas, para apoyarlo a Perón. entonces, yo al principio puse énfasis en el rol jugado por cinco personas en la elaboración de la doctrina justicialista y en la movilización para el apoyo del peronismo: Juan Atilio Bramuglia (ministro de Relaciones Exteriores) y Ángel Borlenghi (Ministro del Interior), ambos vinieron del Partido Socialista; Domingo Mercante (gobernador de la provincia Buenos Aires), que había trabado amistad con Perón en el Ejército; Miguel Miranda (Ministro de Economía), que logró reclutar el apoyo de ciertos industrialistas y empresarios; y José Figuerola (asesor en la Secretaría de Previsión Social), que intentó importar el modelo de la dictadura de Primo de Rivera a la Argentina. Me parece importante señalar el papel que cada una de estas figuras jugó en estos terrenos.
–¿Por qué usted plantea que es exagerado ver a la Argentina del primer peronismo como “el refugio” de criminales de guerra nazi?
–Con el tema de la entrada de criminales de guerra nazis a la Argentina me parece que una vez que decidí adoptar la perspectiva comparativa y ver lo que pasaba en otros países, llegué a la conclusión, al igual que algunos otros investigadores, como el canadiense Ronald Newton, de que hubo mucha exageración y algo de distorsión en la imagen de la Argentina como el país que le hizo “el” refugio para los nazis. Es cierto que entraron acá muchos simpatizantes con el Tercer Reich, alemanes colaboracionistas y algunas decenas de criminales de guerra, y no justifico la entrada ni de uno de ellos, pero sin embargo entraron también en la Unión Soviética, en los Estados Unidos, en Canadá, Australia, y otros países.
– ¿Cómo era la relación de Perón con la comunidad judía? ¿Por qué se ha instalado fuertemente la idea de que tanto él como el partido peronista eran antisemitas?
–Con respecto a la relación entre Perón y los argentinos judíos, ése es un estudio que estoy terminando en estos días. Aquí también me parece que los investigadores han cometido ciertos errores. Por un lado, porque se dedicaron nada más a la posición de las instituciones comunitarias judías, la DAIA o de la AMIA, mientras que la mayoría de los judíos argentinos no se han afiliado a las instituciones comunitarias. Yo intenté encontrar figuras judías en el movimiento obrero, intelectuales y hombres de negocios que apoyaban al peronismo. Y para mi sorpresa, hubo muchos más judíos que apoyaban al primer peronismo de lo que normalmente tendemos a pensar. Además, lo que estoy enfatizando en mi estudio es el esfuerzo sistemático por parte de las instituciones judías de borrar por completo la memoria del apoyo de ciertos sectores judíos hacia el Peronismo. Y por lo tanto, mi esfuerzo es rescatar estas figuras, estos grupos, que =í apoyaban al peronismo, y mostrar que la comunidad judía, como cualquier otra comunidad en este país u otro, no es homogénea, tuvo disidencias, conflictos, contradicciones, romper un poco con la imagen homogénea de los judíos, como si todos hubieran sido hostiles al peronismo. Por su parte, Perón y Evita hicieron esfuerzos para luchar en contra del antisemitismo y en pro del Estado de Israel. Eso está bien claro y demostrado con mucha documentación argentina, israelí y de organizaciones internacionales.
–¿Por qué hubo este empeño desde las organizaciones judías en borrar esta historia o, como usted ha comentado en alguna ocasión, en =93desperonizar” a la comunidad judía?
–A partir del año ’55, después de la caída de Perón, no era políticamente correcto apoyar al peronismo. Además, los dirigentes judíos tenían miedo de ciertas represalias por parte de las nuevas autoridades de la Revolución Libertadora, y por lo tanto hicieron un esfuerzo, que para mí tuvo más éxito que la desperonización de la sociedad argentina en general. Y este esfuerzo de tapar, de no mencionar el apoyo de ciertos judíos o grupos de judíos el peronismo continuó hasta el principio de los años ’70. Por lo menos hasta finales de los años ’60 hubo cierto rechazo hacia todos los judíos sospechados de colaboración con el régimen de Perón. Pero las reservas de muchos judíos hacia el peronismo no tenían tanto que ver con su condición étnica como judíos, sino con su estatus económico social, muchos de ellos de las capas medias. Entonces, como muchos otros argentinos de este estatus económico social, tenían sus reservas acerca de este régimen obrerista, digamos. Muchos de los comerciantes y hombres de negocios se beneficiaron de las políticas económicas del gobierno peronista. Muchos obreros judíos estaban a favor del Peronismo. Normalmente se dice que los judíos tienen una larga memoria. Puede ser. Pero la memoria de los judíos, como la de cualquier grupo social o étnico, es selectiva, y hay una lucha permanente entre lo que queda afuera y lo que queda dentro. Yo intento rescatar la memoria de estos judíos que sí apoyaban al Peronismo.
