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viernes, 4 de septiembre de 2015

Snowden: Bin Laden sigue vivo y reside en las Bahamas

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“Tengo documentos que muestran que Bin Laden aún está recibiendo dinero de la CIA (Agencia Central de Inteligencia de EE.UU.). Él recibe más de 100 mil dólares mensuales que son trasferidos a su cuenta bancaria personal en Nassau (capital de las Bahamas)”, reveló Snowden en una entrevista exclusiva con el semanarioMoscow Tribune, informó el viernes el portal Web del Wall Street Italia.
El excontratista aseguró que la CIA divulgó la falsa noticia de la muerte de Bin Laden para que las agencias de seguridad y antiterrorismo del mundo dejen de buscarlo y de este modo pueda tener una vida tranquila.
No obstante, reconoció que EE.UU. habría barajado la posibilidad de matar a Bin Laden, pero abandonó la idea dado quematar a uno de sus mejores agentes secretos no enviaría un buen mensaje a sus compañeros de trabajo.
“Osama bin Laden era uno de los mejores agentes de la CIA (…) ¿Qué tipo de impresión dejaría EE.UU. en sus otros agentes, si enviase a los SEALs (principal fuerza de operaciones especiales de la Armada estadounidense) a matar a Bin Laden?”, cuestionó.
También, alegó que la Dirección de Inteligencia Inter-Service, el mayor organismo de espionaje de Paquistán, cooperó con la CIA para hacer creer al mundo que el antiguo líder de Al-Qaeda murió en una operación de las fuerzas especiales estadounidenses.
Además, Snowden dijo que en su nuevo libro, el cual saldrá a la venta en septiembre, contiene documentos que confirman que Bin Laden sigue vivo.
EE.UU. acusó a Bin Laden de organizar los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas, en Nueva York, y los de Washington, por eso puso precio a su cabeza.
La muerte del otrora líder de Al-Qaeda es un enigma debido a que las autoridades estadounidenses decidieron no sacar a la luz los detalles de lo que pasó, solo dieron explicaciones vagas. A finales de 2014, el exmilitar estadounidense Robert O’Neill se identificó como el hombre que había acabado con la vida del terrorista.

EL PERONISMO Y EL PUEBLO JUDÍO.

Por Daniel Blinder.

¿Quién de la colectividad judía no pensó o escuchó hablar sobre el comportamiento del ex Presidente Juan Domingo Perón para con el pueblo judío? Surgen “verdades”, como la relación de este Presidente con el nazismo, la entrada de jerarcas nazis a la Argentina, la nazificación del país, y muchos otros tópicos que no dejan de tener su parte de verdad.

Pero, como toda parte, es sólo un segmento de una realidad que tiene mucho de mitológico, enmarañado en la tradición después de la Revolución Libertadora.

Siempre, detrás de todo hecho histórico hay varias verdades. Unas preguntas que dejo para pensar mientras ud. lee el artículo: ¿Por qué cuando se enseña historia judía, se enseña mucho sobre el Estado de Israel, y poco sobre la Argentina?, ¿Por qué se hace tanto hincapié en el antisemitismo? ¿Es que los judíos no tenemos lugar en la historia Argentina? 



Haciendo historia. 
Vamos por partes: Los judíos somos una parte importante del mosaico de colectividades que tiene la Argentina, pero no somos la única. Y como se sabe, los judíos hemos aportado con personajes muy importantes del quehacer político y social a la vida del país. Pero es fundamental dejar en claro que (de acuerdo a nuestra historia nacional) las estructuras políticas de nuestra colectividad han servido mayormente a los poderes de turno. Y si la historia la escriben los que ganan… 

Si se pueden trazar parábolas históricas, vale recordar que en la República Argentina de 1930 se respiraba la Década Infame en la cual se podía encontrar, fraude, corrupción, pobreza extrema, y gobiernos favorables a la poderosa Inglaterra. Ello no era casual. 
En 1929 estalló una crisis financiera mundial que quebró a miles de empresarios, que acabó con en liberalismo económico, y fue dando caldo de cultivo al germen de la figura más emblemática del autoritarismo y de la muerte en Europa: Adolf Hitler. 

Perón había viajado por la vieja Europa, y es cierto que admiró aquella Italia de Musolini donde la patronal conciliaba con los sindicatos, donde existía una sociedad corporativa que se ponía en pié autoritariamente. También es cierto que Perón era parte del Ejército Argentino que había sido formado al estilo prusiano, dado que Argentina y Alemania negociaron la adquisición de tecnología bélica con la ventaja que ofrecía el país europeo de dar formación a los oficiales. ¿Eso lo convertía en nazi-fascista?... 

La Argentina se levantó
En esa Argentina donde no existía un proyecto de desarrollo autónomo, un joven Oficial del Ejército Argentino desde una Secretaría comenzaba a darle voz y derechos a quienes no los tenían. Los trabajadores se identificaban en él, y Perón ganaba más adeptos gracias a lo siguiente: los Aliados (Inglaterra, la Unión Soviética, y los Estados Unidos) peleaban en la Segunda Guerra Mundial contra el Eje (Alemania, Italia, y Japón). Uno de los partidos representativos de los trabajadores, para dar un ejemplo el Partido Comunista Argentino, orientaba su plan político en la Argentina de acuerdo a los mandatos de la Rusia Stalinista, y éste plan consistía en poner todos los esfuerzos en ganarle la guerra a Hitler. Los capitales de las industrias argentinas (como los frigoríficos) eran mayormente ingleses, aliados de los rusos. La lógica de los comunistas aquí era entonces abastecer de carne a los soldados ingleses, buscar el aumento de la producción para exportar, y evitar las huelgas a pesar de las pésimas condiciones de vida de los obreros de un país neutral ¿Quién se acordaba de ellos? 


Desde 1943 hasta 1945, Perón incrementó su popularidad, a tal punto que lo encarcelan, y los trabajadores del conurbano, emigrados del Interior del país, se movilizan por su liberación. 
Lo logran el 17 de Octubre. 
En 1946, Perón gana las elecciones democráticamente, y continúa con las reformas de industrialización de la Argentina, logrando eliminar la figura del desocupado y un acuerdo nacional con una renta que se dividía cincuenta y cincuenta entre los trabajadores y los patrones. 
Pero a los Estados Unidos, esa situación no le agradaba. No le gustaba la idea de un gobierno independiente en América Latina, ni le gustaba su incipiente proyecto ABC (Unión entre Argentina, Brasil, y Chile) ¿Cómo podía ser que un Gobierno Nazi estuviera en su zona de influencia? 

Un Nazi fue el primero en reconocer Israel 
Dice el Dr.Leonardo Senkman, de la Universidad Hebrea de Jerusalem, que “la reapertura de la inmigración europea de posguerra por el primer gobierno peronista en 1946 puso fin a su interrupción drástica desde 1930, arrojando un saldo neto de 463.456 personas ingresadas vía ultramar (2a. y 3a. clase) entre 1947 y 1951. 
Las cifras más elevadas de los últimos treinta años. Esta inmigración masiva muestra toda su magnitud ( a pesar de que no logró el objetivo declarado de incorporar 4 millones de extranjeros) cuando se la compara con el saldo de apenas 33.655 pasajeros correspondiente a los ingresados por todas las vías durante el quinquenio 1942-46”. 

También Senkman aclara que “con el ascenso del peronismo al poder, las preocupaciones étnicas en materia de población e inmigración pasaron a formar parte de la agenda de cuestiones públicas que implementó el nuevo gobierno (…) Pero acaso la novedad más importante en materia étnica haya sido que, por primera vez desde la función pública, un gobierno decidiera institucionalizar los estudios étnicos de la población, como hizo el Presidente Perón mediante la creación del Instituto Étnico Nacional (…)”. 

