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sábado, 24 de enero de 2015

¿Quién fue la Maricastaña de aquellos remotos tiempos del dicho?

Una brava gallega del s. XIV que lideró una revuelta contra el obispo de Lugo dio origen al refrán.

María Castaña, en un retrato realizado por María Presas para el
Álbum de Mujeres del Consejo de Cultura Gallega
«¡Si se nos ha vuelto el tiempo de Maricastaña, cuando hablaban las calabazas (...)!», decía el licenciado de «El casamiento engañoso» de Miguel de Cervantes. Ya a finales del siglo XVI y comienzos del XVII, cuando el autor de El Quijote escribió sus «Novelas ejemplares», los tiempos de Maricastaña era una frase hecha con la que remontarse a una antiquísima época diluida en el recuerdo que quizá nunca existió... ¿O quizá sí?

El diccionario de la Lengua Española la presentaba hasta hace unos años como «personaje proverbial, símbolo de antigüedad muy remota», pero cada vez son más los investigadores que sostienen que «María Castaña» o «María Castiñeira» fue real y vivió en Galicia hace seis siglos, concretamente en el coto de Cereixa, en lo que sería el actual concejo de Puebla del Brollón (Lugo).

La «España Sagrada» del Padre Manuel Risco la menciona en el tratado 77 (Cap. I, pág. 126) por un documento del siglo XIV que se conserva en la catedral de Lugo: «El 18 de junio de 1386 María Castaña, mujer de Martín Cego, Gonzalo Cego y Alfonso Cego, confiesan haber hecho muchas injurias a la Iglesia de Lugo, y haber matado a Francisco Fernández, mayordomo del Obispo. Para satisfacción de estos delitos, hicieron donación a la Catedral de todas las heredades que tenían en el coto de Cereixa y se obligaron a pagar mil maravedíes de la moneda usual».

María Castaña «tomó parte activa en las luchas que los plebeyos libraban contra los señores feudales que querían despojarlos de sus tierras», según el autor argentino Héctor Zimmerman («Tres mil historias»), y «en una de esas guerras fue acusada de intentar dar muerte al mayordomo de un obispo -otros afirman que al propio obispo de Lugo-, con la ayuda de su marido y de sus dos cuñados».

También el «Episcopologio Lucense», de Amador López Valcárcel, menciona a comerciantes, artesanos y hacendados de la parroquia de Lugo «enfrentados al señorío episcopal, provocando episodios de especial violencia como los ocurridos en los siglos XIV y XV y que han pasado a la leyenda local a través de figuras como la popular María Castaña».

Una calle en Lugo

A mediados de los años 80, el entonces alcalde de Lugo Vicente Quiroga bautizó una calle con el nombre de esta brava gallega que se enfrentó al obispo Pedro López de Aguiar, pero se encontró con el rechazo de los vecinos. «Fueron a protestar diciendo que la suya era una calle muy digna», recuerda Isidoro Rodríguez Pérez, que se encontraba entonces en el Ayuntamiento y que, intrigado, comenzó a indagar en la historia de María Castaña. «Me parecía increíble que los lucenses no conociéramos la historia de esta mujer», dice a ABC este investigador de cultura popular lucense.

En 1993 formó un grupo junto a otros interesados en el folklore popular llamado «María Castaña» para reivindicar esta figura figura histórica y descubrió cómo el dicho llegó a Latinoamérica ya con los primeros españoles. «Debió de ser un acontecimiento muy importante este levantamiento que se produjo en Lugo para que ya en la colonización traspasase las fronteras», considera.

Recientes investigaciones sobre María Castaña apuntan la posibilidad de no fueran los abusivos tributos del obispo los que motivaran su levantamiento. «Parece ser que era una cuestión territorial», indica Rodríguez. María Castaña apoyaba, según esta teoría, las aspiraciones portuguesas sobre esas tierras frente a Juan I de Castilla, a quien apoyaba López de Aguiar. «Cuando el obispo llegó a un acuerdo con el rey portugués, María Castaña quedó desamparada y la revuelta fracasó», continúa el investigador.

Lugo cuenta desde el año 2000 con una calle dedicada a María Castaña aunque el Diccionario de Seres Míticos gallegos aún sostiene que es un personaje ficiticio basado en la leyenda celta «The Battle of the Birds» (La batalla de los pájaros) que protagoniza Auburn Mary (María de color castaño, en su traducción literal).

«También es posible que ese nombre sea tan genérico como el de Maritornes, Marizápalos, Marisabidilla, Marimacho y por supuesto como el de María Sarmiento, tan delgaducha y desmembrada qeu fue a mear y se la llevó el viento», señalaba Jaime Campmany en 1993 en ABC. Sea como fuere, lo que no cabe duda es que desde los tiempos de Maricastaña ha llovido... y mucho.

Vía: ABC


http://antrophistoria.blogspot.com.es/2015/01/quien-fue-la-maricastana-de-aquellos.html#more


Antiguas ciudades africanas destruidas por los Europeos: Kumasi


Kumasi fue la capital del reino de Ashanti, siglo X al XX. Los grabados de la vida en Kumasi muestran casas, a menudo de 2 pisos, edificios cuadrados con techos de paja, con habitaciones familiares dispuestas alrededor de un patio. El complejo del Palacio Manhyia dibujado en otro boceto era similar a un castillo normando, sólo que más elegante en su arquitectura.
“Estas casas de 2 pisos con techo de paja del Reino de Ashanti eran de madera enmarcada y las paredes estaban construidas con tejas y yeso. Siempre había un árbol en el patio, que era el punto central de la unidad familiar. El Árbol de la Vida era el altar para las ofrendas de la familia a Dios, Nyame. Se ponía una cacerola de cobre amarillo en las ramas del árbol en la que se colocaban las ofrendas. Esta era la misma en cada patio de cada casa, templo y palacio. Los representantes y funcionarios del Rey trabajaban en edificios de lados abiertos. La finalidad era para que todo el mundo fuera bienvenido a ver lo que estaban haciendo.

