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lunes, 4 de mayo de 2015

La DEA y el narcotráfico


Donde hay producción y tráfico de drogas está la Agencia Estadounidense Antidrogas (DEA). Y donde está la DEA aumenta el tráfico y la producción de la droga. Parece casualidad, pero no lo es


El reciente informe sobre la producción de opio en Afganistán refuerza las pruebas ya existentes sobre los negativos efectos que tiene la presencia de la Drug Enforcement Administration (DEA), en cualquier país. Pedir ayuda a Washington para combatir el narcotráfico se interpretará como una oportuna invitación para que tropas estadounidenses se instalen en el país que la solicita. Junto a las tropas llegarán la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la DEA y con esta última aumentarán, con seguridad, la producción y el tráfico de la droga. En resumen, el tiro salió por la culata.

LA HISTORIA RECIENTE CONFIRMA LO DICHO ARRIBA
El Gobierno estadounidense implementa desde hace más de siete décadas una política que sólo ha resultado en la estimulación del tráfico de todo tipo de drogas a escala internacional. Esto pasó en parte cuando, después de la Segunda Guerra Mundial, a los halcones de Washington se les ocurrió destruir la supuesta amenaza que implicaba el crecimiento de organizaciones obreras en Europa, especialmente en Francia. En el intento recurrieron a matones a sueldo provistos por la mafia. Esto exigía a cambio, que se le permitiera restablecer las redes de distribución de heroína que habían sido destruidas por los Gobiernos fascistas en Italia, España y Alemania. La consecuencia inevitable fue un gigantesco aumento del negocio de la droga en Europa.
Algunos años después, las actividades principales del narcotráfico mundial se habían trasladado a Laos y Tailandia, que eran los países en Indochina donde con más entusiasmo se realizaba el negocio. ¡Qué casualidad! En esos países, y en el marco de la guerra en Vietnam, la estadounidense Agencia Central de Inteligencia, CIA, estaba desarrollando su “guerra secreta” utilizando un ejército de mercenarios que, desde luego, exigía dinero por su participación.
AMÉRICA LATINA
En los países de América Latina, las guerras internas de las últimas décadas estuvieron casi siempre acompañadas de un incremento del narcotráfico y…. de la presencia de las agencias estadounidenses. A comienzos de los 80, la guerra clandestina de la ‘contra’’ contra el Gobierno sandinista en Nicaragua facilitó la instalación del crimen organizado y de las mafias de narcotraficantes en la región. Especialmente en Honduras, cuyas costas y aeropuertos eran -y lo siguen siendo – utilizados para el embarque de estupefacientes hacia el mercado estadounidense y, por entonces, para la introducción de armas destinadas a la ‘contra’. Droga por armas.
Las actividades secretas de la CIA en la zona del conflicto desembocaron más tarde en el escándalo de Irangate, un caso que destapó la participación de las agencias de seguridad estadounidenses en actividades ilegales con la venia de la Casa Blanca. Se trataba de un tráfico ilegal de armas con destino a Irán, país que estaba librando una sangrienta guerra con su vecino Iraq, y cuyas ganancias estaban destinadas a financiar a la guerrilla de la “contra”. Con ese mismo dinero se financió acciones terroristas contra el Gobierno sandinista. En el caso estaban implicados altos funcionarios de la administración del presidente Ronald Reagan.
El uso de cocaína de los cárteles colombianos para financiar la ‘contra’ era un secreto a voces. Sin embargo “la mayoría de las personas que se vio implicada en el escándalo de venta de armas a Irán para financiar la guerrilla contrarrevolucionaria de Nicaragua ha regresado también a los círculos de poder en Estados Unidos”, escribía el periodistaSergio Eguía desde Managua en noviembre del 2006.
Algunos traficantes detenidos declararon incluso que no pocas veces fueron utilizadas para el negocio las mismas bases estadounidenses que se encuentran en la región. Actualmente, la práctica continúa. La droga sigue viajando en la misma dirección norte y las armas son introducidas, ya no para la ‘contra’, sino para el crimen organizado.
La cobertura a toda esta actividad la dan, según muchos estudios algunos de los cuales citamos en este artículo, las mismas agencias estadounidenses encargadas de combatirla.
El mentado Plan Colombia, implementado en la zona andina para desarticular las redes del narcotráfico y del ‘terrorismo’, encarnado, según Washington, por la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc, no ha hecho sino disparar la producción de la cocaína en el país sudamericano. Las constantes fumigaciones en la zona de Putumayo, fronteriza con Ecuador, y otras regiones, han causado más bajas humanas y daños al medio ambiente que la reducción en kilos de la producción de la droga.
Según la ONG colombiana ‘Paz en la Región’, “en diez años Estados Unidos ha gastado unos 10 mil millones de dólares en Colombia a través de la Drug Enforcement Administración (DEA, por su sigla en inglés), la oficina Norteamérica para el combate contra la droga, apoyando a los sucesivos gobiernos de ese país para combatir especialmente a la alianza que conforman las Farc y los narcotraficantes. El resultado hasta ahora es discreto”. ¿Discreto? Más bien negativo. El precio de la cocaína está ubicado a un precio bajo nivel y eso sólo se debe al incremento de la producción.
LAS ACTIVIDADES DE LA DEA SON POCO TRANSPARENTES Y SOSPECHOSAS
Recientemente, el vicepresidente de Venezuela,Ramón Carrizales, declaró durante la presentación de un informe sobre la lucha contra el narcotráfico en el país, que la DEA es parte del cartel de la droga y que eso se sabe internacionalmente. Al igual que en Bolivia, Carrizales resaltó que desde que salió la DEA de Venezuela ha aumentado la incautación de drogas y se preguntó “¿por qué, si son conocidos los vuelos que transitan por Venezuela con drogas, no se detienen en tierra?”.
Según datos oficiales, en el 2007 Venezuela interceptó más de 379 toneladas de diferentes tipos de droga, y el Gobierno de Hugo Chávez se apronta en presentar estos resultados como el éxito en la lucha contra el narcotráfico que se sigue en el país.
Declaraciones del mismo calibre han sido emitidas por las autoridades bolivianas.
SINAHOTA