Santiago Peralta, conocido antropólogo antisemita, aliado al nacionalismo profascista y autor de libros discriminatorios como “la Acción del Pueblo Judío en la Argentina”, logró ser designado responsable con amplias facultades de la Dirección General de Migraciones (DGM), desde diciembre de 1945 hasta julio del 47. 
Peralta fue alejado por Perón, a raíz de la repercusión internacional por denuncias de prácticas discriminatorias en su función pública. 
No obstante, retuvo por seis meses adicionales la dirección del Instituto Étnico Nacional, hasta su jubilación en enero 1948. 
Luego, agrega este académico israelí que “Las dificultades que encontró la inmigración judía a Argentina en la inmediata posguerra deben ser comprendidas en el marco global de las relaciones pragmáticas de Perón con los judíos, el estado de Israel y los EE.UU. (…) desde un punto de vista inmigratorio y poblacional, fueron similares a las que los inmigrantes judíos hallaron en otros países latinoamericanos, y difícilmente pueden ser explicadas a través de inversiones lógicas para deducir que las preferencias ideológicas de Perón a dar refugio a colaboracionistas y criminales de guerra fueron la mejor prueba del rechazo a los inmigrantes judíos”. 

El Hecho de que Perón reciba nazis prófugos no era una cuestión de que sea un partidario nazi antisemita. Si estudiamos el caso en profundidad, la Unión Soviética y los EEUU recibieron gustosos a los Nazis (que ayudaron a escapar de los Juicios de Nüremberg) para que les enseñen sus técnicas en el combate de la Guerra Fría. Perón, hábil y frío, pensaba lo mismo. 

La realidad dice que entre 1930 y 1949, la Argentina recibió a más refugiados judíos per cápita que cualquier otro país del mundo, excepto Palestina y, posiblemente Uruguay. 
Es muy importante analizar los hechos puntuales: En la última década del siglo XX todavía era posible encontrar en algún kibutz de Israel frazadas con el sello de la Fundación Eva Perón, enviadas en 1948, cuando Argentina se convertía en el primer país que reconoció la soberanía del Estado judío. Sí, ¡lo que leyó! El gobierno de Perón fue el primero en reconocer el sueño de todos los sobrevivientes de los pogroms y la shoá. 

Los judíos y la política con Perón 

Lejos de la mitología popular, los judíos, como decíamos al principio, no somos ajenos a la realidad social que nos circunda. Hay judíos ricos, pero también hay y hubieron judíos de la clase trabajadora y muy pobres.
Muchos de ellos, lejos de ver en Perón la reencarnación del Faraón esclavizador de Egipto o el monstruo de un nuevo holocausto, vieron en él a un líder que cumplía con su pueblo, y se sentían beneficiados e integrados gracias a muchas de las conquistas sociales que se consiguieron. 


Perón quiso luego sumar a la OIA (integrada por empresarios judíos) como una sección de hombres de negocios del movimiento justicialista. Pablo Mangel, presidente de la institución, es designado posteriormente embajador argentino en Israel. En 1948, se crean Nueva Sión, el Instituto Judío Argentino de Cultura e Información y la Cámara de Comercio Argentino-Israelí; en 1949 llega el primer Embajador de Israel a la Argentina, y en 1951, Golda Meir visita Buenos Aires abrazándose con Eva Perón, por la labor realizada en favor del Estado de Israel. 

Cuenta el periodista Roberto Bardini que “En 1946, durante el gobierno peronista, por primera vez en la historia argentina se conceden días libres a los soldados conscriptos judíos para que puedan celebrar sus fechas religiosas. Al año siguiente, se instituye la primera Feria del Libro Judío, que funciona durante 30 días y vende más de 25 mil volúmenes. Esta actividad continúa a lo largo de décadas, cerca de la celebración de Rosh Hashaná. 
Se exhiben y venden libros de temática judía en idish, hebreo, castellano, inglés y francés, además de discos y objetos del ritual judío”. Añade que “también en 1948 se funda en Buenos Aires el Instituto Judío de Cultura e Información, presidido por Simón Mirelman, y la colectividad israelita inicia contactos con Perón, principalmente a través del ministro del Interior, Ángel Borlenghi, cuya esposa es de origen judío. El rabino Amran Blum es designado catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras, y asesor presidencial en temas religiosos”. 

La Constitución promulgada por el peronismo en 1949, incluyó una condena a la discriminación racial y religiosa. En ese mismo año, Eva Perón pronunció un discurso en el que afirmaba que quienes propiciaban el antisemitismo en la Argentina eran “los nefastos representantes de la oligarquía”. El jefe de prensa del gobierno peronista, Raúl Apold, era judío. Pero los antiperonistas, sin embargo, lo llamaban el Goebbels argentino, relata Bardini. 

Cuando Jaim Weizman, el primer presidente israelí, visitó Buenos Aires en 1951, fue recibido con honores, y el flamante jefe de Estado le obsequió una Biblia antigua a Perón y anunció que su gobierno bautizará una plazoleta con el nombre del mandatario argentino. 
Poco después, se inauguró en Plaza de Mayo un mástil donado por comerciantes, empresarios y hombres de negocios de la colectividad Judía. Era tan distinta la atmósfera que se sentía, que las morót (maestras), relatan en el schule (colegio), que Jacob Tsur, el primer embajador de Israel en Argentina, publica en 1983 su libro Cartas credenciales, en el que señala: “En la perspectiva simplista de Washington, Perón sólo podía ser nazi o comunista”. 

Así mismo, el ex representante diplomático argentino en Israel, Pablo Mangel, declaraba que el antisemitismo no era esencial al peronismo: “Fui testigo y partícipe directo del apoyo brindado por el gobierno peronista al pueblo judío, que se debatía en tiempos de pos guerra entre el hambre y el desarraigo (...). Se le otorgaron amplias facilidades a los judíos que huían de la Europa deshecha y que casi siempre llegaban sin documentos”, decía. El ex funcionario relataba que Estados Unidos no permitió la entrada a un buque que había partido de Chipre repleto de exiliados judíos y que “Evita no sólo los recibió sino que se preocupó por conseguirles trabajo”.

También la DAIA jugó alguna vez con un gobierno popular (a pesar de estar casada siempre con el gobierno de turno), pues durante el conflicto del gobierno con la Iglesia Católica, respaldó algunas medidas oficiales, como la cancelación de la enseñanza religiosa y la ley de divorcio. En 1954, la entidad publicó un favorable folleto titulado “El pensamiento del presidente Perón sobre el pueblo judío”. 


¿Quiénes somos ante la Argentina? 

El ser parte de esta sociedad implica responsabilidad a la hora de presentarse como una colectividad que tiene algo que aportar a su país. La relación de Perón con el judaísmo argentino ha sido poco estudiada y es poco conocida. Volver sobre nuestras raíces (como parte importante de continuar el judaísmo) implica también conocer los hechos que marcaron, no sólo la historia Argentina, sino también la historia judía. 

Pero dado el mote adjudicado al peronismo de nazi fascista, sobre todo por parte de quienes lo querían ver fuera de la escena, mucho se le agregó después, pues el antisemitismo no comenzó en la época de Perón. 

Hitler era antisemita, ¿pero era el único vástago del fascismo a combatir? Nuevos estudios históricos echan luz sobre Winston Churchill, y José Stalin (quienes combatían contra Alemania en la Segunda Guerra Mundial). Ellos eran antisemitas declarados, y poco hicieron por los judíos gaseados en los campos de concentración. Por supuesto que Estados Unidos, el principal aliado israelí, debía saberlo. Hoy en día se sabe que hasta gente poderosa del mismo corazón económico norteamericano financió la maquinaria bélica de la Alemania Nazi, incluyendo a la creadora del gas usado en las cámaras de la muerte. 