“Las casas de la ciudad de Kumase tenían baños en la planta alta en 1817. En el año 1800 la ciudad estaba documentada en dibujos y fotografías. Con paseos y plazas públicas, vidas cosmopolitas, en todas partes una gran cantidad de exquisita arquitectura impecable y ordenada, historia, prosperidad y vida muy moderna “- PD Lawton, AfricanAgenda.net

Winwood Reade describió su visita al Palacio Real Ashanti de Kumasi en 1874: “Fuimos a la casa del Rey, que se compone de muchos patios, cada uno rodeado de alcobas y terrazas, y que tiene dos portones o puertas, de manera que cada jardín fuera una pasaje.. . Pero la parte del palacio  que daba frente a la calle era una casa de piedra, de estilo morisco. . . con un techo plano y un parapeto, y suites de apartamentos en el primer piso. Fue construida por albañiles Fanti hace muchos años. Las habitaciones de arriba me recuerdan a Wardour Street. Cada una era como una perfecta pieza de tienda de viejas curiosidades. Libros en muchos idiomas, cristal de Bohemia, relojes, platería, muebles antiguos, alfombras persas, alfombras Kidderminster, cuadros y grabados, innumerables cofres y arcas. Una espada con una inscripción de la reina Victoria al Rey de Ashanti. Un ejemplar del Times del 17 de octubre de 1843. Junto con todo esto había muchos  ejemplares de artesanía Morisca y Ashanti. “- Robin Walter

La hermosa ciudad de Kumasi fue volada, destruida por el fuego y saqueada por los británicos a finales del siglo XIX.

http://historiadeafrica.com/antiguas-ciudades-africanas-destruidas-por-los-europeos-kumasi.html


martes, 13 de enero de 2015

«Rezo día y noche por que estéis bien»: así es la carta hallada del legionario romano

Hace 1.800 años, Aurelio Polión estaba desesperado por saber, desde la actual Hungría, cómo estaba su familia en Egipto

UNIVERSITY OF CALIFORNIA,
BERKLEY'S BANCROFT LIBRARY


Podemos atisbar el corazón de un soldado de la legión romana. Mientras Virgilio muere en Bríndisi, el poeta Antonio Colinas hacía escribir al moribundo legionario romano de su poema: «No quiero que me entierren bajo un cielo de lodo, /que estas sierras tan hoscas calcinen mi memoria. / Oh dioses, cómo odio la guerra mientras siento / gotear en la nieve mi sangre enamorada». Ahora, unsuceso real, acontecido hace más de 1.800 años a un soldado romano, viene a ilustrar los sentimientos de aquellos reclutas que combatían a miles de kilómetros de su tierra natal con sus propias palabras.
El soldado que protagonizó este suceso era de origen egipcio y se llamaba Aurelio Polión. Servía en Europa en la legión romana en los albores del sigloo III y conocemos su historia porque escribió a casa, desesperado, y esa carta que fue hallada hecha trizas en una excavación cerca del Nilo acaba de ser descifrada por un estudioso,Grant Adamson. En la misiva Polión se muestra muy preocupado -yprobablemente está herido- porque no tiene noticias de su familia en Egipto desde hace bastante tiempo. Ha escrito seis cartas antes y no ha recibido respuesta. Ansía volver a su patria. Envía esta no ya por el correo militar romano, si no que se la confía a un ex militar, Acutius León, y en el reverso escribe instrucciones de entrega.

Emociones de un soldado

La carta, escrita en griego, que apareció en un templo de época romana junto al Nilo en 1899, muestra de forma muy gráfica lasemociones del legionario romano como una carta hoy mostraría a cualquier soldado de nuestro tiempo desplazado en cualquier país extraño para combatir, como un ser humano en medio de un mundo en guerra, cuyas preocupaciones no se limitan a su situación personal sino que también se centran en sus seres queridos.
Polion escribe a su hermano, su hermana y a su madre, una panadera. Si lo hace en griego es, probablemente, porque ellos no sabrían mucho latín y porque escribir en egipcio sería menos práctico o seguro. Lo que sus palabras revelan es que está desesperado por volver a abrazarlos. Redacta en estos términos:
«De Aurelio Polión, soldado de la legio II Adiutrix, para Heron su hermano y Ploutou su hermana y su madre Seinouphis la panadera y señora (?) muchos saludos. Rezo día y noche para que estéis bien de salud y siempre imploro a los dioses por vuestro bienestar. No he dejado de escribiros pero vosotros no me tenéis presente.Yo cumplo con mi parte escribiendo siempre y no dejo de pensar en vosotros y os llevo en mi corazón. Vosotros no me escribís ni me contáis cómo estáis, o qué tal vuestra salud. Mi preocupación es tanta porque aunque no habéis dejado de recibir mis cartas con frecuencia, no me habéis escrito para que yo sepa cómo...»

«Me tratáis como a un extraño»

«... mientras estoy lejos en Pannonia os he mandado [cartas] pero me tratáis como a un extraño. Yo me fui ... y estáis contentos... Os he mandado seis cartas. En el momento en que me tengáis (?) pensamiento, obtendré permiso del consular [el comandante] y podré volver con vosotros para que sepáis que soy vuestro hermano. Porque yo no pedí (?) nada vuestro para el ejército, pero yo os culpo porque aunque yo os he escrito ninguno de vosotros (?)... tiene consideración. Mirad, vuestro (?) vecino ... Soy vuestro hermano. Escribidme también. Cualquiera de vosotros... mandadme su... a mí.Saludad a mi padre Aphrodisios y a Atesio, mi tío... su hija... y su marido Orsinouphis y los hijos de la hermana de su madre, Xenophon y Ouenophis alias Portas»
«Rezo día y noche por que estéis bien»: así es la carta hallada del legionario romano
BRANDON MARTIN
Imagen del investigador Grant Adamson
Polión, destinado a la provincia de Pannonia Inferior, en Aquincun (Hoy Budapest)debió de ser trasladado, ya que su unidad estuvo activa entre su cuartel general y Bizancio. El investigador Adamson afirma en la página web del Rice Institute, en una información deDavid Ruth que «Polión estaba alfabetizado, sabía escribir y eso resultaba raro en aquel entonces, pero su ortografía y su gramática griega eran irregulares, lo que hizo su transcripción mucho más difícil», ya que el papiro tiene muchas partes perdidas. Seguramente sería políglota, capaz de hablar en egipcio y griego con su familia antes de alistarse y después de dominar el latin para cumplir su trabajo en la legión romana.
Grant Adamson la descifró en el verano de 2011 y no ha sido hasta ahora cuando ha terminado de editar y publicar su trabajo. El investigador es un graduado del Rice Religious Studies. La carta estaba catalogada brevemente pero sin estudiar a fondo. Se encuentra en la Universidad de California, en la Berkley’s Bancroft Library.
«Fue uno de los muchos documentos que los responsables de la expedición de 1899 Grenfell y Hunt, excavaron», recuerda Adamson. «Pero su mal estado de conservación impidió que desde hace cien años nadie le dedicase un estudio como este», añade. Muchas de las partes perdidas hacen trozos del texto ininteligible y nunca podrán recuperarse.
La datación ha sido establecida gracias al tipo de letra y algunos rasgos específicos. «La datación de los antiguos papiros es especialmente difícil salvo que la fecha esté mencionada en el texto, aunque se puede realizar una aproximación por el estilo de letra». Pero el investigador añade que otra pista es el mismo nombre de Aurelio, que el soldado podría haber adoptado en 212 como parte de una natulalización general de nuevos ciudadanos romanos. Además, la referencia al consular, al comandante de su unidad, es otra pista, porque sugiere una fecha posterior a 214, cuando la provincia de Pannonia Inferior empezó a estar bajo gobierno consular.

