Páginas

martes, 11 de noviembre de 2014

MUROS



El Muro de Berlín era la noticia de cada día. De la mañana a la noche leíamos, veíamos, escuchábamos: el Muro de la Vergüenza, el Muro de la Infamia, la Cortina de Hierro...
Por fin, ese muro, que merecía caer, cayó. Pero otros muros han brotado, siguen brotando, en el mundo, y aunque son mucho más grandes que el de Berlín, de ellos se habla poco o nada.
Poco se habla del muro que Estados Unidos está alzando en la frontera mexicana, y poco se habla de las alambradas de Ceuta y Melilla.
Casi nada se habla del Muro de Cisjordania, que perpetúa la ocupación israelí de tierras palestinas y de aquí a poco será 15 veces más largo que el Muro de Berlín.
Y nada, nada de nada, se habla del Muro de Marruecos, que desde hace 20 años perpetúa la ocupación marroquí del Sáhara occidental. Este muro, minado de punta a punta y de punta a punta vigilado por miles de soldados, mide 60 veces más que el Muro de Berlín.
¿Por qué será que hay muros tan altisonantes y muros tan mudos? ¿Será por los muros de la incomunicación, que los grandes medios de comunicación construyen cada día?
En julio de 2004, la Corte Internacional de Justicia de La Haya sentenció que el Muro de Cisjordania violaba el derecho internacional y mandó que se demoliera. Hasta ahora, Israel no se ha enterado.
En octubre de 1975, la misma Corte había dictaminado: "No se establece la existencia de vínculo alguno de soberanía entre el Sahara Occidental y Marruecos". Nos quedamos cortos si decimos que Marruecos fue sordo. Fue peor: al día siguiente de esta resolución desató la invasión, la llamada Marcha verde, y poco después se apoderó a sangre y fuego de esas vastas tierras ajenas y expulsó a la mayoría de la población.
Y ahí sigue.
Mil y una resoluciones de las Naciones Unidas han confirmado el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.