¿Es posible determinar una política de acción que nos una en pluralidad definitivamente sin cortocircuitos al engranaje argentino? Fijémonos con quien estuvo la dirigencia judía en años de terrorismo de Estado, y en años de menemismo; miremos la cantidad de desaparecidos políticos y sociales que dejó esta red perversa; sepamos distinguir bien la víctima del victimario; y miremos los horizontes de un país que no pudo ser, y a un movimiento que supo incluir a muchos judíos que quedaron en los muros de los centros clandestinos de detención, y que murieron por esa idea que los interpelaba a ellos como argentinos, peronistas, y también como judíos. 


https://www.facebook.com/notes/per%C3%B3n-juan-domingo/el-peronismo-y-el-pueblo-jud%C3%ADo-por-daniel-blinder/10151872800228496

LA RELACION DE PERON CON LA COMUNIDAD JUDIA



RAANAN REIN, EL HISTORIADOR ISRAELI QUE DESMITIFICA LA RELACION DE PERON CON LA COMUNIDAD JUDIA

“Ya no podemos manejar falsas dicotomías”

Se doctoró en Historia en la Universidad de Tel Aviv, pero se dedica a investigar el peronismo y, particularmente, su relación con los argentinos judíos. Raanan Rein dice que hubo mucha exageración en la imagen de la Argentina como “el” refugio para los nazis. Y demuestra cómo se construyó la idea del supuesto antisemitismo del primer peronismo.