En Bolivia, la DEA pudo hacer de las suyas bajo todos los Gobiernos en las dos últimas décadas, especialmente con el ex dictador Hugo Banzer y luego con el prófugo Gonzalo Sánchez de Losada. Agentes de la DEA, apoyados por militares bolivianos, sitiaron prácticamente la selva del Chapare, en el centro del país. En los ochenta, esta zona estaba convertida en un verdadero paraíso para los ‘narcos’ bolivianos y colombianos. Por entonces, eran frecuentes los aterrizajes de pequeñas y medianas aeronaves en la carretera asfaltada que une las ciudades de Cochabamba y Santa Cruz, o en pequeños aeropuertos clandestinos. En ese sentido, el poblado de Sinahota, es rico en anécdotas relacionadas con el tráfico de la cocaína. Cuentan que en esos “buenos años” las avionetas de los traficantes aterrizaban a medio día en plena carretera cargados de refrigeradores, televisores, artículos eléctricos y, desde luego, armas, que eran entregados a los campesinos a cambio de la droga. ” Aquí se dejaba secar la droga en las aceras, a la vista de todos,” me contaba años atrás un comerciante del lugar.
El programa de erradicación de la hoja de coca, materia prima para la fabricación de cocaína, debía poner fin a esa situación, pero no fue así. El Gobierno llegó a pagar hasta 20 mil dólares por cada hectárea erradicada de coca, según un informe de la DEA. Las 30 mil hectáreas erradicadas, afirma el Ministerio del Interior boliviano, le significaron al país menos ingresos del orden de unos 800 millones de dólares. Curiosamente, la erradicación forzosa de la materia prima no hizo disminuir sustancialmente la producción de la droga.
En febrero de este año, por orden del Gobierno de Evo Morales, la agencia antidrogas estadounidense tuvo que abandonar el país. Morales decidió suspender ‘indefinidamente’ las operaciones del Departamento Antidroga de Estados Unidos en Bolivia, tras acusarlo de realizar “espionaje” y “conspiración” contra su Gobierno. El Gobierno boliviano asumió totalmente sus tareas y, desde ese momento, los decomisos de cargamentos de cocaína se han incrementado. En vista de la cantidad de droga decomisada, la conclusión sacada desde Europa y desde Estados Unidos fue que, bajo el actual Gobierno boliviano ha aumentado la producción de cocaína. “Nada de eso,” dicen las autoridades bolivianas, quienes atribuyen los buenos resultados precisamente a la salida de la DEA del país.
BOMBA DE RELOJERÍA
Donde pone pie el Ejército estadounidense, aumenta la producción de drogas. Ocurrió en Vietnam, ocurrió en Centroamérica, en Bolivia, ocurre en Colombia y, en el caso del opio, ocurre en Afganistán, por nombrar sólo algunos ejemplos. Podría tratarse de una coincidencia pero no creo que sea así.
En un informe publicado el 27 de agosto de 2007 y elaborado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito se señalaba que el opio producido en Afganistán se había duplicado en el período 2005-2007, alcanzando niveles nunca antes vistos.
Ése era ya el sexto año consecutivo en que la producción de opio se había incrementado, muy a pesar de los seiscientos millones de dólares que Washington había destinado para desarrollar el programa antinarcóticos en ese país. Después de analizar el contenido y las conclusiones del informe, el embajador estadounidense en Kabul comentó fríamente y en forma enredada: “Creo que es seguro decir que deberíamos estar buscando una nueva estrategia, y creo que la estamos encontrando”.
A la luz de los resultados evaluados recientemente en el nuevo informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), la buscada estrategia sigue sin hallarse. Según el informe, el 93% de la producción de opio sigue saliendo de Afganistán. Las tropas estadounidense y británicas estacionadas en territorio afgano bajo la consigna de combatir el terrorismo internacional han destruido ya inmensos campos de amapolas, pero a pesar de ello, Afganistán continúa siendo el mayor productor mundial de opio. Pese a que en el 2009 la producción de opio en ese país ha bajado por segundo año consecutivo, “el gran volumen de las reservas es una bomba de relojería”, advirtió la UNODC.
La presencia militar estadounidense en ese país incluyó el asentamiento de sus agencias CIA y DEA, y eso no cambiará con la actual administración . El Gobierno de Barak Obamaha realizado cambios en Afganistán desplazando el acento que puso el de Bush en la erradicación de las adormideras en favor de ataques armados contra redes de narcotráfico relacionadas con los Talibán. Pero, al mismo tiempo se sigue aumentando el personal militar estadounidense en el país, que deberá alcanzar los 70.000 efectivos. Y con ese incremento de soldados también aumenta la presencia de la DEA en Afganistán. La producción de opio está, entonces, garantizada.
“Más que nunca, la lucha contra el tráfico de droga y la lucha contra la insurrección están inextricablemente ligadas,” precisó Antonio María Costa, director ejecutivo de UNODC.
MÉXICO
La guerra contra y por el narcotráfico se ha ubicado en México. Los asesinatos se suceden y las víctimas ya no se cuentan por decenas sino por centenares. A finales del 2006, el Gobierno mexicano autorizó la presencia permanente de personal de la Agencia Antinarcóticos de Estados Unidos en su territorio. Con el acuerdo logrado entre la administración del presidente Felipe Calderón y Washington se aumentaron de 8 a 11 las oficinas regionales de la institución en el país y se incrementó también el personal, el cual llegaría a 100 funcionarios. Con esto México se convirtió en el país con mayor número de oficinas de la DEA en el extranjero.
Pero la llegada de la DEA a México no es de años recientes. Según un artículo publicado en el diario La Vanguardia, “ya en 1963, el Gobierno de Estados Unidos abrió una oficina para ayudar a México en sus esfuerzos contra el tráfico de drogas, tarea que sería heredada a la DEA, que, como tal, inició sus operaciones en 1973. Se sabe que la DEA cuenta en México con 62 agentes especiales, 19 expertos de inteligencia y dos investigadores diversos que trabajan en coordinación con las autoridades mexicanas. En 1990 había 57 distribuidos en seis centros de operación”.
Entre el 70 y el 90 por ciento de toda la cocaína que proviene de Sudamérica pasa por México, país que, además, es el principal proveedor de marihuana al mercado de su vecino del norte. Pero hay más. “Asimismo, los cárteles de droga de México siguen siendo los proveedores principales de metanfetaminas, y los decomisos de este material en la frontera con el país del norte han aumentado cada año desde el 2001″, señala la DEA.
Durante una visita que realizó a Bogotá en marzo de este año, María Daluz Furtado, jefa de la oficina de la DEA en México, afirmaba que “con el presidente Felipe Calderón les hemos dado duros golpes a los carteles de México: Tijuana, el Golfo, el Pacífico, los hermanos Beltrán Leyva y Guzmán, responsables en gran medida del tráfico de drogas. El 2007 fue exitoso, incautamos más de 23 toneladas en el puerto de Manzanilla, otras 11 en Tampico, y fueron extraditados 29 traficantes a Estados Unidos”.
Una sola pregunta. Si la labor que realiza la DEA es tan efectiva, ¿por qué, entonces, México sigue siendo el principal introductor de drogas a Estados Unidos?
Por Fernando Cabrera
El presente material se edita en Rebanadas por gentileza de José Zepeda, Director del Departamento Latinoamericano de Radio Nederland / Web