¿De qué han servido esas resoluciones? Se iba a hacer un plesbiscito, para que la población decidiera su destino. Para asegurarse la victoria, el monarca de Marruecos llenó de marroquíes el territorio invadido. Pero al poco tiempo, ni siquiera los marroquíes fueron dignos de su confianza. Y el rey, que había dicho sí, dijo que quién sabe. Y después dijo no, y ahora su hijo, heredero del trono, también dice no. La negativa equivale a una confesión. Negando el derecho de voto, Marruecos confiesa que ha robado un país.
¿Lo seguiremos aceptando, como si tal cosa? ¿Aceptando que en la democracia universal los súbditos sólo podemos ejercer el derecho de obediencia?
¿De qué han servido las mil y una resoluciones de las Naciones Unidas contra la ocupación israelí de los territorios palestinos? ¿Y las mil y una resoluciones contra el bloqueo de Cuba?
El viejo proverbio enseña:
La hipocresía es el impuesto que el vicio paga a la virtud.
El patriotismo es, hoy por hoy, un privilegio de las naciones dominantes.
Cuando lo practican las naciones dominadas, el patriotismo se hace sospechoso de populismo o terrorismo, o simplemente no merece la menor atención.
Los patriotas saharauis, que desde hace 30 años luchan por recuperar su lugar en el mundo, han logrado el reconocimiento diplomático de 82 países.
Entre ellos, mi país, el Uruguay, que recientemente se ha sumado a la gran mayoría de los países latinoamericanos y africanos.
Pero Europa, no. Ningún país europeo ha reconocido a la República Saharaui.
España, tampoco. Este es un grave caso de irresponsabilidad, o quizá de amnesia, o al menos de desamor. Hasta hace 30 años el Sahara era colonia de España, y España tenía el deber legal y moral de amparar su independencia.
¿Qué dejó allí el dominio imperial? Al cabo de un siglo, ¿a cuántos universitarios formó? En total, tres: un médico, un abogado y un perito mercantil. Eso dejó. Y dejó una traición. España sirvió en bandeja esa tierra y esas gentes para que fueran devoradas por el reino de Marruecos.
Desde entonces, el Sahara es la última colonia del Africa. Le han usurpado la independencia.
¿Por qué será que los ojos se niegan a ver lo que rompe los ojos?
¿Será porque los saharauis han sido una moneda de cambio, ofrecida por empresas y países que compran a Marruecos lo que Marruecos vende aunque no sea suyo?
Hace un par de años, Javier Corcuera entrevistó, en un hospital de Bagdad, a una víctima de los bombardeos contra Irak. Una bomba le había destrozado un brazo. Y ella, que tenía ocho años de edad y había sufrido once operaciones, dijo:
-Ojalá no tuviéramos petróleo.
Quizás el pueblo del Sahara es culpable porque en sus largas costas reside el mayor tesoro pesquero del océano Atlántico y porque bajo las inmensidades de arena, que tan vacías parecen, yace la mayor reserva mundial de fosfatos y quizá también hay petróleo, gas y uranio.
En el Corán podría estar, aunque no esté, esta profecía:
Las riquezas naturales serán la maldición de las gentes.
Los campamentos de refugiados, al sur de Argelia, están en el más desierto de los desiertos. Es una vastísima nada, rodeada de nada, donde sólo crecen las piedras. Y sin embargo, en esas arideces, y en las zonas liberadas, que no son mucho mejores, los saharauis han sido capaces de crear la sociedad más abierta, y la menos machista, de todo el mundo musulmán.
Este milagro de los saharauis, que son muy pobres y muy pocos, no sólo se explica por su porfiada voluntad de ser libres, que eso sí que sobra en esos lugares donde todo falta: también se explica, en gran medida, por la solidaridad internacional.
Y la mayor parte de la ayuda proviene de los pueblos de España. Su energía
solidaria, memoria y fuente de dignidad, es mucho más poderosa que los vaivenes de los gobiernos y los mezquinos cálculos de las empresas.
Digo solidaridad, no caridad. La caridad humilla. No se equivoca el proverbio africano que dice: La mano que recibe está siempre debajo de la mano que da.
Los saharauis esperan. Están condenados a pena de angustia perpetua y de perpetua nostalgia. Los campamentos de refugiados llevan los nombres de sus ciudades secuestradas, sus perdidos lugares de encuentro, sus querencias: El Aaiún, Smara...
Ellos se llaman hijos de las nubes, porque desde siempre persiguen la lluvia.
Desde hace más de 30 años persiguen, también, la justicia, que en el mundo de nuestro tiempo parece más esquiva que el agua en el desierto.

Entre Muros, guetos en la ciudad de Buenos Aires


Hoy el gobierno de la ciudad de Buenos Aires se encuentra levantando un muro en la Villa 31 en el barrio de Retiro. Al comienzo de su gobierno, el ingeniero Mauricio Macri, propuso erradicar la villa, pero a poco andar se dio cuenta que ello no era posible y resuelve ahora construir un muro de hierro y hormigón.