 Por; Verónica Engler
–¿Qué lo llevó, como historiador Israelí que se desempeña en una universidad hebrea, a interesarse por América Latina y especialmente por Argentina, para luego focalizar en el fenómeno del peronismo?
–En realidad yo empecé a trabajar sobre la historia de España, o de América latina, y bajo la influencia de un profesor mío trabajé mucho sobre la dictadura franquista. Y cuando tuve que elegir tema para mi tesis doctoral, opté por la relaciones entre España y Argentina durante la década peronista. Para hacer esto fuimos a España y estuvimos ahí por un año trabajando en distintos archivos y centros de documentación, luego vinimos a Buenos Aires, y también acá nos quedamos un año. Cuando llegué a Buenos Aires de inmediato me enganché con la sociedad argentina, que me pareció tan fascinante. Pero si le pregunta a mi esposa, que ella nació aquí, en Villa Crespo (el barrio donde tuvo lugar la entrevista), ella va a decir que bajo su influencia yo decidí dedicarme a temas argentinos. Imagino que algo de eso también está. Pero sobre todo yo decidí trabajar sobre la historia argentina por curiosidad intelectual, porque esta sociedad de inmigrantes, que siempre está en búsqueda de su identidad colectiva, me fascinó. Y como yo decidí trabajar sobre la segunda mitad del  siglo XX, era casi imprescindible estudiar el fenómeno peronista.
–Hoy, luego de dos décadas de investigaciones, ¿qué sabe acerca del peronismo?
–Hoy me queda mucho más claro lo heterogéneo que fue este fenómeno. Me queda claro que ya no
podemos manejar falsas dicotomías, y que para entender el peronismo hay que comprender la dimensión social y cultural de este fenómeno. Si uno analiza la producción historiográfica acerca del peronismo, lo que va a notar es un cambio desde trabajos que se centraron en explicaciones estructurales acerca del porqué, de cómo surgió el peronismo y qué clase de apoyo tenía. Pero los estudios de los últimos años intentan descifrar lo cotidiano, cuál fue la vida diaria bajo el régimen peronista, distintos aspectos sociales y culturales. Cuando uno se acerca a estos aspectos, queda muy claro que muchos de los estereotipos acerca del peronismo son, si no falsos, por lo menos exagerados o distorsionados.
–Leyendo sus trabajos da la sensación de que usted se ha dedicado a derribar mitos en torno del peronismo: como el de la buena relación entre Perón y Franco, o el de la Argentina peronista como “refugio” de criminales nazis, o el del antisemitismo peronista o inclusive el de la relación directa de Perón con las masas. ¿Cómo llega a estos temas?
–Como investigador extranjero, como un outsider, tengo seguramente luchas desventajas comparado con los investigadores locales. Estoy seguro de que de vez en cuando pierdo algunos matices o no siempre logro entender el significado de un evento u otro. Sin embargo, tengo también ciertas ventajas. Al no estar metido en las internas de las políticas argentinas, al no tener que declararme peronista o gorila, sin tener el intento de usar el pasado con fines contemporáneos, me parece que eso me deja la libertad de evaluar algunos fenómenos, algunos procesos, con sus claros y oscuros, y no caer en estas dicotomías binarias, no me interesa glorificar a Perón ni al Movimiento Justicialista, ni demonizarlos.
–Algunos de sus trabajos se centran en las segundas líneas de la dirigencia peronista, poniendo en cuestión el eslogan “entre Perón y la gente no hay dirigentes”. Usted, en cambio, plantea que sí había dirigentes y que además brindaron un importante aporte a la movilización en apoyo a Perón, a la estructuración de su liderazgo y a la modelación de la doctrina Justicialista. ¿Cómo llega al tema de las segundas líneas?
–En cierto modo, peronistas y antiperonistas han contribuido a este mito del Perón todopoderoso, unos para glorificarlo, otros para demonizarlo. Pero de hecho, si uno lee los documentos acerca de distintas políticas del gobierno peronista, muchas veces Perón estaba ausente, en forma casi conspicua. Muchas decisiones se toman y se implementan sin el involucramiento de Perón. Y al encontrar en distintos archivos en España, en Gran Bretaña, en Estados Unidos, en Israel, tanta documentación que no hace referencia directa a Perón, me quedé pensando si no hemos caído todos en este mito acerca del Perón Todopoderoso que estaba manejando cualquier aspecto de la política gubernamental. Y cuando empecé a trabajar sobre la Secretaría de Trabajo y Previsión, es decir, durante la época del gobierno militar, antes de las elecciones que ganó Perón en 1946, me pregunté: ¿cómo es que Perón, que llegó con muy poca experiencia en temas sociales y gremiales, empieza a elaborar decretos de política social relativamente de avanzada en muy poco tiempo? Y estaba claro que contaba con el asesoramiento de gente que sí estaba muy al tanto de la realidad económica y social, y de los intentos previos de legislación laboral. Entonces empecé a buscar las figuras que estaban alrededor de él y que de alguna manera lo educaron y convencieron para adoptar cierta política social. Perón era muy inteligente, con una gran capacidad de absorber ideas de otra gente que estaba alrededor de él. Pero sin este papel de los dirigentes mediadores no hubiera sido posible elaborar una doctrina o un pensamiento social para el Peronismo. Ahora, la movilización del apoyo popular no era tan fácil, hubo lucha resistencia en la mayoría de los sindicatos, con su tradición izquierdista, hacia el liderazgo carismático de un coronel. Hacían falta mediadores para convencer a distintos sectores dentro del movimiento obrero, del sector empresario, de los grupos nacionalistas, para apoyarlo a Perón. entonces, yo al principio puse énfasis en el rol jugado por cinco personas en la elaboración de la doctrina justicialista y en la movilización para el apoyo del peronismo: Juan Atilio Bramuglia (ministro de Relaciones Exteriores) y Ángel Borlenghi (Ministro del Interior), ambos vinieron del Partido Socialista; Domingo Mercante (gobernador de la provincia Buenos Aires), que había trabado amistad con Perón en el Ejército; Miguel Miranda (Ministro de Economía), que logró reclutar el apoyo de ciertos industrialistas y empresarios; y José Figuerola (asesor en la Secretaría de Previsión Social), que intentó importar el modelo de la dictadura de Primo de Rivera a la Argentina. Me parece importante señalar el papel que cada una de estas figuras jugó en estos terrenos.
–¿Por qué usted plantea que es exagerado ver a la Argentina del primer peronismo como “el refugio” de criminales de guerra nazi?
–Con el tema de la entrada de criminales de guerra nazis a la Argentina me parece que una vez que decidí adoptar la perspectiva comparativa y ver lo que pasaba en otros países, llegué a la conclusión, al igual que algunos otros investigadores, como el canadiense Ronald Newton, de que hubo mucha exageración y algo de distorsión en la imagen de la Argentina como el país que le hizo “el” refugio para los nazis. Es cierto que entraron acá muchos simpatizantes con el Tercer Reich, alemanes colaboracionistas y algunas decenas de criminales de guerra, y no justifico la entrada ni de uno de ellos, pero sin embargo entraron también en la Unión Soviética, en los Estados Unidos, en Canadá, Australia, y otros países.
– ¿Cómo era la relación de Perón con la comunidad judía? ¿Por qué se ha instalado fuertemente la idea de que tanto él como el partido peronista eran antisemitas?
–Con respecto a la relación entre Perón y los argentinos judíos, ése es un estudio que estoy terminando en estos días. Aquí también me parece que los investigadores han cometido ciertos errores. Por un lado, porque se dedicaron nada más a la posición de las instituciones comunitarias judías, la DAIA o de la AMIA, mientras que la mayoría de los judíos argentinos no se han afiliado a las instituciones comunitarias. Yo intenté encontrar figuras judías en el movimiento obrero, intelectuales y hombres de negocios que apoyaban al peronismo. Y para mi sorpresa, hubo muchos más judíos que apoyaban al primer peronismo de lo que normalmente tendemos a pensar. Además, lo que estoy enfatizando en mi estudio es el esfuerzo sistemático por parte de las instituciones judías de borrar por completo la memoria del apoyo de ciertos sectores judíos hacia el Peronismo. Y por lo tanto, mi esfuerzo es rescatar estas figuras, estos grupos, que =í apoyaban al peronismo, y mostrar que la comunidad judía, como cualquier otra comunidad en este país u otro, no es homogénea, tuvo disidencias, conflictos, contradicciones, romper un poco con la imagen homogénea de los judíos, como si todos hubieran sido hostiles al peronismo. Por su parte, Perón y Evita hicieron esfuerzos para luchar en contra del antisemitismo y en pro del Estado de Israel. Eso está bien claro y demostrado con mucha documentación argentina, israelí y de organizaciones internacionales.
–¿Por qué hubo este empeño desde las organizaciones judías en borrar esta historia o, como usted ha comentado en alguna ocasión, en =93desperonizar” a la comunidad judía?
–A partir del año ’55, después de la caída de Perón, no era políticamente correcto apoyar al peronismo. Además, los dirigentes judíos tenían miedo de ciertas represalias por parte de las nuevas autoridades de la Revolución Libertadora, y por lo tanto hicieron un esfuerzo, que para mí tuvo más éxito que la desperonización de la sociedad argentina en general. Y este esfuerzo de tapar, de no mencionar el apoyo de ciertos judíos o grupos de judíos el peronismo continuó hasta el principio de los años ’70. Por lo menos hasta finales de los años ’60 hubo cierto rechazo hacia todos los judíos sospechados de colaboración con el régimen de Perón. Pero las reservas de muchos judíos hacia el peronismo no tenían tanto que ver con su condición étnica como judíos, sino con su estatus económico social, muchos de ellos de las capas medias. Entonces, como muchos otros argentinos de este estatus económico social, tenían sus reservas acerca de este régimen obrerista, digamos. Muchos de los comerciantes y hombres de negocios se beneficiaron de las políticas económicas del gobierno peronista. Muchos obreros judíos estaban a favor del Peronismo. Normalmente se dice que los judíos tienen una larga memoria. Puede ser. Pero la memoria de los judíos, como la de cualquier grupo social o étnico, es selectiva, y hay una lucha permanente entre lo que queda afuera y lo que queda dentro. Yo intento rescatar la memoria de estos judíos que sí apoyaban al Peronismo.
–...que mayormente estaban agrupados en la Organización Israelita Argentina (OIA), ¿verdad?
–Sí, el grupo más conocido es el de la OIA, que era, digamos, =a sección judía del peronismo. Por falta de documentación, y eso es lamentable, no sabemos lo suficiente acerca de este grupo: del número de afiliados judíos, =e sus sucursales en el interior del país. Porque en 1955 las fuerzas de seguridad allanaron los locales de la OIA, y de hecho tenemos muy pocos documentos aparte de las declaraciones aparecidas en la prensa contemporánea. Y por lo tanto, es difícil evaluar el peso de la OIA dentro del seno de la colectividad judía, y el tamaño y la magnitud de sus actividades. Lo que está claro es que le ofrecieron a Perón un espacio para hacer públicas sus posiciones en contra del antisemitismo y a favor del Estado de Israel, y llegaron a gestionar distintos beneficios para la colectividad judía, como la legalización de inmigrantes que habían entrado en forma clandestina al país, como el artículo en la Constitución de 1949 en contra de la discriminación y hay otros ejemplos. El cuadro que intento pintar es mucho más matizado. No se trata de un grupo oportunista que intentaba aprovechar el peronismo pero no tenía ninguna convicción ideológica o ningún aprecio hacia la política social y económica del peronismo. Pero hubo también otros grupos. En otro estudio que estoy completando me dedico el equipo editorial del suplemento cultural del diario La Prensa, cuando pasa a =anos de la CGT. Mucha gente no lo sabe, pero el equipo editorial de este suplemento cultural estaba compuesto de intelectuales judíos, con la dirección de César Tiempo, con el nombre original de Israel Zeitlin, y con intelectuales como Bernardo Koremblit, León Benarós y Julia Prilutzky Farny. El número de judíos que contribuía a ese suplemento cultural es bastante notable. Es decir, que en su momento abrió las puertasa muchos judíos que no siempre podían publicar sus obras en otros espacios. Así que, aparte de la OIA, hubo otros grupos y otros intelectuales judíos que apoyaban al peronismo.
–Dado que después de la Revolución Libertadora muchos documentos desaparecieron y que gran parte de la comunidad judía no estaba afiliada a las instituciones religiosas, ¿cómo se hace, en este contexto de falta de información, para estudiar el fenómeno de la ahesión de parte de la comunidad judía al peronismo?
–Este es el gran desafío para el historiador. Porque es relativamente fácil ir a los archivos de las instituciones judías. Es más difícil alegar a las opiniones de los judíos que no estaban afiliados a las instituciones comunitarias. Lo que hice en los últimos meses, con la ayuda de un =oven argentino acá, es un proyecto de historia oral, una serie de entrevistas con familiares de los dirigentes de la OIA. Y también la ORT tiene un proyecto interesante de historia oral, en el que se pueden escuchar testimonios de muchos judíos que hablan con nostalgia de esta década del ’46 al ’55, es decir que muchos no tienen esta imagen negativa del peronismo. Por otro lado, siempre estoy en la búsqueda de memorias, diarios, cartas, es decir, archivos privados, no institucionales, en donde uno puede llegar a escuchar otras voces que normalmente no escuchamos en la historiografía institucional.
–Usted, como otros autores, dice que durante el peronismo hubo una ampliación de la ciudadanía. Y además agrega que esa ampliación, para los judíos, significó concretamente comenzar a ocupar lugares que antes les estaban vedados, como por ejemplo puestos clave dentro del gobierno.
–Claro, es cierto. Por primera vez los judíos argentinos con el Peronismo se integran mejor que antes, y llegan a entrar a ciertos ministerios, entidades y organismos que antes estaban prácticamente cerrados para los judíos. se ha trabajado bastante acerca de los nuevos significados que ha atribuido el peronismo a la ciudadanía a este país, pero sin embargo, no conozco casi ningún trabajo que esté dedicado a la dimensión étnica de este proceso. no conozco estudios que muestren cómo distintos colectivos étnicos, como los árabes, japoneses, armenios y judíos, se han beneficiado de este nuevo significado que ha dado el peronismo a la ciudadanía. No sé si con este mito del crisol de razas los historiadores argentino

http://www.partidopais.com.ar/peron.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-129735-2009-08-10.html



Fructuoso Rivera y la masacre de los charrúas


Masacre de Salsipuedes 

Fructuoso Rivera y la masacre de los charrúas
Memorial Charrúa 


Luego de derrotado Artigas, los indígenas fueron considerados como problemas insolubles a efectos de consolidar la estabilidad social y económica de la campaña oriental, en base a los intereses que predominaban en ese momento histórico. Los mismos que habían sido protagonistas decisivos en los ejércitos orientales de la revolución, fueron perseguidos y exterminados en ese sombrío día del mes de abril. 

