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lunes, 21 de septiembre de 2015

LA GUERRA DEL PARAGUAY

http://www.lagazeta.com.ar/guerradelparaguay.htm


Guerra del Paraguay  - Leonardo Castagnino

(01) Rosas y Francisco Solano López.
(02) De Caseros a Cerro Corá.
(03) Antedentes de la guerra
(04) Liberación o dependencia
(05) La trama secreta del genocidio paraguayo
(06) Los ejércitos en conflicto
(07) La intriga civilizadora
(08) Paysandú - La primer acción de guerra
(09) Los soldados "voluntarios" del interior.
(10) Los "voluntarios" se sublevan.
(11) La muerte en un tiro de dados
(12) Pehuajó - ¿impericia o traición de mitre?.
(13) Los prisoneros; Civilización y Barbarie.
(14) Entrevista de Yatay-Corá.
(15) Curupayty – La “estrategia” de la masacre.
(16) La segunda Tuyuty - Ni para cuidar “el pañol”.
(17) Lomas Valentinas.
(18) La masacre de Acosta-Ñu.
(19) Las cifras del genocidio.
(20) Genocidas y traidores.
(21) Los "Legionarios de la Libertad".
(22) Los negocios de la guerra.
(23) Los empréstitos al Paragauy.
(24) La llegada de la "civilización".
(25) Vencedores y vencidos.

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Una guerra injusta. Un genocidio POR LA LIBERTAD Y LA CIVILIZACION.

“Para gobernar a la República Argentina vencida, sometida, enemiga, la alianza del Brasil era una parte esencial de la organización Mitre-Sarmiento; para dar a esa alianza de gobierno interior un pretexto internacional, la guerra al Estado Oriental y al Paraguay, viene a ser una necesidad de política interior; para justificar una guerra al mejor gobierno que haya tenido el Paraguay, era necesario encontrar abominables y monstruosos esos dos gobiernos; y López y Berro han sido víctimas de la lógica del crimen de sus adversarios”. (Juan Bautista Alberdi)

Rosas y Francisco Solano López

“Su excelencia el general D. José de San Martín me honró con la siguiente manda: “La espada que me acompañó en toda la guerra de la Independencia será entregada al general Rosas por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido los derechos de la Patria …”  y yo, Juan Manuel de Rosas, a su ejemplo, dispongo que mi albacea entregue a S. E. el señor mariscal Presidente de la República paraguaya y generalísimo de sus ejércitos la espada diplomática y militar que me acompañó durante me fue posible sostener esos derechos, por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido y sigue sosteniendo los derechos de su Patria...” Juan Manuel de Rosas - Southampton, 17 de Febrero de 1869 (Ver Rosas y San Martin)


Solano López    
Francisco Solano López
De Caseros a Cerro-Corá

Rosas tuvo una inteligencia superior y un fino, sensible, amplio y sutil instinto diplomático.

Cuando Paraguay declara su independencia en 1811 lo hace como “provincia”, y se siente una “provincia de la Confederación”, el mismo Gaspar Rodríguez de Francia lo toma y lo dice así, figurando incluso en documentos oficiales y en propuestas del mismo Francia que habla de una confederación. El pésimo manejo de Buenos Aires, que para imponer su voluntad a las provincias en general, y a Paraguay en particular, hace que esta se aísle hasta quedar totalmente separada.

Rosas consideraba al Paraguay una provincia de la Confederación pero veía su incorporación como un hecho natural a concretarse con el tiempo, una vez resuelto los problemas internos entre las demás provincias. Por tanto tuvo siempre el mayor cuidado en ofender al pueblo y gobiernos paraguayos, manteniéndose prescíndente de sus asuntos internos y hasta fronterizos. Incluso después de la batalla de Vences, derrotado Madariaga, para no ofender al pueblo paraguayo Rosas le ordena a Urquiza no perseguir al ejercito paraguayo que había cruzado el Paraná en auxilio a los correntinos.

Su visión inteligente y global de la política internacional, le hace ver a Rosas claramente su enemigo en el imperio de Brasil y en una política liberal extranjerizante, representada por los unitarios. Los López en cambio, héroes en su patria, no tuvieron esta visión global, y veían en Rosas solo el caudillo terco que no quería “reconocerles formalmente la independencia”, sin ver que cayendo Rosas caía todo un sistema que resistía el avance mercantilista liberal unitario. Esto los llevó a dejarse envolver por el imperio, con tratados y alianzas que terminarían en Caseros, sin sospechar que eran los vencedores de Caseros los mismos personajes que, terminado Rosas y el federalismo, terminarían con López y el Paraguay. En Caseros quedó sellada la suerte de Paraguay

En 1868 Mitre confiesa cínicamente “Hemos explicado que la política de la alianza de 1851 es el punto de partida y la base en que reposa la política liberal del Río de La Plata”...”¿Que nos falta para alcanzar los propósitos de 1851? Que las Republicas Oriental y del Paraguay se den gobiernos liberales, regidos por instituciones libres” (La Nación, 24 de diciembre de 1864) “Viene ahora el turno del Paraguay...El Paraguay, que es la negación de los propósitos del 51, se encuentra hoy, precisamente por eso, unido al Uruguay” (La Nación, 23 de diciembre de 1864) “La República Argentina está en el Imprescindible deber de formar alianza con Brasil, a fin de derrocar esa abominable dictadura de López y abrir al comercio del mundo esa esplendida y magnífica región que posee además los mas variados y preciosos productos de los trópicos y ríos navegables para exportarlos” (La Nación Argentina. 3 de febrero de 1865) Es evidente que al liberalismo, lo que le importaba, no era la “tiraría de López”, sino la esplendida y magnífica región.

El camino era Caseros, Paysandú, Cerro Corá. Muy caro le costó al Paraguay, esta visión corta de los López, que evidentemente no habían comprendido el pensamiento genial de Rosas.

Libro recomendado    
La Guerra del Paraguay - Leonardo Castagnino
Breves antecedentes de la guerra

(ver el "Tratado de Puntas del Rosario" )

“La América no conoce la historia del Paraguay sino contada por sus rivales. El silencio del aislamiento ha dejado a la calumnia victoriosa” (Alberdi. “Intereses, peligros y garantías de los Estados del Pacífico. Paris, septiembre de 1866. El imperio del Brasil…pag. 83)

“El Paraguay conoce lo que puede y vale…Sus hijos aman su tierra…puede ser destruido por alguna grande potencia, mas no será esclavizada por ninguna” (López a Rosas. Asunción 28 de julio de 1844)

“El Dr. Francia pensó en su pueblo como su pueblo quería que se piense de él. Les dio paz, tierras, trabajo, escuelas, disciplina y todo lo que sus libertadores le han quitado. Esa es la verdad.” (Carlos Pereyra. Francisco Solano López y la Guerra del Paraguay.p.21)

Las causas esenciales de la guerra del Paraguay fueron los intereses británicos, la ambición brasileña y la ceguera Argentina. En secreto se hizo la trama, y desde la prensa se fogoneó el incendio. Paraguay se había mantenido prescindente de las guerras civiles entre provincias, y el aislamiento le dio impulso propio. Un aislamiento totalmente justificable si se tiene en cuenta la perversa política liberal porteña erigida por “derecho universal” en heredera, jefa y dueña de la nación. Un aislamiento que le dio medio siglo de prosperidad, y luego su aniquilamiento a manos de traidores y cipayos al servicio del imperio inglés.

El dictador Francia gobernó con mano dura el Paraguay. Expropió las propiedades rurales y se la dio a los campesinos, y formó las “estancias de la patria” donde los paraguayos trabajaban en comunidad, obteniendo el beneficio de su propio trabajo. Persiguió y suprimió todo tipo de comercio especulativo y el gobierno mismo exportaba o negociaba la producción. No había ricos, especuladores, oligarcas ni financistas. El robo era castigado con la muerte y según testigos extranjeros se podía andar de noche por la campaña con dinero, sin peligro alguno. La riqueza era de los paraguayos. Los productos del país abarrotaban los depósitos y se exportaba cuero, tabaco, yerba. etc.

La personalidad de Francia queda estampada en el siguiente episodio: en 1815 de Director Supremo Alvear manda al comisionista Juan Robertson con una nota oficial con la siguiente propuesta:

“Yo ofrezco a V.E. los fusiles, municiones y cañones que necesite para la defensa de esa provincia, y en cambio solicito es envíe a este ejército un número proporcionado de reclutas; todo computado bajo un pié de reciprocidad que consulte los intereses de ambos pueblos” Según Robertson la proporción era de 25 fusiles por cada cien reclutas que entregará Paraguay. El dictador Francia llamo al hermano de Juan, Guillermo Robertson, y el dijo indignado “Vea lo que su hermano ha tenido la insolencia y el valor de hacer. ¡ha negociado con el vil Alvear armas por sangre de paraguayos! ¡ha ofrecido hombres por mosquetes! ¡Se ha atrevido a intentar vender mi pueblo!” (AGNA, Relaciones Exteriores. Paraguay. Correspondencia con el Gobierno Argentino. Alvear a Francia 15 de marzo de 1815. / A.G.Mellid. o.cit.t.I.p.246)

Mientras Moreno consideraba que “se reputará decente toda persona blanca que se presente vestida de fraque y levita” y Rivadavia negaba el voto hasta a los “criados a sueldo, peones jornaleros y soldadas de línea”. José Gaspar Rodríguez de Francia, Dictador Perpetuo de Paraguay, a quien los liberales porteños no se cansaron de criticar, había impuesto que los representantes fueran electos “por todo el pueblo en uso y ejercicio de los derechos naturales y libres inherentes a todos los Ciudadanos de cualquier Estado, Clase o condición que sean”. y las cualidades a reunir por los elegidos “no dependen del calzado ni de otros adornos externos, porque ellos no tienen la menor conexión con las circunstancias que constituyen el carácter de un hombre de bien y de un honrado patriota” (La Junta a los Cabildos. 26 agosto de 1813 ANA vol.4 cit. A.G.Mellid.p.235)

Muerto Francia, lo sucede Carlos Antonio López, un abogado que además de seguir la política de Francia, se preocupo en modernizar el paraguay. No importaba artículos suntuosos, y los que necesitaba los canjeaba por productos del país, que transportaba en sus propios barcos. Tenía una flota fluvial y de ultramar de veinte vapores y cincuenta veleros, para llevar a Europa su producción, incluido el primer vapor fabricado en América. En vez de “importar capitales”, importaba los técnicos que necesitaba el Paraguay, y el estado hizo ferrocarriles, telégrafos, anales de riego, fundición de hierro, fabricación de sus armas y hasta de la pólvora que necesitaba. A la muerte de Carlos Antonio, lo sucede su hijo Francisco Solano López, educado en Europa donde actuó además en representación de su patria, siendo luego, durante el gobierno de su padre, general del ejercito.

Sobre una población de 400.000 habitantes había más de 400 escuelas. En Paraguay “no hay niño que no sepa leer y escribir...” diría el estadounidense Hopkins en 1845. En Paraguay no había analfabetos, y durante la guerra en los frentes de batalla había un carro destinado a imprenta, donde se imprimían boletines de informes que eran muy difundidos entre la tropa. Ante las necesidad de la guerra, en el mismo frente de batalla se fabricaba el papel y la tinta, y se publicaron varios periódicos de amplia difusión, en castellano y guarani, con informe de las tropas y hasta humoradas sobre el ejercito aliado. La ley de patentes de invención elogiada en el mundo (menos por nuestros genios liberales), nuevos métodos de producción, incentivo al ingreso de técnicos. El gobierno becaba en Europa y Estados Unidos sus futuros técnicos e ingenieros.

Paraguay no tenia deuda interna ni externa y en toda su existencia, incluida la guerra, nunca pidió un empréstito. Los empréstitos del Paraguayserían impuestos por los gobiernos "liberales" bajo la influencia aliada y británica, terminada la guerra.

mapa de la guerra del Paraguay
Liberación o dependencia

Mientras la prensa liberal levantaba diatribas y mentiras y Mitre preparaba la ruina del Paraguay, el propio Mitre reconocía a López:

“V.E. se halla en muchos aspectos en condiciones mucho más favorables que las nuestras. A la cabeza de un pueblo tranquilo y laborioso que se va engrandeciendo por la paz y llamando en ese sentido la atención del mundo; con medios poderosos de gobierno que saca de esa misma situación pacífica, respetado y estimado por todos los vecinos que cultivan con el relaciones proficuas de comercio; su política está trazada de antemano y su tarea es tal vez más fácil que la nuestra en estas regiones tempestuosas, y es como lo ha dicho muy bien un periódico ingles de esta ciudad, V.E. es el "Leopoldo de estas regiones", cuyos vapores suben y bajan los ríos superiores enarbolando la bandera pacífica del comercio, y cuya posición será más alta y respetable, cuanto más se normalice ese modo de ser entre estos países.” (Mitre a López. 2 de enero de 1864. Archivo del Gral. Mitre. II .p.50.Biblioteca de la Nación) (AGM.I.p.426). Increíblemente el que escribía esto estaba preparando la trama que llevaría al genocidio casi completo del “pueblo tranquilo y laborioso”. Pero este progreso independiente de Paraguay sería a su vez su ruina porque Inglaterra y su secta de liberales locales no podían permitir que un mal ejemplo pudiera hacer caer todo un sistema colonial imperante y establecido en América del Sur. No se trataba simplemente de si López era tirano o no, si el pueblo lo amaba o no. Esas eran las eternas excusas del liberalismo.

Mientras López anunciaba la construcción de vías férreas con capitales y esfuerzos propios, Mitre inauguraba el ferrocarril del Sud:

“Démonos cuenta de este triunfo pacífico, busquemos el nervio motor de estos progresos y veamos cuales la fuerza inicial que lo pone en movimiento.¿cual es la fuerza que impulsa este progreso? ¡Señores, es el capital ingles!”. (Mitre.Arengas.p.192) Ese es el verdadero meollo de la cuestión. El progreso “independiente” de paraguay daba por tierra con las teorías liberales de “libre comercio”, “empresa privada” y “progreso liberal”. El mismo Alberdi lo nota y lo dice: “Hoy mismo, en 1865, ¿por quienes esta bloqueado el Paraguay sino por sus eternos bloqueadores de toda la vida, los intereses monopolistas de los que tienen las puertas del Plata?” (Alberdi. Los intereses argentinos. p.18)(AGM.t.I.p.429)(VerAlberdi y La guerra del Parguay )

El secretario de la embajada británica en Buenos Aires Mr.G.T.Gould decía que “…(Paraguay) a pesar de los hábitos industriosos de sus habitantes, grandes recursos naturales sin desarrollar y una fertilidad extraordinaria, su comercio extranjero ha sido siempre muy limitado debido a las dificultades creadas por el gobierno, los monopolios que conservaba, existiendo restricciones de toda clase respecto a la navegación del Paraguay”.(Benites. Anales diplomáticos….. Cit.AGM.t.I.p.430) Mr Gould llamaba “monopolio” porque no eran ingleses, que en ese caso “son mejores”

Estos conceptos de Mr. Gould sobre “monopolios” no pasaron desapercibidos para Alberdi, que luego de estudiar “los empréstitos” colocados en Londres en 1871 y 1872 escribió: “Cuando más se estudia y conocen los empréstitos paraguayos, en cuanto a los orígenes, agentes, motivos y condiciones, más se descubre que fueron hechos como maniobra de guerra contra paraguay; y mejor se comprende entonces porqué han sido levantados por hombres que eran Agentes y cooperadores oficiosos del poder que ha destruido al Paraguay con la mira de absorberlo una vez destruido” (Alberdi. De los abusos y víctimas del Crédito Publico. Montevideo 1876) Esa era la verdadera lucha: Liberación o dependencia.

La trama secreta del genocidio - El centralismo porteño.

La planificación del genocidio estuvo lista mucho antes del conflicto, bajo la batuta inglesa. Los últimos detalles se convienen en Buenos Aires con la reunión del gabinete en palermo, el representante brasilero y el propio representante inglés, Eduard Thornton. Preveía la distribución del botín de guerra y prohibía entablar conversaciones de paz por separado; es decir, una guerra “de aniquilamiento”. (Ver los tratados de Puntas del Rosario y de la Triple Alianza )

Algunos historiadores pretenden que la entrada de argentina en la guerra se debió a que Paraguay, por defender a Uruguay, “violó” territorio argentino. Esa no es ni siquiera una excusa válida. Las raíces del conflicto deben buscarse mucho antes, en los acontecimientos posteriores a 1810, en que la oligarquía porteña quiere imponerse a las demás provincias, con derechos al control de la entrada al río y usufructo del puerto. Prefieren la perdida y separación de aquellos que no se sometan, como el caso de la banda oriental, y así es como rechazan la incorporación de diputados del interior.

