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domingo, 6 de septiembre de 2015

Ley de Profilaxis de Enfermedades Venéreas




El Decreto 10.638/1944 modificó los artículos 15 y 17 de la Ley 12.331, conocida como Ley de Profilaxis de Enfermedades Venéreas. Inicialmente se autorizaron prostíbulos en las cercanías de cuarteles y luego las autorizaciones se ampliaron a todo el país. El Decreto 10.683/1944 fue ratificado por ley 12.912 de 1946.Schnabel, Raúl A. «Historia de la trata de personas en Argentina como persistencia de la esclavitud». Ministerio de Justicia y Seguridad de la Provincia de Buenos Aires. Consultado el 3 de marzo de 2015. «"El cierre de los prostíbulos dio dos resultados inesperados: 1) la prostitución que podemos llamar grande, pasó del control de las organizaciones prostibularias al control de la mafia; 2) aparecieron recieron infinidad de variantes menores, para encauzar el trabajo de muchas mujeres que se encontraron con la posibilidad de poder trabajar por su cuenta” (Carretero, Andrés, “Prostitución en Buenos Aires”, 2ª. edición, Corregidor, 1998, página 169.). La prostitución se ejercía de modo disimulado en cabarets, cafés, restaurantes y las mujeres solían tener arreglos con hoteles céntricos. La ausencia de controles sanitarios, la mala alimentación y la crisis social produjo un fuerte aumento de los casos de sífilis, enfermedad de transmisión sexual grave y terminal hasta la aparición de la penicilina en 1945.»

Tomás Eloy Martínez entrevista a Perón, López Rega y Fernández Moreno


Resumen

El ex presidente Perón se refiere en primer lugar a su llegada en 1944 al Departamento de Trabajo y Previsión, luego a lo que había sido la Fundación Eva Perón en materia de ayuda social, asistencia y jubilaciones. Interviene José López Rega con su mirada y sus recuerdos sobre los primeros gobiernos peronistas. Luego, Perón relata una anécdota sobre el enfrentamiento entre la juventud universitaria y la sindical en torno a su política. Se refieren al asesinato del dirigente sindical Augusto Vandor en junio de 1966, su autoría, y la versión del propio Perón sobre el hecho. Con este material, Tomás Eloy Martínez publicó Las vidas del general: memorias del exilio y otros textos sobre Juan Domingo Perón en 2004 por editorial Aguilar.

Información general

Por favor, utilice este identificador(URI) para citar o enlazar este ítem:http://hdl.handle.net/10915/29707


Entrevista a Juan Domingo Perón (Primera Plana)

Perón: tres horas con Primera Plana.
Revista Primera Plana, 30 de junio de 1966.
En la noche del domingo 26, Perón recibió en la Puerta de Hierro un cable que decía textualmente: “Llegaré a Madrid entre el veintiocho y el veintinueve, pero probablemente anticiparé viaje veinticuatro horas”. Era la comunicación oficial de que el alzamiento contra Illia iba a estallar. Al anochecer del martes 28, asediado por la prensa española, a la que finalmente no recibió, Perón se encerró tres horas con el enviado especial de Primera Plana, Tomás Eloy Martínez. Parecía animoso, fumando un cigarrillo detrás de otro, bebiendo té y jugo de naranjas, con un pantalón blanco, cuya pulcritud cuidaba al sentarse, y una camisa de mangas cortas.
Antes de la conversación, Jorge Antonio le informó que Onganía asumiría el poder a las 22, hora española. Al terminar, su secretario Giménez le anunció la suspensión de las relaciones de Estados Unidos con la Argentina: “Es la gran ocasión que tienen estos muchachos para ganarse ahora el afecto popular. ¿Sabe qué haría yo en estos momentos? —le dijo al cronista—. Lanzaría un llamamiento nacional explicando al país que Estados Unidos nos aisló y que somos lo bastante fuertes como para salir adelante solos. Ya vería usted como inmediatamente el pueblo no vacila en engrosar las filas detrás de Onganía”. El entusiasmo de Perón por la revolución lo había hecho levantar la voz, guiñar picarescamente el ojo izquierdo, encenderse y abrir los brazos con vehemencia, como en los buenos tiempos.
“Para mí, éste es un movimiento simpático —dijo— porque se acortó una situación que ya no podía continuar. Cada argentino sentía eso. Onganía puso término a una etapa de verdadera corrupción. Illia había detenido al país queriendo imponerle estructuras del año mil ochocientos, cuando nace el demoliberalismo burgués, atomizando a los partidos políticos. Si el nuevo gobierno procede bien, triunfará. Es la última oportunidad de la Argentina para evitar que la guerra civil se transforme en la única salida.
”Cuando los jefes militares me visitaron por interpósita persona, descubrimos algunas coincidencias. Pero hace poco escribí con seudónimo (firmo Descartes porque el filósofo francés usaba el seudónimo Astrónomo Perón, y yo le devuelvo así la gentileza) que el peronismo no pacta con nadie. Si el nuevo Gobierno apoya los intereses populares, nosotros apoyaremos al Gobierno. La proscripción del peronismo no nos interesa porque es imposible proscribirnos por decreto. No nos interesa nuestra existencia legal, sino nuestra existencia real. Tampoco nos interesa el acceso al poder porque no luchamos por nosotros sino por el país. Hemos aprendido a tener paciencia; será dentro de un año, dentro de diez. Creemos, como Confucio, que una hormiga no puede matar a un elefante, pero que puede comérselo. Tenemos buenos nervios”.
Perón habló largamente sobre el arte de la conducción y juzgó a Onganía en ese sentido. Especificó: 
“Un conductor político es una cosa y un conductor militar, otra. Este manda, vale decir, obliga. El conductor político persuade. Para mandar se necesita voluntad y carácter; para gobernar, sensibilidad e imaginación, entonces el país saldrá adelante. No conozco suficientemente a Onganía. Es un hombre que habla poco, y por lo tanto, difícil de definir. Tengo la impresión de que es un buen soldado; sé que es un hombre patriota, bienintencionado y honesto, y ésas son condiciones esenciales para un hombre político. Reconozco calidad a Onganía como hombre de mando en el Ejército. Si Onganía se comportase en el terreno político como en el terreno militar, el país podrá andar bien.
”Simpatizo con el movimiento militar porque el nuevo gobierno puso coto a una situación catastrófica. Como argentino hubiera apoyado a todo hombre que pusiera fin a la corrupción del Gobierno Illia. La corrupción como el pescado, empezó por la cabeza. Illia usó fraude, trampas, proscripciones; interpretó que la política era juego con ventaja; y en política, como en la vida, todo jugador fullero va a parar a Villa Devoto. El hombre que acabó con eso, por supuesto, tiene que serme simpático, pero no sé si también lo será en el futuro. El defecto del actual gobierno es no saber exactamente lo que quiere, pero la cosa va a ser cuando desate el paquete, porque ellos tampoco saben lo que hay allí.
”Argentina —prosiguió—, cuando trabaja, equilibra en seis meses lo estructural y en dos años resuelve todos los problemas económicos. En economía no hay milagros. En economía, la misión fundamental del gobierno es dar posibilidad a la gente para que se realice. El gobierno anterior fracasó porque intentó gobernar sin concurso popular. Pero para eso hace falta grandeza, olvido de las pasiones. Yo ya estoy más allá del bien y del mal. Fui todo lo que se puede ser en mi país, por eso puedo hablar descarnadamente. No tengo interés en volver a la Argentina para ocupar cargos públicos. Quiero, claro, volver a la patria, pero sin violencias.
”Llegó el momento en que los argentinos deben ponerse de acuerdo. Si no, habrá llegado el momento de tomar las armas y pelear. El camino de unidad es cada vez más difícil; el camino de las armas, cada vez más fácil. Los argentinos debemos ponernos de acuerdo, porque la disyuntiva es la guerra civil. Si permanecí impasible durante diez años ante el retroceso nacional, es porque no creo en la violencia ni en la destrucción de las obras realizadas, porque lo que ya está hecho puede prosperar. Tuve importantísimos ofrecimientos de armas y tropas, pero me negué por no entregar el alma al diablo ni provocar derramamientos de sangre. El nuevo gobierno tiene una buena intención. El problema político sólo se soluciona haciendo los padrones de nuevo (han borrado de los padrones a nuestra gente). Deben, también organizarse fuerzas políticas. Es tarea para un año y medio o dos. Hay que romper con los estatutos de la trampa y convocar luego a elecciones con la Ley Sáenz Peña o cualquier otra ley justa. Y quien sea que gane, nos comprometemos a ponerle el hombro todos.
”Si Onganía, luego de las elecciones, entrega el gobierno al ganador legítimo, pasará como prócer a la historia; si se quiere perpetuar, fracasará irremisiblemente. Pero el que haga bien al país contará con nuestro apoyo. El movimiento peronista no podrá ser destruido con proscripciones ni decretos. Los gorilasintentaron la destrucción por la violencia, Frondizi por la integración, Illia por la disociación: los tres fracasaron. La organización del peronismo tiene como base de adoctrinamiento la búsqueda del bienestar nacional”.
Luego, Perón adelantó el mensaje enviado a través del periódico Retorno, que se publicará la semana próxima. Allí recuerda: 
“Uno de los hombres más sagaces de la historia política argentina, el general Roca, decía que para que los radicales se hundieran bastaba con dejarlos gobernar”.
Alzándose de la pequeña silla, Perón apagó el cigarrillo y vaticinó:
“Esta es nuestra última oportunidad, y por eso necesitamos que el nuevo gobierno tenga grandeza. En caso contrario, podemos desembocar en la guerra civil y en esa guerra tendremos que entrar todos. Dios quiera iluminar a Onganía y sus muchachos, y que estos muchachos acierten a tomar la mano que la fortuna les está tendiendo”.
 Afuera, la noche de pesado calor había caído sobre Madrid, y Perón, acompañado por Jorge Antonio, hizo atisbar la entrada de la casa del Paseo de la Castellana, y sorteando la vigilancia del periodista se escabulló en un automóvil verde. 
A pocos metros, en la Embajada Argentina, Gauna acababa de anunciar que si el Gobierno de Illia había cesado en su misión, la del representante argentino también llegaba a su fin.