“Mirá Frutos, tus soldados matando amigos”, le gritó el cacique Vaimaca Perú a Fructuoso Rivera, mientras los hombres del primer presidente de la República masacraban a traición a los charrúas en Salsipuedes. Esta matanza ocurrida el 11 de abril de 1831, durante la primera presidencia de Rivera, dio inicio a un plan de exterminio de los indios charrúas. Para ejecutar el crimen los indios fueron llevados mediante engaños a reunirse con las tropas del presidente. Una vez allí, según el relato de Acevedo Díaz, basado en los apuntes inéditos de su abuelo Antonio Díaz, “el presidente Rivera llamaba en voz alta de amigo a Venado y reía con él marchando un poco lejos… En presencia de tales agasajos, la hueste avanzó hasta el lugar señalado y a un ademán del cacique todos los mocetones echaron pie a tierra. Apenas el general Rivera, cuya astucia se igualaba a su serenidad y flema, hubo observado el movimiento, dirigióse a Venado, diciéndole con calma: “Empréstame tu cuchillo para picar tabaco”. El cacique desnudó el que llevaba a la cintura y se lo dio en silencio. Al tomarlo, Rivera sacó una pistola e hizo fuego sobre Venado. Era la señal de la matanza”. 

Posteriormente, el 15 de abril de 1831, el presidente Rivera firmó una orden de exterminio de los charrúas. En ella hace constar que los indios que huyeron son perseguidos por las fuerzas del Ejército, las cuales “prosiguen en su alcance hasta su exterminio”, y ordena la “persecución de este puñado de bandidos hasta su total exterminio”. 

Durante la Guerra Grande, bajo el gobierno del Cerrito presidido por Manuel Oribe, que enfrentaba a las flotas imperiales francesa e inglesa, se publicó en el periódico “El Defensor de la Independencia Americana” una “Refutación de la Nueva Troya”, contra el libelo que hacía la apología de la intervención imperial en el Río de la Plata. En la “Refutación”, firmada con el seudónimo “Demófilo”, se exponía una de las primeras y más desgarradoras denuncias de la matanza de los charrúas, dando comienzo temprano a una dimensión diferente y poco reconocida del revisionismo histórico rioplatense. 

Allí se decía lo siguiente: “¿Queréis comprender, lectores, toda la ferocidad de Rivera? Mirad: ved cómo la columna que hasta entonces se había prolongado a lo largo de la costa, da frente al arroyo y a una señal acordada forma una especie de semicírculo dentro del cual quedan los charrúas; y cómo los escuadrones, al toque de carga, con lanza enristrada, se abalanzan súbitamente sobre aquellos infelices indios. A un penetrante alarido de tenor producido por la sorpresa, se pone toda la indiada de pie. Ved correr a los valientes charrúas de una parte a otra, buscando inútilmente una defensa; y en medio de aquel conflicto, de aquella grande desesperación, escuchad los lastimeros y penetrantes gritos de los ancianos y las mujeres, que se confunden con el llanto de los niños. ¡Mirad aquella muchedumbre de infelices indias, cómo se apoderan instantáneamente de sus tiernos hijos; cómo los estrechan a su corazón y cubriéndolos con su cuerpo, corren con ellos atribuladas de un lado al otro, hasta que se agrupan detrás de sus valientes y queridos compañeros, que, desvalidos, a pie, indefensos, sin más recursos que su valor, oponen entre sus asesinos y sus amadas familias, una muralla de sus pechos, que presentan desnudos a las lanzas homicidas!. El exterminio está decretado”. 

La “Refutación” también menciona la participación de soldados unitarios argentinos en la masacre de los charrúas: “Veíase a Rivera contemplar con la más profunda calma aquel espantoso cuadro, en tanto que un otro genio cruel y traidor le felicitaba por aquella empresa. ¿Quién podía ser aquel hombre que felicitaba a Rivera a la vista de un espectáculo tan sangriento, tan doloroso? … Ese hombre era Juan Lavalle. El torpe y feroz asesino de Dorrego”. 

Venganza
Fructuoso Rivera 

Al genocidio y al etnocidio le sucedieron diversos intentos de borrar la memoria de los charrúas de nuestra sociedad, en sucesivos “Salsipuedes simbólicos”. Se ha negado sistemáticamente la riqueza cultural de dicho pueblo, tanto como su importancia numérica entre los indígenas de estas tierras y se ha llegado al extremo inaudito de catalogar a los charrúas de “mito”.
 

La matanza de charrúas, a través de las cartas de Rivera 

Cuando se leen las instrucciones que Rivera enviaba al Gral. Julián Laguna y otros subordinados, se aquilata cuál fue su verdadera participación en el genocidio concretado el 11 de abril de 1831. Se podría decir que Ribera “confiesa” ser el autor del genocidio a través de las mismas. 

1) Durazno, Marzo 10 de 1831: “… Es de mayor importancia que el Sr. Gral. emplee todo su tino y destreza para hacer entender a los Caciques que el Ejército necesita de ellos para ir a guardar las Fronteras del Estado y que el punto de reunión será en las puntas del Queguay Grande; para cuyo efecto, se dirigen cartas a los Caciques Rondeau, y Juan Pedro, y que el Sr. Gral. les hará entregar instruyéndoles de su contenido. Si ellos no cumpliesen lo prevenido en las citadas notas particulares, es preciso no alarmarse por esto, disimularles y conservarse siempre a su inmediación, y si posible fuese, reunido a ellos. 

Si se moviesen para el centro de la Campaña es preciso seguirlos con cualesquier pretexto, hasta ver si se consigue que el todo o parte del Ejército se incorpore a la fuerza de las ordenes del Sr. Gral. 

El Sr. Gral. conocerá, que en todas las medidas prevenidas es importante la mayor prudencia, para no aventurar una empresa que, realizada traerá bienes muy efectivos al País, consolidando el crédito y reputación militar de los Jefes que la han presidido…” Fructuoso Rivera (rubricado) 

2) “Julián amigo. Salsipuedes en el potrero donde ya has estado. Marzo-28-1831” (Se trata de su amigo Julián de Gregorio Espinoza). 

“(Reservado) yo voy a marchar esta noche todo tengo listo en muy buen estado para la operación de los charrúas, nada he querido decir al Gobierno de mis disposiciones, el buen estado en que las tengo para tener el gusto si logro como lo creo de que esta difícil operación aparezca como de los abismos y que tenga más bulla que la que causó el arribo de Garzón a esa después del tinterazo. No lo dudes Julián la operación está casi echa y una obra que los desvelos de 8 Virreyes y por más de 40 años no lograron realizarla. Será grande. Será lindísimo si tus mejores amigos, si tus compañeros de disgustos y de días de Gloria dan a nuestra patria esa satisfacción, ha! que glorioso será si se consigue sin que esta tierra tan privilegiada no se manchase con sangre humana.” (……………..) tu amigo verdadero. Fructuoso”. 

Esto es una verdadera “confesión” y de una persona que se siente “culpable”. ¿Por qué, si no, quiere ocultar los hechos?, (“nada he querido decir al Gobierno de mis disposiciones”). Rivera toma esta matanza como una fiesta, en la que será reconocido como no lo fueron 8 Virreyes que también querían exterminar a los charrúas. Y el concepto que tenía sobre los indios se aprecia cuando da a entender que ellos no tendrían “sangre humana”. 

3) Campo, Abril 5 de 1831 “Mi estimado amigo D. Julián es en mi poder su nota de ayer y soy impuesto de las medidas tomadas para hacer venir a los indios a este punto, con este objeto fue Bernabelito y no dudo que el los haga venir prontamente, Yo no he querido moverme más adelante ya por que podía ponerlos en desconfianzas o por que si se logra hacerlos pasar el Queguay ya no seria difícil el sujetarlos del modo que uno quiera. Sin embargo estamos prontos para en caso sea preciso marchar sobre ellos lo que yo quiero evitar a todo trance pues nos será ventajosisimamente el sujetarlos sin estrépito así es que estoy resuelto a esperar aquí hasta ver si Uds. logran hacerlos venir 
Aquí (¿se niegan?) espero sus avisos continuados para (¿variar?) mis disposiciones…”. 
F. Rivera (rubricado). 