La junta de Buenos Aires instruyó a Manuel Belgrano al frente de un ejército a “liberar” Paraguay. El generoso Belgrano creyó que el pueblo paraguayo lo recibiría como libertador. Se desengañará al avanzar en territorio paraguayo y ver el vacío que le hace la población y la defensa que le opone contra quien consideraban un invasor. Vencido Belgrano propone un arreglo decoroso; comunica al vencedor (general Cabañas) , y que no había venido a pelear “entre hermanos, parientes y paisanos”, “no en conquista sino en auxilio”, a “concederles un comercio liberal a sus productos”y que los hijos de la tierra “recobrasen los derechos que por todos títulos corresponden”, añadiendo que “las provincias del Río de la Plata están ya unidas y en obediencia a la capital” y le sugiere que “elija el diputado que le corresponda, se una, y guarde el orden de dependencia determinado por la voluntad soberana” Nótese que los porteños, lo que no ganaron con las armas querían ganarlo con argucias: después de hablarles de devolverles los derechos (?¿) le pretenden imponer obediencia y dependencia a la capital, determinado por una voluntad que no es la soberana del pueblo paraguayo, sino porteño.

El Dr. Francia, que en principio se sentía “parte de la confederación”, debió mantenerse permanentemente a la defensiva del centralismo porteño, que trató de doblegarlo por la fuerza de las armas, trabando el comercio y la navegación de los ríos, y hasta con palabras de amenaza o halagos que trataban de envolverlo.

Buenos Aires no desperdiciaba ocasión para tratar de “imponer” su voluntad o “razón”, (como al resto de las provincias) en forma insidiosa, engañosa y malintencionada. Entre tantas, a modo de ejemplo, la comunicación que hiciera el “iluminado” Rivadavia con su habitual palabrerío:

“Los principios que movieron la revolución de Bs.As. y que la han constituido la Capital de la ciudades libres de América y el resorte siempre activo y nunca deficiente de la libertad de tan vasto y rico continente; dan a aquellos a quienes ha confiado la dirección de tan grande obra toda la superioridad que demanda el interés general de los pueblos” Rivadavia no solamente trata de enredar en palabras al Dr Francia, adjudicando a BsAs Capital de América “de facto”, sino que se adjudica a si mismo la superioridad. Paraguay en boca de Larios Galván, simplemente le contesta “Tendrá muy presente la Junta su mediación al modo de esa Exma. puede hacerlo con la mía elevada al mismo rango que la de V,M.” La verdad que Rivadavia, fue un eterno papelonero.

Paraguay hizo su propia revolucion en mayo de 1811, y por oficio del 25 de septiembre de 1811 del Triunvirato a la Junta Gobernativa del Paraguay anunciaba que “el gobierno no exige otra cosa de los pueblos que una justa obediencia a sus determinaciones”, como si eso fuera poco. Estas actitudes prepotentes y hegemónicas porteñas, y la nefasta política rivadaviana, llevarían al aislamiento del Paraguay, y por lo tanto a su progreso independiente de las potencias extranjeras (Inglaterra) y luego a su ruina. Esta se vería incentivada con la política liberal y entreguista del mitrismo.

¿Que derecho tenia Buenos Aires a exigir obediencia? Lo dice Mitre y Vicente Fidel López. “A los doce días, una expedición de ciento cincuenta voluntarios…partían de Buenos Aires para llevar los mandatos de pueblo en la punta de las bayonetas.” (Mitre.Historia de Belgrano.t.I,cap.XI.p.350) “Fuera de Asunción todo era bosques y campos que si alguna vez se labraron, estaban ahora empobrecidos y poblados por una raza indígena y servil que su mayor parte, mal mezclada, y tan miserable que ya por el clima, ya por la insuperable dificultad de obtener telas para vestirse, vivía completamente desnuda desde sus primeros años. Si esto era pueblo, y allí entonces, es claro que era un pueblo de cuya acción no podía contar la Junta Gubernativa de Buenos Aires para traerlo a obrar en nombre de sus principios” (López. Hist.Arg. t. III.p.342) La deducción es directa: eliminar a esa raza inferior que decía Sarmiento. Realmente no se puede creer la mentalidad recalcitrante de nuestros “historiadores” y “próceres”.

El imperio siempre había codiciado el Paraguay. La revolución de mayo de 1811 en Asunción no fue contra España, sino contra la entrega que pretendía hacerse al Imperio. El bando del 17 de mayo proclamaba “que confederándose con Buenos Aires no tendría otra mira sino la de la defensa común, bajo un sistema de mutua unión, amistad y conformidad, cuya base sea la igualdad de los derechos…” ¡Precursora idea de Confederación en el Río de La Plata¡ ¡Ah, que distinto hubiese sido el destino de todos si la oligarquía portuaria de Buenos Aires no se hubiera empañado en frustrar ese destino¡ (A.G.M.o.cit.t.I.p152)

En 1826 el cónsul brasilero informa a su gobierno que “Después de Brasil, es sin contradicción la primera potencia de la América” y en 1830 lo califica de “colosso nascente” al que propone acabar mediante “huma rápida, e bem combinada invsao” (Antonio Manoel Correa da Cámara al ministerio de Negocios Extranjeros del Imperio. 2 de abril de 1830 Anais do Itamaraty IV.p.166) (A.G.M.o.cit.p31)

Para Paraguay era vital mantener independiente Uruguay como garantía de equilibrio en el plata. Para Inglaterra en cambio, la prioridad era “terminar” con el mal ejemplo de paraguay, y utilizaría a Brasil y Argentina como peones de la partida. Bajo cualquier excusa, estos últimos ocupan Uruguay, y necesariamente obligan a López a defenderla.

La prensa imperial y mitrista venía preparando el ambiente, con mentiras y diatribas contra “el tirano López”, que “ha infringido todos los usos de las naciones civilizadas” (¿?) y el periódico Standard de Bs.As. anticipaba que Mitre “llevará en su victoriosa carrera, además del peso de glorias pasadas, el impulso irresistible de la opinión pública en una causa justa”. No se a que glorias del "eterno perdedor" general aludía el Standard ni a que opinión publica se refería ya que, salvo la oligarquía porteña, toda le era adversa.

El convenio se mantuvo en secreto para no pasar como “país agresor” sino como “país agredido”, para no cargar con la responsabilidad histórica de la guerra y para no despertar oposiciones. La infidencia del representante estadounidense en informe a su gobierno, hace conocer de antemano el “convenio”, lo que provoca una serie de reacciones en la prensa, y hasta en Hispanoamérica; pero ya estábamos “hasta las rodillas”.

La oposición federal es unánime, y hasta los unitarios se manifiestan en contra de la política mitrista: José Hernández (El Argentino) y Evaristo Carriego ( El litoral) apoyan la actitud del Supremo y se preguntan si no deban ayudarlo los argentinos. Parecido opinan Francisco Fernández y Olegario Andrade (Concepción del Uruguay), Navarro Viola y Carlos Guido y Spano (Bs.As. El americano), el gobernador liberal de Corrientes, Manuel Lagraña y su correligionario Patricio Cullen que gobierna Santa Fe. En interpelación a Elizalde, Adolfo Alsina le dice “con su mediación en las cosas orientales ha empezado a trenzar la soga con que tal vez nos ahorque” y se dirá que a Mitre “los brasileros le hacían tragar amargo y escupir dulce”

Pero La Nación mitrista sigue preparando el ambiente y metiendo leña al fuego: “…la necesidad de robustecer cada vez más la alianza entre Río de Janeiro y Buenos Aires, dos gobiernos sinceramente liberales que no pueden permitir que la tranquilidad del Río de La Plata dependa de las desconfianzas sombrías de un déspota ni de las tendencias salvajes de los caudillos” (La Nación 3 de diciembre de 1864)

¿Río de Janeiro liberal?...¿Un gobierno que sobre una población de 10 millones mantiene 1,7 millones en la esclavitud?...¿un gobierno que lleva a la guerra 45 negros esclavos por cada blanco? ¿liberal? Eso es lo que entendía por liberal el genocida de Mitre. “¿Que vamos buscando en la acción de Brasil? (…) la terminación de las autoridades semi-salvajes que tratan de conflagrar en el Río de La Plata” (La Nación, 26 de noviembre se 1864) “Paraguay necesita regenerase, y esa regeneración creemos que no podrá obtenerse de otro modo que a cañonazos” (El Orden). La mentalidad liberal opinaba que “insignificante en si mismo, el Paraguay podía impedir el desarrollo y el progreso de todos sus vecinos. Su existencia era nociva y su extinción como nacionalidad o la caída de la familia reinante debía ser provechosa para su propio pueblo como también para todo el mundo” (Washburn. Historia del Paraguay)

Mientras la prensa liberal y mitrista (La Nación de Mitre, El Orden de Domínguez, Tribuna de los Varela, El nacional de Sarmiento), fogoneaba con mentiras y llamaba “gobiernos semi-salvajes”, los europeos (que Mitre idolatraba) publicaban conceptos muy distintos sobre Paraguay: “De todos los países de la América del Sud que desde hace cincuenta años buscan el verdadero camino que conduce a los pueblos a ser grandes naciones, el Paraguay es, sin contradicción, el que ha hecho más esfuerzos para desembarazarse de las ligaduras de la barbarie…” (Revue des Razes Latines. Art. De H.Francignes. Parias, 1861) (A.G.M. o.cit.t.I.p.362)

Las futuras acciones de guerra dejarán bien en claro quienes fueron los “salvajes” y genocidas: Mitre, que antes llamó a López “el Leopoldo de estas regiones” ahora lo llama el “Atila de América”, “la ultima vergüenza del continente” y habla “de los paraguayos libres que gimen bajo un tirano”. Y para eliminar los gemidos, piensa “eliminar a todos los que gimen.”


Los ejércitos del conflicto

Cada hombre de paraguay era un soldado de su patria, y tenia obligación de tener sus armas y cuatro caballos a disposición en defensa de su patria; “los paraguayos aventajan a los de Buenos Aires en sagacidad, actividad, estaura y proporciones” (Azara- Descripción e historia del Paraguay. t.I.cap.XIV..p.363) Cada hombre que entraba en el ejército, fuera quien fuera, empezaba “de abajo”. Cada hombre y mujer de paraguay, defendían “lo suyo”.

El ejército de brasil era una calamidad; Los nobles ocupaban la oficialidad, y llevaban esclavos o libertos como soldados. Por cada blanco había 45 negros. ¿Qué espíritu de lucha podía habar en un ejercito así? ¿que les importaba a los negros dejar el pellejo en un país exótico, en una guerra que no era la suya, para defender precisamente a los que los maltrataban y esclavizaban en su tierra?

En el ejército Argentino, aunque en menor medida, pasaba algo parecido. Los paisanos no querían ir a una guerra contra sus hermanos Paraguayos, sino contra los porteños y macacos brasileros. Ni el ofrecimiento de paga varió la negativa a incorporarse y la incorporación debió hacerse forzosa, y los "voluntarios" de la guera del Paraguay eran “engrillados” y atados “codo con codo”: “doscientos grilletes para los voluntarios de la guerra del Paraguay” y varios batallones de “enganchados” se sublevaban antes de partir. Ver : El desbande de Basualdo (03-07-1865)
Obra de Candido López, el manco de Curupayty


La intriga “civilizadora”

Paraguay era un mal ejemplo que Inglaterra no podía permitir, y arma la intriga del Brasil de Pedro II, la Confederación de Mitre, y el Uruguay de Flores, para acabar con López, y hasta con el pueblo paraguayo.

A Mitre no le bastó llevar la “Libertad y Civilización” a las provincias del interior. También la ”exportaría” a los países vecinos. Mientras Entre Ríos estallaba en gritos contra el mitrismo, y la prensa de Buenos Aires proseguía su violenta campaña contra el mariscal López y contra la nación Paraguaya. Desde el momento en que Paraguay declara la guerra al Brasil arreciaron los ataques de la prensa mitrista. Fue una campaña dementiras e infamias ; "no puede dudarse que esos artículos fueron la principal causa de la declaración de guerra de la República Argentina". (Jorge Thompson)

Retirado Urquiza al Palacio de San José después de Pavón, Mitre se dedica a limpiar el interior de federales. Interviene provincias, cambia gobiernos no adictos, tolera a otros como los Taboada de Santiago del Estero, y entra a sangre y fuego en La Rioja, (último reducto federal con las montoneras del Chacho) usando de punta de lanza al terrorista Sarmiento. En vano los federales esperan y piden el pronunciamiento de Urquiza, el apoyo o al menos una señal, pero Urquiza, en forma incomprensible guarda silencio absoluto en su Palacio de San José, y deja que se cometa el holocausto de gauchos federales. Ni siquiera contesta la correspondencia del Chacho Peñaloza y el pedido de instrucciones de sus subordinados, como López Jordán que pide instrucciones. Nada hace Urquiza, sino asegurarle a Mitre que se mantendrá prescindente de la lucha, porque “no pertenece a ningún partido” y esta por encima de las luchas internas y asumió el título del “Washington de Sudamérica” que Mitre le asignó. (Ver"La defeccion de Urquiza" a la guerra del Paraguay )

En Uruguay gobierna el partido blanco (federal) que convoca también a los colorados al gobierno y al olvido de los enfrentamientos pasados (incentivados por el Imperio, dicho sea de paso) mediante una amnistía. Pero esta situación no le convenía a Mitre, que quiere “llevar la civilización” y terminar con todos los federales. Tampoco al Imperio que perdería así su viejo sueño de anexar la “Cisplatina”, y mucho menos le conviene a Inglaterra, el verdadero instigador, que ve amenazado su “libre comercio”.

Desconozco si algún pacto secreto (¿de la masonería, de la que ambos eran miembros?) los mantiene “sin agredirse” a Mitre y Urquiza, pero lo cierto es que Mitre “le tiene ganas” pero no se anima, y Urquiza sigue jugando a dos puntas, como siempre lo hizo. Ofrece amistad y pactos a López, de Paraguay, pero éste desconfía y pide que Urquiza de “pruebas”. Despechado con López ofrece apoyo a Inglaterra en la agresión a Paraguay y busca el apoyo brasileño. Cuando estos agreden al Uruguay, no solo se mantiene prescindente, sino que además deja su propio ejército “de a pie” porque le vende a buen precio toda la caballada del propio ejército (30.000 caballos).(Ver "La defeccion de Urquiza" a la guerra del Paraguay )

Mitre "l adora a Urquiza: “Nos toca combatir de nuevo bajo la misma bandera que reunió en Caseros a todos los Argentinos” (Mitre a Urquiza. JMR t.VII.p.122) Mitre se refería a la bandera imperial, y de este modo le agradecía a Urquiza que no ayudase a López ni permitiera el paso del ejército Paraguayo en auxilio a Uruguay agredido por Brasil. Para ese entonces, Urquiza ya había vendido a buen precio toda la caballada de su ejército a los brasileños.

“Corresponda esta adquisición al desarme del adversario, pues los entrerrianos, óptimos y admirables jinetes, no formaban sino pobre infantería. Y de esta manera Urquiza fue anulado como valor combatiente…No había en Urquiza la pasta de un hombre de estado; no pasaba de un condotiere…Permaneció inactivo por lo tanto. De hecho, traicionaba a todos. Cuidó Brasil tornarlo inofensivo. Urquiza, a pesar de ser inmensamente rico, tenía por la fortuna un amor inmoderado; el general Osorio le conocía el lado flaco” (J. Pandá Cológeras. “Formaçao histórica do Brasil”) El brasileño general Osorio, que comandó la caballería brasileña en Caseros en 1851, conocía bien “el lado flaco” de Urquiza

Desde Concepción José Hernández declara que “Ya no es hora de la pluma” tratando de que Urquiza, (supuesto federal) , haga algo, pero Urquiza “lo mira por televisión”. Es que ya había hecho su negocio de la guerra, y ahora de apie, hacía la suya.

El Imperio comienza con reclamos por supuestas agresiones de hacendados brasileños en territorio Uruguayo, y hacen proposiciones imposibles de cumplir, para que no se les diluya “el motivo” para la agresión. Berro (presidente Uruguayo) pide auxilio a López, a quien el Imperio codicia, pero a su vez teme si no tiene de aliado a la Confederación y el visto bueno y ayuda de Inglaterra.