–...que mayormente estaban agrupados en la Organización Israelita Argentina (OIA), ¿verdad?
–Sí, el grupo más conocido es el de la OIA, que era, digamos, =a sección judía del peronismo. Por falta de documentación, y eso es lamentable, no sabemos lo suficiente acerca de este grupo: del número de afiliados judíos, =e sus sucursales en el interior del país. Porque en 1955 las fuerzas de seguridad allanaron los locales de la OIA, y de hecho tenemos muy pocos documentos aparte de las declaraciones aparecidas en la prensa contemporánea. Y por lo tanto, es difícil evaluar el peso de la OIA dentro del seno de la colectividad judía, y el tamaño y la magnitud de sus actividades. Lo que está claro es que le ofrecieron a Perón un espacio para hacer públicas sus posiciones en contra del antisemitismo y a favor del Estado de Israel, y llegaron a gestionar distintos beneficios para la colectividad judía, como la legalización de inmigrantes que habían entrado en forma clandestina al país, como el artículo en la Constitución de 1949 en contra de la discriminación y hay otros ejemplos. El cuadro que intento pintar es mucho más matizado. No se trata de un grupo oportunista que intentaba aprovechar el peronismo pero no tenía ninguna convicción ideológica o ningún aprecio hacia la política social y económica del peronismo. Pero hubo también otros grupos. En otro estudio que estoy completando me dedico el equipo editorial del suplemento cultural del diario La Prensa, cuando pasa a =anos de la CGT. Mucha gente no lo sabe, pero el equipo editorial de este suplemento cultural estaba compuesto de intelectuales judíos, con la dirección de César Tiempo, con el nombre original de Israel Zeitlin, y con intelectuales como Bernardo Koremblit, León Benarós y Julia Prilutzky Farny. El número de judíos que contribuía a ese suplemento cultural es bastante notable. Es decir, que en su momento abrió las puertasa muchos judíos que no siempre podían publicar sus obras en otros espacios. Así que, aparte de la OIA, hubo otros grupos y otros intelectuales judíos que apoyaban al peronismo.
–Dado que después de la Revolución Libertadora muchos documentos desaparecieron y que gran parte de la comunidad judía no estaba afiliada a las instituciones religiosas, ¿cómo se hace, en este contexto de falta de información, para estudiar el fenómeno de la ahesión de parte de la comunidad judía al peronismo?
–Este es el gran desafío para el historiador. Porque es relativamente fácil ir a los archivos de las instituciones judías. Es más difícil alegar a las opiniones de los judíos que no estaban afiliados a las instituciones comunitarias. Lo que hice en los últimos meses, con la ayuda de un =oven argentino acá, es un proyecto de historia oral, una serie de entrevistas con familiares de los dirigentes de la OIA. Y también la ORT tiene un proyecto interesante de historia oral, en el que se pueden escuchar testimonios de muchos judíos que hablan con nostalgia de esta década del ’46 al ’55, es decir que muchos no tienen esta imagen negativa del peronismo. Por otro lado, siempre estoy en la búsqueda de memorias, diarios, cartas, es decir, archivos privados, no institucionales, en donde uno puede llegar a escuchar otras voces que normalmente no escuchamos en la historiografía institucional.
–Usted, como otros autores, dice que durante el peronismo hubo una ampliación de la ciudadanía. Y además agrega que esa ampliación, para los judíos, significó concretamente comenzar a ocupar lugares que antes les estaban vedados, como por ejemplo puestos clave dentro del gobierno.
–Claro, es cierto. Por primera vez los judíos argentinos con el Peronismo se integran mejor que antes, y llegan a entrar a ciertos ministerios, entidades y organismos que antes estaban prácticamente cerrados para los judíos. se ha trabajado bastante acerca de los nuevos significados que ha atribuido el peronismo a la ciudadanía a este país, pero sin embargo, no conozco casi ningún trabajo que esté dedicado a la dimensión étnica de este proceso. no conozco estudios que muestren cómo distintos colectivos étnicos, como los árabes, japoneses, armenios y judíos, se han beneficiado de este nuevo significado que ha dado el peronismo a la ciudadanía. No sé si con este mito del crisol de razas los historiadores argentino