http://www.elhistoriador.com.ar/entrevistas/p/peron_primera_plana.php


viernes, 4 de septiembre de 2015

La Odessa que creó Perón

EL PAIS › LA HISTORIA DE LA LLEGADA DE LOS NAZIS A ARGENTINA


“La auténtica Odessa” es una muy minuciosa investigación que revela un secreto de medio siglo: cómo Perón armó una vasta red de agentes para rescatar cientos de criminales de guerra.
 Por Sergio Kiernan

Una de las cosas que llaman la atención de La auténtica Odessa es su extremo rigor: cada afirmación, por minúscula que sea, tiene una nota al pie citando un documento. No es apenas que su autor, el periodista Uki Goñi, tenga un standard de historiador. También sabe que tocar el tema de la llegada de los nazis a la Argentina instantáneamente irrita a muchos peronistas y a muchos otros que creen que esa vergüenza debería ser enterrada y olvidada. Lo que Goñi revela en su libro es la enormidad de la red formada para traer criminales de guerra al país. Esta organización no era clandestina: fue fundada en la Casa Rosada en una reunión de Perón con nazis alemanes, franceses y belgas, fue financiada generosamente, tuvo todo el apoyo del servicio diplomático y la dirección de Migraciones.
“Uno nace en Argentina bajo una especie de fascismo mágico totalmente oculto y negado,” explica Goñi. “Siempre supimos de la leyenda de la llegada de los nazis con ayuda de Perón y del establishment, pero era algo de ficciones como Los Niños del Brasil. En 1996, haciendo una nota, me di cuenta de qué poca información había acá sobre el tema. Era como el caso Yabrán, o los atentados a la AMIA y la embajada. Me encontré lo mismo: versiones sobre la complicidad del estado argentino de hace medio siglo con el terrorismo de esa época, que era el nazi.” Los siguientes seis años, Goñi los pasó desenterrando documentos en cinco países.
–¿Se encontró con lo que esperaba o fue peor?
–Me encontré con mucho más de lo que esperaba. Aunque hice más de 200 entrevistas, el libro no está basado en ellas sino en la documentación, porque el tema es todavía muy irritativo. Investigué los archivos en Bélgica del colaboracionista Pierre Daye, que vivió en Argentina y era un hombre educado, un escritor y diarista compulsivo que fundó la organización para el rescate de sus camaradas en una reunión de criminales de guerra en la sala de gabinete con Perón. Daye dejó detalladas descripciones de las reuniones con Perón, escribiendo cosas como que se miraban entre ellos en la mesa, se reconocían como criminales de guerra nazi y se miraban sorprendidos de que “el presidente más importante de Sudamérica nos recibiera en su palacio presidencial.” Otros archivos importantes fueron los suizos, donde se guardan los detalladas minutas del jefe de policía de los años cuarenta, Heinrich Rothmund, que hace un pacto con los agentes argentinos para mandar nazis refugiados a Argentina. También hubo mucho información que logré desclasificar informes norteamericanos sobre la vía española de escape. Pero la gran fuente fue el archivo de la Dirección Nacional de Migraciones aquí en Buenos Aires.
–¿Y lo dejaron investigar?
–No querían, hicieron lo imposible para alejarme pero temían un escándalo. Allí descubrí que cada inmigrante tiene un legajo y en cada libro de llegadas quedaba anotado el número de legajo. Así encontré las llegadas y los números de Mengele, Eichmann, Priebke, y pedí los legajos. No estaban, habían desaparecido. Los habían limpiado. Se armó un gran revuelo, y un día un funcionario me dice, “¿qué quiere que haga? ¿que le admitamos que nos ordenaron quemarlos en 1996? Nunca lo admitiremos.” Aún así, hubo información valiosísima. Por ejemplo, que los expedientes de inmigración de Mengele y Priebke tienen números consecutivos, lo que muestra que fueron abiertos por una misma persona, al mismo tiempo. Esto ocurre muy frecuentemente, con varios criminales de guerra. También aparece claramente que el año de mayor actividad es 1948, cuando el capitán de las SS Carlos Fuldner está en Suiza trayendo nazis. Por ejemplo, ese año se abre el expediente de Eichmann, que llega en 1950.
–O sea que la leyenda negra se quedó corta. No fue que llegaron sino que los trajeron.
–Por eso el libro se llama la auténtica Odessa, porque acá se trata de una organización que nace de las reuniones que Perón, el propio Presidente de la Nación, tuvo en la sala de gabinete de la Casa Rosada con loscriminales de guerra. Los papeles muestran que Perón financió esta empresa, que envió a Fuldner a tener reuniones para organizar todo esto al más alto nivel en Suiza, con un pasaporte oficial que decía “enviado especial del Presidente de Argentina”. Lo fantástico es que esto estuvo oculto por 50 años. A mí no me interesa el tema nazis, lo que yo quería demostrar es que en este país vivimos sobre un iceberg gigantesco que todos desconocemos, que pretendemos no ver. En mi libro anterior, “Perón y los alemanes”, documento la historia del nacionalista argentino Juan Carlos Goyeneche que es enviado durante la guerra como enviado de Perón para juntar apoyo a un golpe contra el gobierno de Castillo. Goyeneche se entrevistó con Himmler, con Ribbentrop, tal vez con Hitler, con Mussolini, pidiendo financiamiento para el golpe. Mussolini acepta y manda una carta a Castillo en estos términos que llega a Buenos Aires el mismo día del golpe de 1943. Siempre se dijo que el golpe del GOU había sido financiado por el Eje y cuando se ven estos documentos... Pero los mismos militares que derrocaron a Perón en 1955 nombran a Goyeneche secretario de información pública.
–En este aspecto, hay continuidad.
–Absoluta. Uno de los primeros criminales de guerra que llegan al país es Jacques de Mahieu, un colaboracionista francés condenado a muerte que se hace íntimo de Perón y hasta escribe algunos de los textos doctrinarios del peronismo. Hay fotos de De Mahieu en 1989 haciendo campaña presidencial para Menem. Eso es fascismo mágico, como que Brinzoni tenga un abogado que es apoderado de los nazis argentinos. En cualquier país del mundo le costaría el puesto a un comandante en jefe del Ejército, aquí no. Lo terrible en Argentina no son los malos, que hacen perfectamente bien su labor. El problema somos los buenos, que aceptamos cosas tremendas y las venimos aceptando hace décadas. Cuando empecé estas investigaciones pensé que si las exponía al ojo público, si mostraba lo que pasaba en realidad, algo puede cambiar. Ya no pienso eso, no pasa nada. Con Brinzoni no pasó nada, hasta la DAIA acepta recibirlo. No existen los “nunca más.” Trabajo como historiador, porque si estamos informados podremos tener mejores herramientas para manejar los problemas que se repetirán.
–¿Por qué hizo todo esto Perón?
–Perón dio varias entrevistas en los sesenta y setenta diciendo que Nuremberg era una desgracia, una infamia, que no se podía someter a juicio a un ejército derrotado, y que él se propuso rescatar a los nazis de la justicia aliada. Lo decía públicamente. Perón hizo, en realidad, varias cosas a la vez. Obviamente, le estaba dando un gran servicio a los nazis que trajo a Argentina. Se estaba haciendo un favor a sí mismo porque pensaba que esa gente podía servirle como agentes anticomunistas. Tercero, le estaba haciendo un favor a los Aliados, que apenas empezó la guerra fría infiltró a los colaboracionistas como agentes anticomunistas en el bloque oriental. Para 1948 estas operaciones no funcionan, pero no pueden entregarlos a la Justicia porque ya trabajaron para ellos. Perón les hace el servicio de sacarlos de Europa. Y finalmente, le hace un servicio a la Iglesia. Uno de los descubrimientos más terribles del libro son los documentos en la embajada argentina que muestran que el cardenal Caggiano viajó al Vaticano en 1946 y ofreció en nombre del gobierno argentino al país como refugio de los criminales de guerra franceses escondidos en Roma. En ese archivo hay muchas recomendaciones de Caggiano y del Vaticano para que se permita la entrada de franceses.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-14198-2002-12-15.html

”La diplomacia argentina y el Holocausto”