Papiros, momias y cocodrilos

Descifraron una carta escrita por un legionario romano hace 1.800 años a su familia

Aurelio Polión se encontraba muy preocupado por saber, desde la actual Hungría, cómo estaba su familia en Egipto, de la cual no recibía noticias desde hacía varios días


Grant Adamson descifró una carta escrita hace 1.800 años atrás por Aurelio Polión, un legionario romano que estaba desesperado por saber, desde la actual Hungría, cómo estaba su familia en Egipto. 

El papiro de Polión es uno de los más de 30.000 descubiertos en la ciudad egipcia de Thebunis, ubicada al suroeste de El Cairo.
Polión sirvió a las tropas romanas en Europa durante el siglo III , sin embargo, recién ahora se dio a conocer su historia, luego de que la carta que le había escrito a su familia fuera hallada prácticamente destruida en una excavación cerca del Nilo.
La carta fue descifrada por Grant Adamson, quien logró interpretar que en la carta el legionario romano se encontraba muy preocupado porque no tenía noticias de su familia en Egipto desde hace varios días.
Adamson terminó de descifrar la carta en 2011, sin embargo recién ahora ha decidido editar y publicar su trabajo. “Fue uno de los muchos documentos que los responsables de la expedición de 1899 Grenfell y Hunt, excavaron”, recordó Adamson. “Pero su mal estado de conservación impidió que desde hace cien años nadie le dedicase un estudio como este”, añadió.
Carta completa
“De Aurelio Polión, soldado de la legio II Adiutrix, para Heron su hermano y Ploutou su hermana y su madre Seinouphis la panadera y señora  muchos saludos. Rezo día y noche para que estéis bien de salud y siempre imploro a los dioses por vuestro bienestar. No he dejado de escribiros pero vosotros no me tenéis presente. Yo cumplo con mi parte escribiendo siempre y no dejo de pensar en vosotros y os llevo en mi corazón. Vosotros no me escribís ni me contáis cómo estáis, o qué tal vuestra salud. Mi preocupación es tanta porque aunque no habéis dejado de recibir mis cartas con frecuencia, no me habéis escrito para que yo sepa cómo.Mientras estoy lejos en Pannonia os he mandado cartas pero me tratáis como a un extraño”, comienza diciendo la carta de Polión.
“Yo me fui … y estáis contentos… Os he mandado seis cartas. En el momento en que me tengáis (?) pensamiento, obtendré permiso del consular el comandante y podré volver con vosotros para que sepáis que soy vuestro hermano. Porque yo no pedí (?) nada vuestro para el ejército, pero yo os culpo porque aunque yo os he escrito ninguno de vosotros… tiene consideración. Mirad, vuestro (?) vecino … Soy vuestro hermano. Escribidme también. Cualquiera de vosotros… mandadme su… a mí.Saludad a mi padre Aphrodisios y a Atesio, mi tío… su hija… y su marido Orsinouphis y los hijos de la hermana de su madre, Xenophon y Ouenophis alias Portas”, concluye la carta del legionario que según Adamson podría haber estado mal herido durante la redacción del escrito.

http://www.nexofin.com/notas/148884-descifraron-una-carta-escrita-por-un-legionario-romano-hace-1-800-anos-a-su-familia-n-/



Legiones de Roma, la vida en el campamento

Durante los más de veinte años que duraba su servicio, los legionarios vivían en campamentos de frontera, sometidos a una dura disciplina
Por Fernando Lillo Redonet. Doctor en Filología Clásica y escritor, Historia NG nº 104

Un hombre que se enrola en el ejército cambia de vida por completo. Deja de ser alguien que toma sus propias decisiones y emprende una vida nueva, dejando atrás la anterior». Así explica el escritor Artemidoro el drástico cambio de vida que experimentaba quien se convertía en legionario romano. Lo cierto es que eran muchos los que aspiraban a emprender esa carrera, no sólo porque la demanda de soldados era importante –se necesitaban entre 7.500 y 10.000 nuevos reclutas cada año–, sino también porque ofrecía numerosos alicientes a los candidatos. La vida en el ejército garantizaba comida, alojamiento y un salario que, si bien no era superior al de un trabajador libre, sí tenía la ventaja de ser fijo.
Existían también posibilidades de promoción interna, así como ciertos privilegios a la hora de enfrentarse a procesos judiciales, en los que la condición de soldado era sumamente ventajosa. Durante el servicio, el soldado podía aprender un oficio, e incluso a leer y a escribir, y recibía asimismo mejor atención médica que la media de los demás romanos. Además, confiaba en que al licenciarse recibiría una cantidad de dinero o un terreno. Los puestos de legionario estaban reservados a los ciudadanos, pero los que no lo eran podían alistarse en las tropas auxiliares con la esperanza de obtener la ciudadanía al término de su servicio. Naturalmente, había contrapartidas: el legionario debía someterse a las órdenes de los mandos, y soportar castigos corporales e incluso la pena capital sin grandes opciones de defensa. Tampoco podía casarse legalmente, aunque en la práctica muchos soldados tenían esposa e hijos no reconocidos oficialmente.

La vida en el campamento

Para ingresar en una legión había que cumplir una serie de requisitos, que verificaba el oficial encargado del reclutamiento. Como el servicio duraba veinticinco años, el candidato debía ser joven, en torno a los veinte años. Se prefería a hombres procedentes del campo, porque habían vivido en condiciones más duras y se creía que aguantarían más fácilmente los rigores de la vida militar. La altura ideal para un recluta de la primera cohorte o un jinete de caballería oscilaba entre 1,72 y 1,77 metros, aunque no se rechazaba a los que fueran algo más bajos, pero de complexión fuerte; a finales del Imperio la altura mínima bajó a 1,65 metros. También se requería cierta simpleza e ignorancia, con vistas a tener hombres que no cuestionasen las órdenes recibidas, pero también se buscaba a reclutas con educación en letras y números que ocupasen los puestos administrativos. Se valoraba a aquellos que habían ejercido una profesión que resultara útil para la vida del campamento, como herreros, carpinteros, carniceros y cazadores. Algunos se valían de cartas de recomendación escritas por personas influyentes en las que se ensalzaban sus habilidades.