http://www.partidopais.com.ar/peron.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-129735-2009-08-10.html



Fructuoso Rivera y la masacre de los charrúas


Masacre de Salsipuedes 

Fructuoso Rivera y la masacre de los charrúas
Memorial Charrúa 


Luego de derrotado Artigas, los indígenas fueron considerados como problemas insolubles a efectos de consolidar la estabilidad social y económica de la campaña oriental, en base a los intereses que predominaban en ese momento histórico. Los mismos que habían sido protagonistas decisivos en los ejércitos orientales de la revolución, fueron perseguidos y exterminados en ese sombrío día del mes de abril. 

“Mirá Frutos, tus soldados matando amigos”, le gritó el cacique Vaimaca Perú a Fructuoso Rivera, mientras los hombres del primer presidente de la República masacraban a traición a los charrúas en Salsipuedes. Esta matanza ocurrida el 11 de abril de 1831, durante la primera presidencia de Rivera, dio inicio a un plan de exterminio de los indios charrúas. Para ejecutar el crimen los indios fueron llevados mediante engaños a reunirse con las tropas del presidente. Una vez allí, según el relato de Acevedo Díaz, basado en los apuntes inéditos de su abuelo Antonio Díaz, “el presidente Rivera llamaba en voz alta de amigo a Venado y reía con él marchando un poco lejos… En presencia de tales agasajos, la hueste avanzó hasta el lugar señalado y a un ademán del cacique todos los mocetones echaron pie a tierra. Apenas el general Rivera, cuya astucia se igualaba a su serenidad y flema, hubo observado el movimiento, dirigióse a Venado, diciéndole con calma: “Empréstame tu cuchillo para picar tabaco”. El cacique desnudó el que llevaba a la cintura y se lo dio en silencio. Al tomarlo, Rivera sacó una pistola e hizo fuego sobre Venado. Era la señal de la matanza”. 

Posteriormente, el 15 de abril de 1831, el presidente Rivera firmó una orden de exterminio de los charrúas. En ella hace constar que los indios que huyeron son perseguidos por las fuerzas del Ejército, las cuales “prosiguen en su alcance hasta su exterminio”, y ordena la “persecución de este puñado de bandidos hasta su total exterminio”. 

Durante la Guerra Grande, bajo el gobierno del Cerrito presidido por Manuel Oribe, que enfrentaba a las flotas imperiales francesa e inglesa, se publicó en el periódico “El Defensor de la Independencia Americana” una “Refutación de la Nueva Troya”, contra el libelo que hacía la apología de la intervención imperial en el Río de la Plata. En la “Refutación”, firmada con el seudónimo “Demófilo”, se exponía una de las primeras y más desgarradoras denuncias de la matanza de los charrúas, dando comienzo temprano a una dimensión diferente y poco reconocida del revisionismo histórico rioplatense. 

Allí se decía lo siguiente: “¿Queréis comprender, lectores, toda la ferocidad de Rivera? Mirad: ved cómo la columna que hasta entonces se había prolongado a lo largo de la costa, da frente al arroyo y a una señal acordada forma una especie de semicírculo dentro del cual quedan los charrúas; y cómo los escuadrones, al toque de carga, con lanza enristrada, se abalanzan súbitamente sobre aquellos infelices indios. A un penetrante alarido de tenor producido por la sorpresa, se pone toda la indiada de pie. Ved correr a los valientes charrúas de una parte a otra, buscando inútilmente una defensa; y en medio de aquel conflicto, de aquella grande desesperación, escuchad los lastimeros y penetrantes gritos de los ancianos y las mujeres, que se confunden con el llanto de los niños. ¡Mirad aquella muchedumbre de infelices indias, cómo se apoderan instantáneamente de sus tiernos hijos; cómo los estrechan a su corazón y cubriéndolos con su cuerpo, corren con ellos atribuladas de un lado al otro, hasta que se agrupan detrás de sus valientes y queridos compañeros, que, desvalidos, a pie, indefensos, sin más recursos que su valor, oponen entre sus asesinos y sus amadas familias, una muralla de sus pechos, que presentan desnudos a las lanzas homicidas!. El exterminio está decretado”. 