Además del Instituto Goethe, es la primera vez que me invitan a disertar a una casa de estudios o a una organización que no sea una organización judía. Creo que da un poco la idea de lo que me motiva en este trabajo que hago, que es llevar la conciencia de estos temas a todo el mundo. A veces tengo que explicar que yo no tengo ningún interés particular en el tema del nazismo ni tampoco en el tema del general Perón como figura histórica argentina.
Yo llegué a investigar la huida de los primeros nazis a la Argentina por una cuestión generacional casi, supongo. Durante la década del 70 trabajé en un diario que se llama Buenos Aires Herald, que es un diario de habla inglesa que se publica acá y que, a diferencia de los otros en ese momento en la Argentina, decidió comunicar lo que estaba ocurriendo durante la década del proceso. Cuando venían las madres de Plaza de Mayo, simplemente un par de personas mayores que venían a contar que se habían llevado a sus hijos la noche anterior de su casa, y que al día siguiente habían vuelto y se habían llevado el televisor, empezamos a publicar esas notas. A mí, como hablaba mejor español que el resto de las personas, que los otros periodistas del diario, me tocaba recibir a estas madres que, con el tiempo, después se convirtieron en las madres de Plaza de Mayo. Y en particular, recibía a un grupo de chicos jóvenes también que, yo en ese momento no lo sabía, pero era el grupo en el cual se había infiltrado el entonces teniente Alfredo Astiz; y cuando ocurrieron los secuestros en la Iglesia de la Santa Cruz en 1977, cuando desaparecieron las dos monjas francesas que secuestró Astiz y las otras diez personas, me acuerdo que esa noche llegó la lista de los que se habían llevado, yo digo ”Bueno; de estas personas, conozco a ésta, ésta y ésta” porque me venían a ver acá al Herald a contarme sus historias.
Entonces, cuando yo dejé el Herald en el año 94, escribí un primer libro que se llama El infiltrado sobre la infiltración de Alfredo Astiz en este grupo de familiares de desaparecidos y, un par de años después, fue que me acerqué al tema del escape de los criminales nazis porque me dije ”¡En la Argentina hay tanto silencio!” Había más silencio en aquella época, y ciertamente durante la época del proceso para mí era ensordecedor el silencio que había sobre estas desapariciones-. Ese fue el disparador en el tiempo para tratar de entender cuál fue este lento acostumbramiento que tenemos los argentinos que nos permitió convivir con cosas terribles como hemos convivido en estos últimos treinta años, digamos.”
Pensé para mí mismo ”Una sociedad que cobijó a un criminal de la talla de Adolf Eichmann, Joseph Mengele y cientos de otros criminales menores igualmente importantes, no es una coincidencia que después pudiera convivir tranquilamente con personajes como Videla, Astiz, etcétera. Para darles una idea, cuando yo empecé a investigar, existía ese mito de los criminales nazis viviendo en suburbios alejados de la ciudad de Buenos Aires en condiciones paupérrimas. Esto no es necesariamente así. Por ejemplo, Charles Lascar, un criminal de guerra francés, era el editor de Je Suis Partout que era una publicación terriblemente antisemita que había en París durante la guerra.
Charles Lascar era argentino-francés y, de hecho, había sido encarcelado antes de la guerra, antes de la invasión de Francia, por el gobierno francés por su colaboracionismo con el nazismo antes de la invasión. Cuando ocurre la ocupación de Francia por los nazis, Charles Lascar es liberado y vuelve a ser el editor de Je Suis Partout. Charles Lascar es uno de los primeros en armar la red de escape hacia la Argentina y vivía acá, en la calle Santa Fe en un departamento muy lindo que todavía existe en Santa Fe y Larrea. En Callao y Melo, en un departamento que también existe, vivía Branco Benzon, que fue el embajador de Croacia ante Berlín durante la guerra y amigo personal de Hitler y de Göering. Después de la guerra, Benzon vino a Argentina y estableció amistad con Perón y con Evita y pasó a ser un agente especial de la Dirección de Migraciones, después de la guerra, para formar parte de este equipo que traía criminales nazis. Pero él también tenía órdenes del gobierno argentino de no permitir el ingreso de judíos a la Argentina. Y en los legajos, si había un judío que pedía el ingreso a la Argentina, él firmaba ”P NO B”, que significaba ”J NO B” que, a su vez, significaba ”judío no firmado por Benzon”. Carlos Fuldner, un capitán de las SS que después de la guerra -también amigo de Lascar y de Benzon- pasa a ser agente de Perón y viaja de nuevo a Europa y organiza la traída de criminales como Eichmann y Mengele, Carlos Fuldner vivía acá en la calle Ombú en Palermo Chico. Hoy en día, sería vecino de Susana Giménez y de Mauricio Macri. Pierre Daye, que fue un colaboracionista belga, vivía en lo que hoy conocemos como Palermo Viejo.
El tema de esta noche es ”La diplomacia y el Holocausto” así que no voy a hablar tanto de estas vías de escape, sino sobre este tema. Yo empecé investigando las vías de escape, pero, en el camino, fui descubriendo el tema del antisemitismo en la Argentina, en la diplomacia argentina y también algo que se sabe muy poco, que es cómo la Argentina cerró o, por lo menos, intentó cerrar sus puertas a los judíos durante la guerra. Es un tema que me toca personalmente. Yo soy de familia diplomática. Mi abuelo fue cónsul en Europa en los años previos a la guerra. Mi padre fue diplomático; tengo un tío diplomático, un hermano diplomático. O sea que desde niño conozco muy bien, conozco probablemente a casi todos los diplomáticos o a una gran cantidad de diplomáticos de carrera en la Argentina.
Yo sabía por historias de familia y por historias que venían de parte de mi abuelo en particular -mi abuelo fue cónsul en Viena, Génova y después fue cónsul acá y en La Paz- que a principios de la guerra o poco antes de la guerra, la Argentina había editado una orden secreta prohibiendo el ingreso de judíos al país. Y yo sabía esto porque esta orden secreta, que emitió la Cancillería, rápidamente dividió a los diplomáticos argentinos entre aquellos que se consideraban profesionales y aplicaban estrictamente esta orden, aunque ellos no necesariamente eran pronazis o antisemitas, y, después, los diplomáticos argentinos que aprovecharon esto para vender debajo de la mesa visas a judíos. La leyenda de mi familia es que mi abuelo formaba parte del primer grupo, de los que aplicaron la orden. Y mi abuelo era totalmente antinazi -de hecho, tuvo grandes problemas en Cancillería por su postura proliberal, etcétera- pero él se consideraba profesional y aplicaba estrictamente esta orden, especialmente en Bolivia porque había muchos judíos que no lograban permiso para entrar a Argentina y, entonces, iban a Bolivia e intentaban entrar a Argentina desde Bolivia o desde Uruguay o desde algún país latinoamericano.