Brasil agrede cañoneando un buque. Uruguay reclama y se lo comunica a López, pero mientras la correspondencia diplomática va y vuelve a Asunción, el ministro de relaciones exteriores de Uruguay, Lamas, “entrega vergonzosamente” a su gobierno ante Mitre, de manera tal que cuando llega a Bs.As. el reclamo Paraguayo, Elizalde le contesta poco menos que “vos no te metas que ya arreglamos todo”. El representante brasilero, que dudaba del apoyo de Bs.As. y no se animaba solo contra Paraguay, le pide audiencia a Mitre, y éste se la concede a las 11 de la mañana con todo el gabinete reunido, incluido el representante inglés, que al perecer también formaba parte “del gabinete”.

Con el visto bueno de Inglaterra, brasil se decide a la agresión abierta, y abastece a la flota en armas y municiones en Bs.As. Ante la protesta diplomática uruguaya, Mitre niega lo evidente, ya que se hacía a plena luz del día en la rada del puerto de Bs.As.

La guerra estaba decidida con anterioridad a 1865. El 21 de octubre de 1864 Manuel Senén Rodríguez le escribe a Berges, anticipándole la guerra del paraguay. Este le contesta: “Ningún esfuerzo me cuesta creer la noticia que V. se sirve transmitirme de que el Brasil va a declarar la guerra al Paraguay, pues siempre hemos pensado que la absorción del Estado Oriental era solo una escala de descanso para llegar al Paraguay”(M.R.E.P/C.C.C. vol.I.p.307) y ya en 1863 el Padre Domingo Ereño en carta al político oriental Joaquín Requena García le prevenía “ Buenos Aires ha sido y será siempre el foco de los enemigos, y cuna de trabajo contra esa República, contra todas las provincias y hasta contra el Paraguay”(Concepción del Uruguay, 25 de agoste de 1863.Efraín Cardozo. Vísperas de la guerra. Bs.As. 1954.Ateneo. p.163)


Primera acción de guerra - Año nuevo de 1865 Escuadra imperial brasileña

Venancio Flores, “el degollador de Cañada de Gómez”, intima a Leandro Gómez la rendición de Paysandú andes de la salida del sol del 5 de diciembre de 1864. “Vencido de plazo fijado, y procediéndose enseguida al ataque V.S. pagará con su vida las consecuencias y desastres que puedan ocasionarse”

La flota Imperial ataca y bombardea Paysandú durante varios días sin poder rendirla. Como se queda sin municiones, se reabastece en Bs.As. en el parque de Mitre y bombardea por segunda vez Paysandú, que aún resiste con 600 hombres en la defensa, atacado a su vez con 9.000 hombres por tierra.

Desalojado Paysandú de civiles, Paysandú resiste varios días con la bandera hondeando en la torre de la iglesia, y es totalmente incendiada a la vista impotente de los argentinos desde la otra orilla, que nada podían hacer ante la negativa y silencio cómplice de Urquiza. (Para esto Urquiza, que siempre jugo a dos puntas, ya había vendido la caballada).

Se rinde la plaza y su Jefe general Leandro Gómez, ya rendido y prisionero, es fusilado sin más trámite. Como toda la prensa (hasta la unitaria) repudia el hecho, el diario La Nación Argentina (de Mitre), dice cínicamente: “La gran cuestión no es saber si Leandro Gómez le tiene miedo a las balas;(la gran cuestión) es saber qué conviene a la libertad y la civilización”Como tantas veces se cometían crímenes en nombre de “la libertad y la civilización”

Mitre, aliado a Brasil y al gobierno impuesto por este, declarara la Guerra al Paraguay, como de costumbre, con frases célebres: “Tres días en los cuarteles, tres semanas en campaña, tres meses en Asunción”. La guerra duraría cinco penosos años, y Mitre, como no podía ser menos, fue general de todos los ejércitos. No gana ni una batalla y los brasileros lo reemplazan. Una guerra injusta, un genocidio del pueblo paraguayo que vio reducida su población masculina en un 99,60 % en varones de más de diez años. Y todo en nombre de "la civilización y la libertad".

El 1 de mayo de 1865, Mitre en mensaje al Congreso: “ Esta fecha quedará consignada a la altura de mayo: 1865; iniciación de la política expansionista del pensamiento argentino.(...) la Republica entra en la labor de establecer las afinidades de la civilización en las regiones bárbaras de Sud América”


Los soldados "voluntarios" del interior.

El paisanaje de las provincias, que intervino tantas veces voluntariamente en las luchas ante la sola convocatoria de los caudillos, se negó a participar en una guerra que no sentía suya. Sintiéndose más cercanos a la provincia hermana del Paraguay que a los porteños y a los “macacos” brasileros, se negaban a enrolarse, lo que motivo la deserción y levantamiento de muchos batallones del interior. Consta en el archivo histórico, la Factura de un herrero de Catamarca, “por doscientos grilletes para los voluntarios de la guerra del Paraguay”

“...el reclutamiento de los contingentes no fue fácil. (...) Para llenar las cuotas provinciales se autorizó reclutarlos mediante paga, pero pocos lo hicieron. Entonces los gobernadores, mitristas en su totalidad, y los comandantes de frontera se dedicaron a la caza de “voluntarios”. Emilio Mitre , encargado del contingente cordobés, escribe el 12 de julio que manda los “voluntarios atados codo con codo”; Julio Campos, porteño impuesto como gobernador de La Rioja, informa el 12 de mayo:”Es muy difícil sacar los hombres de la provincia en contingentes para el litoral…a la sola noticia que iba a sacarse, se han ganado la sierra”. Los “voluntarios” de Córdoba y Salta se sublevan en Rosario apenas les quitan las maneas; el gobernador Maubecin, de Catamarca, encarga 200 pares de grillos para el contingente de la provincia. (Revista de la Biblioteca Nacional, XXI, n° 52)

¿Cobardía? Eran criollos que lucharon en Cepeda y Pavón, y bajo las órdenes del Chacho Peñaloza. No desertaban – como acotan algunos – y lo demostrarán en 1867 alzándose tras Felipe Varela y Juan Saa. Simplemente no querían ir “a esa guerra”. (JM Rosa Historia Arg.t.VII.pag 140)

Felipe Varela en un manifiesto proclamado por él mismo el 1º de enero de 1868, afirmaba lo siguiente: "En efecto, la guerra con el Paraguay era un acontecimiento ya calculado, premeditado por el general Mitre".

Urquiza también tiene problemas para juntar los contingentes, y a pesar de decirles que la guerra es “contra los porteños”, las divisiones de Victoria y Gualeguay se niegan a marchar, y López Jordán le escriba a Urquiza: “Usted nos llama para combatir el Paraguay. Nunca, general; ese es nuestro amigo. Llámenos para pelear a los porteños y brasileros; estaremos prontos; ésos son nuestros enemigos. Oímos todavía los cañones de Paysandú.”

Muchos se opusieron a esa guerra infame, entre otros el autor del Martin FierroJosé Hernández y Juan Bautista Alberdi, y los “voluntarios” se revelaban en Entre Ríos, Corrientes, Catamarca, San Juan y casi todas las provincias del interior, con la rebelión de batallones enteros, etre otros el conocido "desbande de Basualdo".

Juan Bautista Alberdi mantuvo con Mitre una agria polémica publica en la que entre otras cosas, refiréndose al propio Mitre, le enrostró la siguiente frase: “Si al menos hubiera yo tomado una escarapela, una espadas, una bandera de otro país, para hacer oposición al Gobierno del mío, como en Monte Caseros lo hizo otro Argentino contra Buenos Aires, con la escarapela Oriental, como oficial Oriental, bajo la bandera oriental y alienado con los soldados de brasil..” y opinando luego además sobre la política del mitrismo agrega:

“Para gobernar a la República Argentina vencida, sometida, enemiga, la alianza del Brasil era una parte esencial de la organización Mitre-Sarmiento; para dar a esa alianza de gobierno interior un pretexto internacional, la guerra al Estado Oriental y al Paraguay, viene a ser una necesidad de política interior; para justificar una guerra al mejor gobierno que haya tenido el Paraguay, era necesario encontrar abominables y monstruosos esos dos gobiernos; y López y Berro han sido víctimas de la lógica del crimen de sus adversarios”. (Juan Bautista Alberdi)

"En nombre de la libertad y con pretensiones de servirla, nuestros liberales, MitreSarmiento y Cía., han establecido un despotismo turco en la historia, en la política abstracta, en la leyenda, en la biografía de los argentinos. Sobre la revolución de Mayo, sobre la guerra de la independencia, sobre sus batallas, sobre sus guerras ellos tienen un Alcorán, que es de ley aceptar, creer, profesar, so pena de excomunión por el crimen de barbarie y caudillaje”" (Juan Bautista Alberdi. Escritos póstumos. Ensayos sobre la sociedad, los hombres y las cosas de Sudamérica. Buenos Aires. 1899)

Se recurre inclusive al reclutamiento de mercenarios europeos mediante el engaño y promesa de tierras como campesinos. Según testimonios de un integrante de un contingente suizo, se los embarca engañados y se le retiran los documentos. Al llegar a Buenos Aires son llevados al frente por la fuerza o encarcelados. (Declaración de un “enganchado siuzo”, cit.por Chiavanetto: O genocidio Americano. A guerra de Paraguai)
28 de octubre de 1865 – Amotinamiento de reclutas en Catamarca

La tarea que el gobernador de Catamarca, Victor Maubecín, acometió con mayor entusiasmo durante su gobierno fue la formación del contingente con que la provincia debía contribuir al Ejército del Paraguay. Guerra impopular esta de la Triple Alianza.

Tradiciones y documentos nos hablan de la resistencia que demostró parte de nuestro pueblo frente a la recluta ordenada por el Gobierno Nacional. Algo decía al sentimiento de nuestros paisanos que esa contienda ninguna gloria agregaba a los lauros de la patria, y que tampoco existían motivos para pelear contra un pueblo más acreedor a su simpatía que a su rencor.

En Entre Ríos, los gauchos de Urquiza desertaron en masa, pese a que en otras ocasiones fueron leales hasta la muerte con su caudillo.

En La Rioja, el contingente de 350 hombres asignado a la provincia se reclutó entre la gente de la más baja esfera social. Un testigo calificado, el juez nacional Filemón Posse, explicaba al Ministro de Justicia, Eduardo Costa, los procedimientos compulsivos que había utilizado el gobierno local al expresar que “se ponían guardias hasta en las puertas de los templos para tomar a los hombres que iban a misa, sin averiguar si estaban eximidos por la ley”.

El método usado para el reclutamiento, tanto como el duro trato a que fueron sometidos los “voluntarios” durante los tres meses que duró la instrucción militar, fueron causa de varias sublevaciones. El mismo testigo señala, a ese respecto, el estado de desnudez de la tropa, lo cual movía la compasión del vecindario cuando salía a la plaza para recibir instrucción. “Más parecen mendigos que soldados que van a combatir por el honor del pueblo argentino”, afirmaba sentenciosamente, agregando que tal situación suscitó la piadosa intervención de la Sociedad San Vicente de Paul que les proveyó de ropa y comida. Acusaba también al gobernador Maubecín de incurrir en una errónea interpretación del estado de sitio, cuando exigía al vecindario auxilios de hacienda y contribuciones forzosas para costar los gastos de la movilización.

La situación que se ha descrito veíase agravada por el trato duro e inhumano que se daba a los reclutas. José Aguayo, uno de los oficiales instructores, ordenó cierta vez por su cuenta, la aplicación de la pena de azotes en perjuicio de varios soldados. Olvidaba o ignoraba, quizás, que la Constitución Nacional prohibía expresamente los castigos corporales.

Este hecho motivó un proceso criminal en contra del autor, cuando los damnificados denunciaron el vejamen ante el Juzgado Federal. Su titular falló la causa condenando a Aguayo a la inhabilitación por diez años para desempeñar oficios públicos, y a pagar las costas del juicio. Dicha sentencia disgustó a Maubecín, quien negó jurisdicción al magistrado para intervenir a propósito de los castigos impuestos en el cuartel “a consecuencia de una sublevación”. El gobernador calificaba de “extraña” la intervención de Filemón Posse y afirmaba que esa ingerencia era “una forma de apoyo a los opositores sublevados”. El choque entre el juez y gobernador originó un pleito sustanciado en la esfera del Ministerio de Justicia y dio materia a una sonada interpelación al ministro Eduardo Costa por parte del senador catamarqueño Angel Aurelio Navarro.


Los “voluntarios” se sublevan

El mes de octubre de 1865 llegaba a su término. Faltaban pocos días para la partida hacia Rosario del batallón “Libertad” cuando un incidente vino a conmover a la población. La tropa de “voluntarios”, cansada de privaciones y de castigos, se amotinó con el propósito de desertar. No es aventurado suponer que para dar ese paso debe haber influido un natural sentimiento de rebeldía contra la imposición de abandonar la tierra nativa, a la que seguramente muchos no volverían a ver. Actores principales de la revuelta fueron poco más de veinte reclutas, pero la tentativa fue sofocada merced a la enérgica intervención de los jefes y oficiales de la fuerza de custodia.

Inmediatamente, por disposición del propio Gobernador, jefe de las fuerzas movilizadas, se procedió a formar consejo de guerra para juzgar a los culpables. El tribunal quedó integrado con varios oficiales de menor graduación y la función del fiscal fue confiada a aquel teniente José Aguayo, procesado criminalmente por el Juez Federal a raíz de la pena de azotes impuesta a otros soldados.

Actuando en forma expeditiva, el cuerpo produjo una sentencia severa y originalísima en los anales de la jurisprudencia argentina. Los acusados fueron declarados convictos del delito de “amotinamiento y deserción”. Tres de ellos, a quienes se reputó los cabecillas del motín, fueron condenados a la pena de muerte aunque condicionada al trámite de un sorteo previo. Solamente uno sería pasado por las armas, quedando los otros dos destinados a servir por cuatro años en las tropas de línea. Los demás acusados, 18 en total, recibieron condenas menores que variaban entre tres años de servicio militar y ser presos hasta la marcha del contingente.


La muerte en un tiro de dados

La sentencia fue comunicada a Maubecín, quien el mismo día - 28 de octubre - puso el “cúmplase en todas sus partes” y fijó el día siguiente a las 8 de la mañana para que tuviera efecto la ejecución. Un acta conservada en el Archivo Histórico de Catamarca nos ilustra sobre las circunstancias que rodearon el hecho.

A la hora indicada comparecieron en la prisión fiscal, escribano y testigos. El primero ordenó que los reos Juan M. Lazarte, Pedro Arcadé y Javier Carrizo se pusieran de rodillas para oír la lectura de la sentencia. Enseguida se les comunicó que “iban a sortear la vida” y, a fin de cumplir ese espeluznante cometido, se les indicó que convinieran entre sí el orden del sorteo y si la ejecución recaería en quien echara más o menos puntos. En cuanto a lo primero, quedó arreglado que sería Javier Carrizo el primero de tirar los dados, y respecto de lo segundo, que la pena de muerte sería para quien menor puntos lograra.

Ajustado que fue el procedimiento, se vendó los ojos a los condenados y se trajo una “caja de guerra bien templada”, destinada a servir de improvisado tapete. Cumplidas esas formalidades previas, Javier Carrizo recibió un par de dados y un vaso.

No cuesta mucho imaginar la dramática expectativa de aquel instante, el tenso silencio precursor de esa definición. La muerte rondaba sombría y caprichosa como la fortuna en torno a la cabeza de esos tres hombres. Es probable que hayan formulado una silenciosa imploración a Dios para que ese cáliz de amargura pasara de sus labios.

Javier Carrizo metió los dados dentro del vaso. Agitó luego su brazo y los desparramó sobre el parche... ¡Cuatro!. Tocaba a Lazarte repetir el procedimiento de su compañero de infortunio. Tiró... ¡Siete!. Las miradas se concentraron entonces en la cara y en las manos del tercero. Pedro Arcadé metió los dados en el cubilete, agitó el recipiente y tiró...¡Sacó cinco!. La suerte marcaba a Javier Carrizo con un signo trágico.

El acta nos dice que se llamó a un sacerdote a fin de que el condenado pudiera preparar cristianamente su alma. Después de haber sido desahuciado por los hombres, sólo le quedaban el consuelo y la esperanza de la fe. El pueblo catamarqueño, que tantas veces fue sacudido por hechos crueles derivados de las luchas civiles, nunca había sido testigo de un fusilamiento precedido de circunstancias tan insólitas.