Lunes 10 de Noviembre de 2014
Por Victor Ramos*

Desde la construcción del Muro de Berlín en 1961 cuando se dividió la ciudad en dos, verificamos que esa clase de barreras no obtuvieron los resultados esperados. Aun así, Estados Unidos construyó una nueva muralla de 2.500 kilómetros para impedir el ingreso de ciudadanos mexicanos, que como sabemos resultó inútil para frenar el flujo migratorio. Israel por su parte levantó otro muro en Jerusalén para separarse de los palestinos. La gran pared de hormigón no logró la paz. Tal vez generó el efecto contrario, desatando mayores resentimientos.
Hoy el gobierno de la ciudad de Buenos Aires se encuentra levantando un muro en la Villa 31 en el barrio de Retiro. Al comienzo de su gobierno, el ingeniero Mauricio Macri, propuso erradicar la villa, pero a poco andar se dio cuenta que ello no era posible y resuelve ahora construir un muro de hierro y hormigón.
¿Cuál es el propósito de dicho muro? Funcionarios del gobierno municipal dejaron trascender que es para evitar que chicos de la Villa tiren piedras a los autos e impedir que se cruce la autopista por lugares no habilitados.
El muro de Macri en Villa 31 no impedirá se tiren piedras; solo deberán arrojarla hacia arriba y con un poco de mayor fuerza. Tampoco impedirá que en poco tiempo, observemos huecos para el paso de personas y barrotes retorcidos.
Por el lado del gobierno nacional, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, se encuentra levantando del lado opuesto de la villa, otro muro para separarla del tren, con los mismos argumentos que el gobierno de la ciudad.
El ferrocarril, que tiene la tradición de fundar pueblos, en lugar de cumplir un rol social con los barrios pobres que atraviesa, con medias como ésta los cierra. Tanto Macri como Randazzo convertirán a la emblemática Villa 31, bautizada por los vecinos con el nombre de “Padre Carlos Mugica”, en un gueto. El Ministerio del Interior lo cierra por un lado y la ciudad por el otro.
 La construcción de estos “muros sociales” son gastos improductivos, conflictivos permanentes y fracasos asegurados.
El intento de esconder a  los pobres con un muro tiene un conocido antecedente con el intendente de la ciudad, Osvaldo Cacciatore. Con motivo de la llegada de turistas para el Campeonato Mundial de Futbol en 1978, el funcionario construyó una tapia sobre Av. Trabajo (hoy Av. Eva Perón) impidiendo que desde la calle se vea la precaria Villa 15; luego conocida como “Ciudad Oculta”. En esos años ese era el paso obligado al aeropuerto  internacional de Ezeiza. El muro no alcanzó para mejorar la percepción de la Argentina en el exterior.
El primer paredón en la historia de la humanidad fue tan grande como inoperante. Su obra comenzó en el Siglo V a. C. se trató de la Muralla China que como sabemos, Gengis Khan y el pobrerío nómade que lo seguía lo pasó por arriba. Mucha sangre después, se convirtió en un atractivo turístico.
Los estudios migratorios y la tendencia de nuestro país indican que las ciudades tienden a un aumento  poblacional en desmedro de las zonas rurales. Si bien la ciudad de Buenos Aire ha mantenido su nivel de población en los últimos años, se ha producido una migración de sectores medios-altos a los barrios cerrados del conurbano producto de la inseguridad.
La inseguridad y la violencia no se resuelven con muros. Se escucha decir que “los ladrones de antes” no eran violentos. Y se compara con los de hoy: “ahora te matan por un celular” o “los que te asaltan vienen drogados, te matan por dos pesos”. 
El gobierno de la ciudad responde contratando más personal armado y funda la Policía Metropolitana, sumándose a las otras fuerzas que ya actúan en el distrito: la Policía Federal, la Prefectura y Gendarmería Nacional. También interviene en nuestra ciudad la Policía Aeroportuaria y la Policía Ferroviaria. Falta la Fuerza Aérea y estamos completos!
Lo que falta no es mayor represión. Lo que falta es mayor integración. Como dice el Padre Pepe y el Papa Francisco: Integración Urbana. Este concepto es revolucionario, por lo que lo pasaremos a denominar Revolución Urbana.
Vivimos en la ciudad más rica del país y de América Latina con un sector carenciado absolutamente minoritario. Apenas el 5 % de los habitantes de la ciudad tienen problemas habitacionales y marginalidad.
Con solo disponer la urbanización de unos pocos focos de pobreza de la ciudad en Villa 21 de Barracas, 31 de Retiro y 1.11.14 de Flores y 20 de Lugano terminaremos con el hacinamiento de miles de jóvenes que no ven un futuro para sus vidas. El hacinamiento es la causa principal de la violencia.
En lugar de muros, debemos realizar apertura de calles, asegurar agua potable, cloacas e iluminación. En lugar de recortar el presupuesto a los planes de infancia y adolescencia: aumentarlos e implementar centros de día y noche en las villas contra las adicciones.
Solo con justicia social y el reparto equitativo del presupuesto de la ciudad, terminaremos con la violencia que algunos llaman “irracional” porque no comprenden el trasfondo humano de la situación y el derecho a la vida y a la calidad de vida.
Solo transformando las villas en barrios y garantizando la igualdad de derechos terminaremos con la inseguridad que preocupa a todos.