Me sorprendía en mis charlas con funcionarios argentinos, con historiadores argentinos, el no ver -jamás la vi- la existencia de esta orden mencionada en ningún libro, en ningún periódico, en ningún lado. Cuando en 1997 se formó una comisión que se llamaba CEANA en la Cancillería argentina para investigar las relaciones de argentina con el nazismo, me invitaron para ser parte de esa comisión, lo primero que dije fue ”Bueno, yo conozco la existencia de esta orden. Habría que buscarla y encontrarla”. No se buscó. Pero en la investigación para este libro tuve la gran suerte de que una investigadora, que se llama Beatriz Gurevich, en el archivo de la embajada argentina en Estocolmo encontró una copia de la orden, la Circular 11. Esta orden fue dictada, a ver si tengo la fecha acá: el 12 de julio de 1938, por el entonces Canciller José María Cantilo, y la orden lo que decía era que no se podían otorgar visas a personas que hubiesen sido expelidas de su país por sus ideas políticas u origen racial. O sea, se prohibía el ingreso a judíos y se les prohibía a los diplomáticos argentinos mencionar la existencia de esta orden a la persona a la que se le negaba la visa, y también había que negar la existencia de la orden ante los propios gobiernos que estaban acreditados.
Tenemos la suerte de que allá, en Estocolmo, Gurevich encontró una copia de la orden y yo la pude escribir en mi libro. Desde que se publicó mi libro, que se publicó en Inglaterra en enero de 200l, 2002, hace dos años ahora, la Fundación Wallenberg, cuando leyó el libro, y el Centro Wiesenthal, también un grupo de legisladores en el Congreso de EEUU, otro grupo de legisladores aquí en el Congreso de la Argentina, han venido pidiendo al gobierno argentino que haga reabrir varios documentos y, en particular, esta orden. Inclusive, con la Fundación Wallenberg tuvimos una reunión con el Canciller Bielsa en septiembre del año pasado donde le pedimos que se diera a luz esta orden y, no tan sólo eso, le sugerimos que aunque la orden ya no sea de aplicación, que se la derogue, porque sería un acto simbólico importante de reconocimiento de cuál fue la política argentina en aquel momento. Sabemos que la Cancillería constató lo que yo le aporté; fueron a la embajada argentina en Estocolmo y encontraron la orden. Y todavía estamos esperando que se haga el acto público de reconocimiento de esto.
Ahora, hay una inmensa incoherencia, porque, a pesar de la existencia de esta orden, la Argentina, durante la guerra, recibió a más judíos que cualquier otro país del hemisferio occidental; más que EEUU, más que cualquier otro país latinoamericano. Esto se debe exactamente, no a una buena voluntad del estado argentino, sino a la gran corrupción que hubo en el tema de los tratamientos de visados. Por ejemplo, hay un informe que yo he encontrado de la embajada de los EEUU en Argentina el año 43, y que hablaba de que en los consulados argentinos en Europa, la corrupción en este tema era la regla y no la excepción. También hay un informe de la embajada inglesa en Argentina durante la guerra que dice que los visados a los judíos se vendían entre 5,000 a 10,000 pesos y que no sólo lucraban con esto los cónsules argentinos en el exterior, sino también, personas en el entorno de la Presidencia de la Nación en la época de Castillo.
Desafortunadamente, con el final de la guerra, pareciera ser que la orden ya no se aplicaba tan estrictamente, pero seguía en pie la idea de no ingreso a los judíos. En el 46 el gobierno del GOU nombra como Director de Migraciones a Santiago Peralta, que es un antropólogo argentino que estudió en Alemania durante la guerra, en los años previos a la guerra. Estudió antropología y escribió un libro en Argentina en 1943 que se llama La acción del pueblo judío en la Argentina, que es uno de los libros más antisemitas que se han publicado en la Argentina donde decía, en realidad, hablaba de los judíos como un quiste en la sociedad argentina que había que sacar. Y siendo Director de Migraciones, en el año 46 publica un libro que se llama El pueblo árabe en la Argentina donde se declara a favor de la inmigración árabe y repite todas las cosas antisemitas y habla del quiste de vuelta, o sea que, en 1946, siendo Director de Migraciones, el director publica un libro totalmente antisemita. El escándalo fue tan grande que inclusive el New York Times tuvo un editorial sobre el tema de Santiago Peralta. Las instituciones judías se reuinieron varias veces con Perón, ya siendo presidente electo, para pedirle la dimisión de Peralta. Pero fue recién en el 47 cuando la presión internacional fue tan grande que se hizo insostenible, que se echó a Peralta y se puso a otro que se llamaba Diana y ahí empezaron a aparecer en Migraciones gente como Branco Benzon que igual firmaron ”J NO B” para el ingreso de judíos.
Hay otra historia poco conocida que la había escrito acá un historiador israelí que se llama Haim Avni, que escribió un libro que se llama Argentina y los judíos, (Argentina and the Jews), que creo que se publicó, no me acuerdo exactamente, en la década del 90. En la reunión de Wannsee, en enero del 1942, en la que el jefe de las SS, Heidrich, se reúne con Eichmann y varios jerarcas involucrados en el tema de la ”Solución Final al problema judío” como lo llamaban ellos, Heidrich menciona la necesidad de instrumentar una solución final porque decía que la idea de hacer emigrar a los judíos ya no funcionaba y que, en particular, no funcionaba porque los países que antes los recibían habían cerrado sus fronteras o pedían sobornos muy grandes para dejar entrar a judíos. Con lo cual la Circular 11 adquiere otro color, cuando la vemos a través de la visión que tenían los jefes de las SS cuando se reúnen a complotar la idea de la solución final; y allí hay una responsabilidad del gobierno argentino en el Holocausto, yo creo, en cerrar sus fronteras.