En otro orden de cosas, parece necesario decir que la pena de muerte aplicada a Javier Carrizo cumplió el propósito de escarmiento que la inspiraba. A lo que sabemos, no se produjo más tarde ninguna sublevación del batallón de “voluntarios” Libertad. Conducido por el propio Maubecín, hasta el puerto de Rosario, llegó a destino y sus componentes pelearon en el frente paraguayo dando pruebas de heroísmo. Estuvieron en las más porfiadas y sangrientas batallas: Paso de la Patria, TuyutiCurupaytí y otras. De los 350 soldados que salieron del Valle, el 6 de noviembre de 1865, solo regresarían 115 al cabo de 5 años. Los demás murieron en los fangales de los esteros paraguayos.

En el Archivo Histórico de la Nacion, hay una factura de un herrero de Catamarca, "Por doscientos grilletes para los voluntarios de la guerra del Paraguay"

Fuente:
Armando Raúl Bazán – La Pena de Muerte por Sorteo en Catamarca
Antook – Reclutamiento en Catamarca (2007).
Todo es Historia – Año 1, Nº 1, Mayo de 1967

La batalla de Pehuajó (30-01-1866) - ¿Impericia o traición? (Mitre había quedado distanciado y resentido con Conesa, después de Cepeda.)

El 30 de enero de (1866) ocurre un curioso combate en el paraje Corrales o Pehuajó. Una fuerza de 450 paraguayos había desembarcado, y Mitre mandó desalojarla a la división Buenos Aires de guardias nacionales de infantería, mandada por Conesa. La división Buenos Aires tenía 1.700 plazas, pero su armamento era deficiente y sus integrantes gauchos recogidos en la campaña “que hubieran sido excelentes soldados de caballería pero que costaba mucho hacerlos infantes” (Carlos D´Amico. Bs.As., sus hombres su naturaleza, sus costumbres. México 1890) (JM Rosa t.VII.p.152)

Conesa por orden de Mitre ataca de frente a los paraguayos escondidos en un monte. Aquello fue una carnicería de gauchos, sin que Mitre – acampado a escasa distancia – se le ocurriese reforzar a Conesa, de quien estaba distanciado desde Cepeda.

“ ! Como sería el lance de desigual – comenta D¨Amico, uno de los participantes – cuando la división tuvo fuera de combate el 75 %, cuando con las armas que se usaban la regla era el 8 ó 10 % en los hechos de armas más sangrientos ¡…..!como sería, que tuvieron que hacer de oficiales los sargentos, porque la mayor parte de aquellos estaban fuera de combate!” 

En contraste con las bajas paraguayas, las pérdidas argentinas fueron inmensas, pero como siempre, Mitre encontraría un culpable del desatre echándole la culpa a los muertos y sobrevivientes; en su parte del día, después de felicitar a los sobrevivientes enviados al matadero, les recomienda que “en los próximos combates sean menos pródigos de su ardor generoso y de su valor fogoso”. como se la culpa de aquella hecatombe la tuviera el ardor y valor de la tropa.

Ante la opinión de Mitre, reflexiona D’Amico: “Como si encontrarse sin sospecharlo con el enemigo en posiciones formidables fuera de ser pródigo en valor; o verse obligado a luchar todo un día porque el general en jefe no manda refuerzos fuera un prodigio en ardor. ¿Qué quería que hicieran esos pobres soldados mandados la sacrificio? ¿Que huyeran para cubrirse de vergüenza? ¿Que levantaran las culatas para traicionar la bandera que se les había confiado?

(JMR.Guerra del Paraguay.p.242) “Pehuajo fue un crimen”, comenta D´Amico. Pocos quisieron creer la impericia de Mitre al dar la orden de ataque contra una posición fortificada, sin reforzar los atacantes; muchos creyeron en el propósito deliberado de aniquilar a los gauchos de la División, sus oficiales (entre ellos Dardo Rocha, salvado miligrosamente) y al coronel Conesa, su enemigo desde que lo desobedeció para salvar el ejército porteño en Cepeda, cuando el iluso de Mitre aún no tomaba conciencia de la derrota ...”La prensa de Buenos Aires dijo entonces – sigue D´Amico – que Mitre había querido deshacerse de numerosos e influyentes enemigos políticos mandando esa división a tan peligrosa acción de guerra en vez de una división de línea, y permaneciendo en inexplicable inacción todo el día, a pesar del fuego alarmante que se oía en el campamento”(Carlos D´Amico. Bs.As., sus hombres su naturaleza, sus costumbres. México 1890) (JMR.t.VII.p.152)

Siendo comandante Mitre, las dos hipótesis son posibles: Impericia o traición.

En carta de Venancio Flores a su esposa, le comenta el 3 de marzo: “Yo no sé que será de nosotros…perder casi totalmente la División Oriental, y de veras que si a la crítica situación en que estamos se agrega la constante apatía del general Mitre, bien puede suceder que yendo por lana salgamos trasquilados”

El duque de Caixas sabia quien era Mitre, y escribia a su gobierno su opinión. Las cartas fueron publicadas en 1902; en la del 20 de septiembre de 1867, Caixas pedía su propio relevo para no cumplir sus órdenes extravagantes, y se preguntaba: “¿Pero yo, que hago aquí quedando a las órdenes de un hombre que todo podrá ser, menos general?...y en una posterior decía: “Cada vez estoy más persuadido que Mitre no quiere terminar la guerra...creo que él podrá ser todo menos general”.

Mitre, más hábil con la pluma que con la espada, le contesta indignado desde La Nación: “quien jamás tuvo iniciativa ni siquiera la idea de ningún plan de operaciones, nunca hubiera imaginado que falsificaría la historia...si a alguno cuadra esta acusación es a él mismo (a Caixas), negando los títulos de general a quien le daba lecciones militares…”


Los prisioneros: “Civilización y barbarie”

Guerra del Paraguay - Cándido LópezLos aliados incorporaban a los prisioneros a sus propias filas, obligándolos a luchar contra su patria y sus hermanos, y si escapaban eran fusilados como desertores. Palleja cuenta de estos fusilamientos constantes. J.Garmentdia en sus “Recuerdos de la campaña del Paraguay” dice “Hay algo de bárbaro y deprimente en este acto inaudito de castigar a un a que haga fuego contra su bandera” y Carlos María Ramírez, en Montevideo, dirá “Los prisioneros de guerra han sido repartidos en los cuerpos de línea, bajo la bandera y con el uniforme de los aliados compelidos a volver sus armas contra los defensores de su patria ¡Jamás el siglo XIX ha presenciado un ultraje mayor al derecho de gentes, a la humanidad, a la civilización!”(JMR.tVII.p149)

“Durante la rendición de Humaitá aconteció algo notable: uno de los que se rendían, abandonó de inmediato a sus compañeros, se precipitó, como loco, sobre uno de los nuestros y lo abrazó y no quiso desprenderse de él; era un sargento de artillería de la fortaleza. Aconteció que este sargento era una sargenta en uniforme de artillero y que había participado del sitio de la fortaleza de Humaitá. Nuestro compañero, un paraguayo, su marido, que luchaba como prisionero...” (Lopracher. cit.en “Genocidio Americano, A guerra do Paraguai”, p.150- Julio José Chiavenatto. Sao Paulo)

También fue generalizado el robo de prisioneros por los aliados para ser vendidos utilizados como esclavos, y no hubo oficial que no se llevara varios “paraguayitos” como botín. En carta que escribe Mitre a Marcos Paz le dice “Nuestro lote de prisioneros en Uruguayana fue de poco más de 1.400. Extrañará a usted el número, que debiera ser más; pero por parte de la caballería brasileña hubo tal robo de prisioneros que por lo menos arrebataron 800 o 1.000 de ellos; los robaron para esclavos, hasta hoy andan robando y comprando prisioneros. El comandante Guimaraes, jefe de una brigada brasileña, me decía el otro día que en las calles de Uruguayana tenía que andar diciendo que no era paraguayo para que no lo robaran” (Carta de Mitre a Marcos Paz)

En carta fechada en Humaitá el 20 de noviembre, López le protesta a Mitre por el trato dado por los aliados a los prisioneros paraguayos. Entre otros conceptos le dice que “Es de uso general y práctica entre naciones civilizadas atenuar los males de la guerra por leyes propias, despojándola de los actos de crueldad barbarie, que deshonrando a la humanidad, estigmatizan con una mancha indeleble a los jefes que los ordenan, protegen o toleran, y yo lo había esperado de V.E. y sus aliados...

Y continúa la carta de López:

“La estricta disciplina de los ejércitos paraguayos en territorio argentino y en la poblaciones brasileras así lo comprueban…y mientras tanto V.E., iniciaba la guerra con excesos y atrocidades…La bárbara crueldad con que han sido pasados a cuchillo los heridos del combate de Yatay…y acciones todavía más ilegales y atroces que se cometen con los paraguayos que mantenido la fatal suerte de caer prisioneros del ejercito aliado en Yatay y Uruguayana, V.E. los ha obligado a empuñar las armas contra la patria(…)haciéndolos traidores, y aquellos que han querido resistir a destruir su patria con sus brazos han sido inmediata y cruelmente inmolados. Los que han participado en tan inicua suerte, han servido para fines no menos inhumanos y repugnantes, pues que en su mayor parte han sido llevados reducidos a la esclavitud en brasil, y los que se prestaban menos por el color blanco de su cutis para ser vendidos, han sido enviados de regalo, como entes curiosos sujetos a la servidumbre. Este desprecio, no ya de las leyes de la guerra sino de la humanidad, esta coacción bárbara como infame que coloca a los prisioneros de guerra entre la muerte y la traición, o entre la muerte y la esclavitud, es el primer ejemplo que conozco en la historia de las guerras, y es a V.E.,al emperador del Brasil y al actual mandatario de la República Oriental a quienes cabe el baldón de producir y ejecutar tanto horror”

¿Quien sino Mitre era la barbarie?

Mitre le contesta con su acostumbrado cinismo, negando en público lo que lo que reconocía en sus cartas privadas:

“Lejos de obligar a los prisioneros a ingresar voluntariamente a las filas del ejército aliado o de tratárselos con rigor; han sido tratados todos ellos no solamente con humanidad, sino con benevolencia, habiendo sido muchos de ellos puestos en completa libertad”

Las mentiras y el cinismo de Mitre no tienen parangón en nuestra historia.


Entrevista de Yatay-Corá.

López talvez desde su óptica de patriota pensó que podría convencer a Mitre de terminar la guerra y hacer la paz sobre los millares de cadáveres, y lo invita a una entrevista en Yatayty-Corá.

Por el secretario de Mitre (José María Lafuente), se sabe que López trató de convencer a Mitre, y le hablo de la política expansionista de Brasil, y que los términos de la alianza lo obligaban a los paraguayos a luchar hasta el aniquilamiento (que ese era el verdadero fin de la alianza). Polidoro (el brasilero) dice que ”Las instrucciones de Su Majestad me ordenan librar batalla con “ese hombre”; no tengo instrucciones para tratar con el, ni entablar relaciones sociales”. Mitre en cambio, según el acta, “se limitó a oír, contestando que se remitiría a su gobierno y a la decisión de los aliados con arreglo a sus compromisos”

A los dos días Mitre le escribe a López que ha hablado con Polidoro (el brasilero) y que “Hemos convenido...referirlo todo a la decisión de los respectivos gobiernos sin hacer modificación alguna a la situación de los beligerantes” (cit.JMR.tVII.p.164) Linda maner de "lavarse las manos".

Esto no solamente muestra claramente que Mitre no las tenía bien puestas como para tomar una decisión por su cuenta y sin echarle la culpa a otros, sino que resulta evidente que respondía a otros amos, y seguía siendo la marioneta de siempre al servicio de los brasileros, y en última instancia de los ingleses, los verdaderos ideólogos del genocidio del paraguayo.



Curupayty – La “estrategia” de la masacre. Batalla de Curupaytí

Mitre demostraría una vez más su impericia militar. La acción de Curupayty sería digna de una obra tragicómica, si no fuera que ocurrió realmente y en una guerra cruenta que costó miles de vidas.

Mitre, necesitado de un triunfo para levantar su alicaído prestigio militar (prestigio imaginativo y literario, en realidad) decidió tomar Curupayty, una fortificación de troncos defendida solamente por siete regimientos de infantería con 49 cañoncitos y dos escuadrones de caballería. Mitre en cambio, con 17.000 hombres, “literalmente” arrasaría a los paraguayos, y se haría de la victoria que necesitaba.

Estudioso de las “estrategias europeas”, Mitre decidió entonces una estrategia inobjetable (según su punto de vista): un ataque frontal a bayoneta con los 17.000 hombres, luego simular una retirada para que el enemigo salga en persecución, y más tarde dar media vuelta y batirlos fuera de la fortaleza. Lo que no tuvo en cuenta Mitre, era, en primer lugar, el terreno fangoso tras tres días de lluvia que separaba su posición del enemigo, y en segundo lugar, que los paraguayos se manejaban por instinto (o talvez hayan leído los mismos libros de estrategia), porque en vez de salir a perseguir a los atacantes, se quedaron mirando como estos desandaban el pantano con gran esfuerzo. El ejército de Mitre tuvo que recorrer por tercera vez el pantano lleno de cadáveres de su propio ejercito, para desalojar la “fortificación”, lo que terminó en una tragedia. Murieron 10.000 argentinos y brasileros y 92 paraguayos.

“...los infantes volvieron a la carga en el campo fangoso obstruido de cadáveres, agotados por el peso de sus armas. Protegidos en sus trincheras, los paraguayos hacían estragos que los aliados no contestaban porque no vían al enemigo.” Mitre embriagado del mismo optimism enfermizo y heroico de Cepeda, ordenaba avanzar, avanzar y avanzar siempre. La hecatombe hubiera seguido por la noche si Porto Alegre, respetuosa pero firmemente, no se impusiera y ordenase la retirada.” (J.M.R.Hist.Arg. t.VII.p.166) Murieron 10.000 argentinos y 92 paraguayos.

En Buenos Aires, Martín Piñeiro informa a Sarmiento: “Solo Mitre ha podido hacer perecer a tanto argentino…no se pregunta quien murió sino quien vive...causa lastima salir a la calle”

En Curupayty muere Dominguito, el hijo de Sarmiento, a quien le escribe Piñero: “el desastre brutal que reveló la incapacidad del general en jefe (Mitre) que solo por su parte oficial hubiera sido fusilado por un consejo de guerra.”(Revista del Museo Histórico Sarmiento II-III)

Ver también: La batalla de Curupayty


Derrota de Tuyú-Cué o La segunda Tuyuty - Ni para cuidar “el pañol”(03-11-1870)

Ante las seguidillas de derrotas y desastres militares provocadas por la congénita impericia del “farsante general”, los brasileros piden su reemplazo por Caxias. Se llegó a un acuerdo: la escuadre brasilera se manejaría por su cuenta, Caxias tendría a cargo la ofensiva, y Mitre estaría a cargo de la reserva y los depósitos de Tuyuty.

Mitre queda entonces en Tuyuty custodiando el parque y los cañones. El 3 de noviembre de 1870 otra vez se destaca “el acaparador de derrotas”:

“A las 4.30 de la mañana se escucharon los primeros tiros. La batalla fue tremenda – comenta Blanco Fombona – aunque los paraguayos eran menos de la sexta parte del enemigo, Mitre quedó en derrota. El campamento fue incendiado: artillería, municiones de guerra y boca, mulas, tiendas, carros, todo cayó en poder de los paraguayos. Mitre perdió hasta su correspondencia”. (C.Pereyra, Francisco Solano López y la guerra del Paraguay. JMR- T.VII.p196)

El grumete se refugia en Tuyu-Cué, donde estaba Caixas con el grueso del ejército. Los paraguayos se retiran con todo el parque tomado, entonces Mitre, como en otras ocasiones, pretende transformar las derrotas en victorias, se atribuyó la victoria. Pero ya era demasiado; Blanco Bombona dice:

“Aquella derrota y aquella carrera son indefendibles, pues de su inmenso ejército, atacado solo por una legión de héroes, había tenido Mitre dos mil bajas...ya le fue imposilbe a Mitre de todo punto de vista , seguir al frente del ejército. Nada podía sostener su autoridad” (cit.por JMR t.VII.p.198)

Acostumbrado a frases heroicas ( como la dicha tras la disparada de Cepeda “Aquí traigo intactas vuestras legiones” o la pronunciada en banquete de agasajo al llegar de a pie desde Sierra Chica, vapuleado por Calfucurá “El desierto es inconquistable” ) también tendría una frase para esta circunstancia: “Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña a recibir la merecida ovación que el pueblo les consagre, podrá ver el comercio ver inscriptas en sus banderas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado para mayor gloria y felicidad de los hombres”.