Estas 3 cartas de Rivera son auténticas. Véase el propósito de engañar a los charrúas y atraerlos hacia un lugar donde quedaran prácticamente encerrados y tener la mayor facilidad para masacrarlos. Por supuesto que los charrúas no sospechaban las intenciones del Gobierno Oriental o mejor dicho, del que sería su ejecutor, el General Rivera. 

Reconoce Rivera en la 2ª carta, que en campo abierto sería muy difícil aniquilarlos, por más que contaban con escuadras de soldados guaraníes al servicio del Ejército uruguayo, escuadrones del Ejército nacional, del argentino y del brasileño, que fácilmente cuadriplicaban el número de los charrúas. 

Pero el Presidente no quería una batalla, “la quería evitar a todo trance”; quería un asesinato en masa, una acción “que no fuera difícil”, y en que los charrúas no pudieran salvarse, según se entiende en su carta. 

En una carta de José Catalá a Gabriel Pereira -del 23 de agosto de 1831, le informa que “ni uno solo ha escapado del lazo maestro que les armó este experto Jefe (Rivera)” y las ventajas políticas que la masacre representaría para el “riverismo” (en realidad José Catalá no informa correctamente ya que algunos charrúas pudieron escapar de la emboscada). 

Rivera intenta engañar nuevamente, años después, sobre los hechos que él mismo confesó y dejó documentados. 

Durante su estadía en Brasil, Rivera es increpado por la prensa por la masacre de charrúas, y contesta mediante una publicación en “El Iris” fechada en Río de Janeiro el 30 de octubre de 1848. Dice: “… Se a min coube a fortuna e glória de acabar com uma horda de selvagens nomados e ferozes, abrigada nas escabrosidades do paiz, fiz o que outros nao puderam alcanzar antes de mim, e cumpri as ordens do gobernó, com grande satisfacçao das populaçoes, que por tantos annos foram victimas de correrias, roubos e mortes d´ aquelles bandidos. 

Limitarme-hei porêm aos factos inventados. E´falso que houvesse necessidade de atraiçoar os selvagens para os-destruir: nem estes selvagens foram nunca alliados do gobernó oriental, nem os orientaes, com quem eu tive a fortuna e honra de combater para cima de 35 annos, em mais de cem batallas, podian tener taes homens, desde que por utilidade geral, se-decretava o seu exterminio…” (Textual). 

En esta carta que escribe en Río de Janeiro, acomoda los hechos del modo que más le conviene contradiciendo lo escrito años atrás. Niega que tuviese necesidad de atraerlos y traicionarlos para destruirlos. También falta a la verdad cuando dice que los charrúas no combatieron con los soldados orientales de nuestra independencia, (desconociendo que el propio Artigas ya varias veces había mencionado la decisiva colaboración de los charrúas en diversas batallas). 

Y todavía se siente orgulloso del asesinato cuando dice que a él le cupo la fortuna y la gloria de acabar con una horda de salvajes que otros (españoles, portugueses y brasileros) no pudieron alcanzar antes que él, en 3 siglos. Reiteramos que el secreto del aniquilamiento estuvo en el engaño, y en el ataque a traición cuando los charrúas estaban confiados y descuidados, lejos de sus caballos e incluso, algunos desarmados. 

Fue la peor de las traiciones, aquella en que se recurre a la confianza de los amigos para hacerlos caer en una trampa sanguinaria, cruel e inhumana. Los niveles más bajos de los códigos morales del ser humano pudieron forjar esas maniobras genocidas. 

Y de los documentos surge que lo tomaban como una diversión, y Bernabé Rivera se refería a la matanza con la frase “la jarana de los indios”. 

¿Qué clase de moral pública y de valores éticos tenían estas personas? 

¿Cómo en este momento de la civilización aún se pretende justificarlos? 

Los documentos descubiertos no presentan dudas: Rivera fue el responsable del genocidio charrúa. Y a confesión de parte relevo de pruebas, aunque abundan las pruebas.
 

Otras matanzas 

La “matanza” más conocida de charrúas es la que tomo lugar en Salsipuedes. Pero lejos de haber ocurrido un exterminio, los charrúas fueron casados y matados aún después. Los charrúas no fueron atacados en una oportunidad, fueron en tres y en lugares diferentes: en el paso del Sauce del Queguay, en Salsipuedes y en el paraje llamado la Cueva del Tigre. 

Una de las masacres más terribles fue la ocurrida en la “estancia del viejo Bonifacio Penda”. Participaron el capitán Fortunato Silva y cuarenta hombres destinados por Bernabé Rivera. Según un relato de Manuel Lavalleja, Bernabé Rivera persiguió a los que habían escapado de Salsipuedes y al cacique Polidorio. En camino se encontró con el cacique Venado que estaba con doce charrúas. Bernabé habló con Venado y le prometió entregarle su familia y las de los demás si se sometían al gobierno y a vivir en un punto que le designasen sin salir de ahí. Venado aceptó y se entregó, marchando él y los suyos con Bernabé. Este los mandó a Durazno, diciéndole a Venado que era para que recibiesen a sus familias. Le entregó una carta para entregarle a Fructuoso Rivera para que diese a las familias. Junto con Venado y el resto de charrúas, Bernabé mandó un oficial con un asistente. 

genocidio 

Luego, Bernabé mando a Silva y los 40 hombres a la estancia para que se emboscaran hasta que llegara Venado con el oficial que lo acompañaba. Se ocultaron y esperaron a que los charrúas dejaran sus lanzas y fueran a la cocina. Una vez ahí, los charrúas fueron fusilados. 

Otra fue en la barra del Mataojo Grande. Sucedió el 17 de agosto de 1831. Bernabé Rivera y sus hombres dan muerte a quince indios, dos caciques, toman 26 hombres y 56 personas mas entre mujeres y jóvenes de ambos sexos. Lograron escapar 31. Entre los charrúas atrapados se encuentra un indio que se bautizara como Ramón Mataojo y que es el supuesto primer Charrúa llevado a París. También mueren varios charrúas en el enfrentamiento en el que logran dar muerte a Bernabé Rivera.
 

Yacaré Cururú, la venganza 

fructuoso rivera

La venganza, porque eso fue lo que los charrúas se tomaron. Mataron a uno de los responsables directos de ese intento de exterminio: Bernabé Rivera, sobrino de Fructuoso. Bernabé se encuentra en la barra de Yacaré Cururú con un grupo de charrúas. Eran más de treinta, pero Bernabé vio solo a algo más de 10. Los charrúas al ver a Bernabé emprendieron la retirada y éste los empezó a seguir, sabiendo que serían “presa fácil”. Sin embargo, luego de un tiempo de persecución, tenía sus fuerzas bastante separadas uno de otros y con sus caballos cansados. Así, volvieron los charrúas sus caras y empezaron ellos a atacar. En ese momento fue sencillo para ellos hacer prisionero a Bernabé, luego de que su caballo rodó. Ya los charrúas habían matado varios de sus hombres. Atrapado Bernabé, le empezaron a culpar por los asesinatos de los compañeros y sus familias. Fue un charrúa llamado cabo Joaquín quien lo pasó de una lanzada y luego de él lo hicieron otros. Bernabé murió, le cortaron nariz y venas para envolverlas en las lanzas. Los charrúas fueron liderados por el cacique Sepé. 

masacre charrúa 

Rivera entregó charrúas a diestra y siniestra y para pagar distintos favores: entrego como esclavos en Montevideo, mandó indias charrúas para las tropas en Durazno para satisfacción sexual, etc. Al extranjero son los más conocidos los charrúas enviados a Francia, pero también dio 5 charrúas a unos ingleses como homenaje por haber ocupado las Malvinas. 

Ramón Mataojo fue el primer charrúa llevado a Francia. Su apellido muestra el lugar donde lo atraparon: el arroyo Mataojo. Grande. Louis Maruis Barrl es quien lo lleva a Francia, en el barco L`Emulation, el 18 de enero de 1832. 