La “Refutación” también menciona la participación de soldados unitarios argentinos en la masacre de los charrúas: “Veíase a Rivera contemplar con la más profunda calma aquel espantoso cuadro, en tanto que un otro genio cruel y traidor le felicitaba por aquella empresa. ¿Quién podía ser aquel hombre que felicitaba a Rivera a la vista de un espectáculo tan sangriento, tan doloroso? … Ese hombre era Juan Lavalle. El torpe y feroz asesino de Dorrego”. 

Venganza
Fructuoso Rivera 

Al genocidio y al etnocidio le sucedieron diversos intentos de borrar la memoria de los charrúas de nuestra sociedad, en sucesivos “Salsipuedes simbólicos”. Se ha negado sistemáticamente la riqueza cultural de dicho pueblo, tanto como su importancia numérica entre los indígenas de estas tierras y se ha llegado al extremo inaudito de catalogar a los charrúas de “mito”.
 

La matanza de charrúas, a través de las cartas de Rivera 

Cuando se leen las instrucciones que Rivera enviaba al Gral. Julián Laguna y otros subordinados, se aquilata cuál fue su verdadera participación en el genocidio concretado el 11 de abril de 1831. Se podría decir que Ribera “confiesa” ser el autor del genocidio a través de las mismas. 

1) Durazno, Marzo 10 de 1831: “… Es de mayor importancia que el Sr. Gral. emplee todo su tino y destreza para hacer entender a los Caciques que el Ejército necesita de ellos para ir a guardar las Fronteras del Estado y que el punto de reunión será en las puntas del Queguay Grande; para cuyo efecto, se dirigen cartas a los Caciques Rondeau, y Juan Pedro, y que el Sr. Gral. les hará entregar instruyéndoles de su contenido. Si ellos no cumpliesen lo prevenido en las citadas notas particulares, es preciso no alarmarse por esto, disimularles y conservarse siempre a su inmediación, y si posible fuese, reunido a ellos. 

Si se moviesen para el centro de la Campaña es preciso seguirlos con cualesquier pretexto, hasta ver si se consigue que el todo o parte del Ejército se incorpore a la fuerza de las ordenes del Sr. Gral. 

El Sr. Gral. conocerá, que en todas las medidas prevenidas es importante la mayor prudencia, para no aventurar una empresa que, realizada traerá bienes muy efectivos al País, consolidando el crédito y reputación militar de los Jefes que la han presidido…” Fructuoso Rivera (rubricado) 

2) “Julián amigo. Salsipuedes en el potrero donde ya has estado. Marzo-28-1831” (Se trata de su amigo Julián de Gregorio Espinoza). 

“(Reservado) yo voy a marchar esta noche todo tengo listo en muy buen estado para la operación de los charrúas, nada he querido decir al Gobierno de mis disposiciones, el buen estado en que las tengo para tener el gusto si logro como lo creo de que esta difícil operación aparezca como de los abismos y que tenga más bulla que la que causó el arribo de Garzón a esa después del tinterazo. No lo dudes Julián la operación está casi echa y una obra que los desvelos de 8 Virreyes y por más de 40 años no lograron realizarla. Será grande. Será lindísimo si tus mejores amigos, si tus compañeros de disgustos y de días de Gloria dan a nuestra patria esa satisfacción, ha! que glorioso será si se consigue sin que esta tierra tan privilegiada no se manchase con sangre humana.” (……………..) tu amigo verdadero. Fructuoso”. 

Esto es una verdadera “confesión” y de una persona que se siente “culpable”. ¿Por qué, si no, quiere ocultar los hechos?, (“nada he querido decir al Gobierno de mis disposiciones”). Rivera toma esta matanza como una fiesta, en la que será reconocido como no lo fueron 8 Virreyes que también querían exterminar a los charrúas. Y el concepto que tenía sobre los indios se aprecia cuando da a entender que ellos no tendrían “sangre humana”. 