domingo, 3 de mayo de 2015

El fascismo oculto, la baja autoestima y los “otros” inferiores

Convivimos con actitudes fascistas casi sin darnos cuenta de ello porque las ideas intransigentes forman parte de las sociedades del espectáculo que habitamos.
Los otros, la diferencia accidental y el matiz distintivo continúan causando temores atávicos a las poblaciones autóctonas que conforman la normalidad patria, étnica o social de un país cualquiera.
En épocas de crisis, lógicamente, ese nerviosismo dormido en las entrañas telúricas de la mente, tiende a salir a flote de manera sorda o a través de sufragios secretos que viajan a posturas políticas que hacen del nacionalismo y lo propio sus banderas de enganche ideológicas.
Resulta preocupante, sin duda alguna, que el fascismo sobreviva acodado en las telarañas emocionales o sentimentales de la gente, pero la verdad radical es esa. Con poco que rasquemos en la piel social, el virus despierta y se convierte en un silencio elocuente contra los que no son como nosotros.
El pobre y el inmigrante son los otros más ingratos y malolientes en la imaginería popular. Nadie quiere ser extranjero ni marginado. Ambas categorías causan pavor por si solas. Si nos topamos con ellas en carne y hueso, desviamos la mirada al vacío para disipar preguntas morales y disolver responsabilidades personales.
El capitalismo es así, competencia feroz, aunque a veces disimulada con reuniones sociales que atemperan la vesania del régimen. Ir de compras, el fútbol, los conciertos masivos, el credo religioso y otros espectáculos similares concitan adhesiones colectivas superficiales que suplen y atemperan los empujones egoístas por el espacio vital y la supervivencia económica del acontecer cotidiano.
Parece que vivimos en sociedades libres y justas, en donde la pobreza o los reveses personales, laborales o económicos son situaciones sobrevenidas y aleatorias sin causa desencadenante. La culpa de nuestro infortunio privado siempre es de uno mismo. Hay que trabajar más, estudiar más, consumir más, competir mejor. Y resignarse a la suerte propia. Y, por supuesto, no perder el tiempo ni la energía en ayudar a los otros que se arrastran para sobrevivir al día a día. Los otros, pensamos como reflexión que calma nuestra ética íntima, harían lo mismo que yo/nosotros.
Cuando el fascismo latente dice lo que piensa sabe por qué lo hace, porque existe un caldo de cultivo que permitirá captar el mensaje provocando un alivio o desagüe moral de excrecencias malsanas en los receptores del mismo.
Estamos ante resabios históricos, lacras sociales, perversiones innombrables, resentimientos purulentos y ajustes de cuenta enquistados desde tiempos remotos que precisan un catalizador (o líder con carisma) para expresarse y no dañar la estructura o equilibrio mental de trabajadores y trabajadoras vejados en su condición de clase, laboral y socialmente hablando. La inmensa mayoría no han podido conectar, por ignorancia inducida o por cobardía particular, con ideas políticas que sirvan de cauce colectivo a las contradicciones inherentes al aparato capitalista.
El fascismo vela las relaciones profundas de clase del sistema capital-trabajo. En su cariz más virulento canaliza momentos históricos donde el sistema necesita regenerarse por completo al ser imposible mediante la propaganda ideológica conducir los conflictos sociales y políticos en favor de las clases corporativas y propietarias.
Pero el fascismo nunca desparece del todo. Sus capacidades internas para el disfraz y el travestismo son ingentes, creando mayorías sociales con artificios muy poderosos, siempre estableciendo dualidades encontradas u oposiciones de ocasión que desvían la atención y la mirada de los problemas reales y las causas complejas que los originan.
Las expresiones ideológicas blandas del capitalismo en sus formas democráticas parlamentarias hacen uso de la división social en segmentos estéticos y cupos sociales arbitrarios o al dictado de modas concretas. Con ello se pretende atizar la competitividad en un todos contra todos que tanto puede ser utilizado como baluarte de la libertad de expresión o como estigma o desorden para la represión puntual o sistemática de ideas contrarias al statu quo en vigor.
Cuando el capitalismo entra en una de sus crisis cíclicas recurrentes, un cierto o gran desorden resulta inevitable. El sistema está capitalizando nuevos recursos ajenos para otra fase de expansión. Este proceso radical y más o menos violento deja víctimas por miles o millones: pobres, marginados, inmigrantes, parados, desahuciados…
A ese lumpen tan variopinto hay que controlarlo muy de cerca para que no adquiera destrezas políticas que pudieren expresarse en mayorías sociales (y electorales) peligrosas o lesivas para los intereses de la elite. Es el instante preciso, pues, de crear dicotomías o disyuntivas ideológicas ad hoc para reunir al común en un redil cálido y confortable que mire a un enemigo ficticio con saña extrema.
Un trabajador presa del fascismo no es más, ni menos, que una persona brutalmente herida en su autoestima. Darle un enemigo y fabricarle una fábula hace que sus impulsos primarios puedan expresarse social y políticamente sin barreras éticas que salvar. El “otro” o chivo expiatorio ha de convertirse en “inferior” o subhumano para que la baja autoestima se transforme en sucedáneo de superioridad moral en el sujeto alienado y subyugado por la palabra fascista. Así se extienden las ideas o actitudes del fascismo cotidiano escondido en la maraña cultural y social.
En realidad, el mecanismo es bastante similar al del hooligan futbolero o al de un fanático de un grupo musical o artista comercial de moda. Se trata de exudar cuerpo a cuerpo los sinsabores cotidianos y los conflictos vitales no resueltos convenientemente. Hay que gritar desaforadamente para exorcizar las penas propias. ¿No es eso fascismo en incipiente germen o espíritu larvario?
Sí, hay fascismo contenido y miseria oculta en nuestros sistemas capitalistas occidentales. Jamás se expresarán con franqueza hasta que un sumo sacerdote surgido del resentimiento social dé la señal mágica de rebato. Así surgen las greys fascistas: echando gasolina al fuego del capitalismo depredador y salvaje.