Pero hay una responsabilidad más directa aún que es lo siguiente: en su extraña manera de pensar, los nazis, en aquella época, a los judíos de los países neutrales los mantenían con vida y habían conseguido que los países neutrales repatriaran a esos judíos que estuvieran en Alemania o en países ocupados por Alemania como Francia, Grecia, etcétera. Y la oficina de Eichmann había contabilizado unos cien y algo de judíos argentinos que vivían en Europa. Por esta razón había un enlace entre la Cancillería alemana y la oficina de Eichmann, que era la 18, Edward Von Thadden, que también era de las SS, que citaban constantemente a diplomáticos argentinos en Berlín -porque Argentina tenía todavía abierta su embajada en Berlín durante la guerra- para pedirle que la Argentina repatriara a estos cien judíos.
El diplomático argentino que asistía a estas reuniones con Thadden se llamaba Luis Irigoyen, que era un hijo natural del presidente Irigoyen, era hijo de una amante austríaca de Irigoyen, por lo tanto, Irigoyen hijo, diplomático argentino en Berlín, hablaba perfecto alemán. Inclusive fue embajador en Bonn después de la guerra, en la década del 50; un diplomático muy distinguido. Por ejemplo, en una oportunidad, Thadden cita a Irigoyen y le dice ”Hay cincuenta judíos argentinos en el gueto de Varsovia.” Y le puso sobre la mesa creo que alrededor de quince documentos de estos supuestos argentinos judíos. Y Thadden -que yo he visto en los informes que escribía Thadden después de sus reuniones con Irigoyen-, dice que Irigoyen no quiso ni siquiera tocar los documentos y a simple vista los declaró falsos y que la Argentina no tenía ningún interés en esas personas. Esto se repitió en gran cantidad de oportunidades y lo increíble es que, durante la guerra, Eichmann solicitaba constantemente a la Cancillería Alemana que quería llevarse a campos de concentración a esta gente, que no había ninguna razón para mantenerlos libres. Y la Cancillería Alemana decía no, porque en la Argentina había muchos alemanes ”y si nosotros llevamos a campos de concentración a estos judíos argentinos puede haber represalias contra los alemanes que viven en Argentina”. Esta situación llegó así a enero del 44 cuando Argentina rompe relaciones diplomáticas con Berlín y ahí Eichmann, furioso, y Kaltenbrunner también, jefe de las SS, dicta una orden para que a los cien judíos argentinos se los lleve al campo de Bergen-Belsen y otros campos de concentración, y es donde les perdemos el rastro y supuestamente perecieron allí.
Y traigo esto a colación porque no me acuerdo cuándo fue exactamente, en el 200, 2001, algunos funcionarios de Cancillería me habían venido a hablar cuando publiqué un primer libro que se llama Perón y los alemanes en el 98.
Y un importante funcionario de Cancillería me vino a sugerir que yo tenía que escribir un próximo libro sobre algún Wallenberg argentino. Y yo que conocía esta historia de Irigoyen y la existencia de la orden secreta dije: ”Bueno. Va a ser muy difícil” porque no había ningún Wallenberg argentino que salvara vidas de judíos durante la guerra, no que yo conozca, al menos. Sin embargo, la Cancillería persistió en esta idea y se colocó una placa -que el entonces canciller Rodríguez Giavarini colocó- homenajeando a doce diplomáticos argentinos que supuestamente salvaron vidas de judíos durante la guerra. Si se viera la lista, puede ser que alguno de ellos haya participado en, por lo menos, entregar pasaportes a ciudadanos argentinos judíos que vivían en Alemania y, por lo tanto, la Cancillería parece considerar que otorgar pasaportes a ciudadanos argentinos, si son judíos, es meritorio de una placa, cuando es el deber de cualquier diplomático salvaguardar a ciudadanos argentinos no importa cuál sea su religión, credo, raza. Y entre esos doce que están en la placa, figura Luis Irigoyen, el hombre que cuando vio los documentos del gueto de Varsovia dijo que eran falsos. Existe ciertamente la posibilidad de que esos documentos sean falsos, pero si este hombre hubiese tenido algún interés en salvar judíos, hubiese hecho lo que hizo Raoul Wallenberg y los hubiese declarado verdaderos, aún sabiendo que eran falsos. Porque Raoul Wallenberg se subía a los techos de los trenes que llevaban a los judíos hacia Alemania y tiraba pasaportes falsos, que imprimía él mismo, adentro de los vagones, y después hacía parar el tren a los oficiales alemanes diciéndoles ”hay ciudadanos suecos adentro del tren” que no eran suecos de ninguna manera y los mismos pasaportes que les había entregado Raoul Wallenberg eran falsos.
Entonces, yo podría hablar con gran número de detalles de cómo se organizó esta vía de escape, sobre los archivos que consulté en Bélgica, sobre los archivos suizos que vi que hablan sobre la colaboración suiza también para ayudar a la Argentina a traer a criminales después de la guerra, el documento norteamericano que habla sobre el tema, los documentos que vi en la anarquía de archivos en la Argentina.
Me acuerdo en particular que una vez fui al Archivo de Tribunales, que es de los pocos archivos bien guardados, bien cuidados. Los documentos están en condiciones y hay bastante documentación sobre las vinculaciones entre el espionaje nazi y Perón durante la guerra. Y el jefe del Archivo me recibió con los brazos abiertos y él, como no iba nunca nadie a consultar eso, se pasaba sus horas leyendo estos documentos increíbles, me decía ”Qué gran felicidad me da ver a alguien que finalmente venga a pedir estos documentos porque acá nunca aparece nadie para pedir verlos.”
Y si alguno ha leído mi libro va a ver que es un libro, bueno, sumamente aburrido, lleno de pies de página, todo totalmente documentado y lo he hecho así porque creo que el tema es de tal envergadura, y ha sido tan controvertido en Argentina, que no se puede encarar de otra manera. Porque aún hoy en día, a pesar de la conciencia que tenemos y a pesar de que hay una nueva generación de argentinos en el Estado, todavía hay dificultad con estos temas.
Pero mi motivación ciertamente no es ninguna fascinación con los nazis, no es una búsqueda social de la figura de Perón, sino, de alguna manera, derribar este muro de silencio ante estos eventos tan terribles que ocurrieron en Europa. Y creo que con la disertación, el embajador nos ha dado una idea del tamaño de lo que realmente ocurrió cuando habla de las cifras de las expoliaciones, del número de víctimas, de este tema que me resonó bastante, que habla de los saqueos de los departamentos, habla de 38,000 saqueos, pianos, que me recuerda a esas madres que me venían a ver a principios del año 77, cuando no eran las Madres de Plaza de Mayo todavía, que me decían ”ayer se llevaron a mi hijo, hoy volvieron y se llevaron la heladera.” En algunos casos se llevaron los marcos de las puertas.