Tras el reclutamiento, el legionario era destinado a su unidad, generalmente en un campamento estable de mayor o menor tamaño situado en las fronteras del Imperio, donde viviría en un ambiente totalmente distinto al de un civil. Estos campamentos tenían una estructura común, si bien cada uno podía presentar sus propias particularidades. Su forma era rectangular y su extensión, de unas veinte o veinticinco hectáreas. Había dos calles principales: la via principalis, que atravesaba el campamento de lado a lado con entradas en los lados mayores del rectángulo; y la via praetoria, que iba de la entrada principal hasta el corazón del campamento, donde se cruzaba con la principalis. En esa intersección se situaban los principia, el cuartel general, sede administrativa del campamento. En el mismo punto podía haber una plaza central porticada y una basílica, así como el templo (aedes), el espacio más prestigioso, donde se guardaban altares, estatuas y bustos de los emperadores, y los estandartes y el águila de la legión. Junto a los principia estaba el praetorium, residencia del comandante, donde vivía con su familia y su séquito. Los tribunos también tenían viviendas propias, de mayor calidad que los barracones de centuriones y legionarios.
El hospital era un edificio imprescindible, en el que se atendía a los soldados afectados por heridas de guerra o, más comúnmente, por enfermedades o accidentes laborales producto de su rutina diaria. Solía tener un patio central, en torno al cual se disponían los habitáculos para los enfermos y otras dependencias, y estaba atendido por médicos militares de mayor o menor profesionalidad. Los hallazgos de instrumental médico y las informaciones de recetas creadas por los médicos militares indican una calidad de atención superior a la que recibiría un civil que no tuviera los recursos necesarios para pagarse un médico particular. Los graneros, llamados horrea, estaban construidos sobre pilares o muros elevados para que los cereales y otros alimentos se conservaran frescos y a salvo de animales dañinos.
Los soldados vivían en barracones de forma alargada. Cada uno de ellos acogía a una centuria, unos ochenta hombres, que a su vez se dividían en diez grupos de ocho. Cada uno de estos grupos, llamados contubernium, tenían asignadas dos pequeñas habitaciones, de cinco metros cuadrados cada una: una para los enseres y armas y otra que hacía las veces de dormitorio. Aunque pudiera parecer un lugar pequeño para vivir, no reunía condiciones peores que las de los civiles y, además, la mayor parte del tiempo los soldados estaban realizando sus tareas diarias o las misiones encomendadas dentro o fuera del campamento.
El centurión tenía su alojamiento en habitaciones más amplias, en un extremo del barracón. Su misión era gobernar la centuria, y a veces lo hacía con dureza y arbitrariedad. El centurión usaba a menudo la vara para mantener la formación y castigar al que no desfilara correctamente o hablara con su compañero. Tácito transmite la anécdota de un centurión llamado Lucilio al que llamaban «¡Vamos, otra!», porque cuando rompía una vara en la espalda de un soldado pedía otra con voz potente; su crueldad provocó que fuera asesinado en un motín. En consecuencia, era importante llevarse bien con el centurión para poder pasar la vida en el campamento lo mejor posible. Un soborno en el momento adecuado podía proporcionar el ansiado permiso, ampliar uno ya otorgado o hacer que el soldado resultara favorecido con las tareas más cómodas. En una carta de un soldado llamado Claudio Terenciano se da fe de que en el ejército «no se consigue nada sin dinero».

Tareas y maniobras

La jornada de un legionario estaba marcada por las obligaciones militares. Después del desayuno y de pasar revista, se asignaban las tareas a cada soldado siguiendo las órdenes procedentes del cuartel general. Esta asignación se registraba minuciosamente en una hoja de servicios. Se ha conservado una perteneciente a una centuria de la III Legión Cirenaica de Egipto, fechada a finales del siglo I d.C., en la que consta qué hacían los soldados en activo los diez primeros días del mes de octubre. Entre los trabajos consignados se cuentan las guardias en diversos lugares del campamento, como la entrada, los parapetos y torres o los principia. Había legionarios que se encargaban del mantenimiento del calzado, las armas, las letrinas y las termas. Otros hacían de escolta de algún oficial o realizaban tareas fuera del campamento, saliendo de patrulla por los caminos.
Además de las tareas individuales, los soldados debían adiestrarse con su unidad realizando marchas o entrenamientos en grupo. Los diversos ejercicios iban desde desfiles a simulacros de batallas o asedios. Las maniobras se llevaban a cabo con tal rigor que, en el siglo I d.C., el historiador judío Flavio Josefo decía con admiración que éstas no eran diferentes de la propia guerra y que cada soldado se ejercitaba todos los días con la mayor intensidad posible, siendo «sus maniobras como batallas incruentas y sus batallas como maniobras sangrientas».

Comida, ocio y religión

Los legionarios hacían dos comidas al día: el desayuno (prandium) por la mañana, y la cena (cena), la principal, al acabar la jornada. La dieta básica del legionario era variada y consistía en cereales, sobre todo trigo, carne de cerdo o ternera, y vegetales y legumbres, básicamente lentejas y habas. La caza y la pesca en las cercanías de los asentamientos podían contribuir a una mejor alimentación. A veces, los soldados pedían en las cartas a sus familiares que les enviaran comida extra. Ni que decir tiene que la alimentación de los oficiales sería más variada e incluiría alimentos de mayor calidad. Para beber tenían agua, cerveza y vino agrio. Al no existir comedores comunes para los soldados, las raciones individuales que se entregaban para comer eran cocinadas en el ámbito del contubernium, en hornos y cocinas fijos o portátiles. El hecho de cocinar y comer juntos propiciaba la camaradería entre los soldados.
El legionario tenía diversas opciones para emplear su tiempo libre. Una de ellas era acudir a las termas del campamento, que podían estar dentro o fuera de él. Era un lugar apto no sólo para la higiene y el descanso, sino también para la vida social y los juegos de azar. También se podía acudir a los asentamientos que surgían a la sombra de los grandes campamentos, que recibían el nombre de canabae. Allí había mercaderes ávidos de aligerar el bolsillo de los legionarios, tabernas para beber y jugar, e incluso burdeles. En este lugar vivían las familias de los legionarios, aunque parece que éstas podían haber vivido igualmente dentro del campamento. Estos lugares se convertían con el tiempo en vici (aldeas) e incluso daban lugar a ciudades. Algunos campamentos tenían en sus alrededores un anfiteatro, como en Caerleon (al sur de Gales), en el que, además de luchas de gladiadores o cacerías de fieras, podían realizarse desfiles militares o exhibiciones de lucha por parte de los propios legionarios.
El ejército tampoco descuidaba la vida religiosa de sus soldados, que servía de aglutinante para gentes de procedencia diversa y propiciaba el equilibrio personal. Con el objetivo de lograr la adhesión de los legionarios a Roma y a su emperador se celebraban ceremonias religiosas en honor de los dioses y divinidades oficiales, como Júpiter Óptimo Máximo, Roma Eterna y Victoria Augusta. Otras estaban dedicadas a los emperadores romanos –por ejemplo, con motivo de su cumpleaños–, o a la celebración del día de la fundación de Roma. Incluso se estableció un culto a la disciplina militar, a través de una divinidad abstracta llamada Disciplina, que introdujo el emperador Adriano para potenciar la eficacia del ejército. Las fiestas religiosas eran también una válvula de escape a la rutina diaria y permitían un cierto relajamiento de las costumbres. Junto a los dioses oficiales los soldados podían adorar de forma privada a las divinidades propias de su región o participar en cultos orientales como el de Mitra, que prometía la salvación personal a sus iniciados.
Como incentivo en su vida castrense, el legionario romano contaba con su paga regular, que en tiempos de Augusto ascendía a 225 denarios anuales, cantidad que aumentó progresivamente conforme avanzaba el Imperio. Aunque de esta paga se hacían deducciones para la comida, mantenimiento del equipo y otros gastos, parece que los soldados podían llegar a ahorrar el veinticinco por ciento de la paga anual. Además, el ascenso en el ejército conllevaba un aumento considerable de salario, de modo que un centurión podía cobrar unas quince veces más que un soldado raso. Como ingresos adicionales, los legionarios contaban con los donativos extraordinarios efectuados por los emperadores, bien por testamento, bien en ocasiones especiales, que se pagaban a las tropas de manera proporcional según el rango militar.