*Víctor Ramos
Candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por el Partido Justicialista en el Frente para la Victoria.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Freud técnico de futbol


Ojo con la droga


Las razas biológicas nunca existieron

"Las razas biológicas no existen y nunca existieron", sostiene en su libro 'El mito de raza' el antropólogo estadounidense Robert Sussman, para el que la idea de la raza no se basa en una realidad científica.
Sussman explora en su libro cómo surgió la idea de la raza, venenosa y falsa según él, y cómo se convirtió en una construcción social de las justificaciones bíblicas y los estudios pseudocientíficos.

En su libro el antropólogo rastrea los orígenes de la ideología racista moderna hasta la Inquisición española, llegando a la conclusión de que las teorías de la degeneración racial del siglo XVI se convirtieron en una justificación crucial para el imperialismo occidental y la esclavitud. En el siglo XIX, estas teorías se fusionaron con el darwinismo para derivar en el influyente movimiento eugenésico. Creyendo que los rasgos de la forma craneal y la inteligencia eran inmutables, los eugenistas desarrollaron jerarquías que clasifican ciertas razas, especialmente las de piel clara de los arios, como una raza superior a los demás, explica en su libro 'El mito de raza'. 

Estos ideólogos propusieron programas para probar la inteligencia, la cría selectiva o la esterilización, que alimentaron directamente en el genocidio nazi. A pesar de que la eugenesia está actualmente ampliamente desacreditada, algunos grupos y personas la usan hoy como base científica de suposiciones racistas viejas. 

"Durante los últimos 500 años, las personas aprendieron cómo interpretar y entender el racismo. El racismo está en nuestra vida cotidiana. Nos han dicho que hay cosas muy específicas que se relacionan con la raza, como la inteligencia, la conducta sexual, las tasas de natalidad, la agresión, el altruismo e incluso el tamaño del cerebro. Hemos aprendido que las carreras están estructuradas en un orden jerárquico y que algunas razas son mejores que otros", sostiene Sussman en su artículo sobre el libro en Newsweek.

"Incluso si usted no es un racista, su vida se ve afectada por esta estructura ordenada. Nacemos en una sociedad racista.Lo que muchas personas no se dan cuenta es que esta estructura racial no se basa en la realidad. Los antropólogos han demostrado desde hace muchos años que no existe una realidad biológica de la raza humana", concluye.



http://actualidad.rt.com/ciencias/view/146508-raza-biologia-existrir-racismo-antropologia