La rama nazi de Perón

El gobierno de Juan Perón creó una comisión de "allegados" entre 1946 y 1949 que se dedicó a recibir fugitivos del Tercer Reich, comisión que incluía a un colaboracionista nazi sentenciado a muerte en Bélgica en 1947, a un ex miembro de la Waffen SS de Francia, al ex embajador de la Croacia nazi ante Hitler y a un ex capitán de la SS en Alemania.
Los allegados dirigían el rescate de sus camaradas desde la Dirección de Migraciones, aunque en ocasiones especiales se reunían también en la Casa Rosada, en la oficina del coordinador de la operación, Rodolfo Freude, un hombre conectado con el hermano de Evita, Juan Duarte, y creador de la División de Informaciones de Perón.
Freude hoy tiene 74 años y maneja sus negocios desde la empresa Araya S.A., en el piso 19 de la torre que cobija al Instituto Goethe, en la avenida Corrientes, del otro lado de la acera del Deutsche Bank.
Una serie de llamados a su oficina y a su casa no lograron que Rudi concediera una entrevista. "No queda nadie vivo de esa época, yo soy el único porque era muy joven, tenía 23 o 24 años", dijo por teléfono. Freude alegó que debía partir de viaje a América Central y que no estaría disponible hasta mediados de marzo. Admitió su relación estrecha con Perón, pero se rehusó a hablar sobre el tema. "Se escriben muchas idioteces", dijo.
La existencia de los allegados, que Freude monitoreaba desde su despacho en la Casa Rosada, ha sido finalmente verificada en los 22 mil documentos que recopiló el Centro de Estudios Sociales de la DAIA, cuyas conclusiones fueron entregadas por el titular de la DAIA, Rubén Beraja, al Ministro del Interior, Carlos Corach, el lunes 21 de enero.
"El equipo de allegados no sólo recibió a fugitivos nazis, sino que se reunía para proponer candidatos que al gobierno le interesaba captar y después enviaba misiones especiales a Europa para traerlos clandestinamente a la Argentina," dice Beatriz Gurevich, la directora del Centro de Estudios Sociales que durante cuatro años recorrió los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores, de la Dirección de Migraciones y el Archivo General de la Nación, siguiendo la pista nazi.
Sus conclusiones serán publicadas en abril por Editorial Planeta-Ariel, en un libro que se titulará Proyecto testimonio: el Estado argentino ante víctimas y perpetradores de genocidio. El libro, de 650 páginas, contendrá unas 400 copias fotográficas de los documentos más importantes hallados.
Los métodos de rescate de los allegados, a través de pasaportes oficiales falsos provistos por los diplomáticos de Perón y con osadas misiones en Europa, han sido paralelamente reconstruidos por un profesor de la Universidad de Köln, Alemania; Holger M. Meding, en el brillante libro Flucht vor Nürnberg? (que será publicado en Buenos Aires a mediados de año, bajo el título Un santuario sudamericano, por Editorial Argora).

EL NEXO PERÓN-FREUDE

Rudi era el hijo de Ludwig Freude, un empresario alemán con fuertes nexos en la embajada de Hitler y los agentes nazis que operaban en la Argentina. La historia de Freude padre ha sido documentada por Ronald Newton, profesor de historia latinoamericana de la Simon Fraser University de Vancouver, Canadá, en su libro The nazi menace in Argentina (publicado en nuestro país como El cuarto lado del triángulo, Editorial Sudamericana).
La base del exhaustivo trabajo de Newton son los recientemente desclasificados interrogatorios a los que cerca de 50 de estos espías y diplomáticos fueron sometidos por los aliados, una vez finalizada la guerra.
"Yo he leído el interrogatorio del agregado militar de la embajada, general Friedrich Wolf," dice Newton. "Wolf declaró ante los ingleses que había dejado 200 mil pesos de la embajada en manos de Freude cuando se vio obligado a abandonar el país en 1944, conformando la base de un fondo de retaguardia para continuar con tales actividades como pudiera en beneficio de Alemania y del partido nazi. Inclusive otro diplomático de la embajada, Wilhelm von Pochhammer, le entregó otros 48 mil pesos a Ludwig Freude para su resguardo."
En su libro, Newton llega a la conclusión de que Freude probablemente fue el representante local de la Oficina Tres de inteligencia secreta del canciller alemán Joachim von Ribbentrop, con más influencia en la Argentina que el propio embajador Edmund von Thermann. "En 1946 sostendría que era uno de los diez hombres más ricos de Sudamérica," escribe Newton.
Nacido en Alemania en 1895, Ludwig Freude había amasado una fortuna durante la década del treinta, época en que conoció al entonces joven militar Juan Perón en la provincia de Mendoza, donde Perón era jefe de la Agrupación de Montaña Cuyo mientras la Compañía General de Construcciones de Freude construía una ruta entre San Juan y Mendoza.
"Debido a que una de las especialidades más lucrativas de la General de Construcciones era la construcción militar, Freude había desarrollado amplios contactos en el Ejército, incluyendo a los generales Pistarini, Molina y Domingo Martínez", escribe Newton.
Su lujosa casa en el barrio de Belgrano se convirtió en el centro de reunión para diplomáticos alemanes y estos militares argentinos simpatizantes del Eje, ocasiones que Freude aprovechaba para hacer negocios. Un espía alemán, interrogado por los aliados, describió a Freude como a un "cerdo oportunista."
Aunque Freude nunca se afilió al partido Nazi, consiguió abogados para defender a los espías de Hitler cuando caían presos y actuó como síndico de la embajada. Especialmente notoria es la documentación de Newton referente al rol que jugaron Freude y Perón en una misión secreta a Europa del año 43 para intentar importar armas alemanas.
La relación entre los Freude y Perón también ha sido reconstruida por el profesor Meding, quien desde 1989 logró entrevistar a una gran cantidad de ex agentes y refugiados alemanes en una titánica y completísima labor.
"Empecé mi trabajo deseando documentar la existencia del Cuarto Reich en la Argentina", dice Meding.
El historiador finalmente se convenció de que no existió tal intento de construir un Reich post-Hitler, pero sí logró documentar los nombres de los diplomáticos, militares y eclesiásticos argentinos que condujeron a los fugitivos nazis desde Europa.
"Perón mantuvo permanente contacto con la colectividad alemana del país y cultivó esas amistades en particular", escribe Meding. "El empresario Ludwig Freude, por muchos años presidente del Club Alemán y uno de los alemanes más ricos de la Argentina, ya desde los años treinta había mantenido una relación de estrecha confianza con el ambicioso oficial. Como uno de los dirigentes de la colectividad alemana, había sido el hombre de confianza de la embajada del Tercer Reich, y después de la ruptura de las relaciones diplomáticas, junto con otras personas administró a título fiduciario el fondo de espionaje que había dejado el general Wolf como último agregado militar."