El premio a una vida de servicio

Había tres formas de dejar la legión. La primera era a consecuencia de una enfermedad o heridas graves que hicieran al legionario inútil para el ejército. En ese caso (missio causaria) era licenciado tras un riguroso examen de su condición. También era posible que el soldado cometiera acciones criminales que provocaran su licenciamiento con deshonor (missio ignominiosa), quedando inhabilitado para cualquier servicio imperial. Los demás legionarios, alrededor de la mitad, conseguían sobrevivir a los veinticinco años de servicio y eran licenciados con honor (missio honesta).
Una vez licenciados, los legionarios disfrutaban de una serie de derechos y privilegios como ciudadanos y veteranos. Quedaban exentos de numerosos impuestos y recibían un trato preferente en su relación con la justicia. Si lo deseaban, también podían legalizar su situación matrimonial. Seguramente se les entregaba algún documento escrito en el que constaba su licenciamiento. Los auxiliares, por su parte, recibían un diploma de bronce donde se detallaba su condición legal de soldados veteranos.
El licenciamiento permitía a los legionarios «volver a casa», pero no todos lo hacían. Muchos recibían un terreno en los asentamientos cercanos a su campamento o en la región en la que habían servido, sobre todo si se habían casado con mujeres locales. Las parcelas reservadas a cada licenciado, de forma cuadrangular, eran delimitadas por agrimensores en un proceso llamado centuriación. Los que habían sido centuriones podían gozar de una buena posición en la ciudad en la que decidieran fijar su residencia, e incluso llegar a los más altos grados de la magistratura local. Otros invertían sus ahorros en abrir un negocio; por ejemplo vendedor de cerámica o de espadas.
El legionario que llegaba a veterano había tenido una existencia dura, aunque mejor que muchos civiles, y al término de su servicio podía recoger los frutos de su esfuerzo gozando de privilegios y de consideración social. Pero no todos tenían motivos para felicitarse. En el año 14 d.C. estalló una revuelta de legionarios en Panonia, dirigida por un cabecilla que clamaba ante sus compañeros: «Bastante hemos pecado de cobardía accediendo a servir durante treinta o cuarenta años hasta acabar viejos y, en la mayoría de los casos, con el cuerpo mutilado por las heridas», y se quejaba del miserable jornal que recibían a cambio de soportar «los golpes y heridas, la dureza del invierno, las fatigas del verano, las atrocidades de la guerra o la esterilidad de la paz».

PARA SABER MÁS

Legionario. El manual (no oficial) del legionario romano. Philip Matyszak. Akal, Madrid, 2011.
El ejército romano. Adrian Goldsworthy. Akal, Madrid, 2010.
La legión. Libro X de Quinto Licinio Cato. Simon Scarrow. Editorial Edhasa, Barcelona, 2012.



viernes, 9 de enero de 2015

La vergüenza francesa

La redada del Velodrome D’Hiver comenzó a las 4 de la madrugada del 16 de Julio de 1942.
Durante el primer periodo de Francia, los nazis pusieron en práctica la persecución del pueblo judío del modo acostumbrado. En primer lugar, identificando y registrando a sus integrantes, para después aprobar leyes que los obligasen a registrar sus propiedades antes de confiscarlas y deportar a todos los judíos de la zona ocupada. El gobierno de Vichy no dudó en brindar su sumisa colaboración durante todo el proceso…Alemania no disponía allí (Francia) de la mano de obra necesaria para identificar, detener y expatriar a los hebreos galos sin contar con la participación activa de la administración y la policía francesa, y más aún habida cuenta de que, en un primer momento, los nazis exigieron que se deportase a más judíos de Francia que de ningún otro país de Europa occidental. Durante un encuentro celebrado en Berlín el 11 de junio de 1942, presidido por Eichmann, se anunció un plan de actuación por el que debían ser llevados a Auschwitz 100.000 franceses. Sus edades debían estar comprendidas entre los 16 a 40 años. Ansioso por complacer a sus superiores, Theodor Dannecker se comprometió a enviar a todo hebreo francés que estuviera entre las edades señaladas. En una reunión mantenida el 2 de julio entre René Bousquet, jefe de la policía de Vichy, y una serie de funcionarios nazis, los alemanes pudieron comprobar por sí mismos cuán lejos estaba la teoría de la práctica. El representante francés expuso la postura de su gobierno: en la Francia ocupada, sólo podrían ser deportados los judíos extranjeros y en la no ocupada, la policía gala no participaría en redada alguna. Según sus propias palabras “Por parte de Francia, no tenemos nada en contra de los arrestos en sí, pero resultaría muy embarazoso que los ejecutase la policía francesa en París. Hemult Knochen, director de la policía de seguridad alemana, que sabía que las deportaciones serían impracticables sin la colaboración del país invadido, no dudó en protestar y recordó a Bousquet que “Hitler no entendería la actitud de Francia”. Al galo le bastó la amenaza implícita para mudar de postura: su policía detendría a judíos foráneos.

En un encuentro posterior entre el primer ministro francés, Pierre Laval, y Dannecker, aquél se mostró dispuesto –según éste último- a que “en la evacuación de familias judíos de la zona no ocupada, se incluyeran también a los niños de menos de 16 años. Por lo que respecta a los menos judíos de la zona ocupada, la cuestión no le interesaba lo más mínimo”.