miércoles, 29 de abril de 2015

Psicología del genocidio

calaveras
En Los ángeles que llevamos dentroSteven Pinker dedica buena parte del capítulo ‘La nueva paz‘ a explicar el genocidio — empezó con con lascategorías mentales y luego pasa a explicar la ideología (pgs 436 – 441):
Hasta ahora he intentado explicar el genocidio de la siguiente manera: el hábito mental del esencialismo puede clasificar a las personas en categorías, y de este modo se les pueden aplicar los sentimientos morales en su totalidad. La combinación puede transformar la competencia hobbesiana entre individuos o ejércitos en competencia hobbesiana entre puelos. Pero el genocidio tiene otro ingrediente fatídico. Comodecía Solzhenitsyn, para matar a millones de personas hace falta unaideología. Ciertos credos utópicos que clasifican a los individos en “categorías moralizadas” quizás arraiguen en regímenes poderosos y se engranen en su capacidad destructiva. Por eso, son las ideologías las que generan valores atípicos o aberrantes en la distribución de las víctimas mortales de genocidio. Entre este tipo de ideologías que dividen encontramos el cristianismo durante las Cruzadas y las Guerras de Religión (y, en una rama, la Rebelión de Taiping de China); el romanticismo revolucionario en los politicidios de la Revolución francesa; el nacionalismo de los genocidios de la Turquía otomana y los Balcanes; el nazismo en el Holocausto; y el marxismo en las purgas, expulsiones y hambrunas a causa del terror en la Unión Soviética de Stalin, la China deMao y la Camobya de Pol Pot.
¿Por qué las ideologías utópicas desembocan tan a menudo en genocidios? A primera vista, parece no tener sentido. Aunque una verdadera utopía sea inalcanzable, la búsqueda de un mundo perfecto ¿no debería procurarnos al menos un mundo mejor, uno que fuera perfecto en un 60%, pongamos, o incluso en un 15%? A fin de cuentas, para lograr lo que vale la pena hay que intentar lo imposible. ¿No hemos de apuntar más alto, soñar el sueño irrealizable, imaginar cosas que nunca fueron y decir: “Por qué no”?
Las ideologías utópicas incitan al genocidio por dos razones. Una es que crean un cálculo utilitario pernicioso. En una utopía, todos son felices para siempre, por lo que su valor moral es infinito. La mayoría de nosotroscoincidimos en que es éticamente aceptable desviar un tranvía descontrolado que amenaza con atropellar a cinco personas a una vía muerta donde mataría sólo a una. Pero supongamos que fueran cien millones de vidas las que pudiéramos salvar desviando el tranvía, o mil millones, o —proyectándonos en un futuro indefinido— infinitamente más. ¿Cuántas personas sería aceptable sacrificar para conseguir un bien infinito? Unos cuantos millones parece algo bastante razonable.
Y no sólo eso. Pensemos en las personas que se enteran de la promesa de un mundo perfecto pero que aun así se oponen a ello. Son sólo obstáculos en un plan que puede conducir a la bondad infinita. ¿Hasta qué punto son malvadas? Que cada uno haga sus cálculos.
El segundo riesgo genocida de una utopía es que debe ajustarse a un plan de acción ordenado. En una utopía, todo está ahí por alguna causa. ¿Y qué hay de las personas? Bueno los grupos de personas son diversos. Algunos se aferran de forma obstinada, acaso esencial, a valores que en un mundo perfecto están fuera de lugar.Quizá sean emprendedores en un mundo comunitario donde todo se comparte, o les guste leer en un mundo marcado por el trabajo manual, o tengan mucho desparpajo en un mundo regulado por la piedad, o sean partidarios de los clanes en un mundo unitario, o urbanos y comerciales en un mundo que ha vuelto a sus raíces en la naturaleza. Si diseñamos la sociedad perfecta en una hoja de papel en blanco, ¡por qué no descartar engendros desde el principio?
En Blood and Soil: A World History of Genocide and Extermination from Sparta to Darfur, el historiador Ben Kiernan señala otro aspecto curioso de las ideologías utópicas. Una y otra vez rememoran un paraíso agrario desaparecido, que quieren recuperar como saludable sustituto de la preponderante decadencia urbana. En el capítulo 4 vimos, efectivamente, que tras surgir la Ilustración del bazar intelectual de las ciudades cosmopolitas, la Contrailustración alemana idealizó el vínculo de la gente con la tierra, la sangre y el suelo (blood and soil) del título de Kiernan. La ingobernable metrópolis, con su población incierta y sus enclaves étnicos y ocupacionlaes, es una afrenta para una mentalidad que prevé un mundo de armonía, pureza y totalidad orgánica. Muchos de los nacionalismos de los siglos XIX y XX estaban guiados por imágenes utópicas de grupos étnicos que prosperaban en sus patrias natales, imágenes basadas a menudo en mitos de tribus ancestrales que poblaron el territorio en los albores de los tiempos. Este utopismo agrario subyacía a las obsesiones duales de Hitler: su odio a los judíos, que asociaba al comercio y las ciudades, y su desquiciado plan de despoblar el este de Europa para conseguir tierras de cultivo para los habitantes de las ciudades alemanas. Otros ejemplos son las inmensas comunas agrarias de Mao y la política de Pol Pot consistente en expulsar a la gente de las ciudades camboyanas y trasladarla a campos de exterminio rurales.
Las actividades comerciales, que suelen concentrares en las ciudades, pueden desencadenar también odio moralista. Como analizaremos en el capítulo 9, la intuición de los individuos respecto a la economía está arraigada en la idea de intercambios equitativos de servicios o bienes concretos de valor equivalente —pongamos, tres pollos por un cuchillo—. Esto no encaja fácilmente en el engranaje matemático abstracto de una economía moderna, que incluye el dinero, el beneficio, el interés y la renta. En la economía intuitiva, los agricultores y los artesanos producen artículos de valor palpable. Los comerciantes y otros intermediarios, que se llevan un beneficio al trasladar bienes sin que del proceso surja nada nuevo, son considerados parásitos pese al valor que crean al permitir transacciones entre productores y consumidores que no se conocen o están separados por grandes distancias. Los prestamistas, que entregan una suma y luego exigen dinero adicional a cambio, aún son más odiados, pese a la labor que realizan al proporcionar a la gente dinero en momentos en que pueden darle un uso óptimo. No se suelen tener en cuenta las aportaciones intangibles de los comerciantes y los prestamistas, a los que se considera unas sanguijuelas. (Una vez más la metáfora procede de la biología.) La antipatía hacia los intermediarios puede canalizarse fácilmente hacia los grupos étnicos. En las ocupaciones de los intermediarios, el capital necesario para prosperar consiste ante todo en pericia y conocimientos más que en tierra o fábricas, por lo que se comparte con facilidad entre parientes y amigos, y es muy fácil de transportar. Por ello, es habitual que grupos étnicos concretos se especialicen en el nicho de los intermediarios y se desplacen a las comunidades que carezcan de ellos, donde tienden a convertirse en minorías pujantes —y por consiguiente en objeto de envidia y resentimiento—. Muchas víctimas de discriminación, expulsión, agresión colectiva y genocidio han sido grupos sociales o étnicos especializados en nichos de intermediarios. Entre ellos se incluyen varias minorías burguesas de la Unión Soviética, China y Camboya, los indios de África oriental, los ibos en Nigeria, los armenios en Turquía, los chinos en Indonesia, Malasia y Vietnam, y los judíos en Europa.