Batiendo palmas, La Nación recibía en triunfo a este “apóstol” del libre cambio, que no tuvo escrúpulos en contribuir al genocidio de un pueblo hermano, para ver inscripto en las banderas los “grades principios del libre cambio”.


Lomas Valentinas. (21-12-1870)

Lomas Valentinas, guerra del ParaguayEn Asunción la población moría por la calles. El 21 de diciembre al mando de López resiste el embate de los aliados, muy superiores en número. El general y ministro de Estados Unidos presencia la batalla desde su campamento:

“Seis mil heridos, hombres y chiquillos, llegaron a ese campo de batalla el 21 de diciembre y lucharon como ningún otro pueblo ha luchado jamás por preservar a su país de la invasión y la conquista...otros han fugado (hacia su propio ejército) de las pocilgas que utilizaban los invasores como prisión,...el cuartel Paraguayo comenzó a llenarse de heridos incapacitados positivamente para seguir la lucha. Niños de tiernos años arrastrándose, las piernas desechas a pedazos con horribles heridas de balas. No lloraban ni gemían, ni imploraban auxilios médicos. Cuando sentían el contacto de la mano misericordiosa de la muerte, se echaban al suelo para morir en silencio”

Hubo prodigios de coraje: Felipe Toledo, de ochenta años, carga diez veces al frente de la escolta presidencial para caer en la décima; Valois Rivarola, con una herida recibida en Avay, abandona el hospital y toma el primer caballo que encuentra. Una bala le rompe el cráneo: sujetando la masa encefálica, que se le escurría, con los dedos de una mano, con la otra disparaba su carabina. (JMR.t.VII.p.204)

López ya “No tenía soldados, no tenía proyectiles, no tenía que comer. Solo noventa fantasmas le rodeaban en la cumbre de la trágica colina, aguardando sus palabra para corre a la muerte”; se retira con los restos y para el 27 logra reunir “dos mil combatientes de inválidos y niños a quienes hubo que poner barbas postizas para quitarles su aspecto infantil detuvieron durante ocho horas el ataque de 28.000 alados. La batalla terminó cuando terminó nuestro ejército.” (O´Leary. Cit.JMR.tVII.p.205)


La masacre de Acosta-Ñu

la masacre de Acosta ÑuEn la batallas de Acosta Ñu, (16 de agosto de 1869) 3.500 niños paraguayos enfrenta a 20.000 hombres del ejército aliado, lo que se tiene como un acto de heroísmo sin igual. Por la masacre producida, se conmemora ese día como el Día del niño en Paraguay.

“Los niños de seis a ocho años, en el fragor de la batalla, despavoridos, se agarraban a las piernas de los soldados brasileros, llorando que no los matasen. Y eran degollados en el acto. Escondidas en al selva próxima, las madres observaban el desarrollo de la lucha. No pocas agarraron lanzas y llegaban a comandar un grupo de niños en la resistencia. Finalmente, después de un día de lucha, los paraguayos fueron derrotados.”

“El Conde D´Eu, un sádico en el comando de la guerra,..después de la insólita batalla de Acosta Nú, cuando estaba terminada, al caer la tarde, las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los cadáveres de sus hijos y socorrer los pocos sobrevivientes, el conde D´Eu mandó incendiar la maleza, matando quemadas las los niños y sus madres.”

“Mandó a hacer cerco del hospital de Peribebuy, manteniendo en su interior los enfermos – en su mayoría jóvenes y niños – y lo incendió. El hospital en llamas quedó cercado por las tropas brasilera que, cumpliendo las órdenes de ese loco príncipe, empujaban a punta de bayoneta adentro de las llamas los enfermos que milagrosamente intentaban salir del la fogata. No se conoce en la historia de América del Sur por lo menos, ningún crimen de guerra más hediondo que ese.” (de la misma fuente- Chiavenatto. "A guerra do Paragaui)

Ver tambien: La batalla Acosta-Ñú . (12-08-1869)

 
Los niños de la guerraPrisineros de al guerra del Paraguay



Las cifras del genocidiociudadanos paraguayos

Pergeñado por el imperio inglés para terminar con la progresista Paraguay y todo su pueblo, y llevado a cabo por sus cipayos del Brasil de Pedro II, la Argentina de Mitre y el Uruguay de Venancio Flores, las cifras del genocidio son difíciles de digerir:

Población de Paraguay al comenzar la guerra 800.000 (100,00 %)
Población muerta durante la guerra 606.000 (75.75 %)
Población del Paraguay después de la guerra 194.000 (24.25 %)
Hombres Sobrevivientes 14.000 (1,75 %)
Mujeres sobrevivientes 180.000 (22.50 %)
Hombres sobrevivientes menores de 10 años 9.800 (1,22 %)
Hombres sobrevivientes hasta 20 años 2.100 (0,26 %)
Hombres sobrevivientes mayores de 20 años 2.100 (0,26 %)

(Fuente:“Genocidio Americano, A guerra do Paraguai, p.150- Julio José Chiavenatto. Sao Paulo)

Exterminaron al 99 % de la población masculina mayores de 10 años.

“Cuanto tiempo, cuantos hombres, cuantas vidas y cuantos elementos y recursos precisaremos para terminar la guerra. Para convertir en humo y polvo toda la población paraguaya, para matar hasta el feto en el vientre de la madre” (Caxias en informe a Pedro II)


Genocidas y traidores

¿Fueron Sarmiento y Mitre ajenos a este genocidio?. El primero fogoneaba desde la prensa, y Mitre fue partícipe y cómplice. Cuando lo echaron los brasileros por inútil, (no ganó ni una batalla pese a la superioridad numérica) lo reemplazó del Duque de Caxias, quien nombra a Mitre en un Informe al emperador:

“El General Mitre está resignado plenamente y sin reservas a mis órdenes. : él hace cuanto yo le indico, como está de acuerdo conmigo, en todo, incluso en que los cadáveres coléricos se tiren al Paraná, ya de la escuadra como de Itapirú para llevar el contagio a las poblaciones ribereñas, principalmente las de Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe que le son opuestas (...) El general Mitre también está convencido que deben exterminarse los restos de las fuerzas argentinas que aún le quedan, pues de ellas solo ve peligro para su persona.”

“Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto o falta de razón. En ellos, se perpetúa la barbarie primitiva y colonial... Son unos perros ignorantes... Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era necesario purgar la tierra de toda esa excrescencia humana, raza perdida de cuyo contagio hay que librarse”. (Carta Mitre. (1872) Artículo de "El Nacional", 12.12.1877. ) ¡Y pensar que el cobarde se fue a morir al Paraguay, y se hizo envolver con la bandera Paraguaya, Chilena y Argentina ¡

Mitre: farsante, trencero, mentiroso, acaparador de derrotas militares, falsificador histórico, genocida y traidor; Nunca un argentino recibió tantas alabanzas por tantas “felonías”, como Mitre.

“...algún día tendremos que hacer acto de constricción ante el mausoleo en que reposan los héroes paraguayos, por una traición que no cometimos pero que mancha el honor de todos los argentinos” (Atilio García Mellid - Proceso al liberalismo argentino)

Muerte de León Pallejas
Niño paraguayo - Guerra del Paraguay


Los "Legionarios de la libertad"

Antes de iniciarse la guerra del Paraguay, un grupo de “liberales” se autoexiliaron en Buenos Aires para pedir al gobierno “liberal” de Mitre y “monárquico” de Brasil, que “libere” su patria del “Tirano”. Eran unos cuarenta paraguayos que formaron una comisión de “Legionarios de la Libertad” que escribían diatribas en la prensa liberal sarmientina “El Nacional” y liberal mitrista de “La Nación”.

Esta “legionarios de la libertad”, redactaron un Memorial dirigido al emperador de Brasil Pedro II que decía textualmente:

“Todos, Señor, conocen bien, que la guerra que el Brasil va a sustentar en territorio paraguayo, es justa y santa…una cruzada de civilización, de libertad política, de navegación, de industria, de comercio, en fin, de completa regeneración…todos divisan, que, después de la victoria brasilera, es que aquella tierra desgraciada será libre, independiente, señora de sus destinos sus derechos…” (Memorial, Río de Janeiro, 10 de abril de 1865)

Aquellos legionarios, que pensaron que la guerra duraría tres meses, como pronosticó Mitre, hasta habían decidido quien sería el nuevo presidente del Paraguay “libre del tirano”.

Formaron una escasa legión, con bandera Paraguaya, que se incorporó a la retaguardia de Mitre, como propagandistas, espías, guías y vaqueanos, vivanderos, comerciantes y agiotistas, pero no participaron en ninguna acción de guerra por mucho tiempo.

Aquellos “legionarios” que desde hace cinco años venían arrastrándose por la retaguardia de los campamentos, estaban obligados a demostrar la “furia sagrada de libertad” que los impulsaba; la oportunidad se presentó en un encuentro que tuvieron con una tropa de carretas, en Campo Pedrozo, casi finalizada la guerra y el genocidio de todo el pueblo paraguayo.

Para evitar suspicacias, transcribo directamente el informe que le transmite el coronel Argentino Donato Álvarez al general Emilio Mitre (hermano de Bartolomé Mitre):

“He debido ordenar al vuelta del Escuadrón Paraguayo (los “legionarios liberales”) para ponerse a disposición de Vuestra Excelencia, pues el ardor de la lucha que esta gente muestra al encontrarse con sus compatriotas, les lleva a cometer excesos de mortandad y pillaje que comprometen la disciplina de las demás tropas y la rapidez de movimientos de la vanguardia. En la reciente acción, no obstante las órdenes perentorias que expedí, no se pudo evitar que saquearan las 17 carretas que el enemigo tenía consigo, acuchillando a los carreteros que trataban de conducirlas fuera del combate” (Publicación oficial del Ejercito Argentina, año 1970)

¡Linda forma de llevar la libertad y la civilización a sus compatriotas paraguayo!

Terminada la guerra, los aliados imponen al Paraguay un triunvirato “que a juicio de los plenipontenciarios aliados podrían ser los más dóciles a sus pretensiones y dignos de confianza” (Justo Pastor Benítez)


Los negocios de la guerra

J.M. de Rosas - L.Castagnino
Si bien la guerra fue una calamidad económica para el Paraguay y los Aliados, muchos hicieron ”negocios” con la guerra, sobre todo argentinos y brasileros...y por supuesto, Inglaterra.

Urquiza vendió a buen precio treinta mil caballos al ejército brasilero, y se convirtió en proveedor del ejército. (VerUrquiza y La defeccion de Urquiza.) ...Pero no fue el único.

“Lanús, socio del Presidente Mitre, es proveedor general del ejercito” (Natalicio Talavera. “Crónica de la guerra”. Campamento de de Paso Pacú. 27-10.1866. El semanario N° 653. AGM.t.II.p.281)

Lanús Hnos, regenteada por Anacarsis Lanús, fueron unos de los que levantaron fortunas fabulosas con la guerra, bajo la protección de Mitre.

Carlos D´Amico, gobernador de Buenos Aires, publicó en 1890 en México un libro denunciando que durante la administración de Mitre “sus empleados han llevado el abuso hasta la más escandalosa exageración”...”se robaban hasta las cajas de cirugía del ejercito”, y aunque suponía que Mitre “no participaba en manera alguna de aquella arrebatiña”, admitió que la moral “empezó a bajar cuando los proveedores cuyas fortunas insolentes se habían hecho a la sombra de Mitre, le regalaron a éste la casa en que hoy está la opulenta imprenta del La Nación”.

La “donación” fue formalizada por escritura del 23 de enero de 1869 ante el escribano José Victoriano Cabral. En representación de los “donantes” actuó el Dr. Angel María Méndez y los señores Juan José Méndez y Mauricio Pennano, quienes adujeron como razón del homenaje, que la actuación de Mitre en el gobierno permitió “a los hombres industriosos dar impulso a sus trabajos y vuelo a sus operaciones” .

El “homenaje” por cierto, no se había demorado demasiado, pues se escrituró apenas tres meses después de que Mitre dejara el gobierno.

Su sucesor en el gobierno, el presidente Sarmiento, en carta privada a su corresponsal en Chile, Mariano E. de Sarratea, le decía:

“...su casa fue negociada por agentes y obtenida la suscripción de los proveedores que mediante despilfarro de la rentas han ganado millones, como Lezica, Lanús, Galván, que al fin costearon casi en su totalidad...” y agregaba: “Mitre sabe que con un poco de insistencia con amaños conocidos, con muchos hombres que le deben o la impunidad o la fortuna mal adquirida todo se puede conseguir...” (Sarmiento a Sarratea. Buenso Aires 17 de marzo de 1869. Archivo de la familia Sarratea Prats. Feliz nieeto del Río. “Como recordaba Sarmiento a Chile”. El Mercurio. Artículo en la edición especial del centenario. Valparaíso. 12 de septiembre de 1927. AGM.t-II.p.283)

Los brasileros acusaban a los argentinos por la prolongación de la guerra para proseguir con sus “negocios”.

Durante la interpelación al gobierno en la Cámara de Diputados de la Argentina, hecha en 1868, el diputado José Mármol expresó: “Desde el principio de la guerra una mala inteligencia a una debilidad de parte de nuestro gobierno ha hecho que el tratado de la Triple Alianza no se cumpla y que por eso no se concluya la guerra. Es que hay una política y una voluntad decidida por la prolongación de la guerra” (Sesión del 1° de junio de 1868)

El doctor Teodosio González lo dice mas clarito: “se levantaron durante la contienda las grandes fortunas argentinas…vendiendo a la proveeduría brasilera sus vacas, caballos, ovejas y harina, por cinco veces su valor...” (Teodosio Gonzáles. Infortunios del Paraguay.p.30. AGM.t.II.p.284)

Detrás de los ejércitos llegaron al Paraguay una serie de “comerciantes oportunistas”, (por llamarlos de alguna forma suave), entre los que se encontraba el ex ministro de Relaciones Exteriores de Mitre, y uno de los artífices del Tratado de la Triple Alianza: Rufino de Elizalde. Ya no ocupaba ningún cargo durante el gobierno de Sarmiento, y la razón de su traslado a Asunción se deduce de la correspondencia enviada a Mitre, y reproducida en el tomo V del Archivo del General Mitre:

“He tratado de mis asuntos y espero conseguir algo importante” le informaba el 7 de marzo al ex jefe de los ejércitos aliados; “Está arreglado el principal de los negocios a que vine” le informaba el día 11, y el 16 le indicaba “aún no he arreglado mis otros asuntos”. En las cartas del 24 y 31 de marzo repetía frases prometedoras: “Mis negocios van muy bien”. ((Elizalde a Mitre. Archivo Mitre, t.V.p.213-27. AGM.tII.285)

El escándalo de los negocios comenzó a levantar polvareda y fue muy comentado en Buenos Aires. El diario “La Época”, vocero del partido radical de Hipólito Irigoyen comentaba:

“Durante la guerra del Paraguay nuestros soldados morían de hambre en las esteros, mientras afortunados proveedores, gentes de altas influencias amasaban millones. Aquellos abusos llegaron a tan escandaloso grado, que un enérgico movimiento de opinión exigió se investigasen las turbias proveedurías. Pero un providencial incendio consumió los archivos de cuentas de la guerra del Paraguay. Las llamas cancelaron toda deuda y borraron los restos de todo delito. El incendio salvo muchos nombres y muchas reputaciones, purificando muchas biografías.”

Al mismo tiempo que la opinión pública condenaba a “las turbias proveedurías”, en Buenos Aires se constituía una Sociedad Anónima, integrada por el general Mitre y los señores Anacarsis Lanús, Cándido Galván, Ambrosio Lezica, Rufino de Elizalde y otros, para dedicarse a al actividad periodística.

La sociedad se hizo cargo de “La Nación Argentina”, que el antiguo secretario de Mitre José María Gutiérrez había fundado el 17 de septiembre de 1962 para preparar a la opinión pública para la guerra del Paraguay. La nueva sociedad le suprimió la palabra “Argentina”, por lo que quedó solamente el nombre de “La Nación”. En el Editorial, el propio mitre explicaba el cambio:

“El nombre de este diario es substitución del que lo ha precedido: “La Nación” reemplazando a “La Nación Argentina” basta para marcar una transición, cerrar una época y señalar los nuevos horizontes del futuro. “La Nación Argentina” era un puesto de combate; “La Nación” será una tribuna de doctrina...” (Editorial de La Nación. Año 1, n°1. Buenos Aires, 4 de enero de 1879) (AGM.t.II.p.286)

Con este cambio, y la quema de los archivos, no quedaba nada por esconder.