Del 22 al 29 de abril de 1832 figura internado en el hospital de Toulón. Muere embarcado el 21 de setiembre de 1832.
 

Los cuatro últimos charrúas 

Así se les llamó erróneamente al cacique Vaimaca Piru, Senaque, Guyunusa y Tacuabé. Fueron llevados a Francia por François de Curel. Su intención era presentárselos al Rey de Francia, a las Sociedades Científicas y otros. El 25 de febrero de 1833 son embarcados en el buque Faiçón rumbo a Francia. Su ingreso en dicho país fue ilegal y una vez allí son expuestos a la curiosidad y sometidos a estudios. En Francia son visitados por varios famosos. En una de las exhibiciones participo Federico Chopin. 

Una vez en Francia los charrúas fueron muriendo de a poco. El primero fue Senaque, el 26 de julio de 1833. Alcanzó a vivir en París sólo 80 días. Luego Vaimaca Piru, quien había sido sableado al ser apresado por las tropas de Rivera. Murió el 13 de setiembre de 1833. Vaimaca, el cacique, había luchado junto a Artigas y también junto a Rivera, quien evita que Vaimaca sea asesinado, sin saberse exactamente porque lo hizo. Luego murió Guyunusa, compañera de Vaimaca Piru quien había partido a Francia embarazada. En Paris dará a luz a su hija una semana después de la muerte de Vaimaca. Tacuabé se hará cargo de su hija por la muerte de su padre y porque Guyunusa le había comunicado a Vaimaca que ahora era la pareja de Tacuabé. Guyunusa moriría de tuberculosis 10 meses después de haber tenido a su hija. El último en morir fue Tacuabé, aunque no se sabe cómo, ya que se le perdió el rastro, a él y a la hija de Vaimaca y Guyunusa.
 

Fuentes: 


Picerno, Psic. José Eduardo – La confesión de Rivera, autor del genocidio Charrúa en 1831 
Saravia Marcelo – La hecatombe de Salsipuedes 
Varela Brown – La Masacre de Salsipuedes – Montevideo

La Venganza de los Patriotas

Editorial: PlanetaI.S.B.N : 9789504923923Clasificación:Ficción y Literatura » Novelas » ArgentinaFormato: LibrosDisponibilidad: Salida del depósito en 3 días hábilesPáginas:432Publicación:28/07/2010 | Idioma:Español

Sinopsis:
"¿Quién asesinó a Monteagudo?", se pregunta San Martín en su exilio europeo mientras esboza distintas hipótesis sobre el crimen que cambió la historia de América del Sur. "Monteagudo, serás vengado", ha jurado Bolívar frente al cadáver aún tibio de su genial asesor, pero Don José ignora si la venganza de los patriotas se ha cumplido. Se lo pregunta al general Ayala, álter ego de Bernardo Monteagudo y jefe de la investigación. El temerario Ayala tardará dieciocho años en llevarle la respuesta. A partir de esta incógnita policial, Miguel Bonasso,
autor de la magistral Recuerdo de la muerte, recrea la historia secreta de la independencia americana, entramando los recursos aventureros del folletín y
de la novela de espionaje con fuertes trazos de narrativa épica y momentos tórridos de literatura erótica.
El lector se vuelve espectador de la historia, que le muestra ¿como nunca antes¿ la flota de 24 navíos que parte de Chile para liberar al Perú; el desembarco en Pisco y la "guerra de zapa", esa combinación de espionaje y propaganda que arma el temible Monteagudo para el Liber tador, las secretas tenidas, y el Batallón de Cortesanas Patriotas, que obtienen pequeñas victorias en la penumbra propicia
de las alcobas.


Trabajada reconstrucción de la vida de Bernardo de Monteagudo


Foto AmpliadaLa novela histórica es un género de singular complejidad. ¿Cómo hacer para reponer el producido real del pasado sin caer en la trampa de la tediosa literalidad? ¿Cómo hacer para poblar los agujeros negros de los enigmas con pinceladas que no desnaturalicen el conjunto? Las respuestas son meramente conjeturales y en todo caso se zanjan en el camino mismo. En las operaciones, modos y estéticas que cada escritor y cada libro sepan gestar. He allí el desafío y sus eventuales recompensas. 
En La venganza de los patriotas, por ejemplo, Miguel Bonasso (Buenos Aires, 1940) se mete a fondo en desandar la liberación del Perú. La "guerra de zapa", el desembarco en Pisco, el deterioro metódico de las fuerzas realistas, una batalla acá, una intriga allá, en fin, la secuencia de una epopeya que tuvo en José de San Martín y Simón Bolívar a dos factores indispensables. Sin embargo, contra lo que podría deducirse, ni al Libertador ni al patriarca de la Gran Colombia les son dispensadas los mayores detalles de una lupa que Bonasso construyó con paciencia de investigador severo. El relato se apoya fuertemente en perfilar a Manuela Sáenz, Rosa Campusano, Carmen Guzmán, Lucía Gana (patriotas si las hubo), al general Ayala (el vasco Ayala) y, sobremanera, a Bernardo de Monteagudo. Y he aquí una distinción ineludible: mejor mirada la cuestión encontraremos  que, en realidad, La venganza de los patriotas tiene toda la cara de una biografía de Monteagudo. O por lo menos de un minucioso recorrido por esa etapa en la que Monteagudo se consolidó como un revolucionario sobresaliente y al tiempo fueron tejiéndose las condiciones que lo llevaron a la muerte. Pavada de desafío el que afronta el autor: pocos personajes han precipitado al tinte de encendida polémica que supone la figura del abogado, periodista y estadista originario de Tucumán. Los variados matices de su rica personalidad y su gravitación en las ideas de San Martín y Bolívar y en el curso mismo de la liberación del Perú son hasta hoy mismo motivo de controversia entre los historiadores. Para algunos resultó un hombre de inusitada crueldad. Para otros fue un modelo de discernimiento, de honestidad y de compromiso con la causa. 
¿Cómo es el Monteagudo de Bonasso? A grandes rasgos es un Monteagudo de vitalidad y desvelos copiosos. Por un lado, tenemos una privilegiada cabeza muy capaz de atender y dar cuenta de múltiples cuestiones de refinada estrategia, de audaz espionaje, de alta política. Y por otro lado tenemos a un hombre abocado a sus afeites y a la sistemática fecundidad de sus dotes de donjuán. Por cierto, es de hacerse notar el buen gusto con que Bonasso se despacha con párrafos de inquietante erotismo. Puesto en el delicado trabajo de describir los furores íntimos de los próceres, compone deliciosas semblanzas de alcoba. Todo un hallazgo.
Naturalmente, los entretelones del asesinato de Monteagudo -cuya autoría intelectual es todavía fuente de debates- articulan y propician un relato de prudente equilibrio entre la épica militar, los contrapuntos ideológicos, la desacralización de los hombres insignes y el ya subrayado erotismo. Esa prudencia y esas cargas de conveniente distribución son, al cabo, las que vuelven apetitoso por donde se mire a un libro que, por exagerada que parezca la observación, perfila de forma más nítida las bondades de buen novelista que en Bonasso se habían manifestado, por caso, en La memoria donde ardía (1990) y, desde luego, en la célebre Recuerdo de la muerte (1984.) 
© LA GACETA

Segunda parte de la entrevista https://www.youtube.com/watch?v=gs1Bm6dBqKw





http://www.lagaceta.com.ar/nota/401308/la-gaceta-literaria/trabajada-reconstruccion-vida-bernardo-monteagudo.html
http://www.tematika.com/libros/ficcion_y_literatura--1/novelas--1/argentina--3/la_venganza_de_los_patriotas--515170.htm
http://lavenganzadelospatriotas.blogspot.com.ar/

El final del “Loco”, lejos de la gloria y cerca del poder

2002-02-13 -- Por Luis Bruschtein

RODOLFO GALIMBERTI MURIO AYER POR UNA AFECCION ABDOMINAL

Rodolfo Galimberti murió ayer a los 53 años. El ex secretario de la Juventud Peronista y militante guerrillero se había convertido en millonario, asociado a ex agentes de la CIA. Su vida fue usada para desacreditar la militancia popular de la generación de los años ‘70.