Marx habla sobre los 25 años de la caída del Muro de Berlín

marxNo puedo dar los detalles precisos, sino simplemente hacer saber que recibí esta carta. Con mi pobre alemán me permití hacer la traducción, y como creo que esto es muy importante, hago circular el texto de marras en su versión española.
Trabajadores del mundo:
Las fuerzas de la derecha internacional festejan alborozadas estos 25 años de la caída del Muro de Berlín. Pero se equivocan. ¿Qué festejan en realidad? ¿El fin del socialismo?
La historia, contrariamente a como dijo ese apologista del sistema de apellido Fukuyama hace algunos años atrás, no ha terminado. ¿De dónde saldría tamaño disparate? La historia continúa su paso sin que sepamos hacia dónde va. Hoy, sin temor a equivocarnos, dadas las características que ha tomado el sistema capitalista internacional, perfectamente podría estar dirigiéndose hacia la aniquilación de la especie humana, dado el afán de lucro imparable que lo alimenta, y que bien podría llevar al holocausto termonuclear de activarse todas las armas de destrucción masiva que existen sobre la faz del planeta. O también, dado ese afán insaciable de obtención de ganancia que no puede eliminar, a la destrucción del planeta por el consumo irracional que se está llevando a cabo.
Las fuerzas de la derecha cantan victoriosas su supuesto triunfo, pero en realidad no hay ningún triunfo. Como escribí alguna vez en mis años mozos, siendo discípulo del Profesor Hegel: el amo tiembla aterrorizado delante del esclavo porque sabe que inexorablemente tiene sus días contados.
¿Qué quise decir en su momento con esta frase, algo enigmática quizá, antes de ponerme a estudiar economía política para luego redactar el Tomo I de El Capital? Pues no es nada complicado: aparentemente el sistema capitalista “triunfó” de manera inexorable sobre las experiencias socialistas que se estaban construyendo, siendo la demostración palpable de ello la caída de este muro de la que ahora se cumplen 25 años. Supuestamente, según la fanfarria con que esa derecha presenta las cosas, la misma población alemana del este, “sojuzgada” por el yugo socialista, habría derrumbado el tal muro para “liberarse” y acceder a las bondades del capitalismo. ¡Pamplinas! Puras pamplinas, estupideces con que los actuales medios masivos de comunicación presentan las cosas.
En realidad lo que esta derecha, por ahora ganadora, festeja es que el Amo, para tomar la metáfora hegeliana (léase: la clase capitalista) alejó por un tiempo el fantasma que la persigue (la clase trabajadora y la posibilidad que alguna vez la misma se organice, abra los ojos y la expropie, tal como pasó varias veces durante el siglo XX, en Rusia, en China, en Cuba). Es decir: la clase por ahora dominante (industriales, banqueros, terratenientes) sabe que está sentada sobre un barril de pólvora; sabe que los trabajadores del mundo (obreros industriales urbanos –que fue lo que yo más estudié en su momento–, campesinos, trabajadores explotados de toda índole, sub-ocupados y desocupados –lo que yo en otro tiempo llamé Lumpenproletariät, es decir: población excluida y marginalizada) en algún momento van a explotar.
La historia de la humanidad, y también la historia del capitalismo, se los muestra. Las clases oprimidas aguantan (porque no tienen otra alternativa, porque están sojuzgadas, reprimidas brutalmente a veces, manipuladas en otras ocasiones). Aguantan hasta que, llegado a un punto de la acumulación de contradicciones, estalla un período de violencia revolucionaria, transformándose las relaciones de poder, pasando la propiedad de los medios de producción de una clase a otra. Esto la derecha lo sabe. Sabe muy claramente que la propiedad privada de esos medios es un saqueo legalizado; sabe con precisión milimétrica que no puede dejar ni por un segundo de cuidar esa propiedad, asentado en una explotación inmisericorde. Sabe que si se descuida, si deja de proteger a capa y espada sus privilegios, las grandes mayorías excluidas se levantan. Por eso, día a día, minuto a minuto, no dejan de controlar y evitar que los trabajadores se organicen, piensen, conozcan la verdadera realidad. Por eso los embrutecen con dádivas: es decir, el viejo pan y circo de los romanos.
Pero esa derecha sabe que el barril de pólvora sobre el que está sentada puede explotar, lo cual significaría perder sus privilegios de clase. De hecho, eso ya sucedió varias veces el siglo pasado. Por eso mismo, ante el retroceso que sufrió el primer Estado obrero del mundo, la llamada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, las fuerzas de la derecha cantaron victoria, mostrando el derribamiento del Muro de Berlín como la caída de las ideas socialistas. Dicho de otra manera: como están tan aterrorizados con la posibilidad que los trabajadores reaccionen alguna vez, se permitieron mostrar ese incidente como el fracaso inexorable de las ideas socialistas. Pero ello no es sino una demostración del pavor que sienten a ser expropiados. De ahí que lo presenten como un triunfo apoteósico y que cierra de una vez la historia.