3) Campo, Abril 5 de 1831 “Mi estimado amigo D. Julián es en mi poder su nota de ayer y soy impuesto de las medidas tomadas para hacer venir a los indios a este punto, con este objeto fue Bernabelito y no dudo que el los haga venir prontamente, Yo no he querido moverme más adelante ya por que podía ponerlos en desconfianzas o por que si se logra hacerlos pasar el Queguay ya no seria difícil el sujetarlos del modo que uno quiera. Sin embargo estamos prontos para en caso sea preciso marchar sobre ellos lo que yo quiero evitar a todo trance pues nos será ventajosisimamente el sujetarlos sin estrépito así es que estoy resuelto a esperar aquí hasta ver si Uds. logran hacerlos venir 
Aquí (¿se niegan?) espero sus avisos continuados para (¿variar?) mis disposiciones…”. 
F. Rivera (rubricado). 

Estas 3 cartas de Rivera son auténticas. Véase el propósito de engañar a los charrúas y atraerlos hacia un lugar donde quedaran prácticamente encerrados y tener la mayor facilidad para masacrarlos. Por supuesto que los charrúas no sospechaban las intenciones del Gobierno Oriental o mejor dicho, del que sería su ejecutor, el General Rivera. 

Reconoce Rivera en la 2ª carta, que en campo abierto sería muy difícil aniquilarlos, por más que contaban con escuadras de soldados guaraníes al servicio del Ejército uruguayo, escuadrones del Ejército nacional, del argentino y del brasileño, que fácilmente cuadriplicaban el número de los charrúas. 

Pero el Presidente no quería una batalla, “la quería evitar a todo trance”; quería un asesinato en masa, una acción “que no fuera difícil”, y en que los charrúas no pudieran salvarse, según se entiende en su carta. 

En una carta de José Catalá a Gabriel Pereira -del 23 de agosto de 1831, le informa que “ni uno solo ha escapado del lazo maestro que les armó este experto Jefe (Rivera)” y las ventajas políticas que la masacre representaría para el “riverismo” (en realidad José Catalá no informa correctamente ya que algunos charrúas pudieron escapar de la emboscada). 

Rivera intenta engañar nuevamente, años después, sobre los hechos que él mismo confesó y dejó documentados. 

Durante su estadía en Brasil, Rivera es increpado por la prensa por la masacre de charrúas, y contesta mediante una publicación en “El Iris” fechada en Río de Janeiro el 30 de octubre de 1848. Dice: “… Se a min coube a fortuna e glória de acabar com uma horda de selvagens nomados e ferozes, abrigada nas escabrosidades do paiz, fiz o que outros nao puderam alcanzar antes de mim, e cumpri as ordens do gobernó, com grande satisfacçao das populaçoes, que por tantos annos foram victimas de correrias, roubos e mortes d´ aquelles bandidos. 

Limitarme-hei porêm aos factos inventados. E´falso que houvesse necessidade de atraiçoar os selvagens para os-destruir: nem estes selvagens foram nunca alliados do gobernó oriental, nem os orientaes, com quem eu tive a fortuna e honra de combater para cima de 35 annos, em mais de cem batallas, podian tener taes homens, desde que por utilidade geral, se-decretava o seu exterminio…” (Textual). 

En esta carta que escribe en Río de Janeiro, acomoda los hechos del modo que más le conviene contradiciendo lo escrito años atrás. Niega que tuviese necesidad de atraerlos y traicionarlos para destruirlos. También falta a la verdad cuando dice que los charrúas no combatieron con los soldados orientales de nuestra independencia, (desconociendo que el propio Artigas ya varias veces había mencionado la decisiva colaboración de los charrúas en diversas batallas). 

Y todavía se siente orgulloso del asesinato cuando dice que a él le cupo la fortuna y la gloria de acabar con una horda de salvajes que otros (españoles, portugueses y brasileros) no pudieron alcanzar antes que él, en 3 siglos. Reiteramos que el secreto del aniquilamiento estuvo en el engaño, y en el ataque a traición cuando los charrúas estaban confiados y descuidados, lejos de sus caballos e incluso, algunos desarmados. 