Los "transparentes" empréstitos al Paraguay

Terminada la guerra e instalado el gobierno “liberal” el 15 de agosto de 1869, toma algunas medidas de orden económico para satisfacer las exigencias a los requerimientos de la “libre empresa”, por supuesto foránea.

Comisiona a Díaz de Bedoya (decreto del 20 de diciembre) para que gestione un empréstito de dos millones de pesos en Buenos Aires “hipotecando las propiedades urbanas, edificios del gobierno en la ciudad de Asunción, y la línea férrea (construida por los paraguayos) con todas sus propiedades y útiles”.

Buenos Aires no estaba en condiciones de otorgar ningún empréstito cuando la propia oligarquía porteña respiraba gracias el oxígeno que le llegaba desde Londres. La guerra de Mitre había obligado a la Argentina endeudarse en cifras desproporcionadas, en las arcas del Brasil y los banqueros de Londres. (39.741.000 pesos fuertes), de manera tal que, haciéndoles un “favor” a sus “hermanos liberales”, le señalan el camino de Londres, que ellos ya habían recorrido.

La misión de Bedoya en Buenos Aires fracasó “parcialmente”, ya que el mismo decreto ordenaba enajenar “toda la plata labradas destinada al culto” que Solano López había preservado hasta la toma de Perybebuy. La plata paraguaya fue rematada con éxito en Buenos Aires en el salón de Mariano Billinghurts de la calle San Martín. El producto de las ventas fue recibida por el comisionado, que debió embarcarse a Europa sin tiempo suficiente para remitir a Paraguay las sumas recibidas...

Respecto al empréstito, el gobierno de Paraguay comisiona a Mariano Terrero, que tenia conexiones con al firma Robinson, Fleming & Co. de Londres, para que contrate un empréstito por un millón de libras esterlinas. El empréstito fue contratado en Londres (septiembre de 1972), pero las libras no llegaban a Asunción, de manera que para “acelerar el trámite” por Ley el 2 de octubre del mismo año, se autorizó la contratación de un nuevo empréstito por dos millones; eso si... una ley complementaria estableció que el Poder Ejecutivo “no podría utilizar los fondos sin la anuencia del Poder Legislativo”. Esta disposición fue vetada por el gobierno por “la vehemente sospecha que el Legislativo demuestra respecto a la honestidad del Poder Ejecutivo”. (por lo visto se adivinaban la suerte entre gitanos)

Después de varios episodios, gestiones, idas y venidas, Terrero termina siendo reemplazado por el financista inglés doctor León Levy, que pide a la firma Robinson, Fleming & Co que presente el balance. La firma acepta y presenta la liquidación de 562.200 libras, que, descontando 40.875 invertidas en un proyecto para traer colonos (42.000), más gastos, comisiones, agentes, sueldos, etc. se reducía a un saldo de 243.739 libras.

La primera partida de 125.000 libras esterlinas llegaron a Asunción el 17 de junio de 1873. Como el país estaba bajo estado de sitio, (revolución del general Caballero), el Ministerio de Hacienda hizo trasladar “durante la noche” las libras a los domicilios particulares del presidente Jovellanos y de los ministros Ferreira y Soteras. La tesorería no recibió una libra.

El diario “Los Debates” denunció que había sido robada la Memoria del Ministerio de Hacienda de 1872, que se refería a los empréstitos. Una comisión de ambas cámaras fue al encargada de investigar el asunto: no había sido robada la de 1872…sino todas las anteriores a 1875. (informe del 8 de abril de 1877 –AGM.t.II.p443)

Las penurias económicas del Paraguay impidieron cumplir con el pago de las cuotas, de manera que en 1885 se comisiona a José Segundo Decoud para que arregle la deuda, y el 4 de diciembre firma un convenio con los tenedores de bonos: reconoce una deuda de 1.602.000 libras esterlinas más 1.500.400 por intereses impagos, lo que suma un total 3.102.400 libras esterlinas. Compensaron casi la mitad de esa deuda, entregando tierras públicas.

Se volvieron a hacer ajustes en 1895 y 1824, y el 1° de enero de 1927 se hace un balance, resultando un costo de 3.222.029 libras esterlinas para un ingreso real a las arcas fiscales, de solo 430.000.

Juan Bautista Aberdi dice que “los empréstitos paraguayos tuvieron inspiraciones extranjeras al Paraguay”. Alberdi ve claramente esos episodios de vasallaje y extorsión financiera sobre Paraguay, y señaló los empréstitos como “un entuerto que por su origen e inspiración no fue paraguayo, sino exótico, y surgido desde fuera por gentes afiliadas desde mucho antes en la obra de destruir Paraguay, en el interés de un poder que aspira a absorberlo todo después de arrasado”, y dirá con razón:

“López no dejó deuda exterior paraguaya. La tiranía no pensaba como el liberalismo de sus adversarios que han probado su ´patriotismo´ endeudando a su país en millones que su tesoro escaso no puede pagar. Hechos después de la guerra y como consecuencia suya, se diría que esos empréstitos han sido una prosecución de la campaña contra ese país, al coincidir sus efectos y condiciones desastrosas y el papel de sus inspiradores durante la celebre contienda” (J.B.Alberdi.cit.AGM.tII.p.444)

Ver J.B.Alberdi y la guerra de Paraguay


La llegada de la "civilización"

Como todos sabemos, la Guerra de la Triple Alanza fue llevada por los liberales en nombre de la “libertad, la civilización y el progreso”.

Antes de la guerra, en el paraguay había 435 escuelas. La enseñaza primaria era gratuita y obligatoria, y no existía el analfabetismo. El pueblo paraguayo era el más adelantado de América. Tenía su tierra que trabajaba por si mismo y estaba muy bien alimentad.

Un siglo después, un escritor liberal, Gregorio Benítez (en “Formación social del pueblo paraguayo”) dice que “El liberalismo llevó la guerra al Paraguay para brindarle progreso y satisfacción a todas sus necesidades, pero en materia tan primordial como la alimentación, no se logró recuperar el nivel de vida de que antes gozaba”

Lo mismo pasó con la educación. Las escuelas del régimen de López (435) fueron arrasadas durante la guerra y nunca se reconstruyeron. El propio Decoud, que formó parte el gobierno títere liberal, reconoce en 1877 que:

”No se ha fundado una sola escuela en la campaña, ni ningún instituto de educción, excepto el colegio que hoy se proyecta fundar en la ciudad para educar apenas cincuenta niños internos gratuitamente. En cambio hay cerca de cien mil niños en al República que vegetan en al más espantosa ignorancia". (Decoud. “Cuestiones políticas y económicas”)

Lo mismo atestigua el argentino general Mansilla, que compartía los ideales liberales:

“Es un hecho comprobado que en el Paraguay, durante y después del Gobierno del doctor Francia, era raro encontrar quien no supiera leer y escribir. En toda villa o aldea, los tres edificios que primero se construían por el Estado, y estaban frente a la plaza, eran la iglesia, la comandancia militar y la escuela”. (Mansilla, Lucio V. “Entre-Nos. t.II.p.3, pie de página)

A los testimonios (o confesiones) dadas por estos “liberales”, podemos agregar el testimonio de un “representante del pueblo bárbaro del Paraguay”, el teniente Manuel Frutos, uno de los pocos sobrevivientes de aquel genocidio, que en 1914 evocaba aquella guerra de esta forma:

“Fuimos muy ricos, señor; nadábamos en la abundancia, éramos felices. Mi pueblo natal, Tbytimí, hoy pobre villorrio, tenía entonces veinticuatro esuelas y en el presente apenas tiene una. Con esto le digo todo…No había ciudadano que no tuviera su casa, sus útiles de labranza y extensos sembrados. No conocíamos el hambre. Éramos una raza bien alimentada, sana y fuerte. Éramos alegres y dichosos…a pesar de lo que llaman nuestra tiranía, gobierno patriarcal, ejercido por verdaderos patriotas, que solo deseaban al prosperidad de su país…Pero vino la guerra y todo lo perdimos. Peleamos desesperadamente, porque todos teníamos algo que perder y porque amábamos nuestra tierra con locura...”


Vencedores y vencidos

La afiebrada mentalidad enferma de Mitre, lo llevaría a declarar “Ni vencedores ni vencidos”, siendo claro que hubo vencidos y vencedores: los vencidos fueron Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay, y los vencedores los ingleses.

Paraguay salvo su honor y su gloria, pero sufrió el genocidio de 50% de la población total, y la muerte del 99,4 % de su población masculina mayores de 10 años. También perdió gran parte de territorio a manos de los aliados, y el resto fue entregado a propietarios extranjeros.

Brasil, Argentina y Uruguay, además de una importante pérdida de vidas, perdieron hasta la vergüenza, quedando además endeudados y sometidos al capital inglés hasta nuestros días.

El 29 de septiembre de 1868, en un banquete que la masonería le ofrece a Sarmiento y Mitre, éste, agitando un instrumento masónico “¿Qué es Sarmiento? un pobre hombre como yo, un instrumento como este...” (Mitre. Discurso masónico. Arengas Selectas. p.83). “¿Que somos ahora? No somos sino agentes serviles y pagados a módico precio de las plazas extranjeras” (Vicente F. López en la Cámara de Diputados. Diario de sesiones 1873.p.261)

Los ingleses, sin perder un solo hombre y sin ningún sacrificio, “mataron un mal ejemplo” (Paraguay) e hicieron un gran negocio.

“Los Aliados fueron a liberar a los guaraníes de su tirano, y a abrir de par en par las puertas de la civilización moderna, en forma de concesiones, financiación, inversiones extranjeras, y otras emanaciones de las bolsas de Berlín, Londres, Nueva York y Buenos Aires. Las bendiciones del laissez faire reemplazaron a los males del paternalismo, y, como de costumbre, el campesino se convirtió en peón explotado y sin tierra.” (Pelham Horton Box. Los orígenes de la Guerra de la triple Alianza. Traducido por Pablo Ynsfrán. Edic.Nizza Bs.As.1958)

Por su parte Avellaneda dirá que “La guerra más expectable que ha presentado la América del Sur después de las de su independencia, tendrá en breve su último episodio (….) para ofrecerse al comercio, a la habitación y a la industria de todos los hombres” (Avellaneda. Mensaje en el Congreso Nacional. 1876) ¿Con que derecho ofrece Avellaneda el patrimonio Paraguayo a “todos los hombres”?

“Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña…podrá el comercio ver inscritas en sus banderas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado para mayor gloria y felicidad de los hombres” (Mitre 1869. Arengas I)

Evidentemente los guerreros son nuestros, pero el comercio, los apóstoles y los hombres felices, son de Gran Bretaña.

Bibliografía:

- Castagnino L. Guerra del Paraguay. La Tripe Alianza contra los paises del Plata
(JMR) José Maria Rosa: Historia Argentina.
(AGM) Atilio García Mellid. Proceso a los falsificadores de la historia del Paraguay. Teoría.
(AGNA) Archivo general de la Nacion Argentina.
(M.R.E.P.) Ministerio de Relaciones Exteriores del Paraguay.
(ANA) Anchivo Nacional de Asunción.
Julio José Chiavenatto: “Genocidio Americano, A guerra do Paraguai.-Sao Paulo
Adolfo Saldías. Historia de la Confederación Argentina.
Carlos D´Amico. Bs.As., sus hombres su naturaleza, sus costumbres. México 1890
Norberto Galasso. De la banca Baring al FMI
J.Sulé: “Los heterodoxos del 80”
Alcibíades Lappas: “La masonería Argentina a través de sus hombres”.(Bs.As.1966)

Otras fuentes:

Revista del Museo Histórico Sarmiento
Revista de la Biblioteca Nacional
D.F. Sarmiento, "La Tribuna", El Nacional”
Peña, Milcíades, "La era de Mitre"
J. Pandá Cológeras. “Formaçao histórica do Brasil
Agustín Rivera Astengo: “Juarez Celman”.
Coronado, Misterios de San José.
Carlos Pereira. Francisco Solano López, y la guerra del Paraguay.
La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

SARMIENTO Y LA GUERRA DEL PARAGUAY


D.F.Sarmiento

“Para gobernar a la República Argentina vencida, sometida, enemiga, la alianza del Brasil era una parte esencial de la organización Mitre-Sarmiento; para dar a esa alianza de gobierno interior un pretexto internacional, la guerra al Estado Oriental y al Paraguay, viene a ser una necesidad de política interior; para justificar una guerra al mejor gobierno que haya tenido el Paraguay, era necesario encontrar abominables y monstruosos esos dos gobiernos; y López y Berro han sido víctimas de la lógica del crimen de sus adversarios”. (Juan Bautista Alberdi)

"En nombre de la libertad y con pretensiones de servirla, nuestros liberales, MitreSarmiento y Cía., han establecido un despotismo turco en la historia, en la política abstracta, en la leyenda, en la biografía de los argentinos. Sobre la revolución de Mayo, sobre la guerra de la independencia, sobre sus batallas, sobre sus guerras ellos tienen un Alcorán, que es de ley aceptar, creer, profesar, so pena de excomunión por el crimen de barbarie y caudillaje”" (Juan Bautista Alberdi. Escritos póstumos. Ensayos sobre la sociedad, los hombres y las cosas de Sudamérica. Buenos Aires. 1899)

Durante todo el período mitrista, desde mucho antes de al guerra del Paraguay, Buenos Aires fue una fuente de intrigas, injurias y falsedades contra Francisco Solano López, contra Paraguay y contra su pueblo.

Al asumir Sarmiento a la presidencia en octubre de 1868, la opinión pública pensó que se terminaría esa campaña de intrigas y falsedades; inclusive se pensó en la paz con López y la terminación de la alianza con Brasil, totalmente antipática para la mayoría del pueblo argentino, sobre todo en el interior.

Sarmiento defraudó totalmente esa esperanza, y anunció que continuaría la guerra y la alianza que calificó de “necesaria, legítima y honorable”.

No solamente fogoneó desde la prensa para que se haga la guerra al Paraguay : en marzo de 1869 llega a Buenos Aires la noticia de la muerte delMariscal Francisco Solano López en Cerro Corá. Sarmiento mandó una banda de música a tocar serenatas ante la puerta de Mitre, y el mismo día le escribía a Mrs. Mann: “No crea que soy cruel. Es providencial que un tirano haya hecho morir a ese pueblo guaraní. Era preciso purgar la tierra de toda esa excrescencia humana” (JMR. La guerra del Paraguay.p.323)

El 1° de abril de 1869 le escribe a Mrs. Mann diciendo que soñaba formar “con emigrados de California una colonia en el Chaco que puede ser el origen de un territorio, y un día de un territorio yanqui” (JMR. La guerra del Paraguay.p.319)

En carta del 12 de octubre de 1869, a Manuel R. García le dice: “La guerra no está concluida, aunque aquel bruto (Solano López) tiene todavía veinte piezas de artillería y dos mil perros que habrán de morir bajo las patas de nuestros caballos. Ni a la compasión mueve ese pueblo, rebaño de lobos” (A.Bray, Solano López.p.269 – JMR. La guerra del Paraguay.p.300)

No conforme, el padre del aula y la civilización dirá en correspondencia posterior: “López sigue de derrota en derrota por los bosques, con mil o dos mil animales que le siguen y mueren de miedo” (L.A. Herrera: El drama del 65.p.86) “¿Cómo acabar con un idiota, borracho y feroz (López), que tiene aún algunas víctimas que inmolar” (30-12-1869) (JMR. La guerra del Paraguay.p.301)

Entre esa “manada de lobos” irá a pasar sus últimos días y a morir Sarmiento. Ese pueblo heroico y lleno de grandeza, hizo a su detractor el homenaje de poner su nombre a una calle de Asunción. (JMR. La guerra del Paraguay.p.301)

Sarmiento no solo no sentía antipatía por Brasil y la alianza, sino que incluso aprobaba su política desde mucho antes; estando en Chile justificaba el régimen esclavista: “El Brasil, por una necesidad tradicional en su sistema de agricultura, usa del medio horrible, pero necesario allí, de la esclavatura” (Sarmiento. La política de Rosas. Periódico el Progreso. Santiago de Chile, 5 de octubre de 1844)

Con tal de hablar mal de Rosas, el increíble “gran sanjuanino” justificaba hasta la esclavitud.