No hay dudas que con la involución que sufrieron las primeras experiencias socialistas del mundo (la Unión Soviética se desintegró, China se abrió al mercado capitalista, Cuba quedó flotando en el aire como pudo), el capitalismo internacional avanzó groseramente sobre las conquistas de los trabajadores obtenidas a fuerza de sacrificio en décadas y décadas de lucha. Por eso ahora ese sistema, que se autopresenta como ganador y única salida posible, se permite explotar más aún que hace un siglo atrás. Hoy día se perdieron conquistas sindicales, se hacen contratos sin prestaciones laborales, no se respeta la jornada laboral de ocho horas, se expolia sin la menor pudicia y se entroniza la figura del “ganador”.
No hay dudas, para tratar de concluir la referida cita que hice más arriba, que el sistema sabe que ya le va a llegar el turno, que su cabeza, igual que la del monarca francés en 1789, rodará por el polvo. Por eso festeja este triunfo parcial –que, sin dudas, hizo retroceder mucho al campo popular en estos últimos años– como un triunfo absoluto, queriendo presentar las cosas como que con el Muro de Berlín derribado terminó la explotación, y por tanto el ideal revolucionario socialista de transformación social.
Pero los trabajadores del mundo siguen siendo explotados, más que antes incluso, apaleados, reprimidos. ¿Por qué no habrían de reaccionar? Tal vez hoy día, hay que reconocerlo, los partidos comunistas están un tanto despistados. Mis ideas –que, en realidad, no son mías, sino producto de una reflexión científica (¡no digan “marxismo” sino materialismo histórico!)– se han querido presentar como anticuadas, fracasadas, “pasadas de moda”. Nada más contrario a la verdad.
Mientras siga la explotación en el mundo (y esa es la esencia del sistema capitalista) habrá quien proteste, quien alce la voz, quien busque organizarse para cambiar la situación. Que hoy día esa organización y los programas políticos al respecto estén golpeados, es una cosa. Pero pretender que se esfumaron, que los explotados quedarán contentos y felices con su condición de tales, que las injusticias cesaron porque el sistema ganó esta batalla, es un craso error.
No hay que olvidar que el capitalismo, como proyecto económico-político, comenzó a surgir en los siglos XII y XIII, allá en la Liga de Hansen, y demoró varias centurias hasta poder tomar mayoría de edad constituyéndose en sistema dominante, casi a fines del siglo XVIII, tanto en Francia e Inglaterra como en los nacientes Estados Unidos de América. Las experiencias socialistas no tienen ni 100 años de vida. ¡No olvidarlo! Cantar victoria porque se ganó una batalla es de mal guerrero. Lo único que demuestra es que sí, efectivamente, ese Amo tiembla porque sabe que ya le va a llegar su guillotina…, aunque en este momento se sienta ganador.
Los 25 años que ahora se pretenden festejar no son sino una demostración que el sistema capitalista no tiene salida. Se festeja el triunfo de la explotación y la injusticia. Si el sistema tuviera “responsabilidad social empresarial”, como parece que ahora se puso de moda decir, debería echarse a llorar por el descalabro absoluto que ha creado. Para decirlo sólo con dos ejemplos, lapidarios y terminantes por cierto: en estos momentos –créanme que sigo muy de cerca estos acontecimientos y estoy perfectamente informado– la humanidad produce un 45% más de los alimentos necesarios para nutrir a los 7.300 millones de almas que pueblan el mundo, y vergonzosamente la principal causa de muerte sigue siendo nada más y nada menos que ¡el hambre! ¡Infame!, no caben dudas. Y para terminar: la principal actividad de la especie humana, la que más ganancias genera desde el punto de vista capitalista, la vanguardia de la ciencia y de la técnica es la producción de armamentos. Es decir: la defensa a muerte de los privilegios de algunos. ¡Más patético todavía!
Por tanto, camaradas, los insto a que no nos dejemos confundir por estos cantos de sirena: la derecha no festeja un triunfo sino que sigue estando en guerra, y con miedo, porque sabe que los trabajadores, tarde o temprano, reaccionaremos.
Hoy, como hace un siglo y medio, la consigna no es lamentarse por la paliza recibida recientemente ni quedarse embobados viendo la televisión. Sigue siendo como escribí con Federico en 1848: “No hay nada que perder más que las cadenas. Por tanto: ¡uníos!”
(Tomado de Argenpress)