Fue la peor de las traiciones, aquella en que se recurre a la confianza de los amigos para hacerlos caer en una trampa sanguinaria, cruel e inhumana. Los niveles más bajos de los códigos morales del ser humano pudieron forjar esas maniobras genocidas. 

Y de los documentos surge que lo tomaban como una diversión, y Bernabé Rivera se refería a la matanza con la frase “la jarana de los indios”. 

¿Qué clase de moral pública y de valores éticos tenían estas personas? 

¿Cómo en este momento de la civilización aún se pretende justificarlos? 

Los documentos descubiertos no presentan dudas: Rivera fue el responsable del genocidio charrúa. Y a confesión de parte relevo de pruebas, aunque abundan las pruebas.
 

Otras matanzas 

La “matanza” más conocida de charrúas es la que tomo lugar en Salsipuedes. Pero lejos de haber ocurrido un exterminio, los charrúas fueron casados y matados aún después. Los charrúas no fueron atacados en una oportunidad, fueron en tres y en lugares diferentes: en el paso del Sauce del Queguay, en Salsipuedes y en el paraje llamado la Cueva del Tigre. 

Una de las masacres más terribles fue la ocurrida en la “estancia del viejo Bonifacio Penda”. Participaron el capitán Fortunato Silva y cuarenta hombres destinados por Bernabé Rivera. Según un relato de Manuel Lavalleja, Bernabé Rivera persiguió a los que habían escapado de Salsipuedes y al cacique Polidorio. En camino se encontró con el cacique Venado que estaba con doce charrúas. Bernabé habló con Venado y le prometió entregarle su familia y las de los demás si se sometían al gobierno y a vivir en un punto que le designasen sin salir de ahí. Venado aceptó y se entregó, marchando él y los suyos con Bernabé. Este los mandó a Durazno, diciéndole a Venado que era para que recibiesen a sus familias. Le entregó una carta para entregarle a Fructuoso Rivera para que diese a las familias. Junto con Venado y el resto de charrúas, Bernabé mandó un oficial con un asistente. 

genocidio 

Luego, Bernabé mando a Silva y los 40 hombres a la estancia para que se emboscaran hasta que llegara Venado con el oficial que lo acompañaba. Se ocultaron y esperaron a que los charrúas dejaran sus lanzas y fueran a la cocina. Una vez ahí, los charrúas fueron fusilados. 

Otra fue en la barra del Mataojo Grande. Sucedió el 17 de agosto de 1831. Bernabé Rivera y sus hombres dan muerte a quince indios, dos caciques, toman 26 hombres y 56 personas mas entre mujeres y jóvenes de ambos sexos. Lograron escapar 31. Entre los charrúas atrapados se encuentra un indio que se bautizara como Ramón Mataojo y que es el supuesto primer Charrúa llevado a París. También mueren varios charrúas en el enfrentamiento en el que logran dar muerte a Bernabé Rivera.
 

Yacaré Cururú, la venganza 

fructuoso rivera

La venganza, porque eso fue lo que los charrúas se tomaron. Mataron a uno de los responsables directos de ese intento de exterminio: Bernabé Rivera, sobrino de Fructuoso. Bernabé se encuentra en la barra de Yacaré Cururú con un grupo de charrúas. Eran más de treinta, pero Bernabé vio solo a algo más de 10. Los charrúas al ver a Bernabé emprendieron la retirada y éste los empezó a seguir, sabiendo que serían “presa fácil”. Sin embargo, luego de un tiempo de persecución, tenía sus fuerzas bastante separadas uno de otros y con sus caballos cansados. Así, volvieron los charrúas sus caras y empezaron ellos a atacar. En ese momento fue sencillo para ellos hacer prisionero a Bernabé, luego de que su caballo rodó. Ya los charrúas habían matado varios de sus hombres. Atrapado Bernabé, le empezaron a culpar por los asesinatos de los compañeros y sus familias. Fue un charrúa llamado cabo Joaquín quien lo pasó de una lanzada y luego de él lo hicieron otros. Bernabé murió, le cortaron nariz y venas para envolverlas en las lanzas. Los charrúas fueron liderados por el cacique Sepé. 

masacre charrúa 

Rivera entregó charrúas a diestra y siniestra y para pagar distintos favores: entrego como esclavos en Montevideo, mandó indias charrúas para las tropas en Durazno para satisfacción sexual, etc. Al extranjero son los más conocidos los charrúas enviados a Francia, pero también dio 5 charrúas a unos ingleses como homenaje por haber ocupado las Malvinas. 