La vida de Rodolfo Galimberti terminó ayer a la mañana y no fue por un tiro en combate, como le hubiera gustado en otra época, sino por una afección en la aorta abdominal propia de las personas demasiado gordas. Tenía 53 años, no era lo suficientemente joven como para tener esa muerte heroica que todos recordarían, y tampoco demasiado viejo como para haber disfrutado los beneficios de sus cambios de frente. Se hizo famoso en los ‘70 usando el “nosotros” para referirse a la Juventud Peronista o a los Montoneros y murió usando esa misma primera persona del plural para hablar en representación de otra “orga” que no se entendía bien si eran los Estados Unidos de Norteamérica o directamente la CIA. Pero tanto en los ‘70 como en el 2000, seguía siendo ese personaje grandilocuente, provocador, y siempre necesitado de llamar desesperadamente la atención.
La última secuencia en la vida del “Loco” Galimberti comenzó el domingo a las 19.30 cuando estacionó de un frenazo, en doble fila, frente a la clínica San Lucas, de San Isidro, y bajó con el cuerpo doblado por dolores punzantes en el estómago y la cintura. Los médicos diagnosticaron una perforación de la aorta abdominal, a causa del estrés, la gordura y el colesterol. Galimberti se internó con otro nombre y fue sometido a una operación durante ocho horas hasta que murió ayer a las ocho de la mañana.
Si ésa fue la última secuencia de su vida, es difícil saber cuál fue la primera, la que lo marcó para protagonizar una historia donde parecía que no hubiera más límites que los que él fijaba. Quizá fue cuando a los quince años hirió de un navajazo a un adolescente comunista y descubrió que su padre y su hermano, que lo habían alentado a ese tipo de aberraciones, le daban la espalda y dejaban que fuera preso a un internado. O el día que descubrió a su padre, empleado del Banco de Londres, hablando en inglés con sus jefes, cuando a él lo castigaba severamente si lo hacía. Son anécdotas que contó a Marcelo Larraquy y Roberto Caballero que escribieron un best seller con su biografía.
Como muchos adolescentes de los ‘60, Galimberti, que vivía con su familia en un pequeño chalet en San Antonio de Padua, se integró a Tacuara, la versión populista local del nazi-fascismo, junto a la GRN que expresaba al nazi-fascismo oligárquico. El eje de las dos era el nacionalismo, pero la mayoría de su actividad se limitaba a acciones anticomunistas y antisemitas. Al igual que muchos de esos jóvenes, Galimberti se sintió defraudado por Tacuara y buscó, desde el nacionalismo, abrevar en vertientes de la izquierda. En los años ‘60 participó con Chacho Alvarez, Ernesto Jauretche, Jorge Raventos, Carlos Grosso y Raúl Othacehé, entre otros, en la Juventud Argentina por la Emancipación Nacional (JAEN), un grupo peronista no guerrillero. Lo integraban estudiantes e intelectuales, muchos de los cuales tenían una formación marxista matizada con lecturas de Jauretche, Hernández Arregui, Abelardo Ramos, John William Cooke o Rodolfo Puiggrós.
Galimberti no era un erudito pero le gustaba parecerlo y en sus charlas políticas introducía citas ideológicas y hasta literarias, era irónico y provocador y se esforzaba por desplegar un derroche de seducción que lo mostraba dispuesto a disputar liderazgo y obtenerlo. Proyectaba una imagen de “ganador”, pero con una idea superficial de lo que eso significaba, y así lo actuaba con exageración y buscando desesperadamente que lo reconocieran. Con el surgimiento de la guerrilla peronista, especialmente de Montoneros y las FAR, muchas agrupaciones como JAEN, confluyeron en la Tendencia Revolucionaria hegemonizada por las organizaciones armadas.
La personalidad del “Loco” o del “Tano” lo llevó a convertirse en secretario de la Juventud Peronista cuando numerosos núcleos juveniles de todo el país se unificaron en la JotaPé de las Regionales. Viajó a España, entrevistó y sedujo al general Perón en Puerta de Hierro y regresó casi como hijo adoptivo del viejo líder. Pero cometió un traspié en 1972, cuando convocó a formar milicias populares. El anciano líder queríaregresar como “pacificador”, no como organizador de milicias populares, y la convocatoria pública de Galimberti lo irritó y lo alejó de su entorno.
Desde su caída en la simpatía del general, la militancia de Galimberti fue de bajo perfil, con fuerte acento crítico a la conducción del líder histórico del peronismo. Ya como militante de Montoneros había regresado a su pasión por las armas, la misma que había estimulado su papá Ernesto cuando a los cinco años lo hacía disparar con una pistola belga FN. Su personalidad exaltada, que lo limitaba en la política, encajó perfectamente en la lógica de los “fierros”, que era la que primaba en la política de Montoneros. Osado y eficaz en ese plano, el Loco ascendió en la guerrilla, donde esas características eran más valiosas que la política o la ideología. Así llegó al grado de oficial de la columna norte del Gran Buenos Aires. Galimberti subía y bajaba en la estructura interna. Era eficiente en la acción militar, pero la conducción lo consideraba demasiado “liberal, individualista y con actitudes pequeño-burguesas” y nunca llegó a tener un grado muy alto.
En setiembre de 1974 participó en el secuestro de los hermanos Jorge y Juan Born por el cual la guerrilla obtuvo un rescate de más de 60 millones de dólares. Era el secuestro más rentable en la historia de las guerrillas en el mundo. Tras el 24 de marzo de 1976, la Columna Norte, con Galimberti incluido, planteó una disidencia de izquierda y fue intervenida. El Loco desapareció varios meses. Cuando volvió a contactarse dijo que había sido herido en un enfrentamiento. Salió del país y se hizo una autocrítica por la disidencia en la que había participado. Pero cuando la conducción de Montoneros lanzó la “contraofensiva”, el Loco se puso en disidencia nuevamente y se escindió con un grupo que se denominó “Peronismo en la Resistencia”. 
Su vida entró en una zona oscura, lejos de la acción heroica y de la fama política. Trabajaba como taxista en Francia y su segunda mujer, Julieta, hermana de Patricia Bullrich, murió en un accidente. Regresó cuando se fueron los militares, pero tenía que estar clandestino, sin plata, sin prestigio, sin reconocimiento, con sólo un puñado de simpatizantes. Se sentía un perdedor. Se vinculó a los “carapintada”, desarrolló una profunda aversión contra la clase política que no lo reconocía y hacia una cultura política que lo relegaba al rincón oscuro de los perdedores. Decidió que estaba para más, aprovechó un llamado de Carlos Menem a la “reconciliación” y arregló un encuentro con Jorge Born, su ex secuestrado, le pidió perdón, además de trabajo y se puso de acuerdo con el fiscal Juan Romero Victorica para devolverle lo que quedara del rescate que habían cobrado los Montoneros. Denunció a algunos de sus ex compañeros y creció primero como guardaespalda y luego como socio de Born y de Jorge Rodríguez, esposo de Susana Giménez, en la empresa Hard Communications, que fue acusada de estafar al Hogar Felices Los Niños, de chicos de la calle. 
Para diversificar sus negocios se asoció con dos ex agentes de la CIA en una agencia de seguridad que trabajaba con el grupo Exxel. Tenía un looft, autos deportivos y una colección de motos. El jefe guerrillero se había convertido en un gordo en motocicleta. En su biografía explica que tomó ese camino en homenaje a la generación de los ‘70 que había caído por sus ideales, para demostrar que “ellos también hubieran podido ser exitosos en esta nueva realidad”. Si alguno de los caídos en los ‘70 reviviera, seguramente no le hubiera gustado el homenaje. Es más probable que al decir eso pensara más en el reconocimiento de su severo y ambiguo papá Ernesto.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-1825-2002-02-13.html