Los democidios se suelen preparar de antemano en el clímax de un relato escatológico, un espasmo final de violencia que será el preludio de una felicidad milenaria. Diversos historiadores del genocidio han advertido a menudo los paralelismos entre las ideologías utópicas del siglo XIX y XX y las visiones apocalípticas de las religiones tradicionales. En un libro conjunto con el psicólogo social Clark McCauleyDaniel Chirot observa lo siguiente:
La escatología marxista imitaba realmente la doctrina cristiana. Al principio había un mundo perfecto sin propiedad privada, clases sociales, explotación ni alienación: el Jardín del Edén. Luego llegó el pecado, el descubrimiento de la propiedad privada y la creación de los explotadores. La humanidad fue expulsada del Edén para sufrir desigualdad y la necesidad. A continuación los seres humanos experimetnaron con una serie de modos de producción, el esclavista, el feudal y el capitalista, siempre en pos de la solución sin encontrarla. Por último, llegó un verdadero profeta con mensaje de salvación, Karl Marx, que predicaba la verdad de la Ciencia. Prometió la redención, pero no le hicieron caso a excepción de sus discípulos más íntimos, que difundieron la buena nueva. Al final, de todos modos, el proletariado, portador de la fe verdadera, será convertido por los elegidos religiosos, los líderes del partido, y se unirá para crear un mundo más perfecto. Una revolución final y terrible acabará con el capitalismo, la alienación, la explotación y la desigualdad. Después de eso, la historia terminará porque en la Tierra rienará la perfección y los verdaderos creyentes se habrán salvado.
En la obra de los historiadores Joachim Fest y George Mosse, también encontramos comentarios sobre la escatología nazi:
No es casual que Hitler prometiera un Reich de Mil Años, un milenio de perfección, similar al reinado de bondad prometido en la Revelación antes del regreso de la maldad, la gran batalla entre el bien y el mal, y el triunfo final de Dios sobre Satanás. Toda la imaginería de su régimen y su Partido Nazi era profundamente mística, estaba envuelta en simbolismo religioso, a menudo cristiano, litúrgico, y apelaba a una ley superior, a una misión decretada por el destino y encomendada al profeta Hitler.
Finalmente están los requisitos del puesto de trabajo. ¿Querría el lector el estrés y la responsabilidad de dirigir un mundo perfecto? El liderazgo utópico selecciona crueldad y narcisismo monumentales. Los dirigentes están poseídos de la certeza de la rectitud de su causa y de la impaciencia por realizar reformas crecientes o ajustes a la carrera guiados por elfeedback de las consecuencias humanas de sus planes grandiosos. Mao, que había empapelado a toda China con su imagen y repartido su libro rojo de refranes a todos los ciudadanos, fue descrito como por su médico y único confidenteLi Zhisui, como alguien que ansiaba la adulación, exigía servicios sexuales de concubinas y carecía de compasión y calidez. En 1958 tuvo la revelación de que el país podría duplicar la producción de acero en un año si las familias campesinas contribuían a la producción nacional operando fundiciones en el patio trasero de sus casas. Bajo pena de muerte si no satisfacían sus cuotas, los campesinos fundían sus woks, sus chuchillos, palas y pomos para convertirlos en terrones de metal inútil. También le fue revelado que China podía cultivar enormes cantidades de cereal en parcelas pequeñas de tierra, liberando el resto para pastos y huertas, si los agricultores plantaban las plantas de semillero a gran profundidad y muy juntas para que gracias a la solidaridad de clase crecieran fuertes y cargadas. Se apiñó a los campesinos en comunas de cincuenta mil miembros para poner en práctica esta visión, y cualquiera que se mostrase renuente o señalara lo obvio era ejecutado como enemigo de clase. Impermeable a las señales de la realidad de que su Gran Salto Adelante era un gran salto hacia atrás, Mao planeó y organizó una hambruna en la que murieron entre veinte y treinta millones de personas.
Los motivos de los dirigentes son cruciales para entender el genocidio pues los ingredientes psicológicos —el modo de pensar del esencialismo; la dinámica hobbesiana de la codicia, el miedo y la vengaza; la moralización de emociones como el asco; y el atractivo de las ideas utópicas— no se apoderan de repente de una población entera para incitarla al asesinato masivo. Grupos que se evitan, desconfían unos de otros o incluso se desprecias pueden coexistir indefinidamente sin genocidio alguno. Pensemos, por ejemplo, en los afroamericanos en el segregacionista Sur americano [de EEUU], en los palestinos de Israel y los territorios ocupados, o en los negros de Sudárfica durante el Apartheid. Incluso en la Alemania nazi, donde el antisemitismo llevaba siglos consolidado, no hay indicios de que nadie, salvo Hitler y unos cuantos secuaces fanáticos, considerase una buena idea el exterminio de los judíos. Cuando se lleva a cabo un genocidio, realmente sólo comete los asesinatos una mínima parte de la población, por lo general una fuerza policial, una unidad militar o la milicia.
En el siglo I d.C., Tácito escribió lo siguiente: “Se cometió un crimen espeluznante por la iniciativa sin escrúpulos de unos cuantos individuos, la aprobación de otros y la pasiva aquiescencia de todos”. Según el científico político Benjamin Valentino, en Final Solutions, esa división del trabajo es aplicable también a los genocidios del siglo XX. Un líder o una pequeña camarilla deciden que ha llegado el momento del genocidio; a tal fin, dan luz verde a una fuerza relativamente reducida de hombres armados, una mezcla de verdaderos creyentes, seguidistas y matones (a menudo reclutados, como pasaba en los ejércitos medievales, entre las filas de los criminales, vagabundos y otros jóvenes desahuciados). Cuentan para ello con que el resto de la población no se interpondrá, y gracias a ciertos rasgos de psicología social que analizaremos en el capítulo 8, así es en general. Los colaboradores psicológicos del genocidio, como del esencialismo, la moralización y las ideologías utópicas, están articulados en distintos grados en cada uno de esos grupos. Devoran la mente de los líderes y los verdaderos creyentes, pero también deben incitar a los otros lo suficiente para permitir a los primeros hacer realidad sus planes. La evidencia de que los dirigentes eran indispensables en los genocidios del siglo XX se pone de manifiesto en el hecho de que, cuando se morían o eran destituidos, se interrumpían las matanzas.