jueves, 6 de noviembre de 2014

lite política y empresarial consume alimentos sanos pero a la ciudadanía le dan transgénicos

09/10/12 Por Carolanne Wright

Con un toque de triste ironía, los grandes empresarios y la élite gubernamental y política mundial consumen alimentos sanos y orgánicos, mientras que las masas, esas mismas personas que supuestamente están representados y protegidos por sus gobiernos, son envenenados por ocultos organismos modificados genéticamente, plaguicidas y contaminantes peligrosos.

La familia presidencial demanda de alimentos orgánicos en su cocina, sin embargo, a puerta cerrada, se dan la mano con la industria de biotecnología.
La Plana mayor de China por ejemplo, se alimenta por un exclusivo jardín orgánico, cerrado, mientras que el resto de la población consume alimentos transgénicos, la carne y los productos lácteos contaminados con esteroides mezclados con melamina. Incluso los dueños y los principales ejecutivos de Monsanto exigen para su dieta alimentos que no estén genéticamente modificados. El acceso a la limpieza, la comida orgánica y saludable no es un derecho más, se ha convertido en un campo de batalla política con el ciudadano común que sufre la pérdida de la comida saludable.

Casa Blanca

Mientras que la primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama. ocupa parte de los terrenos de la Casa Blanca para plantar un jardín orgánico, su marido promueve una agenda de OGM dentro de su administración.
"Sabes, en mi casa, en el último año hemos pasado a sólo orgánico", dijo en una entrevista para el New Yorker en 2008, durante la campaña presidencial de Barack Obama.
Los productos orgánicos de la huerta alimenta a la familia Obama y dignatarios visitantes por igual.
Todo esto parece bien hasta ahora. Pero entonces eche un vistazo a los ejecutivos nombrados por Obama en algunos importantes puestos de su administración: USDA, jefe Roger Beachy, un ex director de Monsanto; en la FDA,Michael Taylor, ex vicepresidente de política pública en Monsanto; Comisionado de la USDA, Tom Vilsack, quien creó la Asociación de Gobernadores por la Biotecnología. Además,bajo la presidencia de Obama, 10 nuevos cultivos transgénicos han sido aprobados para el "consumo seguro.
Alambre de puas para proteger jardines orgánicos
La élite política en China goza de la máxima seguridad de los alimentos:productos orgánicos, ganado alimentado con pastos de Mongolia, arroz libre de pesticidas, de productos químicos o de organismos genéticamente modificados. Compare esto con el suministro de alimentos de los ciudadanos comunes que están cargado de pesticidas, químicos industriales y organismos genéticamente modificados. Los niños se han enfermado y muerto al consumir ciertos productos lacteos y fórmulas para bebés contaminadas. La ceguera y la muerte en adultos se generan porque consumen licor falso. Sin embargo, los líderes chinos tienen sus propias y protegidas fuentes de alimentos de la más alta calidad.
En Beijing, una granja orgánica se encuentra rodeada por una cerca de púas de dos metros, mientras que el personal de seguridad vigila la entrada. El jardín produce alimentos para los funcionarios de primer nivel solamente. Sanitorium Beidaihe, un paraíso junto al mar para los cuadros retirados del partido, utiliza exclusivamente una especialidad de arroz que es orgánico y libre de transgénicos.
En cuanto el público general, puede adquirir el pequeño superávit restante de ese tipo de grano a 15 veces el costo del arroz regular. Al mismo tiempo, el gobierno sigue aprobando los OMG y los productos químicos nocivos para el consumo general.

Jefes de Monsanto no comen transgénicos

Un aviso en un comedor del personal de Monsanto afirma que existe una decisión "para eliminar, en la medida de lo posible, la soja transgénica y maíz modificado de todos los productos alimenticios servidos en nuestro restaurante. Hemos dado los pasos anteriores para asegurarnos que usted, el cliente, puede estar seguro de la comida que servimos".
Según Tony Coombes, portavoz de la compañía, asegura que "Sí, este es el caso, y es porque creemos en la elección".
Es evidente que el ciudadano medio no se permite la misma cortesía de elección teniendo en cuenta que los OGM se han infiltrado en el suministro de alimentos y no están etiquetados en América del Norte.
Sólo las personas que pueden pagar el precio de los alimentos ecológicos son capaces de protegerse contra los contaminantes dañinos. En tanto todo el resto de la población es la que va a sufrir las consecuencias devastadoras para la salud de un sistema corrupto. Ecoportal.net

Radio del Mar