El vendedor de libros
Libro recomendado    
La Guerra del Paraguay - Triple Alianza - L.Castagnino
Pero Sarmiento tenía un buen justificativo para odiar a Solano López. Sarmiento había tratado de “civilizar” a López y a su pueblo vendiéndole sus producciones pedagógicas por intermedio de la editora Julio Belín y Cía. que había fundado en Santiago de Chile. En tal sentido le escribió en 1851 al encargado de negocios del Paraguay en Montevideo, sin que se atendiera “como correspondía” a su ofrecimiento de obras didácticas. (Carta autógrafa de Sarmiento. Montevideo, 10 de diciembre de 1851. Original en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, colección Río Branco. I-50, 27, 25)

Lo que no había logrado con la “pedagogía de los libros”, ahora lo impondría con “la pedagogía de la espada”

Cuando las tropas regresaban de la Guerra del Paraguay en diciembre de 1969, lanzó una proclama en la que renovaba la vetusta artillería dialéctica mitrista con frases como “la desacordada ambición de un frenético”… “de la cadena que quería detener el progreso humano en las bocas del río Paraguay” y de “los campos sembrados por la mano del absolutismo y cultivados por al ignorancia”. Se refirió a las tropas que regresaban como “los briosos batallones que volaron a servir de antemural con sus pechos para contener la oleada de barbarie con que un tirano horrible intentara sepultarnos”, agregando que en los combates de la guerra “se habían medido dos civilizaciones distintas: el despotismo antiguo y la libertad moderna” (Sarmiento. Discursos populares. Jackson. Buenos Aires. pp 129-36)

¡ Y todo por no haber comprado las obras del padre del aula !

La "civilización" del Paraguay.

Para imponer su “civilización” al Paraguay, Sarmiento no solo contribuyó al vergonzoso genocidio del pueblo paraguayo, sino que aún lo festejó tiempo después, terminada la guerra:

“Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto o falta de razón. En ellos, se perpetúa la barbarie primitiva y colonial... Son unos perros ignorantes... Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era necesario purgar la tierra de toda esa excrescencia humana, raza perdida de cuyo contagio hay que librarse”. (Sarmiento en carta a Mitre. 1872. Artículo de "El Nacional", 12.12.1877)

Después tuvo la caradurez de ir a vivir a Paraguay, donde murió. Pidió ser enterrado envuelto en las banderas argentina, chilena, uruguaya y paraguaya. No tenía vergüenza. Deberían haberlo enterrado envuelto en su uniforme de militar francés con que se vistió cuando acompañó a Urquiza como boletinero del ejército, donde “no lo tocó ni el polvo de la batalla”. Los grados de militar se los regalaron; el coronel Lino Almandós en 1862, al brindar en un banquete en Mendoza dijo que “Las presillas que ostentan mis hombros son ganadas en los campos de batalla” y agregó en presencia del propio “boletinero del ejército grande” “Las que cuenta el señor Sarmiento, son regaladas por el señor general Urquiza, patentadas por el gobernador Obligado, y concedidas, señores, por favor del señor brigadier Mitre. He dicho”



La masonería y la guerra del Paraguay.

D.F.Sarmiento
El 29 de septiembre de 1868, en un banquete que la masonería le ofrece a Sarmiento y Mitre, éste, agitando un instrumento masónico dice “¿Qué es Sarmiento? un pobre hombre como yo, un instrumento como este…”(Mitre. Discurso masónico. Arengas Selectas. p.83). Mitre, como de costumbre, para decir las verdades a medias, le puso "pobre hombre".

“¿Que somos ahora? No somos sino agentes serviles y pagados a módico precio de las plazas extranjeras”(Vicente F. López en la Cámara de Diputados. Diario de sesiones 1873.p.261)

Sarmiento se inicia masón en al Logia Union Fraternal de Valparaíso el 31/07/1854. En 1855 es fundador de la Logia Unión del Plata N.1. El 18/04/1882 se afilia a la Logia Obediencia. El 12 de mayo de 1882 asume el grado de Gran Maestre de la Masonería Argentina.

En la tenida secreta del Supremo Consejo Masónico del 21 de julio de 1860, es la que otorga el Grado 33 a Mitre, Urquiza, Sarmiento y Juan Gelly y Obes; El Gran Comendador era José Roque Pérez. Es notable la actuación directa que tuvieron en la guerra del Paraguay todos ellos, incluido Roque Pérez que representó a Sarmiento en la ceremonia de instalación del gobierno títere en Asunción, luego de la guerra. (JMR.Hist.Arg. / A.G.Mellid. Proceso a los falsificadores de la Historia. t.I.p.335 y A.Lappas. La masonería en la Argentina”.)

Fuentes:

- Castagnino L. Guerra del Paraguay. La Tripe Alianza contra los paises del Plata
- García Mellid, Atilio. "Proceso a los falsificadores de la Historia del Paraguay".Edit.Theoria. (Bs.As.1963)
- Lappas, Alcibíades. "La masonería Argentina a través de sus hombres”.(Bs.As.1966)
- Rosa, José María. "Historia Argentina"
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

http://www.lagazeta.com.ar/sarmiento_paraguay.htm

domingo, 20 de septiembre de 2015

RAMADAS, CHINGANAS Y FONDAS… ¿SON LO MISMO?

"Una Chingana", de Claudio Gay. El aspecto de este establecimiento parece corresponder al más elemental, que conservaba la apariencia rústica heredada de las primeras ramadas rurales.
"Quedan prohibidas las chinganas, ramadas, juegos de bolos, ruedas de fortuna, loterías privadas, rifas y carreras de caballo, sin previa licencia de la intendencia y se limita el horario nocturno de fondas, cafés, pulperías y bodegones" (Decreto de la Policía de Buen Orden de Santiago, del 21 de mayo de 1823).
Los noticieros chilenos, siempre repetitivos y rumiantes, no aportan demasiado para poder distinguir las características de los centros de recreación dieciochera, que se han establecido en estas Fiestas Patrias en Santiago y en todo Chile. Los reporteros destacados en el Parque O’Higgins o cualquiera otra plaza escogida para la recreación, hacen sinónimos los términos ramadachinganafonda, esparciendo más aún la confusión y el desconocimiento de las chusmas. Sin embargo, no son lo mismo. Nunca lo han sido. Una antigua cueca de “rotos” cantada en La Chimba para los 18 de septiembre de cada año, titulada “Las chinganas son salones”, ya sugería la diferencia entre los locales de fiesta y de bailes nacionales:
Las chinganas son salones
y las fondas catedrales
Fue la obra de Carrera
Que siguió Diego Portales
René León Echaíz, al igual que Guillermo Feliú, aportan importantes observaciones para distinguir las ramadas de las chinganas y de las fondas. Serán nuestra matriz guía para poder establecer aquí las diferencias y características de cada una.
La antigua "Calle de las Ramadas", actual Esmeralda, con vista de la Posada, plazoleta por entonces llamada Plazuela de las Ramadas. El dibujo parece pertenecer al destacado ilustrado Luis F. Rojas y aparece en la publicación de Pacífico Magazine que reprodujera una conferencia de Sady Zañartu de 1919.
"La Zamacueca" de Manuel Antonio Caro (Chile, 1872).
LAS RAMADAS
Se llamaban ramadas (o “enramadas”) a los precarios establecimientos de música, comida y licor que aparecían levantados en los sectores rurales, generalmente de carácter provisorio determinado por el tránsito de las fiestas. Crecían como cobertizos de matorrales al lado del camino o en los pueblitos campesinos. Sus comensales eran fundamentalmente huasos, peones, inquilinos, arrieros y viajeros.
El nombre proviene del que estos locales no eran más que un toldo de cuatro palos cubierto de ramas frescas de árboles o palmas. Las ramadas rodeaban los alrededores de Santiago y ya existían en el siglo XVI, según varios autores. Había muchas de ellas en las aldeas y parajes al entorno del valle capitalino.
Cuando la ciudad recién estaba creciendo, varias de ellas se habían establecido de manera más permanente que otros casos en un callejón polvoriento, cercano al borde Sur del río Mapocho, por lo que se le llamó “Calle de las Ramadas”. Es la actual calle Esmeralda, del barrio Mapocho, misma donde el entretenimiento levantaría casas de remolienda, cantinas y la famosa Posada del Corregidor Zañartu para continuar la tradición jaranera iniciada por estas ramadas.
Con el tiempo, el crecimiento de la ciudad fue absorbiendo estos terrenos y les hizo perder el carácter semi rural, por lo que muchas de tales ramadas terminaron convertidas en centros de jolgorio para las clases bajas de la urbe y otras emigraron hacia el lado Norte del río, en el barrio popular de La Chimba. Pero todavía a principios del siglo XVIII se encontraba la "Calle de las Ramadas" en el sector más bien de los basureros, según concluye Luis Thayer Ojeda al advertir que ésta no aparece mencionada en el plano de Santiago confeccionado por Frezier en 1712.
Estas ramadas han dejado una herencia cultural que sobrevive muy fuerte hasta nuestros días: el aspecto y estilo que conservan los locales de venta de productos artesanales o agrícolas establecidos por algunos comerciantes pueblerinos junto a las grandes carreteras. Su presentación es, en lo fundamental, la de una ramada típica de los tiempos coloniales.
Antigua postal de la casa editora de Carlos Brandt, en Santiago, mostrando ilustración de una ramada rural de aspecto clásico.
Una ramada rural de nuestros días (fuente: hoteleschilenos.cl)
 
Músicos en una ramada de nuestros días (fuente: hoteleschilenos.cl)
 
Las ramadas surgen quizás de un problema social temprano en la sociedad chilena, derivado de la falta de hogar de muchos campesinos pobres que improvisaban ranchos como el de la imagen, junto a los caminos, al no poseer tierras propias. Este dibujo pertenece al artista y corresponsal gráfico Melton Prior, y fue publicado por "The Illustrated London News" del 7 de marzo de 1891.
 
Las ramadas y chinganas primitivas chilenas tienen mucho parecido a las "postas" mendocinas, que se establecían junto a los caminos, como se observa en esta imagen publicada por la revista "En Viaje" de principios de los cuarentas.
LAS CHINGANAS
Al ser asimiladas por la ciudad las viejas ramadas, nacieron las chinganas, locales un poco más elaborados que, si bien seguían colocándose en el entorno de las ciudades, no eran de carácter tan rural ni se situaban demasiado en las afueras, sino más bien en lo que hoy llamaríamos el borde de los barrios bajos o la periferia de entonces, pese a que en nuestros días esos barrios forman parte o son vecinos del centro histórico de Santiago, como Esmeralda, Independencia y Recoleta.
Su nombre proviene del quechua “chinkana”, término usado en los tiempos del Virreinato del Perú para señalar las tabernas y restaurantes de baja calidad, que frecuentaban allá los indios y los mestizos para cantar y bailar. No obstante, para otros el nombre puede provenir del mapundungúschilidungu o "lugar escondido", denominación que recibían los escondrijos secretos usados por los patriotas chilenos durante la época de la Independencia, y en los que tenían por contraseña para poder acceder unos ruidos de tacos provocados con pasos similares a los de la cueca. Según Zorobabel Rodríguez, el distintivo de las chinganas chilenas era que en el local, además de comer y beber, los parroquianos oyen y cantan tonadas en arpa y vihuela, además de bailar cuecas, resbalosas y sanjuaninas.
En un principio, las chinganas tenían el clásico techado de ramas verdes o secas, y eran tan rústicas y simples como las ramadas, tal cual lo registra en un famoso dibujo el naturalista francés Claudio Gay, hacia 1840, tras su visita a Chile. Empero, ya adquirirían un aspecto más sofisticado y amplio durante ese mismo siglo, pues se hizo regla que contaran con el espacio suficiente para músicos y muchos bailarines de cueca, además de los clientes de la cocina. Se les incorporaron techos “chascones” de paja, y se las comenzó a levantar con apariencia más bien de galpones, parecidos a las chozas de trabajadores agrícolas de los ranchos de campo, con horno de barro, parrilla y barriles incluidos.
u público era fundamentalmente el “roto” chileno: gente pobre, trabajadores, obreros, aunque también fueron asiduos visitantes de ellas los hermanos Carrera, Manuel Rodríguez y el Ministro Diego Portales, como lo confirma la letra de la cueca que hemos visto. Los barrios La Chimba y Mapocho permanecían prácticamente tomados por estos establecimientos que, a diferencia de las ramadas, incluían mesas y sillas para los comensales, siempre hambrientos y sedientos de chicha, vino, mistela o aguardiente. Cantaban cuecas hombres y mujeres, estas últimas introducidas en el oficio, según la leyenda, por la necesidad de cubrir la voz de sus hombres cuando éstos ya estaban demasiado ebrios como para cantar.
Hubo chinganas famosas en la historia de Chile, mencionadas, entre otros, por José Zapiola en sus "Recuerdos de treinta años", como la de Ña Plaza, que quedaba a los pies del cerro San Cristóbal en pleno barrio La Chimba y era regentada por doña Teresa Plaza. Otra de las más antiguas era la Ña Rutal, y de entre las más conocidas, incluso internacionalmente, como El Parral y El Nogal, que existieron en la ribera Sur del Mapocho hasta que la fiesta se trasladó a nuevos locales chimberos del sector de Maruri, por entonces llamado popularmente Barrio Marul. La Ña Cata, regenta de El Parral, llegó a ser una gran amiga del Ministro Portales y asistente regular de las fiestas en "La Filarmónica", el cabaret privado que el ilustre político y sus amigos tenían en el edificio de la Posada del Corregidor.
El lado menos atractivo de las chinganas es que fueron focos de desórdenes y riñas, pues la borrachera y la pendencia llegaron a volverse característicos en los barrios donde existieron. La Ña Plaza se convirtió en un escenario de sucesos sangrientos y trágicos, primero por la violencia entre patriotas y realistas antes de la Independencia, y luego por la pendencia de los negros traídos por el Ejército Libertador desde Mendoza, según constata Pablo Garrido en "Biografía de la cueca" (Editorial Nascimento, 1976). Zapiola dice que la decadencia de las chinganas se mantuvo hasta 1831, cuando llegaron a la ciudad un grupo de mulatas llamadas "Las Petorquinas", por provenir de Petorca, que le subieron un tanto el nivel a la diversión de los locales con sus ritmos y bailes más novedosos que debutaron en el tablado "Parral de Baños de Gómez", ubicado en Calle de Duarte, hoy Lord Cochrane.
Al contrario de lo que alegan algunos historiadores y periodistas adictos a ciertos discursos inquisitivos, el conflicto con las clases dominantes y aristócratas con las "chinganas" no se hallaba sólo en la visión peyorativa que éstos tuviesen de la actividad, sino en los problemas sociales muy reales que aparecieron ligados al jolgorio y la fiesta popular, aproximadamente desde los inicios de la República. A pesar de esta posible interpretación, es curiosa la ojeriza que algunas autoridades tuvieron contra ellas, como el entonce Intendente Benjamín Vicuña Mackenna, que en algún instante pareció decidido a erradicarlas.
Siguiendo la idea de Carrera, don Diego Portales de alguna manera había fomentado la existencia de chinganas y centros de cueca en la ciudad, pues las creía un importante pie de apoyo para el patriotismo de las masas, a diferencia del mito de ciertos autores, que le enrostran el haber intentando hacerlas desaparecer poniendo énfasis en un momento específico de su vida pública. Lo que sí sucedió y que marcó su ruptura con ellas fue que la delincuencia llegó a estar tan asociada a las fiestas y festejos populares que Portales, muy a su pesar, hizo clausurar alguna cantidad de estos mismos locales que había frecuentado antes, obligándolos a adquirir características más clandestinas y pecaminosas como algunas veces les había ocurrido ya en tiempos coloniales, como por ejemplo en los días del Corregidor Zañartu.
Chinganas "cantones" de las Fiestas Patrias hacia y otras celebraciones anuales, hacia 1860, en publicación de Paul Treutler en Leipzig. Ubicadas en la propia "Cañada" de la Alameda de las Delicias.
Fiesta de rotos chilenos bailando algo parecido a la cueca y la jota, en la chingana "Tres Puntas", hacia 1852. Dibujo también aparecido en publicación de Paul Treutler.
Un fogón en fotografía de las Fiestas Patrias del Parque Cousiño hacia principios del siglo XX, del Archivo del Museo Histórico Nacional.
LAS FONDAS
Las fondas, a diferencia de las ramadas y las chinganas, tenían más comportamiento de posadas modestas, más o menos como los restaurantes que pueden encontrarse hasta nuestros días en el campo, pues contaban con más espacio y podían hospedar a los visitantes venidos desde más lejos para las grandes fiestas, por lo que fueron antecesoras del servicio hotelero en las Indias Occidentales.
Aunque también respondían a las celebraciones de temporadas, podían tener una presencia permanente sirviendo siempre como cantinas y expendio de comidas, en contraste los locales más temporales. Solían ser construidas, además, más cerradas que las chinganas y con materiales más sólidos, como madera o adobe, apareciendo por lo general a modo de “extensión” junto a alguna casa o residencia, muchas veces la del propietario. Su nombre proviene del árabe "fondac", correspondiente a las tiendas y campamentos beduinos donde los viajeros de las caravanas se establecían temporalmente con sus comercios, sirviendo también de posadas.
Hubo famosas fondas-posadas en la colonia, pero especialmente en el siglo XIX, como "El Arenal" de la Peta Basaure, "Lampaya" y "El Tropezón", mencionadas en "Chilena o cueca tradicional", por Samuel Claro Valdés y Carmen Peña Fuenzalida. Estas funcionaban por temporada, pero cuando comenzaron a establecerse otros centros en higuerales, parronales y nogales donde siempre había sombra, las fondas comenzaron a transformarse en puntos fijos que funcionaban todo el año.
Por alguna razón, el pueblo comenzó a asociar su nombre con el de ramadas y chinganas, quizás entre 1811 y 1814, cuando la Alameda de las Delicias se llenó de varias fondas provisorias o "cantones" para celebrar la primera etapa de la Independencia, dato confirmado también por Zapiola. Eso llevó a la confusión o indistinción, quizás, de la fonda con establecimientos más precarios.
En las fondas originales destacaban también los comedores y cocinas más espaciosos que en las chinganas, aunque su público no era muy distinto en origen y en “vicios”, por lo que también estuvieron en la mira de las autoridades más restrictivas y exigentes.
Sin embargo, como en Santiago eran pocos los restaurantes y el primer café no se fundó sino hasta 1798, las fondas se convirtieron en un punto de reunión para toda la sociedad colonial, manteniendo esta característica en buena parte de los tiempos de la República. La desaparición de los locales de fiesta de La Chimba y de otros sectores de Santiago, devolvió a estas fondas el carácter provisorio que le permitían las celebraciones de las fiestas, confundiéndose así con las ramadas y las chinganas, y por cierto que participando también de los mismos problemas sociales que generaban el alcohol y las malas costumbres.
El explorador alemán Hermann von Keyserling documentó parte de esto último hacia 1929. A pesar de todas las transformaciones y de las confusiones conceptuales que persisten, aún es posible encontrar locales de comida y bebida en poblados y caseríos rurales de casi todo Chile, donde se mantiene el aspecto originario que tenían estas célebres fondas coloniales.
La famosa Posada de Santo Domingo, según dibujo de Eduardo Secci en "Arquitectura en Santiago". Tenía las características generales de una fonda del siglo XIX, aunque su función fue más bien la de un proto-hotel de viajeros.
Caserón comercial y posada del barrio La Chimba que provenía de tiempos coloniales, nos parece que es de la esquina de Independencia con Profesor Zañartu (no lo aseguro del todo porque también he visto esta imagen señalada como la casona desaparecida de Alameda con la actual calle Lastarria). Sirvió de fonda y de lugar de reunión a innumerables fiestas.
 