Ramón Mataojo fue el primer charrúa llevado a Francia. Su apellido muestra el lugar donde lo atraparon: el arroyo Mataojo. Grande. Louis Maruis Barrl es quien lo lleva a Francia, en el barco L`Emulation, el 18 de enero de 1832. 

Del 22 al 29 de abril de 1832 figura internado en el hospital de Toulón. Muere embarcado el 21 de setiembre de 1832.
 

Los cuatro últimos charrúas 

Así se les llamó erróneamente al cacique Vaimaca Piru, Senaque, Guyunusa y Tacuabé. Fueron llevados a Francia por François de Curel. Su intención era presentárselos al Rey de Francia, a las Sociedades Científicas y otros. El 25 de febrero de 1833 son embarcados en el buque Faiçón rumbo a Francia. Su ingreso en dicho país fue ilegal y una vez allí son expuestos a la curiosidad y sometidos a estudios. En Francia son visitados por varios famosos. En una de las exhibiciones participo Federico Chopin. 

Una vez en Francia los charrúas fueron muriendo de a poco. El primero fue Senaque, el 26 de julio de 1833. Alcanzó a vivir en París sólo 80 días. Luego Vaimaca Piru, quien había sido sableado al ser apresado por las tropas de Rivera. Murió el 13 de setiembre de 1833. Vaimaca, el cacique, había luchado junto a Artigas y también junto a Rivera, quien evita que Vaimaca sea asesinado, sin saberse exactamente porque lo hizo. Luego murió Guyunusa, compañera de Vaimaca Piru quien había partido a Francia embarazada. En Paris dará a luz a su hija una semana después de la muerte de Vaimaca. Tacuabé se hará cargo de su hija por la muerte de su padre y porque Guyunusa le había comunicado a Vaimaca que ahora era la pareja de Tacuabé. Guyunusa moriría de tuberculosis 10 meses después de haber tenido a su hija. El último en morir fue Tacuabé, aunque no se sabe cómo, ya que se le perdió el rastro, a él y a la hija de Vaimaca y Guyunusa.
 

Fuentes: 


Picerno, Psic. José Eduardo – La confesión de Rivera, autor del genocidio Charrúa en 1831 
Saravia Marcelo – La hecatombe de Salsipuedes 
Varela Brown – La Masacre de Salsipuedes – Montevideo

La Venganza de los Patriotas

Editorial: PlanetaI.S.B.N : 9789504923923Clasificación:Ficción y Literatura » Novelas » ArgentinaFormato: LibrosDisponibilidad: Salida del depósito en 3 días hábilesPáginas:432Publicación:28/07/2010 | Idioma:Español

Sinopsis:
"¿Quién asesinó a Monteagudo?", se pregunta San Martín en su exilio europeo mientras esboza distintas hipótesis sobre el crimen que cambió la historia de América del Sur. "Monteagudo, serás vengado", ha jurado Bolívar frente al cadáver aún tibio de su genial asesor, pero Don José ignora si la venganza de los patriotas se ha cumplido. Se lo pregunta al general Ayala, álter ego de Bernardo Monteagudo y jefe de la investigación. El temerario Ayala tardará dieciocho años en llevarle la respuesta. A partir de esta incógnita policial, Miguel Bonasso,
autor de la magistral Recuerdo de la muerte, recrea la historia secreta de la independencia americana, entramando los recursos aventureros del folletín y
de la novela de espionaje con fuertes trazos de narrativa épica y momentos tórridos de literatura erótica.
El lector se vuelve espectador de la historia, que le muestra ¿como nunca antes¿ la flota de 24 navíos que parte de Chile para liberar al Perú; el desembarco en Pisco y la "guerra de zapa", esa combinación de espionaje y propaganda que arma el temible Monteagudo para el Liber tador, las secretas tenidas, y el Batallón de Cortesanas Patriotas, que obtienen pequeñas victorias en la penumbra propicia
de las alcobas.