En el apartamento familiar del distrito número 10 se encontraba Annette Muller. Tras oír ciertos rumores,, su padre, que era de origen polaco, había ido a ocultarse en las cercanías, en tanto que los suyos habían permanecido en la vivienda, ya que les resultaba inconcebible que toda la familia pudiese estar en peligro…”todo estaba patas arriba. Yo quise llevar mi muñeca conmigo…y ellos me la arrebataron de los brazos y la lanzaron con violencia sobre la cama deshecha. Entonces entendía que lo que iba a ocurrirnos no era nada bueno”.

La policía obligó a todos los judíos detenidos a una serie de autobuses que los llevó a la prisión de tránsito en que se había convertido el Vélodrome D’Hiver, un estadio cubierto situado en el distrito número 15. Todas las familias arrestadas en el transcurso de dos noches, un total de 12.884 personas, de las cuales 4.115 eran niños, fueron confinadas allí…”las luces estaban encendidas día y noche. Había grandes tragaluces y hacía mucho calor. Apenas volvimos a ver la poli. Había uno o dos lugares de los que obtener agua, y lavabos: tal vez dos…el hedor era insoportable. ..Vi a un hombre paralítico que vivía a poca distancia de la rue de l¡Avenir. Cuando íbamos a su casa lo veíamos siempre con una manta sobre las piernas, rodeado de sus hijos, que se dirigían a él con gran respeto. Recuerdo cuanto me impresionaba aquel señor. Y allí lo ví tumbado en el suelo, desnudo (era la primera vez que vía a un hombre sin ropa), y sin dejar de gritar. Tenía los ojos medio abiertos, y el cuerpo, blanco y desnudo. Ofrecía una imagen aterradora…

El sufrimiento que conocieron los Muller y otros miles de familias fue poco comparado con lo que les esperaba. Tras varios días de confinamiento en el velódromo, las autoridades trasladaron a las familias, en tren, a recintos establecidos en los campos franceses en Beaune-la-Rolande y Pithiviers. Pese a las condiciones del confinamientos, el hecho de que los niños estuvieran acompañados de sus maadres constituia un gran consuelo para los niños, pero dado que, en un principio los alemanes habían pedido a los franceses la deportación exclusiva de adultos capaces de trabajar, y puesto que los niños sólo habían sido incluidos en un segundo momento a fin de hacer cuadrar las cuentas, en Berlín no se habían acordado, de modo formal, de los preparativos necesarios para la expatriación de familias enteras. Sin embargo, aun cuando sabían, casi con toda seguridad, que apenas habrían que esperar unas semanas a que se efectuasen tales preparativos, (para que hubiera trenes dispones) las autoridades galas convinieron en separar a los padres de sus hijos y deportar primero a los adultos. Las autoridades francesas no trataron de evitar los terribles sufrimientos a que estaban abocados los expatriados; no propusieron a los alemanes que retrasasen las primeras salidas unas semanas para no tener que desmembrar a las familias. Laval había declarado con anterioridad que su propuesta de incluir a los niños en las deportaciones se debía a un deseo “humano” de no separar a las familias. Nada podía ser menos “humano” que las acciones que planeaban en aquellos momentos: arrebatar a los hijos del seño paterno en los centros de tránsito. La principal preocupación de las autoridades francesas consistió en llenar, sentados en un soleado despacho, el número de trenes que había establecido la Gestapo.

Cuando anunciaron que separarían a los hijos de sus progenitores, se formó un gran alboroto..”muchos de los niños se aferraron a sus madres. Aquellos fueron momentos muy difíciles: los pequeños agarrados a sus madres, sin dejar de gritar ni llorar, y los gendarmes abrumados…la policía hacía retroceder a las madres golpeándolas de manera brutal, pero los niños no soltaban sus ropas. Los gendarmes comenzaron a empaparnos con agua y a rasgar los vestidos de las mujeres. Todo el mundo chillaba y gritaba. De pronto cesó el estruendo y se hizo el más absoluto silencio. Frente a las mujeres y los niños habían colocado una ametralladora y nadie pasó por alto la amenaza….”ante nosotros se extendía toda una hilera de mujeres..aún puedo verlas delante de mí. Y los niños nos abrazábamos. Mi madre, que se encontraba en primera fila, nos hizo una señal con la mirada, y nosotros no apartábamos la vista de ella. Tuve la impresión de que sus ojos nos sonreían, como si quisiera decirnos que iba a volver.

Las condiciones de vida en el campo de realojamiento no tardaron en empeorar para los niños tras la marcha de sus padres. Pero no se trató sólo de que la desatención que sufrían los niños. Sino de las humillaciones que hubieron de sufrir en el periodo más vulnerable de su desarrollo. Michel Muller recuerda: “Yo tenía mucho pelo en aquella época, y mi madre estaba orgullosísima de mis rizos. Y cuando aquél gendarme fue a raparme, me sujetó entre sus piernas y dijo “ Hombre, vamos a jugar a El último mohicano, y me arrasó una línea en mitad de la cabeza, de modo que quedé con el pelo de ambos lados y una parte afeitada en medio. Sentí tanta vergüenza que acabé por robar una boina para taparme. La hermana de Michell, Annete, recuerda éste hecho: “Recuerdo que mi madre le encantaba peinar a mi hermano el cabello, un hermoso cabello rubio. Siempre le decía que era guapísimo. Y cuando le afeitaron aquella raya en el centro, adquirió un aspecto espantoso. Mi propio hermano me inspiró repugnancia.” Pasados unos días los gendarmes acabaron, por fin, su trabajo, y rasuraron también los lados laterales de su cabeza. En tanto que ellos se lo pasaron en grande a su costa, Michel hubo de soportar un trauma emocional que aún no se ha borrado de su memoria.

A mediados de Agosto de 1942, se había puesto en marcha los preparativos necesarios para que los franceses pudieran deportar a los niños y completar así la cifra prometida a los alemanes. De allí serían enviados a Auschwitz. Varias voluntarias se ofrecieron para cuidar de los niños. “intentamos hacer una relación completa de sus nombres, pero muchos ni siquiera sabían sus apellidos, por lo que se limitaban a decir cosas como “soy el hermano pequeño de Pierre”. Las voluntarias llegaron a la conclusión de que no podían hacer otra cosa que tratar de confortar a los pequeños que sabían falsas…”ya verás como vuelves a ver a tus papás”. Muchos decían “madame, adópteme, adópteme”. Daban muestras de un pesimismo extremo. 

Entre el 17 de agosto y el último día del mes salieron del campo de realojamientos en dirección a Auswitz, siete trenes cargados de criaturas a las que habían separado de sus padres en Beaune-la-Rolande y Pithiviers…”la mayor parte de ellos ni siquiera podían con su equipaje, y además, las maletitas estaban mezcladas, de modo que no sabíamos a quién pertenecía cada una. No querían bajar de las escaleras para subir al autobús, así que tuvimos que llevarlos.