https://laicismo.org/2015/psicologia-del-genocidio/126269

"La cultura no es una actividad del tiempo libre; es lo que nos hace libres todo el tiempo"

Entrevista- Luisa Etxenike, escritora


  • La escritora donostiarra Luisa Etxenike señala que "la relación con el lenguaje es la relación estelar de nuestras vidas y el perder ese matiz, esa ambición, se convierte en una catástrofe personal y social".
  • Ante la pérdida de riqueza en el lenguaje, advierte: "No es lo mismo poseer 1.000 palabras que 40.000, en ningún orden de la vida, por eso creo que hay democracias de 1.000 palabras y democracias de 40.000".
  • Para Etxenike, "la identidad no es algo que recibimos de serie, como el equipamiento de los coches. La identidad es algo singular".
  • Ante la situación de la creación literaria en Euskadi, dice: "El Instituto Etxepare, una ventana al exterior de la cultura vasca, necesita revisar y, sobre todo, reforzar su trabajo en la literatura en castellano".

La escritora Luisa Etxenike. / Foto: TEDxAlmendraMedieval.
La escritora Luisa Etxenike. / Foto: TEDxAlmendraMedieval.
Luisa Etxenike (San Sebastián, 1957) es escritora de novelas y relatos, pero también reflexiona sobre el lenguaje, la realidad política o el porvenir con certera clarividencia como muestran sus frecuentes artículos en prensa. El próximo 18 de junio presentará un nuevo libro en San Sebastián, El arte de la pesca, reescritura de la última parte de su novela Los peces negros, una especie de 'collage' de cortos en relación con ese texto, que llevará una ilustración sonora a cargo del compositor Borja de Miguel.
Directora del festival literario   Un mundo de escritoras, miembro del Consejo de Redacción de la revista de cultura y pensamiento   Grand Place, el pasado sábado 18 de abril intervino en el evento TEDx Almendra Medieval, en Vitoria, para hablar sobre ecología lingüística: "Como las selvas amazónicas, las palabras también se expolian, se violan, se maltratan y hay que cuidarlas", comentó. 
¿De dónde surge tu argumentación sobre la necesidad de una ecología lingüística ante el empobrecimiento del lenguaje?
Yo le llamo ecología lingüística, pero podríamos hablar también de ecología del pensamiento, de ecología cultural. La reflexión viene de la constatación de la desertización que avanza en determinados campos que considero fundamentales, que son el de la cultura, el pensamiento, el arte, la creación intelectual. Y que tiene que ver también con un empobrecimiento del lenguaje. La relación con el lenguaje es la relación estelar de nuestras vidas y el perder ese matiz, esa ambición, se convierte en una catástrofe personal y social. Las Humanidades están siendo desterradas del sistema educativo y eso tiene consecuencias. Vemos cómo se ha despertado la conciencia ecológica y la ciudadanía comprende la pérdida colosal que supone la devastación del Amazonas, del mismo modo, hay bienes culturales, patrimonio, libros, capacidad de lectura de referencias que se están perdiendo, que se están devastando por el poco aliento que desde instancias institucionales se da a la preservación de ese patrimonio.
¿Podemos decir que esto es premeditado?
No quiero que mi pensamiento se articule en forma de la polémica o la provocación. Decir que esto es "premeditado" es un titular fácil. Sinceramente, creo que lo tenemos que abordar con serenidad. Es verdad que hay una identificación excesiva de la cultura con el entretenimiento, pero la cultura no es una actividad del tiempo libre sino lo que nos hace libres todo el tiempo. Hay una poderosísima industria del entretenimiento y eso nos hace perder de vista el sentido emancipador, el sentido de crecimiento personal y social que la cultura, y lo fundamental que es en este sentido la capacidad del lenguaje. No es lo mismo poseer 1.000 palabras que 40.000, en ningún orden de la vida. No en la vida del conocimiento íntimo, pero tampoco en la comunicación social y política, por eso creo que hay democracias de 1.000 palabras y democracias de 40.000. La cultura está mucho más cerca de la creación artística que del entretenimiento.
Junto al empobrecimiento del lenguaje, vivimos también la perversión de los significados, la invasión de la neolengua.
Es que al mismo tiempo que hablamos de la falta de siembra en el lenguaje, hay que citar la manipulación del mismo, acompañado por un conformismo con la ausencia de matiz, con la brocha gorda, con la perversión de los conceptos. Lo que llamo las apropiaciones indebidas del lenguaje, que es llamar a las cosas por nombres que no les corresponde. Todo forma parte del mismo conjunto que nos hace vulnerables a cualquier tipo de manipulación. Es fundamental tener del otro lado un receptor que sepa distinguir lo que le cuentan. Y no solo es responsabilidad de la escuela, también los medios de comunicación que no informan con el rigor que corresponde, o los discursos públicos que no preconizan el el matiz, el hilar fino en la expresión.
Eres escritora vasca en castellano, vives junto a la frontera con Francia, cuyo gobierno te ha reconocido como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, y tu obra se traduce a esta lengua... ¿Cómo vives el día a día de esta cultura trilingüe?
Cuando hablaba de ecología lingüística, hablaba de ecologismo de las lenguas, sin duda: lo que amenaza a una lengua, amenaza al resto. Creo que es una situación que se vive en todas partes, aunque bien es verdad que hay sistemas educativos que lo ven más claro y tratan de combatirlo. Cuando alguien cruza la frontera o se coloca frente a la ciudadanía francesa en el ámbito que sea, se queda maravillado ante lo bien que hablan. Está claro que el sistema educativo y el debate público franceses están más preocupados por la calidad de la lengua que el que tenemos a este lado de la frontera.
¿Y en cuanto a la convivencia entre el euskera y el castellano?
A mí no me importa en que lengua escribe una persona, sino lo que dice. Por tanto, quienes escribimos en euskera y castellano ya llevamos muchos años de convivencia, tenemos entre nosotros una relación fluida y natural y no confundimos la lengua de expresión con las convicciones de cada cual ni con los respectivos proyectos creativos. Otra cosa es el apoyo institucional, donde todavía hay trabajo que hacer. Seguimos teniendo instituciones volcadas en apoyar la creación en euskera más o de manera diferente que la que se hace en castellano. Y yo sí creo que se debería revisar la discriminación positiva al euskera. Por ejemplo, hasta años muy recientes, hasta que llegó el gobierno del lehendakari Patxi López, la edición en castellano no recibía ningún apoyo. Fueron muchos años de discriminación. Patxi López lo resolvió, pero a mi juicio todavía falta en las instituciones vascas una convicción más decidida para considerar que el apoyo a la creación no tiene que tener esa variable lingüística que deja en un segundo plano la creación literaria en castellano. Y me refiero, por ejemplo, al Instituto Etxepare, una ventana al exterior de la cultura vasca, que en su trabajo en la literatura en castellano necesita revisarse y, sobre todo, reforzarse.
En más de una ocasión, has reflexionado sobre la relación de Euskadi con España, ¿Cómo entiendes tú esa relación, o la de Cataluña, en estos momentos quizás más crispada que la vasca? 
Lo voy a decir simplemente: supongo que habrá personas que viven con conflicto el hecho de ser español o vasco. Pero hay muchas personas, entre las que me incluyo, que no viven con ningún conflicto el ser vascas y españolas. Es más, ese vivir sin conflicto les prepara también para ser otras cosas: europeos. No estamos en esa polaridad, sino en esa triangulacíón que es estimulante, necesaria, fundamental. Además, crucemos la frontera, como yo hago constantemente. Y me encuentro a mi alrededor con una mayoría de personas que viven sin conflicto ser vascos y franceses. Y a este lado, ocurre lo mismo: muchísimas personas que viven con alegría, con naturalidad, sin conflicto. Ese vivir así necesita un amparo político, que esté en el discurso público. A veces, la crispación viene de que el debate lo copan quienes viven en ese conflicto. En cualquier caso, creo que en el ámbito de las identidades, mi posición fundamental es que la identidad no es algo que recibimos de serie, como el equipamiento de los coches. La identidad es algo singular. Yo abogo, antes que por ser vasco, español..., por ser yo misma, con los mestizajes que la vida me va proponiendo. Hablaría de la originalidad íntima de la identidad. En ese sentido, sí puedo participar de una identidad común, dinámica, que es la de las convicciones políticas.
La aparición de nuevas fuerzas políticas, ¿nos sitúa ante una nueva era en la que esas identidades políticas de las que hablas tengan un impulso? 
La crisis económica ha destapado una realidad que estaba tapada por una ilusión de riqueza que no afectaba a todo el mundo. La crisis nos obliga a replantearnos muchísimas cosas, como una cierta inercia política que nos hacía entender como si las cosas funcionaran porque sí. Hay que replantear las convicciones de la izquierda, de la democracia y la aparición de nuevas fuerzas obliga a replantear esa inercia en una dinámica. Y todo lo que supone una dinámica es bueno. Dicho esto, yo no creo que necesitemos líderes o partidos providenciales, sino que necesitamos regenerar la relación entre la ciudadanía y la política, desde la convicción de que la política debe estar libre de toda sospecha. La calidad de la política viene por la monitorización que hace el ciudadano de la misma en tiempo real. Ha habido una inercia de abandono de esa capacidad que es al mismo tiempo una responsabilidad de la ciudadanía. Creo que estamos ante un momento estimulante.
¿Puede haber un paralelismo con los momentos posteriores a la muerte de Franco? 
Yo era muy joven entonces. Ahora las hemerotecas hablan de líderes políticos, pero yo me acuerdo de la calle, de la importancia que le dábamos a votar. Había una comprensión de que la democracia no se hacía de arriba hacia abajo, sino de la ciudadanía a la clase política. Es necesaria una ciudadanía lúcida, responsable, que sabe que la calidad de la democracia están en sus manos. Yo creo que tenemos que recuperar eso, pero para recuperar eso hay que recuperar lo primero, lo que iniciaba la conversación: una ciudadanía lúcida es una ciudadanía formada, capaz de hilar fino y sobre todo de leer fino los discursos.