AQUEL 17 DE OCTUBRE

Especialmente reveladora es la reconstrucción de Meding de los días previos al 17 de octubre de 1945, horas difíciles que Evita y Perón lograron superar con la ayuda de Freude.
Los Estados Unidos venían aplicando una fuerte presión sobre el gobierno de facto del general Edelmiro Farrell para extraditar al hombre que consideraban el más peligroso agente nazi en la Argentina.
"Esta embajada considera sus esfuerzos por hacer que Freude sea internado como un caso testigo fundamental, en el que se mostrará si se puede desarmar la maquinaria nazi en la Argentina," escribió el encargado de Negocios de los Estados Unidos, John Cabot, al ministro de Relaciones Exteriores Juan Cooke, en septiembre de 1945.
"El 11 de septiembre de 1945, finalmente, el presidente Farrell dispuso mediante un decreto el arresto y la expulsión del extranjero Ludwig Freude," escribe Meding. "Este se defendió con medios legales y presentó una solicitud urgente de naturalización. Pero le fue rechazada en el acto, a lo que interpuso un recurso de casación."
Repentinamente, las dificultades del amigo de Perón con los Estados Unidos pasaron a segundo plano cuando Perón mismo cayó en desgracia con el gobierno de Farrell y se lo relevó de sus cargos como ministro de Guerra y vicepresidente de la Nación.
"Rodolfo (Rudi) Freude, hijo del empresario Ludwig Freude y buen amigo de Perón, por iniciativa de su padre le ofreció como refugio la casa de verano de la familia, Ostende, en una isla del delta del Tigre. De esta manera, sustrajo al político de las persecuciones que eran de esperar de sus adversarios", escribe Meding. "En la isla, con la única compañía de Eva Duarte, más tarde su esposa; y un sirviente de nombre Otto, que apenas entendía el español y que a causa de la palabra que más utilizaba era llamado Otto Jawohl (que significa sí, naturalmente) por los huéspedes, Perón esperó el desarrollo ulterior de los acontecimientos."
Meding describe cómo, mientras los obreros leales a Perón preparaban una huelga general, "el gobierno, en un estado de evidente confusión, ordenó la detención de Perón y comisionó al jefe de la policía argentina, coronel Aristóbulo E. Mittelbach, para que llevara a cabo el arresto. Este, íntimo de Perón y cofundador del GOU, todavía intentó mediar entre el presidente Farrell y su antiguo lugarteniente; por último, junto con el teniente coronel Domingo Mercante, visitó a Perón en la residencia de Freude y le describió la situación."
Desde el refugio de Freude, Perón fue llevado preso a la isla Martín García.
"Este acto de amistad no fue olvidado: en lo sucesivo se pasaron por alto las demandas de extradición británicas y norteamericanas y las investigaciones contra las actividades de Freude quedaron en nada", cuenta Meding.
"En mayo de 1946, Freude organizó una pomposa fiesta de cumpleaños para Eva Perón; en abril, su hijo Rodolfo había ascendido a secretario del Presidente. Este creó para Perón un servicio de información del Estado, la Secretaría de Informaciones, y organizó, junto con otros germano-argentinos, la emigración ilegal de alemanes al Río de la Plata a través de Italia", dice el libro de Meding.
Aunque Perón finalmente permitió la extradición de algunos agentes alemanes de poca importancia, se negó rotundamente a entregar a Freude, concedió a su amigo alemán un pasaporte argentino y firmó personalmente un decreto que lo limpiaba de sus cargos. Esta actitud aumentó el convencimiento de los Estados Unidos de que Perón formaba parte de una conspiración para crear un Cuarto Reich en la Argentina en la posguerra.

LOS "ALLEGADOS"

Mientras tanto, Rodolfo Freude coordinaba al grupo de "allegados" nazis que, desde la Dirección de Migraciones, asesoraba a la presidencia en el rescate de fugitivos de los tribunales de guerra en Europa.
El frente actual de la casa isleña en el Tigre, que conserva el estilo de los cuarenta. Aquí vivió Perón antes del 17 de octubre.
De acuerdo con la documentación hallada por el Centro de Estudios Sociales, el grupo incluía a Pierre Daye, un belga que había sido condenado a muerte por colaboracionista, en Bruselas, el 18 de junio de 1947; a Jacques Marie de Mahieu, un "antropólogo" de la Waffen SS francesa que escribía libros sobre bio-política y teoría racial; y a Branko Benzon, el ex embajador de Croacia en Berlín, quien pasó de ser amigo personal de Adolf Hitler y Hermann Goering a convertirse en el médico de Perón, acompañando al general en su exilio a partir de 1955.
El nexo entre los allegados -en Migraciones- y la oficina de Rodolfo Freude -en la presidencia- era Carlos Horst Fuldner, un germano-argentino que había sido capitán de la SS en Alemania. De vuelta en la Argentina, Fuldner fundó la empresa CAPRI, donde consiguió empleo Adolf Eichmann, el arquitecto del holocausto judío de Hitler. Eichmann fue raptado de la argentina por un comando israelí en 1960, juzgado en Jerusalén y ejecutado en 1962. Sus últimas palabras antes de ser colgado fueron: "¡Viva Alemania! ¡Viva Argentina! ¡Viva Austria! ¡No olvidaré!"
Los allegados se ocupaban de todos los detalles de las fugas de Europa, enviando barcos especialmente contratados, como en el caso de la misión de Carlos Schulz en Suecia, trabajando con barcos de la línea Dodero desde Italia y a través de diplomáticos argentinos en Dinamarca, un importante operativo de rescate que derivó en un crisis diplomática con ese país nórdico.
"Perón había dado instrucciones a este respecto a sus consulados y embajadas en Europa", relata Meding. "En determinados casos, se hizo la vista gorda ante documentos incompletos e incluso faltantes y se limitó a un mínimo el trámite administrativo."
Sobre la base de sus entrevistas entre los sobrevivientes de la comunidad alemana de posguerra, Meding pudo confirmar el rol de Rodolfo Freude como agente de Perón en este tema.
"Perón, que había ordenado el operativo de salida clandestina, con Santiago Peralta tenía un hombre de su máxima confianza a la cabeza de las autoridades migratorias," escribe Meding. "Por el lado del gobierno, Rudi Freude, secretario de la Presidencia al principio del mandato de Perón, se encargaba de allanar el camino desde Alemania a la Argentina, con el apoyo tanto de Guillermo Staudt, hijo del importante industrial Ricardo Staudt, como también de Horst Fuldner, que atendía la organización de la operación secreta en Italia."
La existencia de los "allegados" nazis de Perón está comprobada en un sumario de 937 hojas referente a la corrupción en la Dirección General de Migraciones durante la gestión de Pablo Diana entre 1947 y 1949.
El sumario, abierto en 1949, investigó rumores sobre sobornos para el otorgamiento de permisos de entrada a "indeseables" judíos y comunistas, pero inesperadamente giró su atención hacía el ingreso de otras personalidades notables.