De los muchos episodios terribles que pueblan la historia del exterminio de los judíos a manos de los nazis, pocos resultan tan conmovedores como el de los asesinatos de los niños enviados de Francia. Esto se debe en parte, al desgarrador hecho de que los separasen de sus padres, así como el de los padres que tuvieron que actuar en contra de sus instintos y abandonar a sus propios retoños para que pudiesen sobrevivir. El traume emocional que llevaba aparejada esta actitud debió de ser desolador.

Ni siquiera Hoss pasó por alto que las familias llegadas a Auschwitz querían permanecer unidas a toda costa. Y a pesar de que el proceso de selección separaba a los hombres de las mujeres, los nazis no tardaron en darse cuenta de que separar a las madres de sus vástagos iba, casi sin excepción, en contra de sus propios intereses. A esta misma conclusión llegaron las autoridades francesas. Tan perturbadora resultaba la imagen que ofrecían los pequeños tratando de valerse por sí mismo, privados del amparo materno, que después de que el 31 de agosto de 1942 saliera de Drancy el último convoy de los niños sin sus padres, se dio orden de no repetir jamás tal medida.

Existe otra razón por la que esta historia resulta tan difícil de digerir: la complicidad que mostró, en todo momento, el gobierno francés.

Todos y cada uno de los más de 4.000 niños deportados de Francia perecieron en Auschwitz.


Sólo en 1993, bajo el gobierno de Mitterrand, se hizo una proclamación que, de facto, identificaba al “gobierno del Estado francés” como responsable por las “persecuciones racista y antisemita”. Un memorial de bronce fue erigido, finalmente, en 1994, en el lugar de la redada. En 1995 se dio un nuevo cambio, cuando Chirac, en un discurso conmemorando las redadas del Velódromo de Invierno, afirmó que Francia tenía una deuda con los judíos deportados.
El debate público, sin embargo, cambió en los años 1970-1980. El ímpetu que motivó ese cambio llegó como resultado de películas y series (Shoah y Holocausto), y gracias a los esfuerzos incansables de personas como Serge Klarsfelda al “gobierno del Estado francés” como responsable por las “persecuciones racista y antisemita”. Un memorial de bronce fue erigido, finalmente, en 1994, en el lugar de la redada. En 1995 se dio un nuevo cambio, cuando Chirac, en un discurso conmemorando las redadas del Velódromo de Invierno, afirmó que Francia tenía una deuda con los judíos deportados.

FUENTES:

Lauren Rees "Auschwitz"
http://www.memoriales.net





"El Velódromo d'Hiver recibiría en el primer día doce mil personas. (...)
Ni siquiera camas de paja. Los internados están "instalados" en los bancos, o desparramados por el terreno. Por la noche, los niños durmen en el suelo, los adultos se sentaban en los bancos. No había orden de alimentar a los pobres hambrientos. Al tercer día, se distribuyeron 70 g de pan y tres tazones de caldo por día y por persona. No hay agua para beber o lavar. El W-C, de una docena que existian, 
fueron rápidamente tapados y solo se habilitó uno.(...). Esta forma de vivir desató una serie de desmayos, crisis de nervios, brotes de la enfermedad, diez intentos de suicidio. Había sólo tres médicos y un número insuficiente de enfermeras. Una niña de dieciséis años ha tenido un desmayo y permaneció así durante todo el día 
hasta que fue puesta en libertad (debido a su nacionalidad francesa). Una vez libre, Ella declaró: "Un verdadero matadero, los enfermos escupían sangre; (...) Los gritos de los niños eran ensordecedores. Uno símplemente se volvía loco. " (...)



Versión original en frances en : http://www.aidh.org/Racisme/shoah/rafle/horreur03.pdf













Crímenes de guerra franceses


Muchos fueron los crímenes de guerra de Francia, en especial los de la Francia Libre de Charles De Gaulle durante la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de estas tropelías, casi siempre se orientaron hacia prisioneros alemanes, cometidos después de la llamada la Liberación en 1944, sin embargo en mucho menor medida hubo otros abusos en la invasión alemana de 1940 y en la campaña norteafricana.
Ejecuciones en la invasión de 1940
Al producirse la invasión de Francia por parte del Tercer Reich en Mayo de 1940, dos grandes ejércitos se enfrentaron sobre el tablero. A lo largo de la campaña las acciones llevadas a cabo por ambos contendientes fueron puramente militares. A diferencia del Frente Oriental, las operaciones en el Frente Occidental durante la conquista alemana fueron muy amables con respecto a abusos. Existieron excepciones, como las matanzas de prisioneros británicos en Le Paradis y Wormhoudt. Pero Alemania no fue la única que cometió este tipo de crímenes, la propia Francia incumplió en ocasiones la Convención de Ginebra y destacó por las ejecuciones de prisioneros u otras personalidades.
El Ministro del Interior francés, Georges Mandel, acomplejado por el uso de paracaidistas por parte del enemigo en la invasión de Noruega y Dinamarca, temía que algo así pudiese suceder en Francia. Aunque era ilegal según las leyes internacionales, Mandel convenció al Presidente Paul Reynaud para que jurídicamente las supuestas tropas aerotransportadas en retaguardia fueran ejecutadas. Hasta aquí la ley de Ginebra estuvo en orden, sin embargo el problema radicaba en que se incluyó también los pilotos de aviones alemanes que saltasen en paracaidas tras ser derribados, considerándolos ilegalmente “paracaidistas aerotransportados”. Bajo esta norma bélica jurídicamente ilegal tanto en la Convención de Ginebra como en el Tribunal de la Haya, además de en el mismo código militar francés, fueron ejecutados 20 pilotos alemanes.
Los abusos de la administración francesa no sólo se llevaron a soldados alemanes que se rendían, pues el Ministro Mandel se encargó de contagiarlo a otras capas de la sociedad. La matanza de Abbeville fue el caso más destacado, en el cual soldados franceses ejecutaron a 21 personas, entre las que había algún francés que se negaba a apoyar la guerra o varios belgas del Partido Rexista de León Degrelle, aunque también estaban grandes personalidades como el diputado Jan Rijkoort y Joris Van Severen, inventor del Benelux (unión de Bélgica, Holanda y Luxemburgo). Otro ejemplo fue el asesinato durante el traslado de cárcel del Conde Thierry de Ludre, colaborador de la revista Je suis Partout, condenado por haberse opuesto a la política belicista gala.
Abusos en África
Túnez fue conquistada por los Aliados en Mayo de 1943 y administrada por la Francia Libre del general Charles de Gaulle, justo después de cesar al Gobierno de la Francia de Vichy presente en el Protectorado.
Cuando entraron los franceses libres en Túnez capital, la tragedia alcanzó altas proporciones de violencia. Aquellas tropas, influenciadas por sentimiento racista blanco de superioridad hacia los tunecinos a los que veían como colaboradores de Hitler, cometieron innumerables atropellos contra la población civil. Decenas de tunecinos fueron sacados de sus casas y arrastrados por las calles. Los soldados galos instigaron a la población francesa católica y judía a linchar a todo árabe que se pusiera de por medio. Los casos más graves de turbas violentas hacia los árabes se dieron en el barrio judío de la ciudad, donde centenares de hebreos se unieron encantados a los abusos de los soldados franceses.
Dentro del Afrika Korps de Erwin Rommel había existido una unidad militar francesa llamada Falange Africana. Lo más lógico es que todos sus miembros franceses hubieran sido tratados al igual que alemanes e italianos, sin embargo violando la Convención de Ginebra se los separó y se ejecutó a 15 de estos combatientes sin motivo en Túnez capital. Exactamente lo mismo sucedió con el KODAT, un cuerpo militar con voluntarios musulmanes del Eje en el que se fusiló a dos árabes inocentes.
Violaciones en Italia
Si en África el comportamiento de los soldados francesos había sido negativo, en la campaña de Italia sería más de lo mismo. De vez en cuando más de un francés se saltaba las normas y fusilaba a un prisionero o civil italiano. Por ejemplo en la localidad de Cociara se mató a varios prisioneros del Eje a los que se cortaron orejas y narices.