lunes, 27 de abril de 2015

Cómo se criaba a los niños en la antigua Grecia

En sus primeros años de vida los niños quedaban al cuidado de las mujeres de la casa, dedicados a toda clase de juegos
Por Manuel Albadalejo. Doctor en Historia., Historia NG nº 134
Los griegos de la Antigüedad se preocupaban por los niños desde el mismo momento en que la futura madre sabía o sospechaba que estaba embarazada. Para que el parto no tuviese problemas, el filósofo Platón recomendaba a las gestantes hacer ejercicio, mientras que su discípulo Aristóteles las animaba a alimentarse de manera adecuada. Llegado el momento del nacimiento, la costumbre griega prescribía que únicamente otras mujeres acompañasen a la parturienta. En una comedia de Aristófanes titulada Asambleístas, la protagonista, Praxágora, justifica a su marido su ausencia en una determinada ocasión debido a que estaba ayudando a una amiga durante su parto. Era excepcional que un hombre –ni siquiera el esposo– estuviese presente en ese momento. En cuanto al lugar donde se daba a luz, el más adecuado era el gineceo o zona de la casa reservada a las mujeres, ya que solía ser la más resguardada y servía para mantener la privacidad del momento.
A los cinco días del parto se celebraban las Anfidromias, una fiesta familiar en la que el padre corría alrededor del fuego doméstico con su hijo en brazos, mostrándolo a sus parientes. Era entonces cuando le daba el nombre, que generalmente era el mismo que el del abuelo. Las familias más acomodadas organizaban unos días después una celebración más solemne, que incluía un banquete y un sacrificio.
Más tarde aún, en Atenas y en otras comunidades jónicas, tenía lugar la presentación en sociedad del recién nacido con motivo del festival de las Apaturias, que se celebraba anualmente hacia octubre o noviembre. Todos los ciudadanos varones se reunían en unas asociaciones hereditarias llamadas fratrías y, durante el tercer día de las Apaturias, los varones que habían nacido durante el último año eran registrados de forma oficial en presencia de los miembros de la fratría. No se sabe con certeza si las niñas eran igualmente registradas.

El ideal del hijo único

En la tradicional sociedad griega se valoraba más tener un hijo que una hija; el varón estaba mejor considerado porque se pensaba que podría ayudar a la economía familiar de forma más decisiva que una chica. Asimismo, en el mundo griego eran especialmente apreciados –se les consideraba un regalo divino– los hijos únicos, los primogénitos o los que nacían de padres mayores, puesto que estos últimos podrían estar atendidos por un familiar directo durante sus años de vejez.
En Atenas, hasta los seis años de edad niños y niñas pasaban la mayor parte del tiempo dentro del gineceo, en compañía de las mujeres de la casa. Platón dedicó cierta atención a escribir sobre los juegos infantiles, ya que pensaba que tenían una gran importancia para moldear la personalidad y el desarrollo del talento individual. Recomendó, por ejemplo, que un niño que en el futuro tuviese que ser campesino o albañil practicase con juguetes relacionados con su actividad como adulto. Por su parte, Aristóteles recomendaba que los niños que todavía estaban con las mujeres en el gineceo no recibiesen ninguna enseñanza ni realizasen esfuerzos físicos; en lugar de eso, había que animarlos a que sus juegos «imitasen las actividades serias de la vida futura». Sin embargo, esta estricta educación moral no era la regla. Los niños griegos se entretenían con los típicos juegos infantiles, como el de «la gallinita ciega», que los griegos llamaban «la mosca de bronce». En él, el niño que tenía los ojos tapados había de atrapar a sus compañeros al tiempo que decía: «Voy a cazar una mosca de bronce». Los amiguitos lo rodeaban dándole manotazos y gritando: «Vas a cazar, pero no pillarás nada».

La autoridad del padre

Las madres desarrollaban una relación muy estrecha con sus hijos, pues eran ellos los que justificaban su papel en la comunidad familiar. Eso no significa que pecaran de «sobreprotectoras». En el caso de Esparta, las madres presionaban a sus hijos a que cumplieran sus deberes militares hasta la muerte; «[vuelve] con él o encima de él», les decían al entregarles el escudo antes de partir hacia el combate; quizá por eso las nodrizas espartanas eran muy apreciadas en toda Grecia. En cambio, la relación con el padre era más distante. No es casual que éste llamara al hijo pais, el mismo término que se utilizaba para los esclavos, reflejo de la autoridad absoluta que el padre de familia ejercía sobre su heredero; las mujeres, en cambio, llamaban a sus hijos teknon, «criatura». Con el tiempo, sin embargo, la disciplina paterna se hizo bastante laxa. Por ejemplo, hacia 420 a.C., en la comedia Las nubes, de Aristófanes, se presentaba a un anciano llamado Estrepsíades que se quejaba de que su mujer lo estaba arruinando por permitir que el hijo de ambos comprase caballos extremadamente caros.
Por otra parte, a partir de los seis o siete años los niños empezaban a ir a la escuela y quedaban entonces bajo la autoridad de un tutor o «pedagogo», aunque hubo escritores, como Jenofonte y Plutarco, que recomendaron que se contratase a estos pedagogos tan pronto como finalizase la lactancia y el pequeño comprendiese el habla. El pedagogo acompañaba al niño a la escuela, pero a menudo también ayudaba en la formación del pequeño. Plutarco señaló que el pedagogo ideal tenía que ser serio, digno de confianza, griego y sin defectos físicos, pues decía que «si vives con un lisiado, aprendes a cojear».

Niños divinizados

Es destacable el papel que los niños tuvieron en la religión griega, sin duda porque simbolizaban la pureza y este valor era fundamental para entrar al servicio de un templo. Los coros infantiles fueron un elemento fundamental dentro de las celebraciones religiosas; diez coros de cincuenta niños cada uno competían en las representaciones de coros ditirámbicos en el festival ateniense de las Dionisias urbanas. En ciertos cultos los niños llegaron a servir como celebrantes; sabemos que tanto en Patras como en Egira, la sacerdotisa de Artemisa debía ser una doncella por debajo de la edad de contraer matrimonio, y en Egio, en el Peloponeso, el sacerdote de Zeus era elegido, en origen, entre los niños que habían ganado un concurso de belleza. Junto a la pureza y a la belleza, el hecho de ser niño solía conllevar otro beneficio ritual dentro de la religión griega: no estar contaminado con la cercanía de la muerte. Por ese motivo, los niños que cortaban las ramas de los olivos sagrados con que se confeccionaban las coronas de los vencedores olímpicos eran amphithaleis, es decir, aquellos cuyos padres no habían fallecido y mantenían, por tanto, el favor divino.
Algunos niños fallecidos en tierna edad fueron venerados en calidad de héroes, seres intermedios entre los dioses y los mortales. Como tales, se les atribuían grandes poderes, quizá porque habían fallecido mucho antes de la edad natural y habían adquirido así un carácter vengativo, como demuestran las tablillas de execración en las que eran invocados. Pausanias narró la historia de Sosípolis, un héroe-bebé que ayudó a los eleos cuando fueron atacados por los arcadios, pues su madre, movida por las visiones que había tenido en sueños, lo entregó a los generales eleos para que lo pusieran a la cabeza de su ejército. Cuando se acercaron los arcadios, Sosípolis se convirtió en serpiente y los puso en fuga.