Cantina-chichería "El Pino" en Rinconada de Silva, cerca de Putaendo, que conserva las características que eran distintivas de las viejas fondas chilenas, según me parece.
Entrada a la fonda-cantina "El Pino".
Aspecto de un galpón-fonda dieciochero actual, en el Parque O'Higgins.
 
Una "fonda" del Parque O'Higgins. En realidad, son las chinganas actuales.
OTRAS CATEGORÍAS
Existen otros tipos de establecimientos que, con frecuencia, también aparecen señalados indistintamente como sinónimo de uno o más de los que hemos visto hasta este punto.
Las cocinerías, por ejemplo, eran puestos pequeños, generalmente no más grandes que un toldo, donde se cocían guisos, asados, fritangas y pan amasado para los visitantes, que eran atendidos en una especie de barra o en un pequeño número de mesas rodeando el local. Estos podían estar aislados o bien formar parte del conjunto de una chingana o fonda. La carne se asaba en parrillas y las empanadas se freían en grasa o se cocían con el pan en hornos de barro. Muchos de los locales pequeños que se establecen hoy en los parques urbanos donde se celebran las Fiestas Patrias, conservan estas características. Los reducidos pero cómodos restaurantes del Mercado Central en Mapocho, y los de La Vega en La Chimba, también conservan parte de las características de las antiguas cocinerías que les dieron origen.
A diferencia de las cocinerías, los fogones eran más básicos, relacionados culturalmente quizás a las cancas o asados mapuches. Con frecuencia, ni siquiera tenían techo, sino que se hacían al aire libre, generalmente en lugares apartados del campo, aunque existen registros fotográficos mostrando su presencia en las fiestas dieciocheras del Parque Cousiño, hoy Parque O’Higgins. Consistían originalmente en una simple fogata donde se asaba carne, anticuchos y embutidos para vender a los clientes.
Algunos de estos fogones, especialmente hacia el Sur del país, crecieron y se convirtieron en centros importantes de la reunión rural, por lo que fueron incorporándoseles bancas de madera, techos al estilo de las ramadas y músicos, no difiriendo demasiado del aspecto que hemos visto como propio de chinganas y de fondas. Esto dio origen a los quinchos. Actualmente, los fogones primitivos realizados sobre el piso han sido casi totalmente desplazados por las parrillas, muchas de ellas situadas tradicionalmente alrededor de las ramadas, chinganas y fondas.
Las chicherías, en cambio, eran simples locales de venta de chicha de uva en grandes toneles, desde los cuales se sacaban las medidas solicitadas por el cliente o bien se servían en jarra de venta directa. Para consumo individual se medían en vasos o botellas, pero para venta “al mayoreo”, la unidad antigua era la arroba. Como sucede con las cocinerías, podían operar independientemente o formar parte de una fonda o de una chingana. Inevitablemente, se ubicaban al lado de la fiesta.
Las chicherías llegaron a tener gran popularidad en la ciudad y también crecieron con la sociedad chilena: conocidos locales como "El Hoyo", "La Piojera", "Las Tejas" y la "Capilla Los Troncos"nacieron ofreciéndose con los servicios de chichería urbana, desde donde avanzaron hasta convertirse en completos centros de consumo y recreación.
Puesto-cocinería del parque, parecido a los "cantones" de la Alameda del siglo XIX.
Una chichería actual: "El Rey de la Chicha", en Parque O'Higgins.
Una cocinería dieciochera actual del Parque O'Higgins.
Una chichería básica, con venta "al vaso", en el Parque O'Higgins.

http://urbatorium.blogspot.cl/2008/09/ramadas-chinganas-y-fondas-son-lo-mismo.html

SER PUTA

Ser puta

Habla fuerte, gesticula mucho, nunca pierde la sonrisa ni la mirada aguda. Es una mujer hermosa. Se apoya en una muletilla donde llena de aes cada inicio de oración, como si tomara oxígeno o coraje. Tiene un pañuelo en la cabeza y se para frente al salón como quien viene a dejar parte de sí misma. Pero en realidad viene a curarse. “Recuperar la voz” fue y sigue siendo parte del proceso de sanación.
A la prostituta le dice "puta", al proxenta le llama "fiolo", y así. Palabras que combina con la jerga de la calle. “Las cosas por su verdadero nombre”, dice, mientras se le filtran por los poros los recuerdos de su historia. Tiene un problema en la piel y los ataques de pánico la sorprenden seguido. Ella sostiene que exorciza las violaciones masivas a las que fue sometida. Siete mil hombres pasaron por su cuerpo cada año. Siete mil varones prostituyentes practicaron la violencia con ella a través del sexo.
Sonia Sánchez es militante feminista y educadora popular. Fue prostituida a los 17 años, cuando se fue desde su Chaco natal a vivir a Buenos Aires buscando una vida mejor. Luego de ser despedida de empleada de servicio doméstico, se quedó viviendo cinco meses en la calle. Allí una mujer le dijo que si se “dejaba hacer cosas” le darían dinero.
“Antes de ser la puta de todas y todos, yo fui hija, fui hermana, fui estudiante”, sostiene Sonia, reflexiva en Mendoza. Es que la UNCUYO decidió distinguirla con el título de Visitante Ilustredebido a su lucha incansable contra la trata de personas y la explotación sexual.
Hablás de la prostitución como un campo de concentración a cielo abierto…
Los penes de la prostitución son picanas. La puta solo obedece. Todo el poder lo tiene el varón, a través de la billetera. Es así. Cuando sos puta, tu cuerpo no te pertenece; el poder absoluto lo tiene el varón prostituyente, mientras la sociedad mira para otro lado. La prostitución no es un trabajo: es la violación de derechos económicos, sociales, culturales, políticos y civiles de una persona. Y el primero en violarlo es el propio Estado. Porque si existe una puta, ella es el resultado de las políticas públicas de nuestros gobernantes. La violación de estos derechos hace que los proxenetas y traficantes se aprovechen de esta vulnerabilidad. ¿Quiénes somos vulnerables? Las mujeres pobres.  Ninguna mujer nace para puta. Nos hacen putas, nos construyen putas.
¿Qué le pasa a una mujer que empieza a ser prostituida?
(Resopla) Primero se produce un quiebre de la identidad como sujeto de derecho, al convertirla en un objeto de uso y abuso. Segundo, pierde su propia voz. Se supone que como “es mujer organizada”, repite un discurso prestado, algo que no le pertenece.  El discurso fálico sexual maquilla a la prostitución como trabajo. Pienso que se debería legislar la restitución de los derechos violentados y no hacer proyectos que legitiman la explotación. Y tercero, se quiebran sus deseos como mujer. Te vas adormeciendo, dejás de sentir. Te vas secando por dentro. Hay que dejar de ver la prostitución como un trabajo, cuando en realidad es la violencia física y emocional que se ejerce sobre una persona. Es terrible.
En la charla sostenías que las prostitutas no hablan. ¿Por qué?
Claro. Vos ves en las esquinas a las chicas hablando. ¿De qué hablan?, te preguntarás… Bueno, no hablan de lo que les pasa. Nunca. Siempre están vigiladas. A la prostitución llegas “muda”. La mudez y el silencio están construidos de violencia que te tapona y bloquea. No sólo perdés tu posibilidad de hablar, sino también de pensar y….(vuelve a resoplar) de respirar. Con tu fiolo mantenés una relación amo-esclava por tu mudez. Tu mudez garantiza que no llegarás a tener violencia física. Por eso el miedo asegura tu silencio. Miedo. Mie-do.
La persona en situación de prostitución, ¿es consciente de que lo es?
Muchas prostitutas no lo son plenamente. No ven que son explotadas. Poner la maternidad como un escudo que dignifica la prostitución es apelar a una falsa dignidad en la prostitución. Muchas son madres y velan por sus hijos. El fiolo suele camuflar su oficio bajo un vínculo amoroso. En la base del papel del fiolo está siempre el príncipe azul. La puta puede identificar el fiolo de la otra, pero no el suyo propio. Insisto, es terrible.

http://www.unidiversidad.com.ar/ser-puta

sábado, 19 de septiembre de 2015

Ser pobre o esclavo en la colonia

Autor: Felipe Pigna
Juan Agustín García da un panorama de la vida de los sectores populares en la Buenos Aires colonial: “El proletario lleva una vida miserable, en pobrísimos ranchos edificados en terrenos baldíos, simple ocupante de los huecos de la ciudad donde se arma su choza. Come los restos del matadero, la limosna de la casa solariega. Si acaso se convierte en bandido, merodea en las quintas y chácaras con los indios alterados, los negros huidos. No tiene la menor idea de un posible mejoramiento social. En su concepto su situación es definitiva, como la de sus compañeros de miseria, indios y negros”. 1
Las “simpáticas” crónicas coloniales suelen pasar por alto la tremenda pobreza de aquella Santa María del Buen Ayre. Era tanta la miseria que les “molestaba”, les “afeaba la ciudad”, según decían los pioneros de un discurso inmoral que se mantiene intacto, indiferente al paso de los siglos y a la evidente lógica: los que afearon y afean la ciudad son los que condenaban y condenan a esos sectores a sobrevivir en esas condiciones infrahumanas.
Vértiz, el virrey de las luminarias, creó un Hospicio de Mendigos que incluía a los llamados “vagos por incapacidad mental”, y le ordenó al capitán de milicias de caballería, Saturnino de Álvarez, que hiciera una redada para “limpiar” la ciudad de menesterosos y enfermos mentales y, por si quedaba alguna duda, emitió otro bando en que se ordenaba “que todos esos pobres se presentaran en el término de 15 días en dicho hospicio prohibiendo en absoluto que pidiesen o les diesen limosna como que allí se les proporcionaba un bastante auxilio a su indigencia. [...] De esta providencia ha resultado que de tantos mendigos de uno y otro sexo como cruzaban estas calles sólo nueve son los existentes en dicho hospicio y entre éstos, cinco locos, sin que haya ocurrido más mujer que una infeliz parda natural de Guinea, vieja y achacosa, y que debe inferirse que todas las demás decían profesión de mendicidad y tenían por oficio este método de vida”. 2
El grueso del trabajo en la colonia recaía sobre las espaldas de las comunidades “indias” sometidas y de esclavas y esclavos. El despoblamiento de indígenas en la gobernación del Tucumán estuvo muy lejos de ser un cataclismo natural. Afectó, sobre todo, a los hombres llevados a la fuerza a servir en las minas de Potosí o en las haciendas tucumanas y salteñas. Algo similar ocurrió con los huarpes de la región de Cuyo, vendidos por los encomenderos a los hacendados y mineros de Chile. Esto convirtió a los “pueblos de indios” en “pueblos de indias”, ya que la población que quedó en ellos era preponderantemente femenina. A estas valientes mujeres, solas, porque su pareja les había sido arrebatada, pero acompañadas generalmente de muchos hijos pequeños a los que tenían que criar y alimentar como podían, les tocó la tarea de mantener la supervivencia de esas comunidades, en todos los aspectos, hasta que lasrazzias recurrentes para enviar mitayos al Alto Perú y las campañas militares y “traslados” forzados para reprimir las rebeliones de los valles calchaquíes, virtualmente dejaron sin mano de obra la región y comenzó la “importación” de esclavos negros, como lo atestiguan los datos sobre población descendiente de africanos mencionadas antes.
En los yacimientos mineros potosinos, los pocos y “costosos” esclavos africanos eran destinados principalmente a trabajos artesanales, más o menos calificados, y a actuar como capataces, por lo que ocupaban una posición relativamente “favorecida” respecto de las masas de trabajadores indígenas. En cambio, en el actual Noroeste, para fines del siglo XVIII eran la principal mano de obra en las haciendas, “ingenios” u “obrajes” –como se llamaba entonces a todo establecimiento manufacturero instalado en una hacienda– y talleres artesanales, cuya producción se destinaba, principalmente, a abastecer el rico mercado altoperuano con centro en la ciudad de Potosí. Hay que recordar que uno de los principales centros manufactureros de telas durante la colonia fue Córdoba, cuya producción salía sobre todo de los conventos. No debe llamar la atención, entonces, que en esa ciudad, como también ocurría en La Rioja, los principales propietarios de esclavos fuesen las órdenes religiosas.
Las condiciones de vida de esclavas y esclavos eran particularmente duras en lo que hace a la posibilidad de formar familia. En las órdenes religiosas, las “negras” eran objeto de una particular persecución para impedir que tuviesen “relaciones pecaminosas”, no sólo por la represión sexual imperante, sino para evitar que dejasen de resultar “útiles” durante sus embarazos y por el tiempo destinado a la crianza de sus hijos. Por otra parte, la tasa de procreación y descendencia entre esclavos, en el Río de la Plata, era particularmente baja. Entre las causas principales estaban las pésimas condiciones de vida a que eran sometidos, pero a ello se sumaba en muchos casos la decisión de no traer hijos esclavos al mundo. Como la condición jurídica de la madre determinaba la de su descendencia, el hijo de una esclava nacía esclavo.
Hay que recordar, además, que los estudios sobre la emancipación de esclavos entre 1776 y 1810 señalan que el 60% de los casos se debió a la compra de la libertad por el propio interesado o sus parientes, y que en el 40% restante lo que más abunda no son actos de “generosidad”, sino los de amos que por esa vía se libraban de mantener a “negras” y “negros” cuando, tras décadas de servicio, estaban demasiado enfermos, desgastados o “viejos” (45 años de edad, por ejemplo) para seguirles resultando provechosos.

Referencias:

1 Juan Agustín García, La ciudad kndiana, Buenos Aires, Claridad, 1933, pág. 94.
2 José Penna, La Administración Sanitaria y Asistencia Pública de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1910, tomo I.

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