Sophia Loren, una de las mejores actrices italianas en un cártel de la película Dos Mujeres, film de 1960 que denunció las violaciones a chicas italianas perpetradas por las tropas coloniales de la Francia Libre.
De las diversas tropelías las más lamentables fueron las violaciones masivas de mujeres italianas durante la Batalla de Montecassino por parte de las tropas coloniales de Marruecos y Argelia, aunque también participaron franceses y el cien por cien de la culpa fue de estos, ya que les instigaron los mandos y en especial el general Alphonse Juin. Durante varios días a partir del 18 de Mayo de 1944 las tropas coloniales franco-magrebís violaron a cientos de mujeres entre los 8 y 80 años de edad y asesinaron a sus maridos. Todas las violaciones se llevaron a cabo en las ciudades de Ciociaria, Ausonia y Esperina.
Matanzas en la “Liberación” de 1944
Fue en la Liberación de Francia donde los franceses cometieron los mayores crímenes de guerra contra los soldados alemanes y tropas vichystas que se rendían. Las cuotas de ejecuciones superaron cualquier expectativa.
Una de las primeras acciones registradas ocurrió a 2 kilómetros de Foix el 20 de Agosto de 1944 cuando 57 soldados alemanes que se rindieron fueron fusilados masivamente por sus captores franceses. El 18 de Septiembre de ese año a otros 59 prisioneros de guerra alemanes se los fusiló en Chantillón. Otras matanzas se llevaron a cabo en Annecy o Evian, en esta última se remató a heridos alemanes en hospitales de campaña.
Provenza, la costa del Mar Mediterráeno, Tolouse, Niza y los Pirineos fueron el escenario más negro aquel verano de 1944, ya que a medida que avanzaban los ejércitos de Estados Unidos, las bolsas de prisioneros se iban quedando atrás y caían bajo administración de militares galos o de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI). En esta región las masacres fueron tan sistemáticas y bárbaras que acabaron con la vida de 50.000 prisioneros de guerra alemanes y vichystas franceses.
También el maquis jugó un importante papel en las ejecuciones de alemanes, pues apróximadamente unos 10.000 prisioneros murieron en sus manos.
Ocupación de Alemania
Hubo un último crimen francés durante la ocupación de Alemania en 1945. Los soldados franceses del general de Latre de Tassigny asesinaron en Stuttgart a varios cientos de militares alemanes y muchas miles de mujeres alemanas fueron violadas. Como en Italia, las tropas coloniales de Marruecos y Argelia también se dedicaron al saqueo, a más violaciones y a pillajes en Baviera y Austria.
Ni siquiera se salvaron los 12 voluntarios de la 33ª División SS Francesa “Carlomagno”, que tras ser entregados por los soviéticos a la 2ª División Blindada Francesa Libre del general Philippe Leclerc, éste mandó ejecutarlos.
Terminada la guerra todavía puede citarse un crimen final ocurrido el 28 de Octubre de 1948 en la ciudad germana de Sillenbruch. Sucedió cuando un argelino borracho intentó violar a una mujer alemana, a lo cual su marido respondió para defenderla y mató al agresor con un botellazo. Soprendentemente al llegar los soldados franceses y ver al argelino muerto fusilaron a 6 alemanes escogidos al azar como represalia injustificada, entre ellos el marido de la pobre mujer.
Conclusión
El Eje nunca trató tan mal a los soldados franceses rendidos en 1940 como lo hizo Francia a sus vecinos alemanes e italianos prisioneros. Nunca hubo ningún prosceso a excepción de lo sucedido en la campaña italiana y durante la corta vida que gozó la Francia de Vichy de Philippe Pétain.
Georges Mandel no se escaparía a la justicia. Un total de 42 personas fueron ejecutadas durante la campaña de 1940 entre los muertos de Abbeville o los paracaidistas alemanes. Huído a Argelia, Mandel fue detenido por la policía de la Francia de Vichy y enviado a Alemania para ser juzgado por los crímenes de los paracaidistas asesinados. Sin embargo el Primer Ministro Pierre Laval de la Francia de Vichy, logró que se le liberase del campo de concentración de Oranienburg y que se le juzgase en suelo francés según sus leyes. Fue condenado a cadena perpetua, pero cuando los Aliados estaban a punto de conquistar la Francia de Vichy, el 7 de Julio de 1944 para que no fuera liberado, la Milicia Francesa lo ejecutó en la carretera de Fontainebleau.
Philippe Leclerc estuvo a punto de ser juzgado en 1948 por el asesinato de los 12 franceses voluntarios de la “Carlomagno”, pero su muerte en un accidente aéreo impidió el juicio.
Ante las protestas de la Cruz Roja y otras organizaciones por los crímenes cometidos en Italia, el Ejército Francés Libre tuvo que actuar y ejecutar a 15 magrebís; abriéndose expediente también y condenándose a penas de cárcel a 160 soldados, aunque la mayoría no las cumplió. Para retratar este trágico hecho en 1960 la actriz Sofia Loren protagonizó una película llamada Dos Mujeres para denunciar las violaciones francesas en Italia.

Bibliografía:
Joaquín Bochaca, Los Crímenes de los Buenos. “Mandel. Asesino de prisioneros”, Ediciones Siegheil (2009), p.271-273/-364-367