Adolf Eichman
Los funcionarios de Migraciones, al ser interrogados por los sumariantes, rápidamente delataron la existencia de un mecanismo informal que actuaba bajo la coordinación de la Casa Rosada
"El señor Carlos Fuldner revistaba como empleado de la Dirección y prestaba servicios a las ordenes del señor jefe de la División de Informaciones de la Presidencia de la Nación, señor Rodolfo Freude, con misiones reservadas y confidenciales en materia de entrada al país que consideraban indispensables para las cuestiones de gobierno", relata el sumario.
Las iniciales de los "allegados" en un expediente eran determinantes para aprobar o denegar una entrada al país. "B no J", por ejemplo, significaba que el ex embajador croata ante Hitler, Branko Benzon, recomendaba denegar el ingreso a un judío. La inicial "F" significaba que la entrada había sido aprobada por el ex capitán de la SS Fuldner.
El expediente, que concluyó en la exoneración de Diana y otros funcionarios de Migraciones, aunque no en la de Fuldner, gozó de un reposadísimo sueño en el Archivo General de la Nación hasta ser desempolvado recientemente por el "Proyecto Testimonio" de la DAIA.
Entre los interrogados estuvo el mismo Fuldner, quien admitió el ingreso de "cierto tipo de personas" cuyas identidades se rehusó a revelar por "razones de Estado", agregando que provocaría "problemas de conciencia" entre algunos argentinos el saber que estas personas habían ingresado en el país.
Una de las rutas clandestinas para el ingreso de refugiados y fugitivos del Tercer Reich fue la "vía danesa", abierta por Carlos Horst Fuldner, por la cual llegaron la mayoría de los técnicos en aviación de Hitler que proveyeron el "know-how" para la construcción del Pulqui, el primer jet argentino y el orgullo de Perón.
Fuldner facilitó este servicio a la Secretaría de Aeronáutica a través de la agencia de viajes Via Nord, ubicada en un primer piso de la calle Suipacha.
Un joven sueco de 18 años fue empleado allí durante los veranos de 1951 y 1952 y se acuerda perfectamente del ambiente "nazi" que se respiraba.
"El dueño de la agencia era un ex capitán del ejército sueco que fue voluntario en la guerra por Hitler," recuerda Ragnar Hagelin, que 25 años más tarde sufriría la desaparición de su hija Dagmar por efectivos de la ESMA. "Mi jefe directo fue atleta alemán en la Olimpíada del año 36, uno de los que hizo el saludo nazi ante Hitler. El contador era dinamarqués y la secretaria del dueño era alemana."
A raíz de un entredicho con sus jefes, Hagelin comentó el extraño ambiente ante un diplomático de la embajada sueca en Buenos Aires. "¿Pero no sabías que eso es un nido de nazis?", le alertó el diplomático.
"Yo era un adolescente inmaduro en ese momento, si no pudiera haber investigado mucho más," dice Hagelin. "Lo que recuerdo es que ellos tenían un archivo con los datos personales de todos quienes habían venido por la empresa, casi todos conseguían vivienda en la zona de Florida, ahí después de Vicente López."
Hagelin era el encargado de reservar, pagar y retirar los pasajes que se empleaban. "Ellos me mandaban a la empresa de navegación Dodero fundamentalmente, ahí en Corrientes y Reconquista, e incluso en alguna ocasión con mucho disgusto me tocó ir hasta Florida a dejar algún pasaje a domicilio una vez que lo habíamos pagado y retirado." 



Jacques de Mahieu que trabajó como asesor del gobierno peronista 
Los puertos en los pasajes que recuerda Hagelin coinciden exactamente con los hallazgos de los historiadores del "Proyecto testimonio" y de Holger Meding. "Casi todos venían vía Dinamarca, Suecia y España. La mayor parte de las reservas que se hacían en Dodero salían por el puerto de Vigo, en España."
Los años no han pasado en vano para Rodolfo Freude. Quien en 1949 era un joven funcionario que acababa de cruzar la barrera de los veinte años y se ocupaba de poblar la Argentina con fugitivos del Tercer Reich, es hoy un hombre que ha padado los setenta y cuenta con el respeto y la estima de los vecinos de su casa de fin de semana en el Tigre.
Aunque remodelada hace veinte años, Ostende (así se llama la propiedad), sirvió de refugio del entonces ascendente vicepresidente de la Nación y secretario de Trabajo y Previsión Social, Juan Domingo Perón, en los días previos al 17 de octubre de 1945.
El muelle es muy familiar para los visitantes
Cuesta imaginarse que esa vivienda, amplia pero sencilla, haya sido el escenario elegido para que, el 7 de mayo de 1946, Evita festejase su cumpleaños número 27
Es que, pese a sus tempranos inicios, este hombre "alto, grandote, de ojos claros y muy rubio", según descripción de su vecinos, hace rato que se mantiene alejado de la política.

SERIO, CORRECTO, PIONERO DEL TIGRE

"Es un hombre serio y correcto. Poblador de la zona hace más de 60 años y el que primero trajo luz y teléfono a las islas", señaló el conductor de la lancha colectivo "Interisleña XIX".
A diferencia de Mario Falak, vecino de Freude por lo menos en lo que respecta a sus casas de fin de semana, el antiguo funcionario de Perón no suele recibir visitas en Ostende. Prefiere la companía de su mujer y sus tres hijos. Con ellos, cubre el trayecto que va desde el puerto de Tigre hasta la confluencia de los ríos Capitán y San Antonio.
Hasta hace algunos años, lo hacía en la embarcación que guardaba en el Yacht Club Argentino de San Fernando.
Hoy, luego de haberla vendido, utiliza el servicio de las lanchas taxi "Los Aventureros II". .
Por Uki Goñi Migraciones paralelas La Vía Nord Ostende, en el Delta Nicolás Cassese

http://www.lanacion.com.ar/202464-la-rama-nazi-de-peron