Trabajada reconstrucción de la vida de Bernardo de Monteagudo


Foto AmpliadaLa novela histórica es un género de singular complejidad. ¿Cómo hacer para reponer el producido real del pasado sin caer en la trampa de la tediosa literalidad? ¿Cómo hacer para poblar los agujeros negros de los enigmas con pinceladas que no desnaturalicen el conjunto? Las respuestas son meramente conjeturales y en todo caso se zanjan en el camino mismo. En las operaciones, modos y estéticas que cada escritor y cada libro sepan gestar. He allí el desafío y sus eventuales recompensas. 
En La venganza de los patriotas, por ejemplo, Miguel Bonasso (Buenos Aires, 1940) se mete a fondo en desandar la liberación del Perú. La "guerra de zapa", el desembarco en Pisco, el deterioro metódico de las fuerzas realistas, una batalla acá, una intriga allá, en fin, la secuencia de una epopeya que tuvo en José de San Martín y Simón Bolívar a dos factores indispensables. Sin embargo, contra lo que podría deducirse, ni al Libertador ni al patriarca de la Gran Colombia les son dispensadas los mayores detalles de una lupa que Bonasso construyó con paciencia de investigador severo. El relato se apoya fuertemente en perfilar a Manuela Sáenz, Rosa Campusano, Carmen Guzmán, Lucía Gana (patriotas si las hubo), al general Ayala (el vasco Ayala) y, sobremanera, a Bernardo de Monteagudo. Y he aquí una distinción ineludible: mejor mirada la cuestión encontraremos  que, en realidad, La venganza de los patriotas tiene toda la cara de una biografía de Monteagudo. O por lo menos de un minucioso recorrido por esa etapa en la que Monteagudo se consolidó como un revolucionario sobresaliente y al tiempo fueron tejiéndose las condiciones que lo llevaron a la muerte. Pavada de desafío el que afronta el autor: pocos personajes han precipitado al tinte de encendida polémica que supone la figura del abogado, periodista y estadista originario de Tucumán. Los variados matices de su rica personalidad y su gravitación en las ideas de San Martín y Bolívar y en el curso mismo de la liberación del Perú son hasta hoy mismo motivo de controversia entre los historiadores. Para algunos resultó un hombre de inusitada crueldad. Para otros fue un modelo de discernimiento, de honestidad y de compromiso con la causa. 
¿Cómo es el Monteagudo de Bonasso? A grandes rasgos es un Monteagudo de vitalidad y desvelos copiosos. Por un lado, tenemos una privilegiada cabeza muy capaz de atender y dar cuenta de múltiples cuestiones de refinada estrategia, de audaz espionaje, de alta política. Y por otro lado tenemos a un hombre abocado a sus afeites y a la sistemática fecundidad de sus dotes de donjuán. Por cierto, es de hacerse notar el buen gusto con que Bonasso se despacha con párrafos de inquietante erotismo. Puesto en el delicado trabajo de describir los furores íntimos de los próceres, compone deliciosas semblanzas de alcoba. Todo un hallazgo.
Naturalmente, los entretelones del asesinato de Monteagudo -cuya autoría intelectual es todavía fuente de debates- articulan y propician un relato de prudente equilibrio entre la épica militar, los contrapuntos ideológicos, la desacralización de los hombres insignes y el ya subrayado erotismo. Esa prudencia y esas cargas de conveniente distribución son, al cabo, las que vuelven apetitoso por donde se mire a un libro que, por exagerada que parezca la observación, perfila de forma más nítida las bondades de buen novelista que en Bonasso se habían manifestado, por caso, en La memoria donde ardía (1990) y, desde luego, en la célebre Recuerdo de la muerte (1984.) 
© LA GACETA

Segunda parte de la entrevista https://www.youtube.com/watch?v=gs1Bm6dBqKw





http://www.lagaceta.com.ar/nota/401308/la-gaceta-literaria/trabajada-reconstruccion-vida-bernardo-monteagudo.html
http://www.tematika.com/libros/ficcion_y_literatura--1/novelas--1/argentina--3/la_venganza_de_los_patriotas--515170.htm
http://lavenganzadelospatriotas.blogspot.com.ar/