Para saber más

Así vivieron en la antigua Grecia. R. López Melero. Anaya, Madrid, 2009.
"La educación en Grecia". Historia National Geographic, nº 64.

http://www.nationalgeographic.com.es/articulo/historia/secciones/9929/como_criaba_los_ninos_antigua_grecia.html#gallery-2



CRISIS ECONÓMICAS DEL ANTIGUO RÉGIMEN Las crisis de subsistencias

Las periódicas crisis de subsistencia tienen que ver con una economía eminentemente agraria y dependiente de la combinación de las malas cosechas y el atraso tecnológico.

El funcionamiento del mercado solía agravar la situación de crisis. La insuficiencia de reservas y el acaparamiento de las mismas en manos de unos pocos poderosos, como miembros de los estamentos privilegiados y arrendatarios de rentas, eran fatales
Las crisis económicas del Antiguo Régimen son conocidas como de subsistencias, harto distintas en causas, características y consecuencias a las de las economías capitalistas. En este trabajo intentaremos estudiar esta cuestión tan importante para el conocimiento de la historia de la época moderna por sus evidentes implicaciones económicas, sociales y políticas, como hemos tenido ocasión de comprobar en distintos artículos sobre motines ocurridos en España en esa larga etapa histórica.
Las periódicas crisis de subsistencia tienen que ver con una economía eminentemente agraria y dependiente de la combinación de las malas cosechas y el atraso tecnológico. Aunque pueden presentarse algunas variantes, las circunstancias solían ser siempre las mismas. En primer lugar, los fenómenos climáticos, como sequías, granizos o inundaciones, así como plagas de insectos (langosta), guerras y devastaciones, provocaban malas cosechas de cereal (trigo). Los sistemas de cultivo y los aperos eran atrasados y daban pocas o nulas alternativas a la caída de la oferta del trigo. Este descenso llevaba a una elevación sustancial del precio del mismo que se prolongaba o agudizaba hasta la cosecha del año siguiente. Si se repetían las malas cosechas la situación derivaba en verdadera catástrofe. Estaríamos ante una grave crisis de subsistencia, afectando a un número variable de personas, pero siempre a muchas.
El funcionamiento del mercado solía agravar la situación de crisis. La insuficiencia de reservas y el acaparamiento de las mismas en manos de unos pocos poderosos, como miembros de los estamentos privilegiados, mercaderes y tratantes de cereal, así como arrendatarios de rentas, eran fatales. El almacenamiento de trigo con fines especulativos, es decir, esperando a que los precios subieran más y más para obtener beneficios, provocaba a su vez una escalada sin freno de los mismos. En una sociedad poco dada a la inversión para mejorar la productividad, sobre todo por las cargas y rentas que soportaban las explotaciones agrarias, este mecanismo del acaparamiento suponía un medio para obtener pingües beneficios.
La subida de precios traía consigo una terrible consecuencia: el hambre, porque muchas personas no podían comprar el grano o el pan. En las ciudades el fenómeno se agravaba no sólo por las dificultades para poder acceder a algunas fuentes naturales de alimentos, sino porque la subida del precio del trigo y del pan arrastraba la de otros alimentos, productos y servicios. Muchos artesanos y comerciantes subían el precio de sus manufacturas y mercancías para intentar compensar con una elevación de ingresos los altos precios del grano. Pero como no subían tampoco al mismo nivel que el del grano los artesanos y comerciantes se arruinaban, con el consiguiente cierre de talleres y negocios, y la pérdida de puestos de trabajo. El número de mendigos se multiplicaba.
Las subidas de precios y el hambre traían una nueva consecuencia: el aumento de la mortalidad, especialmente entre los sectores más humildes y desfavorecidos de la sociedad estamental. No era infrecuente que esta mortalidad tuviera, además, un componente epidémico. La debilidad, junto con la evidente insalubridad, especialmente en el ámbito urbano, eran dos componentes que facilitaban el desarrollo de las enfermedades contagiosas.
La crisis de subsistencias solían provocar otra consecuencia: el aumento de la tensión social, los motines. La población salía a la calle espoleada por algún hecho concreto, como la muerte de alguna persona por hambre, o un encontronazo con una autoridad en un mercado público, para demandar la bajada de su precio, produciéndose asaltos a las casas de las autoridades y, sobre todo, a los almacenes de los acaparadores. Por eso era natural que las autoridades en el Antiguo Régimen intentar prevenir estas crisis de subsistencia o paliar sus efectos. No primaban las motivaciones humanitarias, demográficas o económicas, sino las derivadas de los peligros de que se quebrase el orden público.
En consecuencia, a partir de la Baja Edad Media se establecieron y perfeccionaron distintos medios de intervención por parte del poder en relación con estas crisis de subsistencia. En primer lugar, se crearon pósitos en las ciudades donde se almacenaba el grano comprado por los concejos o municipios para venderlo en momentos de subida de precios y así intentar bajarlos. Estos pósitos también prestaban grano a los productores en buenas condiciones para evitar que la escasez de simiente provocara una futura mala cosecha. También se crearon mercados de grano para controlar y regular la venta del mismo. Una tercera medida era establecer una tasa de precios del grano, es decir, un precio oficial. En caso de emergencia se podía llegar a la incautación o adquisición forzosa de grano al precio de la tasa. Otras medidas pasaban por la prohibición de sacar trigo de un determinado territorio en crisis, o el recurso a la caridad pública o privada.
Un grave problema que tenían las autoridades se daba en las grandes ciudades donde había serias dificultades para mantener el abastecimiento del grano y los alimentos. El caso de Madrid era especialmente grave por ser la sede de la corte y, por lo tanto, un lugar donde había que asegurar la paz social a cualquier precio. Los concejos de las grandes ciudades comenzaron a dedicar crecientes cantidades de recursos para financiar los distintos medios, que hemos estudiado, con el fin de asegurar el abastecimiento de grano.
En todo caso, las crisis de subsistencia fueron difícilmente atajadas, y fueron constantes durante toda la Edad Moderna, manteniéndose, cruzándose con otras más modernas, más capitalistas, durante todo el siglo XIX. Una de las causas era la falta de previsión pero, sobre todo, que algunas medidas de intervención podían ser nocivas. La tasa de gano, por ejemplo, podía provocar un aumento del mercado negro del grano. Los controles de abastecimiento y las prohibiciones de sacar grano de las zonas en crisis podían dificultar que llegara grano a zonas que estaban peor.
Pero la razón principal de la existencia y pervivencia de las crisis de subsistencias está en la propia estructura productiva y mercantil del Antiguo Régimen. La agricultura producía poco y a bajo rendimiento por la estructura de la propiedad, las rentas y la presión sobre los arrendatarios. Además, no había un mercado articulado, tanto por la existencia de aduanas y peajes, como por la insuficiencia de los transportes. El flujo de los cereales de una región a otra era casi inexistente y solamente se daba cuando las diferencias de precios entre unas y otras eran de tal envergadura que podían generar beneficios.
http://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura---ocio/crisis-subsistencias/20150404164135114388.html